lunes, 6 de febrero de 2017

Relato: Pelirroja Parte 13

No era un cobarde. Por supuesto que no. Vale, había salido corriendo del cuartel de Pelirroja, pero porque la situación era insostenible. Puede que gracias a Gea sus habilidades hubieran mejorado, pero a qué precio. En cuanto se cruzaba con alguno de sus compañeros era como si le dieran con un mazo en la cabeza. Lo peor era cruzarse con M, ella conseguía dejarle muy claro lo mucho que le odiaba y el asco que le daba, hasta el punto que le dejaba temblando como una hoja y tirado en el suelo.
Que les jodieran. No era imbécil, podía sobrevivir sin tener que aguantarles. No era tan difícil esconderse de Titiritera. De momento había encontrado un lugar en el que podía pensar en su próximo paso. Era un parque, lo suficientemente lleno para pasar desapercibido pero con la cantidad perfecta de gente para que pudiera ignorar todas sus mentes.
Un ladrido sonó demasiado cerca. Se lanzó instintivamente a un lado, esquivando por poco a un perro gigantesco. Sin pensarlo dos veces echó  a correr en dirección contraria. Odiaba con toda su alma a los perros, y por los ladridos que sonaban a su espalda, ni ese perro era especialmente amable, ni le importaba invitar a otros a la fiesta.
Corrió durante un buen rato, hasta que los ladridos se extinguieron. Se metió en una callejuela para dispersar su rastro, pero se encontró con la persona que menos le convenía.
- Hola, Luca. Veo que te has recuperado pronto. Esa costumbre de lanzar chuchos pulgosos a otras personas no se te ha quitado –farfulló, mirando por el rabillo del ojo la salida.
- En realidad puedo llamar a cualquier animal, pero sigo recordando los grititos de niña que dabas cuando se te acercaba algún perro –rió Luca.
- ¿A qué te ha mandado Titiritera? Hazlo rápido, así podrás volver a que te dé una galleta mientras mueves la colita.
- Titiritera no es mi ama, ¿está claro? Te quiere bien muerto y yo también, nos beneficia a los dos. Y voy a jugar un ratito contigo antes, tenemos una cuenta pendiente.
- Mira, Luca, ya sé que no tienes por qué creerme, PERO HAZLO. ¡No quería hacerte daño!
- ¿Pretendes que me crea que me bloqueaste casi todos mis recuerdos por accidente? Estaba tan cerca de engañar a la loca de Synnove y tú decidiste ayudarla.
- Te lo repito. Me puse nervioso y… y salió solo, joder. Ni sabía ni sé controlarlo completamente. Y luego Titiritera se puso en plan maníaca. No quiso escucharme y Pelirroja me rescató. Si sigo con esa panda de perdedores es porque al menos me quieren vivo.
- No intentes comerme el coco con tus habilidades mentales. He visto lo que puedes hacer y no puedo arriesgarme a que sigas haciendo de las tuyas.
El perro que le había perseguido antes apareció por la salida libre de la callejuela, gruñendo y enseñando los dientes. V tragó saliva. Puede que hubiera sido mala idea haber salido de su cuarto, pensó antes de ser embestido. Rodaron por el suelo, con V intentando parar las dentelladas con un brazo. Por mucho  que lo intentaba, no llegaba a concentrarse lo suficiente para llegar a la mente del perro. Un crujido desagradable salió de su brazo, seguido de un dolor tan agudo que V gritó.
De repente se escuchó el sonido de un motor, un golpe y un grito. Alguien se acercó corriendo hasta donde se encontraban V y el perro y V pudo ver unas manos pequeñas en su campo de visión que tiraron del perro hasta quitárselo de encima.
V se incorporó. El brazo le dolía horrores, pero parecía seguir bastante entero. El cuerpo inerte de Luca se encontraba a los pies de una motocicleta todavía en marcha, cuyo conductor vestía totalmente de negro. Cerca de ellos una figura más pequeña se afanaba en retirar el cuerpo del perro, ahora inmóvil.
- Venga, sube –dijo el motorista, con la voz ahogada por el casco.- No te preocupes, nos envía Morfo.
- ¿Y cómo sabe Morfo dónde estoy?
- Bueno, Morfo no lo sabe. Por lo que sabemos solo le ha ladrado a Gea “Usa el cacharro que sea, pero encuentra a ese imbécil antes de que le maten”. Te hemos seguido durante un buen rato y te hubiéramos ayudado si no hubieras empezado a correr.
- No me gusta que me persigan perros asesinos, fíjate tú. ¿Qué le ha hecho tu compañero al perro? Porque ocupa el doble.
- Oh, Froggy sabe cómo usar sus manos para librarse de quien sea. Por cierto, no le des la mano, aunque te parezca muy maja. Sería el equivalente a tragarte un kilo de ranas dardo. De ahí el mote.
- Bit, a mí no me importaría quedarme charlando, pero creo que el chaval no está muy muerto, porque vienen más perros –chilló Froggy.
- Te lo dejamos a ti, entonces –coincidió el motorista.
V no se lo pensó dos veces, y se subió en la parte de atrás de la motocicleta, agarrándose al conductor, que arrancó justo a tiempo para huir de una manada de perros furiosos.
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Camaleón se estaba poniendo de los nervios. Volver después de tanto tiempo a ser la guardiana de la puerta no era tan malo, pero tener a Gea a su lado desde hacía una hora era horrible. No parecía dejar de bisbisar un porrón de números en orden descendente. Cuando solo le quedaban unos cuantos números para llegar a cero, Camaleón ya soñaba con estamparle una columna en la cabeza.
- Cero –gritó Gea de repente, lanzándose hacia la puerta  y abriéndola de par en par.
Una motocicleta entró a toda velocidad por la puerta, esquivándolas por poco. Paró a los pocos metros, y un tembloroso V se bajó de ella mascullando algo en ruso. El motorista se quitó el casco y Camaleón supo que algo iba realmente mal.
- Bueno, Gea, voy a buscar a los demás –suspiró derrotada.- A ver cómo le digo a Pelirroja que has vuelto a meter a un mortal en su cuartel.

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