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martes, 7 de marzo de 2017

Relato: Pelirroja Parte 14


Pelirroja miraba perpleja al mortal. Aparte de que era altísimo, era el mortal más corriente que había visto nunca. Pelo y ojos oscuros, con una barba incipiente y unas gafas enormes de pasta que no dejaba de toquetear, visiblemente nervioso.
- A ver, Gea. Te pedí que encontraras a V, ¡no que te trajeras a Bernard! –Explotó Morfo.- ¡Podría haberle pasado algo!
- No te pongas nervioso. Estaban de camino cuando les he avisado.
- ¿Estaban?
- Sí, Froggy también ha venido.
- Exacto. No le debe quedar mucho para llegar, eran pocos perros –murmuró Bernard.
- Anda, si hablas –dijo Pelirroja.-Dime por qué Gea te ha metido aquí. ¿Te persigue alguien?
- No especialmente. No existo, teóricamente. Pero era bastante incómodo probar los Cubos desde la otra punta del mundo así que…
- Un momento ¿Cómo que no existes? ¿Conoces los Cubos?
- Muy sencillo, si me buscas no encontrarás nada interesante. Y conozco los Cubos porque parte de su “magia” se la doy yo.
- ¿Eres un mortal con poderes? ¿En qué consisten? ¿Desde cuándo los tienes?
- No tengo poderes. Los Cubos no tienen nada de magia. Son aparatos que monta Gea y que yo programo para que hagan cosas más avanzadas. La programación se puede aprender.
Ante la cara de pasmo general, Bernard se planteó explicarles algo, pero lo dejó por imposible.
- Entonces… ¿eres mortal o no? –inquirió Sincara.
- Teóricamente si me pegas un tiro en el corazón no me vuelvo a levantar. Pero para ello tienes que pasar por Froggy y por un pequeño invento mío. Venga, dame un puñetazo.
Sincara se encogió de hombros y lo hizo. Lo siguiente que vio fue cómo había acabado tirado en el suelo, después de atravesar la pared más alejada de Bernard.
- Tío, ¿te encuentras bien? –Gritó Bernard asomando la cabeza por el boquete.- Siento el golpe, pero el campo de fuerza no es fácil de regular y no estoy como para arriesgarme.
- Déjame adivinar –rio Pelirroja.- Llevas una sudadera de Gea.
- Sí, aunque he perfeccionado el sistema de escudo y…
Un zumbido sacudió la muñeca de Bernard, justo donde tenía un brazalete sospechosamente similar a los de Gea y Morfo. Bernard se dio un golpecito en un lateral de las gafas y abrió la puerta. Entró una mujer pequeñita, visiblemente extenuada. Tenía su largo pelo negro totalmente despeinado y se afanaba en  ajustarse unos guantes con un diseño de flechas negras y moradas.
- Carajo, Bernard. La próxima vez te quedas. No me gusta matar animales –farfulló con acento latino.
- La próxima vez se queda V. Es un quejica, todo el trayecto chillando que si estaba loco y que frenara. También dijo una serie de palabras que no entendí. Te las envié al comunicador.
- Las he oído por el camino. Mi ruso está un poco oxidado, pero por lo que he entendido, lo más bonito que te ha dicho implicaba a tu madre.
Morfo tosió, haciendo que Bernard y la mujer repararan en que no estaban solos.
- Ah, hola –se adelantó ella.- Soy Annie, pero todos me llaman Froggy.
- Oh, yo a ti te conozco. Eres esa chavala amiga de Yao que Titiritera me acusó de asesinar a sangre fría –dijo Pelirroja.
- Sí. Cometió el error de pegarme un tiro y luego no quedarse para comprobar si estaba bien muerta. Fue una forma bastante curiosa de descubrir mi inmortalidad, aunque para cuando volví a ver a Yao no me reconoció. Morfo me encontró y aquí estoy, siendo el guardaespaldas de un mortal loco.
- Supongo que ya que estás aquí, querrás ver a Yao, ¿no?
- Sí, a ver si ahora que está atado me hace más caso y entra en razón.
- Vale. ¡Gea! Lleva al nuevo al ala de Clara. Mejor tener a los mortales juntitos. Morfo, ya que te has molestado en salvar al atontado ese dale una tila o algo. Camaleón y Sincara, vosotros venid conmigo. Vamos a acompañar a nuestra aliada, esto no me lo pierdo.

lunes, 6 de febrero de 2017

Relato: Pelirroja Parte 13


No era un cobarde. Por supuesto que no. Vale, había salido corriendo del cuartel de Pelirroja, pero porque la situación era insostenible. Puede que gracias a Gea sus habilidades hubieran mejorado, pero a qué precio. En cuanto se cruzaba con alguno de sus compañeros era como si le dieran con un mazo en la cabeza. Lo peor era cruzarse con M, ella conseguía dejarle muy claro lo mucho que le odiaba y el asco que le daba, hasta el punto que le dejaba temblando como una hoja y tirado en el suelo.
Que les jodieran. No era imbécil, podía sobrevivir sin tener que aguantarles. No era tan difícil esconderse de Titiritera. De momento había encontrado un lugar en el que podía pensar en su próximo paso. Era un parque, lo suficientemente lleno para pasar desapercibido pero con la cantidad perfecta de gente para que pudiera ignorar todas sus mentes.
Un ladrido sonó demasiado cerca. Se lanzó instintivamente a un lado, esquivando por poco a un perro gigantesco. Sin pensarlo dos veces echó  a correr en dirección contraria. Odiaba con toda su alma a los perros, y por los ladridos que sonaban a su espalda, ni ese perro era especialmente amable, ni le importaba invitar a otros a la fiesta.
Corrió durante un buen rato, hasta que los ladridos se extinguieron. Se metió en una callejuela para dispersar su rastro, pero se encontró con la persona que menos le convenía.
- Hola, Luca. Veo que te has recuperado pronto. Esa costumbre de lanzar chuchos pulgosos a otras personas no se te ha quitado –farfulló, mirando por el rabillo del ojo la salida.
- En realidad puedo llamar a cualquier animal, pero sigo recordando los grititos de niña que dabas cuando se te acercaba algún perro –rio Luca.
- ¿A qué te ha mandado Titiritera? Hazlo rápido, así podrás volver a que te dé una galleta mientras mueves la colita.
- Titiritera no es mi ama, ¿está claro? Te quiere bien muerto y yo también, nos beneficia a los dos. Y voy a jugar un ratito contigo antes, tenemos una cuenta pendiente.
- Mira, Luca, ya sé que no tienes por qué creerme, PERO HAZLO. ¡No quería hacerte daño!
- ¿Pretendes que me crea que me bloqueaste casi todos mis recuerdos por accidente? Estaba tan cerca de engañar a la loca de Synnove y tú decidiste ayudarla.
- Te lo repito. Me puse nervioso y… y salió solo, joder. Ni sabía ni sé controlarlo completamente. Y luego Titiritera se puso en plan maníaca. No quiso escucharme y Pelirroja me rescató. Si sigo con esa panda de perdedores es porque al menos me quieren vivo.
- No intentes comerme el coco con tus habilidades mentales. He visto lo que puedes hacer y no puedo arriesgarme a que sigas haciendo de las tuyas.
El perro que le había perseguido antes apareció por la salida libre de la callejuela, gruñendo y enseñando los dientes. V tragó saliva. Puede que hubiera sido mala idea haber salido de su cuarto, pensó antes de ser embestido. Rodaron por el suelo, con V intentando parar las dentelladas con un brazo. Por mucho  que lo intentaba, no llegaba a concentrarse lo suficiente para llegar a la mente del perro. Un crujido desagradable salió de su brazo, seguido de un dolor tan agudo que V gritó.
De repente se escuchó el sonido de un motor, un golpe y un grito. Alguien se acercó corriendo hasta donde se encontraban V y el perro y V pudo ver unas manos pequeñas en su campo de visión que tiraron del perro hasta quitárselo de encima.
V se incorporó. El brazo le dolía horrores, pero parecía seguir bastante entero. El cuerpo inerte de Luca se encontraba a los pies de una motocicleta todavía en marcha, cuyo conductor vestía totalmente de negro. Cerca de ellos una figura más pequeña se afanaba en retirar el cuerpo del perro, ahora inmóvil.
- Venga, sube –dijo el motorista, con la voz ahogada por el casco.- No te preocupes, nos envía Morfo.
- ¿Y cómo sabe Morfo dónde estoy?
- Bueno, Morfo no lo sabe. Por lo que sabemos solo le ha ladrado a Gea “Usa el cacharro que sea, pero encuentra a ese imbécil antes de que le maten”. Te hemos seguido durante un buen rato y te hubiéramos ayudado si no hubieras empezado a correr.
- No me gusta que me persigan perros asesinos, fíjate tú. ¿Qué le ha hecho tu compañero al perro? Porque ocupa el doble.
- Oh, Froggy sabe cómo usar sus manos para librarse de quien sea. Por cierto, no le des la mano, aunque te parezca muy maja. Sería el equivalente a tragarte un kilo de ranas dardo. De ahí el mote.
- Bit, a mí no me importaría quedarme charlando, pero creo que el chaval no está muy muerto, porque vienen más perros –chilló Froggy.
- Te lo dejamos a ti, entonces –coincidió el motorista.
V no se lo pensó dos veces, y se subió en la parte de atrás de la motocicleta, agarrándose al conductor, que arrancó justo a tiempo para huir de una manada de perros furiosos.
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Camaleón se estaba poniendo de los nervios. Volver después de tanto tiempo a ser la guardiana de la puerta no era tan malo, pero tener a Gea a su lado desde hacía una hora era horrible. No parecía dejar de bisbisar un porrón de números en orden descendente. Cuando solo le quedaban unos cuantos números para llegar a cero, Camaleón ya soñaba con estamparle una columna en la cabeza.
- Cero –gritó Gea de repente, lanzándose hacia la puerta  y abriéndola de par en par.
Una motocicleta entró a toda velocidad por la puerta, esquivándolas por poco. Paró a los pocos metros, y un tembloroso V se bajó de ella mascullando algo en ruso. El motorista se quitó el casco y Camaleón supo que algo iba realmente mal.
- Bueno, Gea, voy a buscar a los demás –suspiró derrotada.- A ver cómo le digo a Pelirroja que has vuelto a meter a un mortal en su cuartel.
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sábado, 21 de enero de 2017

Relato: Pelirroja Parte 12


La noche lo cubría todo. Hasta el interior del pequeño zulo situado a pocos kilómetros de Austin  estaba totalmente oscuro… a pesar de que no debía.
- ¡BIIIIIIIT! ¿Por qué diablos no tenemos corriente? Se suponía que debía estar arreglado AYER –chilló una voz femenina con un fuerte acento latino.
- Porque el puñetero Cubo de alimentación que, según tú, “tenía una pequeña fuga” ha explotado. Y sin ello ni piezas de sustitución es bastante complicado –respondió el aludido, levantándose del suelo.
Su interlocutora no se inmutó al verle de pie, mirándola desde sus más de dos metros de estatura. La muy hija de puta no llegaba al metro y medio, pero con un dedo podía envenenar a un toro adulto.
- Por cierto, Froggy, te lo vuelvo a repetir: no me llames Bit, no soy un robot. Tener una prótesis mecánica no me convierte en una máquina.
- Lo eres. Un humano, sea mortal o inmortal, no tiene un corazón de metal. Ellos te convirtieron en uno de nosotros al salvarte la vida, pero te arrancaron el alma.
- ¿Acaso tú tienes alma? Eres inmortal y el alma es un invento de los mortales.
-  Ey, tranquilo. No hace falta que te pongas a la defensiva, “Bernard”. No sé por qué te empeñas en conservar ese nombre tan feo de mortal.
-  Es mi nombre -respondió él encogiéndose de hombros.- me recuerda a mi antigua vida. No todos queremos enterrar nuestro origen.
Froggy gruñó, pero un molesto zumbido procedente de sus pulseras cortó la discusión. Joder, era imposible que se hubieran dado cuenta de que había fallado algo desde la otra punta del mundo. Aunque teniendo en cuenta lo chiflados que estaban todo era posible.
- ¿Froggy? ¿Ber? ¿Estáis en la misma habitación? Hay unas interferencias horrorosas.
- Sí, nos has pillado discutiendo… -contestó Bernard.
- ¿Hay algún momento del día en el que no lo hagáis?
-  … Sobre cómo reparar el Cubo de alimentación que ha explotado.
- ¿Ha explotado? Mierda. Bueno, puede esperar. Os necesito aquí lo antes posible. Las cosas van un pelín más rápido de lo que planeamos.
- De acuerdo. En cuanto salga el sol nos pondremos en marcha.
………………………..
La palabra más adecuada para el dolor de cabeza que tenía era “resaca”. Y sólo si existiera una resaca consistente en siglos de recuerdos desenterrados embotando su cerebro. Gimió y se incorporó en su camastro. Menos mal que le habían rescatado, un día más en esa celda y hubiera perdido la cabeza. Se oyeron unos golpes en la puerta y Titiritera entró.
- Buenos días, Luca. Es un placer tenerte entre nosotros.
- ¿Cuánto tiempo estuve ahí?
- Calculamos que unos cinco años. Han pasado un montón de cosas. Ahora parece que tienen ayuda. Necesito que te recuperes pronto para poder aplastarlos.
- Cuando deje de tener este dolor infernal de cabeza estaré listo.
- ¿Tienes algo pensado?
- Sí, por supuesto. El primero que caerá, cueste lo que cueste, será V. No se irá de rositas después de lo que me hizo.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Relato: Pelirroja Parte 11


- ¡Dejadme salir, panda de marginados! Titiritera sabe dónde estoy, y no tardará en llegar –gritó a la puerta.
Llevaba horas ahí encerrado. Esa puta celda no tenía ventanas y empezaba a ponerse de los nervios. Si tan solo pudiera soltar una chispita… Pero fuera quien fuera el que había creado sus ataduras había tenido la fantástica idea de hacerlas de un material que absorbía todo su calor. Y ahí estaba, atado como un cerdo sobre el suelo y tirándose unos faroles que no asustaban a nadie.
Y Yao estaba desaparecido. Puta suerte, puto Morfo y puta Pelirroja. Ojalá se les cayera el edificio encima.
- No refunfuñes tanto, “Penélope”. Estropeas tu carita de niño bueno. –susurró alguien en su oreja.
Penny soltó un chillido al percibir a alguien sobre él. ¿Qué demonios? La puerta no se había abierto, pero de golpe tenía encima a una joven rubia que le miraba risueña.
- ¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿Cómo has entrado?
- Muy mal, Penélope. ¿Ya no me reconoces? Te descubrí. Le dije a mi hermanito que podíamos confiar en ti. Y tú le mataste. Tuve que sacar su cuerpo de la casa en llamas.
- No me llamo Penélope. Y tendrás que ser más clara, no recuerdo todas las casas que he quemado.
- Te ayudé. Invertí muchas noches en crear algo que pudiera aguantar tus ataques de pirómano. Y vas tú y se lo regalas a M. Pero tranquilo, que no vas a incendiar nada en mucho tiempo. Y con el asunto de Titiritera me han dado vía libre para hacerte pagar por todo.
- …¿Illy?
- Cooorrecto. Pero ahora soy Gea…
Pe tragó saliva cuando Gea empezó a brillar. En el mismo momento en el que Pelirroja se le tiró encima tendría que haberse imaginado que sería el principio de algo peor.
- ¡Gea! ¡Prometiste que solamente ibas a hablar con él! –gritó V, dando un portazo.
- Vete, V. Voy a hacer justicia –sentenció Gea.
- Y una mierda. Le necesitamos consciente, Gea. No me obligues a pararte.
- Muérete, V.
Gea dio la espalda a V y siguió acumulando energía. Ni siquiera paró cuando V la agarró por los hombros, obligándola a levantarse. V soltó una palabrota, aunque no cedió.
- Recuerda, Penny. Es gracias a mí que eres como eres. Volveré… -consiguió susurrarle Gea a Penny antes de que V se la llevara a rastras.
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Parpadeó. La luz de la luna iluminaba débilmente la habitación. ¿Había dormido todo el día? Maldita sea, el tiempo se acababa. Se incorporó ligeramente. M estaba sentada de espaldas a él, concentrada en una de sus partituras. Tenía que encontrar a Gea…
- Más te vale no salir corriendo, Morfo –soltó M de golpe, girándose.- Tenemos mucho trabajo que hacer, ya hemos perdido tres días.
- …¿Tres días? ¿Me has hecho perder tres días durmiendo? ¡Titiritera está al caer!
- Tranquilo, machote, Titiritera no ha aparecido todavía. Gracias a tus indicaciones tenemos bien ataditos a Penny y a Yao. Ya no hay espías.
- ¿Y mi hermana? V no debe de estar demasiado contento.
- Pelirroja está encantada de tener ayuda. Y V sabe que en cuanto dé un paso fuera de la protección de Pelirroja está jodido, Titiritera le quiere muerto. Entre tener que aguantar a Gea y que Titiritera le haga mucha pupa prefiere a tu hermana. Y como gesto de buena fe Pelirroja le pidió que dejara de enredar en la cabeza de Gea.
- Espero que estés bromeando. Es MUY mala idea dejar a Gea a su aire.
- Díselo a Penny. Lo primero que hizo Gea cuando estuvo… vamos a llamarlo “medianamente cuerda”, fue pedirle a Sincara que le dejara ver a Penny. El resultado fue que casi lo electrocuta y que V tuvo que sacarla a rastras. No sabía que le tuviera tantísima manía.
- Si no fuera por ella ese imbécil seguiría enterrado en un puto glaciar noruego. No sé cómo llegó ahí ni cómo Gea le encontró pero tuve que sacarle yo. Pero desde que nos traicionó…. Gea aprovecha para hacérselo pagar. Hasta llegó a ponerle un localizador de los suyos en su sudadera…
- … ¿Llevo un puto localizador encima?
- Sí, y gracias a eso Gea pudo llegar hasta aquí.
- Vaya, vaya, así que sabíais que Penny era un traidor de mierda y no os molestasteis en avisar.
- No te confundas. Hasta el momento en el que saliste pidiendo venganza con la sudadera de Penny encima, yo pensaba que eras una leyenda. Aunque ahora veo que eres una leyenda muy mona.
- Cierra el puto pico y ponte a trabajar, imbécil.
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domingo, 16 de noviembre de 2014

Relato: Pelirroja Parte 10

Clara no se lo pensó dos veces al oír a "Gea". Se tiró encima y empezó a golpearla, aunque Gea no se movió ni un centímetro. Aun así, Morfo se la sacó de encima.
- Por mucho que quieras partirle la cara, no te va a servir de mucho. La he visto caerse desde Cubos enormes, pegarse unas hostias horribles y seguir como si nada. Es una mala bestia.
Cuando una voz de hombre salió de los labios de "M", Clara empalideció y empezó a agitarse, intentando zafarse de su agarre.
- No. NO. SUÉLTAME. ¡ERES UN JODIDO CABRÓN! ¡LOS DOS SOIS UNOS HIJOS DE PUTA! -chilló, señalando a Gea y a Morfo. - ¡CONFIÉ EN VOSOTROS! ¡FUERA DE MI VISTA!
Morfo soltó un suspiro, sin ceder en su agarre, pero empezó a cambiar. La cabellera caoba de M se acortó drásticamente y pasó a un color rubio pajizo, la piel se bronceó y los ojos azules se volvieron negros como la noche.
- ¡Suéltame! ¡Josh, no me seas gilipollas y quítame las manos de encima! -chillaba Clara.
- En serio, Clara, deja ya el numerito. Sí, te mentimos. Pero fue para protegerte. Mira, esto es lo que vamos a hacer: vas a ayudar a mi hermana a llevar al idiota inconsciente a un sitio más cómodo y luego va a contártelo todo. ¿Vale?
Clara forcejeó un rato, pero acabó asintiendo. Ayudó a Gea a levantar a V y salieron a toda prisa.
- A lo que iba...Tengo muchas ideas y poco tiempo -siguió Josh, ignorando la cara perpleja de Pelirroja. - Así que, por favor, cooperad mientras estemos Gea y yo por aquí. No me gustaría tener que encerraros, en serio. Y por si quedaba alguna duda, sí, el monstruito bipolar es mi hermana mayor y hará cualquier cosa para protegerme, quedáis avisados.
- ¿Hermana mayor? Eso es imposible. Puede que hayas elegido un aspecto similar al suyo, pero no hay ningún caso documentado. -bufó Pelirroja.
- Siempre se puede ser el primero en algo -sonrió burlón Morfo, agachándose hasta llegar a la oreja de Pelirroja. - Además, las fuentes que tenéis Titiritera y tú no saben ni la mitad que las mías, ya me he encargado yo de ello.
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Cuando los ojos negros de Josh le devolvieron la mirada, M soltó una exclamación y le soltó.
- ¿Me has estado espiando? ¿Dónde está Josh? ¿Le has hecho algo malo?
-  La duda ofende, "Malena", claro que os he estado espiando. Pero tranquila, a "Josh" no le ha pasado nada malo. Principalmente porque nunca ha existido. Lo que estás viendo es mi perfecto aspecto real.
- Ya veremos si eres tan gallito cuando te lleve con un lacito delante de Pelirroja. Pero antes te daré la paliza de tu vida.
- Creo que no, querida. Lo siento mucho, pero no quiero que te entrometas.
Antes de poder contestar, M sintió unas manos frías como el hielo en el cuello, seguidas por un extraño calambre que se extendió por todo su cuerpo. Al intentar moverse descubrió que no podía mover un músculo.
- Illy, por favor, vigila un rato, por si acaso se le pasa el efecto. De paso, podrías poner a M al día-, ordenó Morfo a la persona que estaba tras M.
- Vale, Morfy, pero no tardes mucho.
Esa voz... M quiso gritar cuando su interlocutora se adelantó, poniéndose en su ángulo de visión.
- Es la primera vez que te veo tan callada -rio Gea.
- Os dejo, chicas-. dijo Morfo, volviendo a adoptar el aspecto de M.- M, no te muevas mucho.
En cuanto Morfo salió por la puerta, Gea tocó varias veces su pulsera y M asistió a su transformación.
- Espero que no te importe, pero ya no es necesario el camuflaje -rio la nueva Gea. - Es uno de mis primeros cacharros, lo hice para que Morfy no tuviera que usar tanta energía. ¡También es un comunicador! A ver... ¿por dónde empezamos?
Iba a matar a esos dos palurdos en cuanto pudiera moverse, decidido.
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-  M, por mucho que te pese, ahora estamos en el mismo bando. Así que desatranca la puta puerta, que tenemos que hablar.
- Y yo te digo que puedes tirar toda la vida ahí, jodiendo, que no vas a entrar ni de coña, Morfo.
- Tendrás que salir algún día. Necesitamos tu voz.
-  Puedo hacer lo que me dé la gana, no dependo de nadie.
-  Bueno, dependes de Gea... teóricamente.
-  ... ¿Cómo que "teóricamente"?
-  En la teoría, Gea es la que hace pequeños cambios en tus partituras para que tu voz no sobrecargue los Cubos. En la práctica, soy yo porque no tiene ni puta idea de música.
-  QUÉ -chilló M, abriendo de golpe.
-  Cuando te pasas tanto tiempo oculto como yo, acabas teniendo hobbies. Y no es por presumir, pero la música se me da genial.
-  Eso lo tendré que decidir yo, imbécil. Venga, pasa, pero si haces algo que no me guste, te enteras.
Morfo, como única respuesta, le guiñó un ojo. M se sorprendió cuando Morfo, moviéndose como si fuera el rey del lugar, fue directo hacia su violín preferido y empezó a toquetear las frágiles piezas.
-  Una cosa, Morfo. -gruñó, conteniendo sus ganas de matar. -Si Gea y tú estabais fingiendo... ¿Dejará de hacerse la loca de una puta vez?
Morfo soltó una risita triste, y empezó a tocar una melodía suave. M tuvo que reconocer que no lo hacía demasiado mal, pero ay de él si no soltaba el violín.
- ¿Gea, fingir? Ojalá estuviera fingiendo que está mal de la cabeza. Eso me hubiera ahorrado unas cuantas charlas con hordas de campesinos noruegos del siglo XV sobre qué es la electricidad y por qué mi hermana genera el equivalente a una ciudad pequeña sin pestañear.
M no aguantó más, y, agarrando el violín, tiró al suelo a Morfo.
- Primera lección, capullo. MIS INSTRUMENTOS SOLAMENTE LOS TOCO YO. ¿O es que Gea no te lo dijo?
Se agachó al lado del confuso Morfo, que la miraba ¿absorto? Supo que algo iba mal cuando de golpe, en el suelo, empezaron a superponerse su propio cuerpo y el de Morfo.
- ¿QUÉ COÑO HACES?¡NO ESTOY DE HUMOR PARA BROMITAS!
-  N.…no es una br.…broma. - barbotó Morfo, retorciéndose. - cállate, no me dejas concentrarme.
M se tiró encima, haciendo que rodaran por el suelo. Eso solamente pareció empeorar las cosas. Consiguió colocarse encima. Un grito y list...
- ¡Morfy! Veo que estás haciendo buenas migas con la gritona. -Rio Gea desde la puerta.
Esto provocó que el cuerpo de Morfo dejara de cambiar y M se encontró encima de un turbado Morfo. Se levantó de un salto y le ayudó a levantarse. Estaba pálido y M tuvo que sujetarle para que no cayera al suelo.
- Creo que alguien ha malgastado energía a lo tonto -se burló.
-  C. Calla, estúpida. Te dije que te callaras, que no podía concentrarme.
Morfo se soltó del agarre de M, pero al segundo paso ésta tuvo que evitar su caída.
-  Morfy, tienes que descansar -lloriqueó Gea, -No has dormido nada en la última semana,
-  No necesito dormir, necesito que mi plan salga bie ¡Ay!
M no había tardado ni diez segundos en arrastrarle y empujarle a su pequeño camastro. Morfo protestó, pero un rápido susurro le dejó inconsciente.
- ¿Hace mucho esto? No quiero trabajar con alguien tan aleatorio. - preguntó M.
- La verdad es que no le había pasado nunca. Antes se quejaba de que acababa muy cansado, pero no hasta ese punto. Han debido ser los nervios.
-  Me parece muy bien. Ahora ¡PÍRATE! Tengo que trabajar.
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Penny miraba a través de unos prismáticos la ventana de M. No había podido oír la conversación de ésta con Morfo, pero había visto perfectamente cómo el maldito imbécil se había hecho el enfermo para darle pena a M.
- Yao, tenemos que avisar a Titiritera. Morfo e Illy están ahí dentro.
La única respuesta que recibió fue un coro de risitas. Se giró, encontrándose con Pelirroja, Sincara y Camaleón. Yao estaba en el suelo, aparentemente inconsciente.
-  ... ¿Cómo me habéis encontrado?
-  Morfo nos dijo que andabais cerca. Además, te hemos visto de lejos, imbécil. Estabas tan centrado en tu obsesión con M que no te has enterado. -dijo Pelirroja,
-  NO ESTOY OBSESIONADO CON M.
-  Lo que tú digas, mi querido pirómano. Aún me debes una disculpa por incendiar mi hogar. Quemaste más de la mitad de los cuadros, incluido un Greco.
Pe bufó: iba siendo hora de pirarse. Pero antes de poder hacer una simple llamita, un relámpago naranja y plata se le echó encima.
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domingo, 7 de septiembre de 2014

Relato: Pelirroja Parte 9

Toc. Toc. Toc. Camaleón frunció el ceño y abrió ligeramente el portón. Juraría que no había salido nadie desde la llegada de M con la mortal... Asomó la cabeza, descubriendo a una Gea con los brazos llenos de cachivaches.
- Caray, Gea, no te he visto salir. Además, sí querías algo podrías habérmelo dicho, he pasado por la puerta de tu taller hace menos de una hora.
- No quería molestar -murmuró Gea. - Además, necesitaba unas piezas especiales.
Camaleón suspiró y dejó pasar a Gea.

....................

No podía concentrarse. Entre la pesada de Clara y los golpetazos de Gea, a M casi le había dado un ataque de nervios. Así no había manera de componer ni una melodía.
Al final había echado a Clara, pero la loca bipolar seguía haciendo ruido con sus dichosos Cubos. Se levantó de un salto, dispuesta a frenar esa locura, pero una risita en la puerta la paralizó. Gea la miraba, divertida, con un montón de cosas electrónicas en los brazos.
- Así que aquí es donde te escondes. Vaya, cuántos instrumentos. Tengo que probarlos.
- ¿De qué coño hablas? Has venido más de una vez y sabes que como toques mis cosas estás muerta.
Gea dejó caer los cacharros, sonriendo de tal manera que M empezó a pensar que era una broma pesada de V.
- Yo nunca he estado aquí, guapa.
Gea empezó a andar hacia M. Ésta, atónita, vio cómo la pequeña figura de Gea iba cambiando con cada paso.
- ¿Qué tal? ¿Me queda bien? -rio al llegar enfrente de M.
M no podía creérselo. Delante de sus narices tenía una copia exacta de su propio cuerpo, que le sonreía con suficiencia.
- ¿Quién eres? -logró decir.
- Quién tú quieras, nena. Por algo me llaman Morfo.
- Me importa una mierda tu nombre, pero no uses mis labios para ligar conmigo. Es asqueroso.
- Y a mí me da igual tu opinión. Me he colado para evitar que Titiritera tenga motivos para destrozar este antro con Clara dentro. Hay demasiado en juego.
Esa contestación provocó que Morfo acabara contra la pared, con M agarrándole del cuello.
- ¿QUÉ COÑO SABES DE CLARA? -le presionó.
-  Más... que tú -jadeó Morfo, intentando respirar.
M apretó más, pero Morfo solamente sonrió y empezó a cambiar. M vio una rápida sucesión de caras, que frenó en una que le sorprendió tanto que...

............

La mortal chiflada no paraba de dar vueltas y lloriquear. Había conseguido una peluca de color verde intenso de algún sitio y Sincara y V no podían dejar de mirarla.
- Clara, PARA -dijo V.
Clara le hizo un corte de mangas y siguió vagando por la habitación. V gruñó, detestaba a esa mujer.
- ¿Por qué no puedo decirle a Josh dónde estoy? Estará buscándome como un loco –repitió Clara por tercera vez, mirando mal a Sincara.
- Ya te lo hemos dicho. Si nos están vigilando, resultaría muy raro que empezaran a llegar mortales a un sitio que ni siquiera existe. Además, le viste anoche y sabe que estás con nosotros.
- No le conocéis. Sólo conozco a una persona más sobreprotectora que él y es su hermana mayor, Mari. Si hubiera estado ella cuando me secuestró Penny, le hubiera dado una paliza.
- ¿Y dónde está esa tal Mari? Porque me gustaría darle muchas palizas a Penny –rio Pelirroja, entrando en la habitación.
- Pues… la verdad, no lo sé. Hace cuatro, casi cinco años desapareció de la noche a la mañana. Sé que Josh sigue hablando con ella, pero no quiere decirme dónde está.
La conversación se interrumpió con la llegada de M, que parecía muy alterada.
- Aca… acabo de pillar a un listillo que se había colado. Ha dicho algo sobre que Penny y Yao venían hacia aquí dispuestos a todo.
Se hizo el caos. Sincara empujó a Clara hacia la puerta ayudado por Pelirroja, pero V se colocó en medio del camino.
- ¡¿QUÉ HACES, IMBÉCIL?! ¡HAY QUE ESCONDER A CLARA! –chilló Sincara.
- No hace falta. Os está mintiendo –contestó V señalando a M.
- … ¿qué?
- Casi me engañas. Aspecto impecable, la sudadera, la misma actitud que la gritona, hasta llevas su Cubo modulador… Pero eso no es suficiente. La mente, es la clave. M tiene una mente que me deja medio sordo y la tuya es cómo mirar un papel blanco como la nieve. Te doy un siete.
- Llevo un inhibidor, no me gusta que me cotorreen y una personita me ha confirmado que eres muy cotilla. Pero para que te enteres, no he mentido acerca de Penny y Yao. Pensé que os costaría menos trabajo creer a la sirena.
- Si no eres M… ¿Quién eres? –dijo Pelirroja.
- Mis amigos, los pocos que tengo, me llaman Morfo. Y hasta ahora, había conseguido pasar desapercibido para todo el mundo. Pero el capullo de Penny ha puesto sobre aviso a Titiritera, así que el plan que tenía tiene que ir un poquito más rápido. Ah, Ily, si haces los honores…
V, que había estado mortalmente callado en el rellano de la puerta, soltó un grito de dolor y cayó redondo al suelo. Tras él, oculta desde hacía sabe cuánto, había una joven bajita y regordeta. Pálida, con el pelo rubio cortado a lo paje y unos ojos negros como la noche que miraban el cuerpo inconsciente de V divertidos. Sincara reconoció el patrón del estampado de sus ropas: era exactamente igual que el de la sudadera de M, pero en dorado.
- No sabéis las ganas que tenía de hacerle esto. Llevaba años deseando darle una paliza. –sonrió la joven con maldad.
- No… no puede ser –tartamudeó Clara señalándole. - ¿Mari?
- Ese es uno de mis nombres. También me llaman Ily, por Ilyapa, dios inca del rayo. Aunque últimamente me han llamado más… Gea.
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miércoles, 27 de agosto de 2014

Relato: Pelirroja Parte 8

Bufó mientras se frotaba las sienes. Dichoso crío, ya la había vuelto a joder otra vez. Pero no podía matarlo, aún no. Venía bien tenerlo a la vista, donde la pelirroja y sus amiguitos marginados pudieran verlo. Intentó tranquilizarse. Yao estaba demasiado cerca y no quería verse atrapada en un cuerpo con el que podía machacar a Penny.
- Más te vale tener un buen motivo para lo que ha pasado esta tarde, chaval. Aparte de secuestrar a una mortal casi incendias un edificio con más personas dentro.
- Esa mortal oculta algo. ¡Y tengo pruebas! –protestó él agitando dos trozos de lo que parecía papel muy maltratado. - Encontré esta foto en su piso.
Titiritera miró la foto y luego el pedazo de papel que le tendió Penny. Abrió mucho los ojos cuando, al compararlas, encontró demasiadas similitudes en un detalle. Podía ser una casualidad, pero Titiritera no creía en esas tonterías.
- Dime ahora mismo quién es y por qué no me habías informado antes –gruñó.
- No quisiste creerme. En cuanto a nuestro misterioso desconocido, compartí refugio con ellos hace mucho y me hacía llamarle Morfo. Nunca supe su sexo, era reservado hasta para eso.
- ¿Ellos?
- Morfo tenía un protegido. Lo llamaba “Ily”. Un chavalín bastante enclenque, todo el día tapado. Eso sí, era raro. En el pueblo dónde estábamos ocultos decían que estaba endemoniado y que podía matar a una persona adulta con solo tocarla. Tampoco le traté mucho, no pasó ni un año hasta que me harté y hui.
- Déjame adivinar: Quemaste la casa. Bueno, qué más da. ¡Yao! Acompaña a Penny a hacer vigilancia a la base de los marginados. Ya basta de compasión, van a probar la furia de la justicia.
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 Un molesto sonidito resonaba en la habitación, procedente del armario. Con los ojos legañosos y bostezando, sorteó la basura de la habitación y sacó el cacharrito de marras del compartimento oculto. Oh, la sudadera y la máscara ya estaban ahí, Ily debía de haberse pasado después de su turno de guardia.
- ¡¿QUÉ QUIERES, IMBÉCIL?! –gruñó aceptando la transmisión.
- Vaya, estamos de malas hoy, Morfy –sonó por el altavoz.
- Son las cuatro de la mañana, Ily. No soy un puto búho como tú.
- Bueno, te quería decir que seguí tus órdenes y me mantuve al margen todo lo que pude. Y luego lo típico, atizar al traidor.
- Primero le atizas en el callejón y ahora esto. Eres una mala bestia rencorosa.
- Hablando de rencores… Apareció Yao y les seguí hasta su base.
- ¡¿ERES GILIPOLLAS O QUÉ?! ¡TE DIJE QUE NO ESTABA SEGURO DE QUE LA SUDADERA FUNCIONARA! ¡EL CAMUFLAJE PODRÍA HABER FALLADO ESTANDO TÚ EN MEDIO DEL NIDO DE VÍBORAS!
- La de Penny funciona, pude ver cómo la sirena la utilizaba en el rescate.
- La de Penny no te mimetiza con el puto entorno, subnormal.
- Pues lo que he oído no te va a gustar un pelo. Penny se ha ido de la lengua. La Titiritera cree que Clara sabe algo y pretende atacar a Pelirroja.
- … Y me lo dices ahora. ¡Muévete, joder! ¡Hay que evitarlo!
Cortó a toda prisa, se puso la sudadera y la máscara y salió pitando de la casa. Maldijo su suerte, a veces parecía que Ily y Penny competían por el premio al más descerebrado.

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viernes, 22 de agosto de 2014

Relato: Pelirroja Parte 7

No podía tener peor suerte. Había sido demasiado bonito pillar a Sincara y a M yendo a ese barucho de mortales, pero todo se había torcido cuando había intentado sonsacarle algo a esa rarita. Y, por mucho que lo negara la Titiritera, esa tal Clara escondía algo.
¿La razón? Penny solamente conocía a una persona capaz de haberle dejado fuera de combate de esa forma. Había intentado avisar a la Titiritera, pero ésta se había reído y le había ordenado que no volviera hasta encontrar alguna pista. Pues bien, volvería, pero con alguien bajo el brazo y bien calcinado. Fuego… Cerró los ojos y recordó la primera vez que había traicionado a su ya no tan misterioso atacante, mucho antes de conocer a M.
Había una casa. Hasta entonces era su refugio. Pero estaba cansado de esconderse, como ellos. Así que una noche oscura de verano decidió dejarlo todo atrás. Salió de la casa, colocando leña seca estratégicamente. El fuego no les frenaría, pero serviría para ganar tiempo. Una simple chispa y todo ardió.
Sonrió malévolamente. Iba a darle en donde más le iba a doler. Sí… antes de jugar al escondite iba a hacerle una visitita a Clara.
……………………………
Cuando Clara se presentó (incumpliendo su promesa) esa misma mañana pidiendo que M la acompañara, ésta no se imaginaba que el lugar sería una discoteca. Por muchas discotecas que hubiera frecuentado cuando aparentaba ser mortal, M seguía aborreciendo ese ambiente. Demasiados testigos, una música taladradora, oscuridad. Corrió hacia la salida, chocándose en la puerta con alguien.
- Lo siento… ¿Malena? –masculló el joven.
- Oh… hola, Josh –Mierda. MIERDA. ¡REQUETEMIERDA! - ¿Cómo tú por aquí?
- Eso debería preguntarte yo. Clara acaba de dejarme plantado hace dos minutos porque supuestamente estaba contigo en su casa. Parecía muy agitada, ya sabes a lo que me refiero.
- ¿Perdona? No he visto a Clara desde esta mañana, y me dijo que nos veríamos aquí.
M y Josh se miraron durante unos largos segundos. En cuanto se convencieron de que el otro decía la verdad, obedecieron a una señal imaginaria y salieron corriendo a la vez hacia la casa de Clara.
……………………………
En cuanto M vio el humo que salía por debajo de la puerta, supo quién era el causante de la ausencia de Clara. Dichoso pirómano, seguía siendo tan rencoroso como siempre. Pero M debía asegurarse de que Clara no sufría daños, así que no se andó con chiquitas: empujó a un asustado Josh hasta una distancia segura, se acercó a la puerta y chilló hasta reducir la puerta a polvo.
- Vaya, vaya. No te esperaba, Male –ronroneó Penny, sentado en el sofá mientras creaba pequeñas bolas de fuego. - Más bien quería cargarte el muerto.
- Dime. Dónde. Está.
- Tranquila, mujer. Está en su habitación. Pero eh, no puedes entrar. Tiene que achicharrarse un poco antes de que vengan mis otros invitados… sobre todo el que me atizó el otro día.
- Sigues siendo tan gilipollas y vengativo como siempre, Pe.
-  Ahora también prendo fuego a las cosas, mi querida sirena.
M gruño y apretó el pequeño cubo que llevaba colgado del cuello. Tenía que distraerle hasta que la loca de Gea captase la señal de socorro que emanaba del trasto y enviara ayuda. Penny, consciente de su ventaja, se levantó de un salto y se colocó frente a la ventana, de la que salía ya humo.
-  Ahora tendrás que huir otra vez, querida. Hay un montón de pruebas contra ti, y los mortales no se toman bien los asesinatos.
Y de golpe, se hizo el caos. Tras Penny, en la repisa de la ventana apareció una figura menuda ataviada con una sudadera similar a la de M, con mil colores cambiantes. Penny abrió mucho los ojos, murmuró algo incomprensible y cayó redondo al suelo. Su atacante saltó al suelo y salió corriendo del piso, pero M no pudo verle la cara debido a que llevaba una máscara de doctor de la peste. Sin pensárselo mucho, corrió hacia el cuarto de Clara. Al entrar pudo ver a Clara, maniatada en el centro del fuego. Su larga melena plateada había desaparecido, dejando ver un pelo parduzco y unas cejas prácticamente inexistentes, pero parecía entera.
- ¡Clara! ¡Mírame! –gritó llamando su atención. - Voy a sacarte de aquí, pero la próxima puta vez no dejes pasar a ese jodido pirómano.
Pudo oír un sollozo, lo que aceleró su entrada en el círculo de fuego. Con cuidado de no hacer daño a Clara, la protegió poniéndole la sudadera, inspiró y chilló con tal torrente de aire que apagó una porción de las llamas. Ni corta ni perezosa, cogió a Clara y no frenó hasta estar en frente de un alucinado Josh.  Iba a ser divertido tener que contárselo todo…

jueves, 7 de agosto de 2014

Relato: Pelirroja Parte 6


- No. De ninguna manera. No pienso hacerlo.
- Venga, Flechas, no lo hagas más difícil. Te lo estoy pidiendo como un favor.
- No voy a ceder, Sincara. Prefiero salir en una misión con Gea como única compañera que acompañar a esa loca acosadora. Me da cosa, no se me despega para nada y más de una vez la he sorprendido mirándome fijamente –sentenció M.- Da MUY mal rollo.
- También nos molesta a los demás, ¿sabes? Por eso quiero que te la lleves cuanto antes. Está aterrorizada y no quiere volver a casa si no eres tú quien la acompaña.
- ¿Y no se te ha ocurrido pedirle a V que haga alguna de sus cosas raras y tranquilice un poco a la mortal? Porque para vigilar a Gea no hace falta mucho esfuerzo, y le vendrá bien hacer un poco menos el vago.
- … La verdad es que ni se me ha pasado por la cabeza. Sus resultados han sido tan catastróficos que no merece la pena.
- Me importa una mierda lo que pienses –dijo M- ¡CLARA! ¡SAL DE DÓNDE QUIERA QUE TE HAYAS ESCONDIDO Y ACOMPÁÑAME!
Sincara suspiró aliviado cuando M salió dando zancadas. Que se comiera el marrón otro, él se iba a descansar un rato… Dichosos mortales, eran un dolor de cabeza.

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Una suave música resonaba por los pasillos, invitando a la calma y la quietud… Hasta que llegó M, pateando todas las puertas y llamando a V a grito pelado, seguida de una perpleja Clara. Una puerta se abrió y salió V bostezando.
- Gritona, ya sé que te faltan algunos tornillos, pero resulta que la gente cuerda necesita dormir.
- ¿Dormir? ¿Tú no eras la niñera de Gea? Tendrías que estar vigilándola.
- Está muy entretenida montando cachivaches. Lleva días en su taller hablando con un puñado de piezas metálicas y cables. Da un poquito de mal rollo, incluso siendo Gea.
- Hablando de mal rollo, –sonrió M señalando a Clara- esta es Clara. Obviemos lo poco importante, cómo “OH, JODER, SE HA COLADO UNA MORTAL” y pasemos a lo que nos interesa: quiero que le metas en esa cabecita de acosadora que no corre peligro, que puede ir a casa solita y que me deje de mirar como un jodido cordero degollado. Ah, y ni se te ocurra negarte o le contaré a la pelirroja lo productivo que eres.
V murmuró una palabrota y miró a Clara. El primer minuto transcurrió sin contratiempos, pero de repente, V hizo algo que M no le había visto hacer nunca. Se puso blanco como la tiza, miró a M aterrado y salió huyendo.
- ¡Serás…! ¡Vuelve, imbécil! –le chilló M, corriendo tras él.
- ¡JAMÁS! –se oyó a lo lejos.
Clara esperó unos segundos, se encogió de hombros y siguió a M.

……………………………………………………….

¿En qué habitación estaba Gea? Joder, ese sitio era un laberinto. Debía encontrar a Gea antes de que M le pillara y le obligara a enfrentarse a Clara otra vez. Y no pensaba meterse en la cabeza de esa loca nunca más. La mente de Gea parecía ordenada a su lado, y eso era difícil. A la décima puerta que abrió pudo ver a Gea, sentada en el suelo y hablándole en susurros a su mano.
Pero antes de que pudiera hacer algo, una M furiosa le placó por detrás. Rodaron por el suelo, forcejeando sin parar.
- No pienso meterme en el coco de esa chiflada –jadeó V, levantándose a duras penas.
- ¿No querías practicar?
- Sí, pero sin perder la cabeza en el intento.
- Joder, que está obsesionada conmigo, por favor.
- Ya lo he visto, ya. Pero con una desequilibrada me basta y me sobra, gracias.
Miraron a Gea. Parecía totalmente ajena al asunto, trasteando con unos Cubos portátiles a medio hacer. No se parecía a la Gea fuera de control que electrocutaba a todo bicho viviente…
- Vaya, cuantos cacharritos electrónicos. Yo pensaba que os iba más la magia –jadeó Clara desde la puerta. - Y cómo corréis, parecéis galgos.
- ¡CLARA! ¡¿QUÉ TE HE DICHO SOBRE SEGUIRME SIN PERMISO?!
- Que no te gusta, sí, pesada –gimoteó Clara poniendo pucheros. - Me dejaste sola.
En ese momento, Clara vio a Gea. Y Gea levantó la cabeza, mirando fijamente a Clara. V tragó saliva, esperando la reacción de Gea. No tuvo que esperar mucho, porque de un pestañeo a otro, se encontró delante de Gea, con ésta agarrándole fuertemente del brazo.
- Vaya, ¿nos hemos visto antes? Me resultas familiar –dijo Clara, avanzando un paso.
Gea negó frenéticamente con la cabeza y se ocultó más tras V.
- Tienes un aire a una amiga que hace siglos que no veo… oye, tranquila, no te voy a comer.
- No le gustan los extraños. Y aún menos si son mortales –dijo V-. Por favor, vete, que luego no hay manera de tranquilizarla.

……………………………………………………….
- ¿Por qué diablos he acabado aceptando?
- Te juré que no aparecería por ahí a menos que fuera necesario. Por si fuera poco, Gea se estaba poniendo peor y acabaste haciéndolo. Aunque yo creo que has caído a mis pies, como todos…
- ¡QUITA, BICHO!
Maldita sea, pensó M mientras ayudaba a levantarse a Clara después de un grito fuera de control, Sincara y V iban a pagárselas todas juntas. Suspiró de alivio cuando llegaron al portal de Clara, pero su alegría duró poco.
- Sube conmigo, por favor. Podría haber alguien en mi casa y… y…
- Que cuento tienes, bonita. En fin, tira, que se está haciendo tarde.
Al llegar al piso, una figura apoyada en la puerta puso en alerta a M.
- ¡Josh! ¿Qué hay? –dijo Clara.
M lo reconoció como el camarero rubio que había visto el día que conoció a Clara. No parecía de muy buen humor, por lo que decidió quedarse al margen.
- ¿Se puede saber dónde estabas, Clara? Llevaba dos días sin saber nada de ti. Me moría de preocupación.
- Ay, estaba por ahí con ella.
Tierra trágame, pensó M al notar la intensa mirada de odio que le dirigió Josh con sus escalofriantes ojos negros.
- M… Malena –consiguió tartamudear.
- Bueno, Josh, gracias por preocuparte, pero deberías irte ya. Es tarde y mañana trabajas –cortó Clara.
Josh soltó un taco y, gruñendo al pasar por al lado de M, bajó por las escaleras.
- No te preocupes por él. Aunque a veces parece mi madre no es mal chico. Eso sí, para tener solo veintiún años es un soso. Solamente deja de trabajar cuando le arrastro yo. Mira, estuve a punto de llevarle a tu concierto y me llamó loca, dejándome tirada.
- Pero… ¿No es un poco joven para ti? No sé, tampoco tengo tanta experiencia en esos temas mortales.
- Espera… ¿crees que es mi novio? –Clara se echó a reír. - Nada más lejos de la realidad. Es el hermano pequeño de la chica que tiene un aire a Gea. Hace unos dos años él necesitaba pasta y yo otro camarero… Así que le di trabajo. Que, por cierto, no te preocupes, a mí me van otras… cosas.
Al ver la sonrisa insinuante de Clara y sintiendo cómo apoyaba la mano en una zona “personal”, M murmuró una despedida y salió corriendo como una loca.

viernes, 1 de agosto de 2014

Relato: Pelirroja Parte 5

Sincara bufó. Después del estropicio que había montado Pe en la base, tendrían que ser más cuidadosos con sus movimientos. Por ese motivo estaba a punto de entrar en un bar repletito de mortales.
-       Venga, deja de mirar la puerta como un pasmarote y entremos. Hace un frío del carajo. Son mortales, no te van a comer, joder –tartamudeó M, impaciente.
Ese comentario le valió una mirada asesina. M tenía razón, ya era mayorcito para tener miedo de los mortales. Pero al mismo tiempo, hacía mucho que no se mezclaba con ellos, por lo que se sentía sumamente incómodo. En cambio, M, gracias a sus estancias entre ellos, encajaba perfectamente en el ambiente.
Abrió la puerta, dejando escapar una música chillona. El local no estaba excesivamente lleno, pero Sincara prefirió asegurarse de que nadie les interrumpiría. M se sentó en una mesa no muy lejos de la barra y le miró divertida.
-       Entonces, ¿somos invisibles para todos los que están aquí?
-       La invisibilidad no existe, es camuflaje, simplemente hago que no se les ocurra mirar hacia aquí –masculló Sincara.
-       Dijiste que nos reuniríamos aquí con un contacto… ¿Cómo diablos va a vernos?
-       No es una mortal cualquiera. ¿Recuerdas aquella trampa que montasteis hace un par de años, con uno de los primeros Cubos de Gea?
- ¿Qué tiene que ver?
-       Resulta que, entre todos esos inmortales candidatos, estaba ella. Aún no sé cómo diablos pudo colarse, pero ha desarrollado un par de habilidades algo raras.
- ¿Y por qué no me lo contaste antes? Diablos, si lo hubiera sabido, lo hubiera parado todo.
-       No lo supe hasta varios meses más tarde, cuando llamó a la puerta de la base. Y no me mires con esa cara de pasmo, no la dejé entrar. Fuera lo que fuera lo que le pasó, le había perturbado la cabeza. Está algo más desequilibrada que el resto.
Sincara y M pegaron un bote cuando oyeron un carraspeo. Un joven rubio de piel bronceada y cara somnolienta los miraba con aburrimiento mientras jugueteaba con un boli. Por el uniforme, Sincara pudo ver que era un camarero, pero sus ojos negros, aunque le resultaban familiares le daban mala espina. Maldiciendo a los mortales, aumentó la potencia de su “barrera anti-curiosos”, haciendo que el joven se tambaleara y volviera hacia la barra.
-       Vaya… me has vuelto a encontrar, rarito. No quiero que uses tu magia en mi local.
M se giró hacia dónde venía la vocecita. Provenía de la mujer más extraña que había visto en su vida. A primera vista, lo que más destacaba era su pelo, largo y plateado, y su falta absoluta de curvas. Aparentaba unos treinta años y todo su cuerpo gritaba una belleza marchita. Los miraba con fiereza y con los brazos en jarras.
-       Después de mucho pensarlo, he decidido acceder a tu petición, Clara. Aquí tienes a tu querida “sirena” –dijo Sincara, señalando a M- A cambio, necesito un par de favores.
Clara sonrió a M, que tragó saliva. En los ojos pardos de Clara había un atisbo de locura, que le hizo temblar. No era la misma locura que caracterizaba a Gea y partía de un origen natural. Era una locura enferma, nacida de algún mecanismo activado por accidente por su voz.
-       Un… gusto conocerte –tartamudeó, incómoda.
 Cuando Clara se sentó a su lado, cogiéndole de la mano, M quiso correr. Sin embargo, Sincara parecía estar pasándoselo de miedo. Clara empezó a halagar a M, acercándose cada vez más. Un estruendo resonó en el local. El causante era el camarero rubio, que ahora se afanaba en recoger un montón de vasos rotos.
- ¡Josh, imbécil! ¡Te he dicho mil veces que tengas cuidado! –chilló Clara, dejando a M.
-       No es mi culpa. Estoy agotado, he hecho turno doble, mientras que tú te ibas por ahí con tu ligue del día –farfulló este- Voy a tomar un poco el aire.
Josh salió corriendo, dejando a Clara perpleja. Sincara se encogió de hombros, susurró algo a Clara y llevó a rastras a M al exterior. Ahí, apoyado en el edificio de enfrente, se encontraron a un Josh visiblemente cabreado. M decidió ignorarle y empezó a seguir a Sincara, pero un brillo en la muñeca de Josh llamó su atención. Era una pulsera metálica, que parecía compuesta de pequeñas… Sacudió la cabeza y corrió tras Sincara.
……………………………………………………….
- ¡Abrid! ¡Por favor! -chillaba Clara, aporreando la puerta.
Sincara suspiró y abrió la puerta de la base. No había pasado ni medio día y ya estaba la mortal loca dando por saco.
- ¿Qué pasa, Clara? Sabes que no puedes pasar.
- ¡Ha venido un chaval muy raro al bar! Ha empezado a hacer preguntas sobre la sirena y sobre ti y de repente se ha liado a lanzar bolas de fuego por todas partes. -lloriqueó Clara. - He conseguido escapar porque de golpe se ha caído redondo al suelo y… y…
En cuanto comprendió de quién hablaba, Sincara metió de un golpe a su llorosa visitante. Dichoso Pe, mucho cerebro no tendría, pero sí una asombrosa capacidad para ponerle de los nervios. Tanto que no dudó en llamar a ella a gritos.
- ¡Synnove! ¡Synnove! ¡SYNNOVE!
- ¿A qué viene tanto alboroto? Habíamos quedado que no volveríamos a decir esos nombres que tanto dolor nos han causado a menos que hubiera un motivo serio, Miles –le increpó ella con retintín, saliendo de entre las sombras.
-       He dejado pasar a una mortal. ¿Puedes tomar eso como un indicador de que es algo realmente serio?
Synnove miró a Clara, reparando en su presencia. Luego volvió a mirar a Miles pidiendo una respuesta.
-       Creo que nos han estado vigilando. La verdad es que cuando estuve en aquel tugurio noté algo extraño, como si todo el lugar ocultara algo. El espía debe de controlar el camuflaje como Camaleón y yo. El caso es que, según Clara, Pe no tardó nada en hacerle una visita, preguntando sobre nosotros. Trama algo, y no me gusta nada.
-       Bueno, pues nosotros no nos quedaremos atrás. Aún tengo que hacerle pagar por herir a Camaleón…
Un carraspeo cortó sus divagaciones. Clara, visiblemente más tranquila, susurró la pregunta del millón.
-       Sí supuestamente el chico que vino a verme había venido por el chivatazo de un aliado invisible, que es muy probable que estuviera cerca… ¿Por qué en determinado momento del interrogatorio se desplomó cómo si le hubieran dado un golpe por la espalda?
……………………………………………………….
Lo primero que vio al abrir los ojos fue la silueta de la Titiritera, recortada contra las sombras del callejón donde llevaba tirado… ¿horas? Esta rio, como si fuera muy divertido morirse por un golpe en la cabeza.
-       Vaya, querido, parece que la mortal te ha pillado por sorpresa.
-       No… no ha sido ella. Estaba preguntándole sobre los marginados, por si acaso podía sonsacarle algo y… ay, todo se puso raro, las cosas empezaron a cambiar y de golpe, algo me golpeó en la cabeza.
- ¿Camaleón? ¿Sincara?
-       No, creo que es otro marginado. Parece tener más idea que esos dos idiotas juntos.
-       No hay otro marginado con don de camuflaje, Penny. Los tengo contados. Sigue buscando, anda. Ah, y lávate la cara, te lo recomiendo.

Penny observó cómo la Titiritera salía del callejón, silbando. Con esfuerzo, logró moverse hasta un espejo hecho trizas y se miró. Un grito de frustración salió de su boca cuando pudo ver que, en la frente, escrita bien grande, destacaba una única palabra: “TRAIDOR”.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Relato: Pelirroja Parte 4

Cómo cabía esperar de ella, la habitación a la que le condujo V era incluso más fastuosa de lo que R había imaginado. Y ahí estaba, rodeada de cuadros valiosísimos, que R no pudo admirar por estar demasiado concentrado. No era para menos, la pelirroja y la chica de las flechas cantaban una melodía sin ton ni son, pero igualmente atrayente. Sus voces, que se unían en una cadencia perfecta, invitaban a acercarse aún más… Cómo el dichoso cubo de Gea.
-  Encantada de verte de nuevo, R. Es un placer ver a uno de los aliados de la Titiritera en mis filas –bostezó ella, levantándose de un salto.
-  V no me ha dejado otra opción –se encogió de hombros. - Además, tengo curiosidad… ¿Cómo te vas a enfrentar a la Titiritera? Por lo que sé, tiene más recursos que tú.
La pelirroja bufó y apuntó algo en una cuartilla con una pluma estilográfica y R pudo ver que tenía los dedos y la nariz manchados de tinta. No parecía una amenaza, pero con algo puntiagudo en las manos no era muy inteligente cabrearla.
-  Mira, bonito, por muchos pringados que esa loca tenga de su lado no me voy a rendir. Estoy harta de que una panda de chalados me ponga trabas e instigue a mortales a perseguir a mis chavales solamente por ser diferentes. –gruñó.
-  Lleváis milenios matando gente inocente –respondió R.
-  Si por inocentes te refieres a aquellos que no dudaban en intentar matarnos, influenciados por la Titiritera o su segundo al mando... –dijo M.
-  Exacto, M. Bueno, pasemos de tema. R, tengo una misión para ti. Necesito que le lleves un mensaje a la loca esa. Y no me mires así, sé que conoces su paradero. Tenemos un informador desde hace algún tiempo. Al principio no quería soltar prenda, pero últimamente está de lo más hablador gracias a Gea.
-  Está bien. Supongo que no puedo negociar la liberación de ese “informador” contigo.
-  Supones bien. No me suele sentar bien que me tomen el pelo, y todavía no he terminado mi venganza. A ver, grábate bien el mensaje: “Espero que tengas un plan B, porque esta vez tu querido espía no te va a sacar las castañas del fuego”.
-  Vaya, corto pero agresivo –rio nerviosamente R.
La pelirroja abrió la boca para contestar, pero en ese momento se abrió la puerta de golpe. Una racha de aire caliente y humo les golpeó.
- ¡Han entrado intrusos! –tosió Sincara, saliendo entre el humo con una Camaleón inerte entre sus brazos. - Han reventado la puerta y Camaleón se ha enfrentado a ellos. El que ha dejado inconsciente a Camaleón era el asesino personal de la Titiritera, pero al otro no le había visto nunca. Es el que ha iniciado el incendio.
-  Este edificio es enorme, dudo que nos encuentren… a menos que estén buscando al prisionero –murmuró la pelirroja.
M se levantó de un salto.
-  Cómo se atreve, ese hijo de puta asesino… Voy a darle su merecido. ¡V! ¡Gea! Vamos, no seáis nenazas.
Antes de que la pelirroja pudiera protestar, una llamarada salió de la puerta abierta, envolviendo a M. Ésta cayó al suelo, sin ningún daño aparente.
-  Mira, Yao, esta es la guarida de los perdedores. Es una pena que mi pequeño incendio estropee esos cuadros tan bonitos, pero qué se le va a hacer.
Por la puerta entró un joven delgado, de pelo dorado y ojos verdes. La ropa que vestía estaba ennegrecida y destrozada por diversos lugares, pero no parecía importarle. Detrás de él entró otro hombre, de tez oscura, que llevaba un fardo del tamaño de una persona al hombro.
-  Bueno, a lo que iba –dijo el joven dirigiéndose a la pelirroja. -Mi jefa se alegrará mucho cuando vea que hemos rescatado al prisionero, así que puedes quedarte con el corredor. Total, para lo que servía. Pero, para que lo sepas, la próxima vez que lo intentes no nos contendremos… y lo perderás todo.
Dicho esto, dio media vuelta, pero un grito ahogado le frenó. M le miraba boquiabierta.
- ¡ERES UN JODIDO TRAIDOR! ¡CONFIÉ EN TI! ¡¿Y AHORA RESULTA QUE ERES UNA DE LAS SABANDIJAS DE LA TITIRITERA?! –empezó a chillar, originando un temblor en aumento.
-  Hola…Male. Veo que mi sudadera te queda bien. Procura no morir estando cerca de mí porque te la quitaré, está hecha de un material ignífugo que me vendría muy bien. No me gusta la ropa mortal, no aguanta mi ritmo de vida –contestó él, riendo suavemente.
Hizo una señal a su compañero y ambos salieron corriendo. M se quedó mirando la puerta durante unos segundos, hasta que pareció reaccionar y miró a R.
- ¿Ves? Te han dejado solo, han preferido al querido espía de esa zorra. Y lo gracioso es que es por ese cabrón de “Pe” por lo que estoy aquí. Yo he huido siempre, R. Y ese imbécil me engañó, hizo que confiara en él… -le susurró antes de empezar a llorar.
-  No son los buenos, R. Son una panda de desequilibrados que buscan el poder –dijo V.
-  Me temía que podían intentar algo así –dijo la pelirroja. - El plan que he ido elaborando sigue en pie… Y puedes ayudarnos, R. ¿Qué dices?

R miró a los presentes. Renegados, sucios, medio asfixiados por el humo… pero todos parecían tener fe en el descabellado plan de una psicópata. ¿Y qué si era un suicidio? No sería la primera vez que se metía en problemas. Sonrió y le tendió la mano a la pelirroja.

miércoles, 30 de abril de 2014

SpinOff Orígenes: Metro

El metro en hora punta. Una acumulación de gente con prisa que no parecía acabar nunca. Pobres mortales, pensó M, apurando hasta el último instante de sus cortas y aburridas vidas. Esta vez era diferente: tenía prisa por finalizar esa maldita misión. Y la razón principal era esa presencia que la seguía un par de metros atrás. M casi podía sentir esos dichosos ojos grises perforándole el cogote y no le gustaba nada.
De todos los compañeros que podía haber tenido, le había tocado el rarito que ni siquiera sabía usar su don. Por mucho que la pelirroja se empeñara… ¿qué diablos pintaba un tío “especialista en emociones” en un interrogatorio si hasta la fecha no había conseguido manipular a nadie? Tendría más éxito sola. Suspiró y aceleró el paso. Faltaba poco para llegar al lugar en el que supuestamente encontrarían al objetivo y debía…
Súbitamente, alguien chocó con ella, haciendo que se cayera. No duró mucho, dado que fue levantada bruscamente. Antes de que pudiera comprender que estaba pasando, corría por unos sospechosamente vacíos pasadizos del metro arrastrada por V.
- ¿Pero ¿qué estás haciendo, animal? –reaccionó, soltándose.
- ¡Perseguir al objetivo! Estabas tan metida en tu mundo que te ha visto antes que tú a él. Le ha dado tiempo a tirarte al suelo y no te has dado ni cuenta. ¡Vamos, que se escapa!
M decidió callarse y siguió a V hasta una puerta de mantenimiento entreabierta.  Después de cruzar un pasillo sucio y mal iluminado, lo que vieron hizo que M se quedara patidifusa.  Se encontraban en un pequeño andén, en cuyas vías descansaba un vagón antiguo. Frunció el ceño. Ese lugar no aparecía en los mapas, pero no parecía abandonado.
-    No es por molestar, M, pero hay alguien en ese vagón.  Me está poniendo los pelos de punta, noto que está ahí pero no logro ver nada. –susurró V.
-     Vaya mentalista de pacotilla -bufó ella. -  Tranquilo, chaval, tú quédate atrás y aprende de una profesional.
Ignorando deliberadamente a V y a sus insultos entre dientes, empezó a forcejear con la puertecita del vagón. Después de varios minutos y unas cuantas patadas, M y V irrumpieron en el pequeño espacio, cuyo interior estaba salpicado de quemaduras. Pero no se fijaron mucho en ello, dado que la chica sentada en el suelo acaparó toda su atención.
-      Ahora resulta que nuestro objetivo es un secuestrador. Creo que a la loca pelirroja se le olvidó mencionarlo-se quejó V.- Oye, chavala… ¿Te encuentras bien?
No recibió respuesta. Carraspeó varias veces, pero la chica parecía totalmente concentrada en un pequeño cubo brillante que sostenía en una mano. Si no fuera por la expresión vacía de su cara pálida y sus ojos oscuros clavados en ese cubo, casi parecería una adolescente totalmente normal. Ese cubo…
M vio cómo V pasaba del desconcierto a la comprensión y empezaba a señalar el cubo sin parar mientras murmuraba sin sentido.  Antes de que pudiera hacer nada, una de las ventanas más cercanas a la chica se hizo añicos y un hombre entró por ella, cayendo sobre la chica.
-     Vaya, se nota que queréis encontrar el tesoro. Es una lástima, la mujer que me reveló el secreto del tesoro también me advirtió que me lo intentaríais quitar–rio el “objetivo” agarrando a la chica con firmeza.
-     Suelta a la chica, querido. No quiero tu tesoro, solamente necesito una información que me han dicho que tienes –dijo M con cautela.
En cuanto el hombre empezó a reírse como un desquiciado, M miró de reojo a V. Justo cuando necesitaba una pequeña ayudita, el muy idiota se quedaba plantado en el sitio, mirando fijamente el cubo.
-      No sé qué coño piensas hacerme, tío… ¡Pero no lo conseguirás! –gritó el hombre, arrancándole el cubo a la chica con su mano libre.
En ese momento, V pareció reaccionar. Esbozó una mueca de disgusto y la chica empezó a revolverse, cada vez más enérgicamente. Ahí pasaba algo raro, pensó M… ¿Por qué la piel de la chica estaba empezando a brillar? V debía estar haciendo alguna de las suyas.
Por otra parte, el hombre no daba muestras de estar pasándolo bien. Parecía presa de infinidad de espasmos, y por mucho que lo intentaba no podía soltar a la chica. En menos de un minuto, no tuvo que preocuparse más, dado que su cadáver calcinado cayó al suelo. En ese momento V se dirigió a la chica.
- ¿Quién eres? No te había visto nunca. Y eso es difícil.
La chica le miró fijamente, le dedicó una sonrisa burlona y cargó contra ellos. Tanto a M como a V no les apetecía acabar como el secuestrador chalado, así que se retiraron rápidamente, dejando que se escapara por la puertecita.
-     Bueno, al menos se ha dejado su juguetito -resopló M arrancando el cubo de los restos carbonizados. - Seguro que Sincara podrá decirnos algo.
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V buscaba desesperadamente en todos los armarios y cajones de su cuarto. Tenía que encontrar la dichosa máscara. No quedaba mucho para que la pelirroja le llamara para hablar sobre la misión fallida y echarle por ello y no iba a irse de allí sin llevársela. Era imposible, la había visto nada más llegar de la misión y menos de una hora después había desaparecido. Frustrado, pegó una patada a la pared y se quedó mirando el lugar donde solía dejar su máscara.
- ¿Sabes? Me gusta tu máscara. No suelo ver máscaras tan bonitas. Además, alguien me dijo una vez que si me mantenía cerca de una estaría a salvo –dijo alguien a su espalda.
V se quedó paralizado. Esa voz no le resultaba familiar. Era una voz de mujer, ligeramente grave y pausada. Un instante de concentración le dio la pista que necesitaba, así que se giró y sonrió.
-     Vaya, vaya, la chica misteriosa del metro. Espero que respondas esta vez mis preguntas… ¿Quién eres? Y… ¿Cómo has llegado hasta aquí? 
-      Me llamo Gea. Y la segunda respuesta es obvia –rio ella dejando la máscara de V en una estantería. - os he seguido. No fue difícil, no dejabas de discutir con la tía gritona. Y bueno… al intentar entrar… me ha pillado una chica semitransparente, me ha puesto nerviosa… Y he entrado.  ¡Pero en un ratito la chica estará bien! Más o menos.
  V la miró dudoso. Parecía muy poquita cosa, pero con un temperamento algo difícil de controlar, del que dependía una capacidad algo extraña consistente en producir energía eléctrica en grandes cantidades. Sonrió al oír a M gritando por el pasillo. Podría probar una teoría y vengarse.
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M estaba bastante cabreada. La pelirroja no parecía muy enfadada por el resultado de la misión, lo cual era tétrico, pero lo preocupante era tener que cargar con el rarito otra vez por orden suya.
Entró en el cuarto de V tras dar unos cuantos gritos, dispuesta a hacérselo pagar.  La intención se quedó en segundo plano cuando vio a la chica misteriosa del metro.
-      Mira, Gea, esta chavala tan gritona y malhablada es M –soltó V con desdén.
M y Gea se miraron fijamente durante unos segundos. A M no le gustaba nada esa chica, no pensaba fiarse de ella. Pensando en ello, le tendió la mano, probándola. Gea no dudó en agarrar su mano con firmeza y una fuerza que M no esperaba.
Gea no parecía dispuesta soltar su presa, y pronto M empezó a sentir cómo le subían calambres por el brazo. Cuando vio cómo Gea ponía poco a poco una sonrisa demente, miró aterrada a V, que observaba con una sonrisita la escena.
- ¡Haz que pare, imbécil! ¡Sé que es cosa tuya! –le chilló.
- ¿Ahora quién es el inútil? Me vienes genial para probar el alcance de mis “sugerencias”. Además, no te quejes, en un rato estarás como nueva.
- ¡¿Pero no le oyes, tonta?! ¡Te está utilizando! –probó a chillarle a Gea.
-      Ni lo intentes. No le caes bien, y gracias a un pequeño empujón…  Está tan enfadada que solamente piensa en vengarse,
M se revolvió, sin éxito. Aterrada, contempló cómo Gea empezaba a brillar y gritó cuando la electricidad recorrió su cuerpo, causándole un dolor horrible. Cayó súbitamente en la oscuridad, que, al contrario que veces anteriores, no le proporcionó ningún alivio.
……………………………………………………………………..

-    Y dices que lleva unas tres horas ahí tirada… -murmuró ella, mirando el cuerpo de M con curiosidad.
-     Exacto. No creo que le quede mucho para recuperar el conocimiento, su cuerpo se ha recuperado bastante rápido –contestó V.
-     Se va a poner furiosa cuando se entere de que Gea casi la convierte en carbón gracias a ti. Y, por otra parte, felicidades. Dado que conseguiste traer al objetivo hasta aquí, puedes quedarte.
- ¿QUÉ? ¿Gea era el verdadero objetivo? ¿Tú sabías de su existencia?
-    Eh… más o menos… sabía que la Titiritera estaba custodiando a alguien. No tenía ni idea de por qué lo hacía, pero viendo lo que puede hacer esa chica, me parece poca la vigilancia que tenía.
-     Me dejé capturar. Era más fácil que ir buscando a un grupo de personas que supuestamente no existen -dijo Gea por detrás- Como no intentaba huir se despreocupaban de mí.
Oh, joder, pensó V, nunca se iba a acostumbrar.  Gea pasaba tan desapercibida que era imposible saber cuánto tiempo llevaba apoyada en la pared. Cuando la miró, vio cómo se afanaba en apretar piececitas en un cubo similar al que M se había llevado.
- ¿Qué haces? –le preguntó V.
-       Es un modulador. A la tonta esa no se le da bien controlar su voz, seguramente me hubiera ganado de no ser así –murmuró ella. - Por cierto, os agradecería que me devolvierais mi inhibidor. Necesito más piezas, no he conseguido tanta chatarra del taller como querría. El tal “Sincara” no parecía muy contento de tenerme por allí.
-       Entonces… ¿construiste tú ese inhibidor? –le preguntó ella con voz melosa.
-     Sí, con chatarra que iba encontrando. Se me dan bien los aparatos electrónicos –dijo Gea, depositando el cubo en las manos de M.- No es gran cosa, pero le servirá.
V y la pelirroja no se esperaban para nada lo que sucedió: M se levantó de un salto, gritando un montón de insultos hacia Gea y V a un volumen tan alto que tuvieron que taparse los oídos y las paredes vibraron como si hubiera un terremoto. Gea, ni corta ni perezosa, y tapándose las orejas, le dio una patada a M en la rodilla, haciendo que se callara.
-        No lo pongas al máximo, burra, harás que se nos caiga el edificio encima.
- ¿De qué me hablas, loca? –gimoteó M frotándose la rodilla. - Primero me electrocutas y luego me pe…OH.
M se fijó en el cubo que seguía teniendo en la mano, miró a Gea y sonrió. Agarró a V del cuello de la camisa y rio suavemente,
-    Querido, para agradecerte que me usaras de conejillo de indias, voy a ofrecerte un pequeño concierto en la sala de las lámparas de araña. ¿Cuántas crees que te caerán encima? –dijo arrastrando a V al pasillo.
Una vez solas, la pelirroja miró a Gea con una sonrisa de oreja a oreja.
-     Gea, querida… ¿Serías capaz de hacer otro “cubo” más potente? –preguntó con un brillo calculador en los ojos.
-    Por supuesto, pero necesito mucho material. Cuanto más grande, mayor potencia -dijo Gea encogiéndose de hombros.
-    Haré que Sincara y Camaleón te consigan todo el que quieras. Bienvenida a la familia, Gea… Gracias a ti, la Titiritera comprenderá que no estamos jugando…

sábado, 29 de diciembre de 2012

SpinOff Orígenes: Flechas



Al décimo intento consiguió abrir la puerta. Cayeron sobre el frío suelo del piso, entre risas y algún golpe. La pelea no duró mucho, dado que él se levantó de un salto.
- No te estreses, Pe, mi familia no está aquí –dijo M con los ojos en blanco.
- ¿Otra vez? No parece que te hagan mucho caso, Male.
- Ya te tengo a ti, no necesito a nadie más –le susurró coqueta- Venga, te saco algo para cenar y te piras, que mañana hay clase.
- Sí, señora.
Ya en la cocina, M suspiró. Era la primera vez en siglos que conseguía intimar con un mortal. Había conseguido mantener la farsa de la familia ausente durante meses, pero tarde o temprano él se enteraría. No quería ni pensar qué le diría cuando se enterase de que su Male era simplemente una tapadera… pero aún tenía tiempo y pensaba aprovecharlo al máximo.
- Me gusta tu sudadera, Pe –saltó mientras cenaban- ¿es nueva?
- Sí, pero sí la quieres tendrás que cantar algo. Sigo sin saber para qué vas a esas ridículas clases de canto sí lo haces genial.
M bufó. Cantar en público era la mejor forma de mandar su tapadera a la mierda. Ese maldito don le había causado demasiados problemas. Pero aquella sudadera, estampada con flechas rojas y negras que resplandecían levemente con la luz, se le antojó. Total, solo tenía que modular un poquito más de lo habitual la voz, lo suficiente para no dejarle secuelas.
- Mañana, pesado. Hoy ya me has mangoneado suficiente –concedió ceñuda.
Pe rio y le dio un beso en la mejilla. Salió corriendo del piso antes de que M pudiera insultarle y se encerró en el ascensor.
- Mira que es crío –refunfuñó M mientras ordenaba el caos del salón.
Un repentino pitido en el telefonillo la alertó. Una persona normal lo achacaría a un trasnochador graciosillo, pero M llevaba demasiado tiempo huyendo como para restarle importancia a esas cosas. Con un cuchillo de cocina en la mano, bajó lentamente las escaleras. Si venía alguien a por ella le iba a dejar un pequeño recuerdo.
El recibidor, iluminado por las farolas del exterior, estaba desierto. Pero… algo colgaba de la manilla de la puerta, lanzando de vez en cuando leves destellos rojizos: la sudadera.
- Oh, no. OH, NO. ¡HIJOS DE PUTA! -chilló con todas sus fuerzas, provocando que todos los cristales se convirtieran en polvo.

…………………………………………………………………………..

Tardó cinco minutos en llegar a la guarida de los secuestradores. Llevaba el cuchillo oculto bajo la sudadera de Pe. Tenía que liberarle, aunque le costara la vida.
- Debe de ser muy importante este mortal, has salido de tu agujero, sirenita.
M tragó saliva. Uno de los secuaces del traidor estaba tranquilamente apoyado en la pared, con una pistola sobre la sien de Pe. Pe parecía aterrorizado y miraba a M con pánico.
- Me he tomado la libertad de contarle a tu chico toda la verdad, sirenita.
- No me llames sirenita, capullo. ¿A qué viene todo este numerito? Ya os dije todo lo que sabía hace unos años –no iba a dejarse amilanar por ese chulito.
- No convenciste al jefe, así que decidió darte otra oportunidad. ¿Ves esta pistola? Vamos a jugar un ratito a la ruleta rusa. Cada vez que me digas algo que no me guste apretaré el gatillo. Tienes tres oportunidades y el chico solamente tiene esta vida.
M asintió a regañadientes. La cosa no pintaba nada bien, pero debía intentarlo.
- A ver, primera pregunta. ¿Dónde está la pelirroja?
- No lo sé. Llevo siglos sin verla.
- Respuesta equivocada.
Cuando M oyó el chasquido, se temió lo peor. Pero no pasó nada, ese capullo estaba jugando con ella.
- A ver si esta vez cooperas un poquito, monada. Segunda pregunta: ¿dónde están los aliados de la pelirroja?
- Tampoco lo sé. Vinieron hace unos años, pero les dije que no me interesaba formar parte de sus planes.
El hombre pareció pensárselo durante un rato largo. Soltó la pistola… y con un rápido movimiento le partió el cuello al indefenso Pe. M chilló y se lanzó contra él, pero alguien la detuvo y la arrastró fuera de la guarida.
- Espero que no vuelvas a hacer semejante tontería, M –empezó a regañarla una mujer semitransparente diez manzanas después.
- Hola, Camaleón. Hubiera sido un grandísimo detalle que me hubieras ayudado, y así Pe no estaría en el otro barrio –atacó M.
- Lo siento, no pude reaccionar a tiempo. Es la primera vez que matan a mortales sin más.
- Presiento que tienes alguna oferta para mí. Te agradecería que lo dijeras directamente, por favor.
- Bueno… la jefa está reuniendo gente otra vez. Dice que eres una parte imprescindible de su plan.
- Sí me ponéis a ese hijo de puta asesino en bandeja para hacerle sufrir… me apunto. Se van a enterar de que la “sirenita” tiene unos dientes muy afilados.
Dicho esto, se colocó la sudadera de flechas y siguió a Camaleón por la calle en penumbra.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Relato: Pelirroja Parte 3

La cosa pintaba mal, MUY mal. Llevaba meses notando algo extraño en el ambiente y tenía la absoluta certeza de que había llamado la atención de alguien peligroso.
R corría por un parque a toda velocidad, aprovechando esa milagrosa habilidad que le había sacado de muchos apuros durante siglos.
Al llegar a su escondrijo, se llevó una desagradable sorpresa: ya estaba ocupado por dos chicas y un chico con pinta de adolescentes que le miraban con guasa.
-  V, es la tercera vez que pierdes la apuesta, así que te toca llevarle hasta la jefa –dijo la chica que llevaba una sudadera estampada con flechas.
-  No recordaba su velocidad –el tal V se encogió de hombros- Vamos, Chispa, termina ya.
Antes de poder reaccionar, R se encontró en el suelo, con la otra chica encima. No parecía muy contenta y el fulgor que desprendía su cuerpo no tenía buena pinta. Sus sospechas resultaron ser acertadas, porque en cuanto el fulgor aumentó, algo le atacó produciéndole un dolor insoportable.

Despertó en una habitación desconocida. Por la luz que entraba por la puerta, debía de ser muy pronto. Aun así, una música extraña y cautivadora procedente de fuera le instó a levantarse. No fue buena idea, morir siempre le dejaba con el cuerpo algo tocado.
Salió renqueando a un patio interior con un enorme cubo de metal. Al aproximarse, pudo comprobar que la música salía de ahí y que no estaba solo. Una chica arrodillada frente al lado opuesto pasaba las manos por la superficie. A plena luz del día no parecía la misma que le había derribado.
-  Bonito trasto –aventuró R.
La chica se asomó y pudo verla totalmente. No muy alta, pálida, de ojos oscuros y el pelo castaño claro recogido en una trenza.
-  Es mi chiquitín –declaró ella con una sonrisa de oreja a oreja- lo hice con mis propias manos. Por cierto, me llamo Gea.
Miró el cubo, escéptico. Era totalmente liso y no tenía pinta de haber sido manipulado. Alargó la mano con curiosidad.
- ¡NO LO TOQUES! ¡ES MÍO! –chilló Gea súbitamente, lanzándose contra él.
Esa vez, R no se lo pensó dos veces, y empezó a correr por el patio, perseguido por Gea, que había pasado de la alegría al enfado en medio segundo.
- ¡Chispa! ¡PARA! –ordenó V acercándose a la carrera- ¿No puedo dejarte sola ni un segundo?
Gea frenó de golpe y empezó a tatarear una melodía. Parecía ajena a la persecución que acababa de protagonizar.
-  V… ¿tengo que formar equipo con Flechas otra vez? –gimoteó mirando con cara de cachorrillo a V- No me cae nada bien…
-  No hace falta que lo jures. La jefa no está contenta con vuestra última pelea, así que me toca ir con vosotras. Pero ahora tienes que ir a por tu máscara, que Sincara ya la ha mejorado –suspiró V revolviéndole el pelo.
Observaron cómo corría Gea hasta que desapareció tras una puerta. R aprovechó para mirar a V. parecía un adolescente normal, de ojos grises rasgados, pómulos algo prominentes y labios y mandíbula finos. Unas pocas canas en su pelo negro rompían la ilusión de juventud. R tragó saliva: se encontraba frente a un inmortal que no le transmitía buenas vibraciones.
-  Mira, R, no voy a mentirte.  Estás dentro quieras o no y me harás caso quieras o no. Te agradecería que pusieras de tu parte, tengo suficiente con ser la niñera de la chiflada bipolar. Sí estás de acuerdo, asiente y pongámonos en marcha, que ya tienes tareas.
R asintió muy despacio, lo que pareció aplacar a V. Mientras le seguía, suspiró. ¿Es que nunca se iba a librar de esa maldita pelirroja?

domingo, 28 de octubre de 2012

Relato: Pelirroja Parte 2


Tiritó al salir del barucho. Era una fría noche de febrero, y se había refugiado ahí huyendo de la muchedumbre que celebraba los carnavales. Suspiró de alivio al ver la calle desierta. Cuantos menos testigos de que había estado en esa ciudad, mejor. Estaba decidido a cambiar las tornas y sorprender a la pequeña psicópata en su cuartel general. Sólo había un pequeño problema… y era que no tenía ni idea de dónde podía estar el cuartel. La ciudad había cambiado demasiado desde el último encontronazo con ella.
Deambuló sin rumbo por las calles sucias y malolientes. Empezaba a cuestionarse si era un buen plan, dado el historial de muertes que llevaba encima. De repente, un lejano sonido llamó su atención. Al acercarse un poco más, reconoció una música extraña, a la par que hipnotizante.
Se quedó patidifuso al descubrir una plaza enorme, llena de jóvenes con máscaras que bailaban al son de la música que salía de un artefacto extraño. Una persona lo controlaba. Iba cubierta de pies a cabeza con prendas rojas y negras que al moverse mostraban flechas. Y por supuesto, llevaba una máscara pintada con flechas negras y rojas que le cubría la cara, lo que dificultaba saber su edad y género.
Observó con los ojos como platos la reunión. Tenía un toque extraño que le traía recuerdos no muy agradables, pero no fue capaz de moverse hasta que el misterioso DJ apagó el aparato y todos los jóvenes se desplomaron en el suelo.
En cuanto vio que la figura desaparecía en una callejuela adyacente, le siguió con cuidado. Durante unos minutos, se fue escondiendo para que su objetivo no se diera cuenta de su presencia. Pareció dar resultado, ya que no se giró ni una vez.
Una hora más tarde, llegaron a las afueras de la ciudad. El DJ se acercó a una pequeña casa en ruinas y abrió la puerta.
-  La señorita ama desea hablar con el señor traidor –rio sarcásticamente con voz de mujer, dándose la vuelta y haciendo una reverencia. - Venga, ¡no se quede parado, la señorita no tiene mucha paciencia!
Tragó saliva, dándose cuenta que la misteriosa DJ le había conducido a una trampa de ella. Bueno, ya no había marcha atrás, decidió cruzando la puerta. El camuflaje de la casa se esfumó y pudo ver que se encontraba en un gran recibidor, decorado con miles de plantas exóticas.
-  Cómo M le ha dicho, la señora no tiene mucha paciencia, así que le ruego que deje de mirar todo como si hubiera nacido ayer y sígame –le soltó lo que le había parecido una estatua dorada con los rasgos perfilados en negro, sacándose una melena negra por fuera de la capucha dorada. - Soy C, pero dudo que volvamos a vernos.
Le condujo a una fastuosa habitación, llena de objetos dorados, obras de arte antiquísimas y divanes.
-  Querido, avisa a la señora de que su invitado ya ha llegado –dijo C a un joven alto que descansaba en uno de los divanes.
Parecía un chico totalmente normal, vestido con un conjunto de chaqueta larga, pantalones y botas oscuras, pero cuando se giró hacia ellos, pudieron ver que llevaba una especie de máscara blanca totalmente lisa, sin agujeros de ningún tipo.
-  Hola… sabía que tarde o temprano te atraerían hasta aquí mis chicos –sonrió ella. - Dejadnos solos, por favor.
C y el chico de la máscara se fueron rápidamente, dejándole sólo frente a esa pelirroja psicópata. No había cambiado una pizca en todos esos años y su pelo refulgía como una hoguera, como siempre. Lo único que había añadido a su aspecto era esa coqueta máscara veneciana, que le resultaba familiar.
-  Veo que te acuerdas de la máscara que me regalaste la primera vez que nos vimos en Venecia, hace ya muchos siglos –pestañeó inocente. -  Qué lástima que decidieras quemar mi casa para tenerme controlada.
-  No sé de qué me hablas. Casi no recuerdo esa época.
-  Qué casualidad… -gruñó.
-  Mira, he venido para proponerte una tregua. No sé por qué sigues empeñada en matar a todo el que se me acerca, pero eso debe acabar. Estás matando a gente inocente.
Esa fue una mala idea, principalmente porque se encontró volando por los aires para acabar estampado en la pared con la pelirroja apoyando una aguja contra su cuello.
-  Y me dice el menos indicado que he matado a gente inocente. ¡Mataste a todo mi vecindario en París sólo porque me miró el lechero! ¡Quemaste San Francisco porque mi casero se dignó a darme un obsequio! Y no te hagas el amnésico, porque voy a devolvértelas todas hasta quedarme satisfecha.
-  Y… ¿y qué pasa con los jóvenes de esta noche? –jadeó aterrorizado.
-  Eso es parte de un plan que te copié a ti, en Grecia. Pero en vez de usar soldados… estoy reclutando inmortales, como mis tres chicos –rio suavemente ella- Voy a dominar el mundo entero y tú vas a ayudarme, quieras o no.
- ¡No voy a formar parte de tus delirios, psicópata! –chilló en un ataque de valentía.
- ¡C! ¡M! ¡Llevad al traidor a la sala del delirio! Espero que unos cuantos lustros encerrado te aclaren las ideas, querido.
Lo último que oyó antes de ser arrastrado fue una estruendosa risa psicópata que se le clavó en lo más profundo de su ser.

domingo, 11 de marzo de 2012

Relato: Pelirroja

Bueno, aquí un microrrelato que puede que sirva de base a algún relato largo... ¡Espero que os guste!
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Sus ojos de color miel relucieron con un brillo verdoso a la luz mortecina de una farola solitaria. Tenía miedo, mucho miedo. Debía salir de ahí antes de que ella apareciera.
Pero eso era más fácil de decir que de hacer. Ella tenía ojos en toda la ciudad, vigilando cada movimiento que hacían todos sus esclavos. Seguramente alguno de sus espías ya le habían visto y ella se dirigía hacia ese lugar para castigarle. ¿A dónde podía ir? Estaba atrapado. Pero no, no podía, no quería, decidió echando a correr por una calle oscura.
Corrió como un condenado durante varios minutos, pasando por calles mal iluminadas y llenas de basura... Y silenciosas. Frenó al recordar la predilección de ella por ejecutar a sus presas en silencio y sin testigos.
Una risita resonó a unos metros y como por arte de magia, una cabellera pelirroja refulgió en la oscuridad.
- Vaya, has tardado menos que otros en darte cuenta, mi querido esclavo -sonrió la dueña de la cabellera dando una palmada.
Una farola se encendió y pudo verla, con una gabardina negra y el pelo recogido en una cola de caballo. Sonreía con maldad, y sus ojos marrones tenían un brillo mortífero.
- Ha... ¿Hace mucho que me sigues? -jadeó él.
- El suficiente. Ya lo sabes, me gusta jugar con los esclavos traidores antes de castigarlos.
- ¡No soy tu esclavo! Me hiciste chantaje. No te debo ya nada.
La pelirroja dejó de sonreír y se acercó, provocando que él se encogiera de miedo. Aunque le sacaba veinte centímetros, había visto las carnicerías que podía hacer esa pequeña psicópata con una simple aguja.
- Tonto no eres. Sabes perfectamente lo que te haré. ¿Por qué no vuelves a mi lado y hacemos como si no hubiera pasado nada?
- ¿Y qué va a cambiar? Sé que vas a obligarme a matar a todo el que me importe en cuanto vuelva a tu lado. Y eso no pienso permitirlo.
Ella sonrió con algo parecido a la ternura en los ojos y apoyó una mano enguantada en su pecho.
- Mi pobre iluso... ¿Quién te ayudó cuando tuviste problemas? ¿Quién se desvivió por ti? ¡¿QUIÉN TE SALVO EL CULO CUANDO TU QUERIDA TE ENTREGÓ A UNA BANDA POR UN PUÑADO DE BILLETES?! Y yo sólo te pedí que estuvieras a mi lado siempre...
- Lo siento, pero no voy a obedecerte nunca más. Búscate a otro que quiera ser tu chucho, pero a mi déjame en paz. Ya me he cansado de tu juego.
Ella empezó a llorar, mientras que él se arrepentía de ese ataque de valentía que seguramente acabaría con la muerte de alguien como castigo. Así que empezó a correr para evitarlo, pero un dolor agudo en el cuello le frenó. A su espalda, ella bufó.
- No te equivoques, querido mío. Si yo no te tengo no te va a tener nadie.
Siguió riendo ante el cadáver del desafortunado joven hasta que éste ardió sin razón aparente. Después escupió en el suelo y suspiró.
- Espero que la próxima vez que nos veamos elijas mejor y no te vayas con una zorra mortal, querido. Esto de matarte una y otra vez ya empieza a ser aburrido.
Dicho esto, dio una palmada y desapareció, dejando la solitaria calle sin luz.