viernes, 22 de agosto de 2014

Relato: Pelirroja Parte 7

No podía tener peor suerte. Había sido demasiado bonito pillar a Sincara y a M yendo a ese barucho de mortales, pero  todo se había torcido cuando había intentado sonsacarle algo a esa rarita. Y, por mucho que lo negara la Titiritera, esa tal Clara escondía algo.
¿La razón? Penny solamente conocía a una persona capaz de haberle dejado fuera de combate de esa forma. Había intentado avisar a la Titiritera, pero ésta se había reído y le había ordenado que no volviera hasta encontrar alguna pista. Pues bien, volvería, pero con alguien bajo el brazo y bien calcinado. Fuego… Cerró los ojos y recordó la primera vez que había traicionado a su ya no tan misterioso atacante, mucho antes de conocer a M.
Había una casa. Hasta entonces era su refugio. Pero estaba cansado de esconderse, como ellos. Así que una noche oscura de verano decidió dejarlo todo atrás. Salió de la casa, colocando leña seca estratégicamente. El fuego no les frenaría, pero serviría para ganar tiempo. Una simple chispa y todo ardió.
Sonrió malévolamente. Iba a darle en donde más le iba a doler. Sí… antes de jugar al escondite iba a hacerle una visitita a Clara.
……………………………
Cuando Clara se presentó (incumpliendo su promesa) esa misma mañana pidiendo que M la acompañara, ésta no se imaginaba que el lugar sería una discoteca. Por muchas discotecas que hubiera frecuentado cuando aparentaba ser mortal, M seguía aborreciendo ese ambiente. Demasiados testigos, una música taladradora, oscuridad. Corrió hacia la salida, chocándose en la puerta con alguien.
-        Lo siento… ¿Malena? –masculló el joven.
-       Oh… hola, Josh –Mierda. MIERDA. ¡REQUETEMIERDA!.- ¿Cómo tú por aquí?
-       Eso debería preguntarte yo. Clara acaba de dejarme plantado hace dos minutos porque supuestamente estaba contigo en su casa. Parecía muy agitada, ya sabes a lo que me refiero.
-       ¿Perdona? No he visto a Clara desde esta mañana, y me dijo que nos veríamos aquí.
M y Josh se miraron durante unos largos segundos. En cuanto se convencieron de que el otro decía la verdad, obedecieron a una señal imaginaria y salieron corriendo a la vez hacia la casa de Clara.
……………………………
En cuanto M vio el humo que salía por debajo de la puerta, supo quién era el causante de la ausencia de Clara. Dichoso pirómano, seguía siendo tan rencoroso como siempre. Pero M debía asegurarse de que Clara no sufría daños, así que no se andó con chiquitas: empujó a un asustado Josh hasta una distancia segura, se acercó a la puerta y chilló hasta reducir la puerta a polvo.
-       Vaya, vaya. No te esperaba, Male –ronroneó Penny, sentado en el sofá mientras creaba pequeñas bolas de fuego.- Más bien quería cargarte el muerto.
-       Dime. Dónde. Está.
-       Tranquila, mujer. Está en su habitación. Pero eh, no puedes entrar. Tiene que achicharrarse un poco antes de que vengan mis otros invitados… sobre todo el que me atizó el otro día.
-       Sigues siendo tan gilipollas y vengativo como siempre, Pe.
-       Ahora también prendo fuego a las cosas, mi querida sirena.
M gruño y apretó el pequeño cubo  que llevaba colgado del cuello. Tenía que distraerle hasta que la loca de Gea captase la señal de socorro que emanaba del trasto y enviara ayuda. Penny, consciente de su ventaja, se levantó de un salto y se colocó frente a la ventana, de la que salía ya humo.
-       Ahora tendrás que huir otra vez, querida. Hay un montón de pruebas contra ti, y los mortales no se toman bien los asesinatos.
Y de golpe, se hizo el caos. Tras Penny, en la repisa de la ventana apareció una figura menuda ataviada con una sudadera similar a la de M, con mil colores cambiantes. Penny abrió mucho los ojos, murmuró algo incomprensible y cayó redondo al suelo. Su atacante saltó al suelo y salió corriendo del piso, pero M no pudo verle la cara debido a que llevaba una máscara de doctor de la peste. Sin pensárselo mucho, corrió hacia el cuarto de Clara. Al entrar pudo ver a Clara, maniatada en el centro del fuego. Su larga melena plateada había desaparecido, dejando ver un pelo parduzco y unas cejas prácticamente inexistentes, pero parecía entera.
-       ¡Clara! ¡Mírame! –gritó llamando su atención.- Voy a sacarte de aquí, pero la próxima puta vez no dejes pasar a ese jodido pirómano.
Pudo oír un sollozo, lo que aceleró su entrada en el círculo de fuego. Con cuidado de no hacer daño a Clara, la protegió poniéndole la sudadera, inspiró y chilló con tal torrente de aire que apagó una porción de las llamas. Ni corta ni perezosa, cogió a Clara y no frenó hasta estar en frente de un alucinado Josh.  Iba a ser divertido tener que contárselo todo…

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