domingo, 11 de marzo de 2012

Relato: Pelirroja

Bueno, aquí un microrrelato que puede que sirva de base a algún relato largo... ¡Espero que os guste!
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Sus ojos de color miel relucieron con un brillo verdoso a la luz mortecina de una farola solitaria. Tenía miedo, mucho miedo. Debía salir de ahí antes de que ella apareciera.
Pero eso era más fácil de decir que de hacer. Ella tenía ojos en toda la ciudad, vigilando cada movimiento que hacían todos sus esclavos. Seguramente alguno de sus espías ya le habían visto y ella se dirigía hacia ese lugar para castigarle. ¿A dónde podía ir? Estaba atrapado. Pero no, no podía, no quería, decidió echando a correr por una calle oscura.
Corrió como un condenado durante varios minutos, pasando por calles mal iluminadas y llenas de basura... Y silenciosas. Frenó al recordar la predilección de ella por ejecutar a sus presas en silencio y sin testigos.
Una risita resonó a unos metros y como por arte de magia, una cabellera pelirroja refulgió en la oscuridad.
- Vaya, has tardado menos que otros en darte cuenta, mi querido esclavo -sonrió la dueña de la cabellera dando una palmada.
Una farola se encendió y pudo verla, con una gabardina negra y el pelo recogido en una cola de caballo. Sonreía con maldad, y sus ojos marrones tenían un brillo mortífero.
- Ha... ¿Hace mucho que me sigues? -jadeó él.
- El suficiente. Ya lo sabes, me gusta jugar con los esclavos traidores antes de castigarlos.
- ¡No soy tu esclavo! Me hiciste chantaje. No te debo ya nada.
La pelirroja dejó de sonreír y se acercó, provocando que él se encogiera de miedo. Aunque le sacaba veinte centímetros, había visto las carnicerías que podía hacer esa pequeña psicópata con una simple aguja.
- Tonto no eres. Sabes perfectamente lo que te haré. ¿Por qué no vuelves a mi lado y hacemos como si no hubiera pasado nada?
- ¿Y qué va a cambiar? Sé que vas a obligarme a matar a todo el que me importe en cuanto vuelva a tu lado. Y eso no pienso permitirlo.
Ella sonrió con algo parecido a la ternura en los ojos y apoyó una mano enguantada en su pecho.
- Mi pobre iluso... ¿Quién te ayudó cuando tuviste problemas? ¿Quien se desvivió por ti? ¡¿QUIÉN TE SALVÓ EL CULO CUANDO TU QUERIDA TE ENTREGÓ A UNA BANDA POR UN PUÑADO DE BILLETES?! Y yo sólo te pedí que estuvieras a mi lado siempre...
- Lo siento, pero no voy a obedecerte nunca más. Búscate a otro que quiera ser tu chucho, pero a mi déjame en paz. Ya me he cansado de tu juego.
Ella empezó a llorar, mientras que él se arrepentía de ese ataque de valentía que seguramente acabaría con la muerte de alguien como castigo. Así que empezó a correr para evitarlo, pero un dolor agudo en el cuello le frenó. A su espalda, ella bufó.
- No te equivoques, querido mío. Si yo no te tengo no te va a tener nadie.
Siguió riendo ante el cadáver del desafortunado joven hasta que éste ardió sin razón aparente. Después escupió en el suelo y suspiró.
- Espero que la próxima vez que nos veamos elijas mejor y no te vayas con una zorra mortal, querido. Esto de matarte una y otra vez ya empieza a ser aburrido.
Dicho esto, dio una palmada y desapareció, dejando la solitaria calle sin luz.