domingo, 7 de diciembre de 2014

Capítulo XIX - El descubrimiento de nuevos mundos

La noche había caído hacía rato. Maite meditaba en silencio sentada sobre el suelo de su habitación, atenta a los sonidos de la noche. Sin embargo, sus pensamientos se vieron interrumpidos por un estruendo que se escuchó en su cuarto de baño. Cautelosamente, se acercó a la puerta y la abrió de sopetón. Lo único interesante que vio fue la estantería de los champús, que estaba en el suelo. Todos los botes estaban desperdigados por la bañera o por fuera, y algunos incluso abiertos. Maite los puso todos en el borde de la cerámica y apartó la estantería, refunfuñando. Se levantó, echó un último vistazo y se dio la vuelta, sólo para darse un susto de muerte y ver a Inna blanca como la pared y hecha un manojo de nervios en los sillones del cuarto.
—¡Ah! ¡Inna! ¡No me des esos sustos por el amor de...!
—¡Yo también me he azuztado! ¡Podríaz apretarle loz tornilloz a la maldita eztantería, que cazi me mato!
—Ay, perdona, nunca pensé que alguien necesitaría agarrarse a ella teniendo esto justo al lado—dijo, señalando un agarradero plateado que había junto a la bañera—. Por otro lado, eso lo explica...
—¡Cí, vale, pero no hay tiempo!—se levantó de un salto.
—¿Que no hay tiempo de qué?
—¡Tienez que ayudarnoz! ¡Ha habido un fallo en el ziztema de zeguri...!
Alguien tocó a la puerta. Inna interrumpió lo que estaba diciendo con un pequeño gritito y desapareció destelleando, para que justo un instante después se oyese un ruido en el vestidor y un gemidito de dolor. Maite abrió la puerta y descubrió a un blanco, ojerizo y sudoroso Reïk que se tambaleaba frente a ella. Este se derrumbó entre sus brazos y perdió el conocimiento sin mediar palabra.


Un par de horas más tarde, Reïk se despertó en la cama de Maite, con una toalla húmeda en la frente y una Inna con los ojos brillando de poder mágico justo a su lado, recitando hechizos en un idioma desconocido mientras el bastón volaba alrededor de ella entre destellos. Maite daba vueltas alrededor de la habitación, preocupada y angustiada. Jugaba con el piercing de su oreja izquierda y pestañeaba mucho y muy rápido.
—Buenos días—musitó Reïk. Maite se abalanzó a su lado, aliviada aunque muy nerviosa.
—Dios mío, Reïk, gracias a Dios que estás bien. ¿Qué te ha pasado?
—Pues... No estoy seguro del todo. Al principio pensé que era un sueño porque creía que me había quedado dormido... Pero de repente empecé a notar que me dolía todo el cuerpo y comenzaba a sudar, y aunque trataba de librarme de las imágenes que aparecían ante mis ojos, era imposible. Estuve un largo rato así... Viendo escenas confusas acerca del pasado, presente y quizá del futuro...
—¿Qué zalía en ezaz imágenez?—Inna no parecía ella. Su seriedad inundaba la estancia.
—Muchas cosas... Me duele la cabeza...
—Vamos, Reïk, esfuérzate un poquito...
—A ver... Había un edificio grande, pero como translúcido... Y estaba muy escondido... También había un bosque lleno de cristales luminosos, y un lago... El lago me daba mucho miedo, no sé muy bien por qué. Había una mujer bañándose en él, y de repente corría una ráfaga de viento y desaparecía. Las luces de los cristales se apagaban y se oían unos lamentos terroríficos. Y lo que es peor...
—¿Qué?—dijeron las dos a la vez.
—Escuché la voz de Malan.
—¿¡Cómo!?
—Zí... Ez juzto como yo me lo imaginaba.
—¿Eh?
—Maite, ¿te acuerdaz de que yo te iba a decir algo antez de que Reïk entraze?
—Sí...
—Bien. Puez rezulta que tenía que ver con Malan y zu dezaparición. Pero zi Reïk encima ha tenido una premonición...
—¿¡Qué!? ¿¡Sabes dónde está Malan!?—Reïk se movió muy bruscamente y se mareó.
—No. Zólo me hago una ligera idea de qué ha podido pazar con él. Y eza idea tiene mucho que ver con el lago que haz vizto y, en cierto modo, con el edificio.
—Esa es otra cuestión: ¿qué edificio es ese?
—Ez la Gran Biblioteca, lugar donde ze encuentra todo el zaber habido y por haber. Zólo pueden encontrarlo aquelloz predeztinadoz de alguna manera. Zupongo que eza premonición ez la prueba que necezitábamoz para zaber zi podríaiz acceder...
—Espera, espera. Esa biblioteca tiene toda la sabiduría del mundo concentrada en un montón de libros. Y sólo puede acceder aquella gente predestinada a hacerlo. ¿Cómo se sabe?
—En el cazo de Reïk, ez obvio por zu premonición. Zin embargo, loz hay mucho máz zutilez, como el tuyo.
—¿El mío?
—Nunca pudizte lograr todaz laz transformacionez en animalez, ¿verdad?
—...Cierto.
—Ezo ez porque eztabaz predeztinada a aprenderlaz de manoz de la zabiduría de la Biblioteca, ya que de otro modo zólo lograríaz acceder a eztadoz mucho máz bajoz y realmente muy inútilez. Tu incapacidad para controlar eza faceta de tu poder ez la prueba irrefutable. ¿Cómo llegar? Lo único que zé ez que tenéiz que partir de inmediato, hacia el ezte.
—¿Que qué? ¿Pero tú has visto el estado en el que se encuentra Reïk ahora mismo? ¡Si no se puede ni mover!
—Por ezo tú le llevaráz. El inztinto animal mezclado con loz avizoz que recibirá él conforme oz vayáiz acercando oz darán laz piztaz que necezitáiz. 
—¿No se dará cuenta Todo de que faltamos?
—Zí, pero no podrá hacer nada. Zi no ha podido encontrar a Nada, tampoco encontrará la Biblioteca.
—¿Y por qué no?
—Puez ya te lo he explicado antez, pero digamoz que la Biblioteca ze encuentra en el mizmo plano dimenzional que Nada. No oz preocupéiz por ezo, tendréiz tiempo de zobra de aprenderlo allí. Zin embargo, nezezitaréiz ropa adecuada para el viaje. No pueden reconoceroz.
Inna agitó el bastón, mencionó un hechizo y la ropa de ambos amigos comenzó a cambiar. Maite pasó a llevar una camisa larga con mangas hasta las muñecas y un lazo en el pecho, unos pantalones bombachos y unas botas hasta la rodilla, y una capa con capucha que le llegaba hasta el muslo. Reïk llevaba un blusón atado por la cintura, unos pantalones largos, unas zapatillas de tela bastante cómodas y una capa que llegaba hasta el suelo y que acababa formando cuadrados. La capucha caía sobre sus ojos, lo que ocultaba su identidad. Ambos conjuntos estaban elaborados con tela oscura, presumiblemente para ocultarse en la noche. Los dos jóvenes se miraron y asintieron.
—Pero—Maite miró de nuevo a Inna—, antes dijiste que hubo un fallo de seguridad. ¿Dónde?
—Ez verdad. Me refería a la organización.
—¿Qué ha pasado?—intervino Reïk.
—Ez largo de contar. Pero digamoz que la Gran Biblioteca eztá muy relacionada con el azunto, y que el fallo de zeguridad ze ha producido en nueztra organización. Ze ha colado alguien que no debía de haberze colado...—Inna sufrió un escalofrío y acto seguido los miró directamente—. ¡Ahora debéiz marcharoz! ¡Allí oz lo explicarán todo con máz claridad!
—...—la joven transformista cerró los ojos y miró a Reïk—. Vámonos.
—¡Pero Maite, necesitamos una explicación mejor!
—Nos la darán allí.
—...

Maite se transformó en un enorme lobo de pelaje negro. Reïk, con la ayuda de Inna, se subió a su espalda y se agarró fuertemente. La niña les abrió la ventana y ellos saltaron a la oscuridad. Desaparecieron inmediatamente. Al cabo de unos instantes se escuchó un aullido desde lejos, e Inna lo interpretó como que habían salido de las tierras de Todo con éxito. Apagó las luces, cerró la ventana y se teletransportó lejos de allí.


Malan se despertó en un camastro, dentro de una habitación fría y tétrica. Le dolía la cabeza, pero recordaba a la perfección la ira con la que las imágenes de sus amigos estaban empapadas ahora. Sin embargo, no se acordaba de haber hablado con la mujer acerca del plan que tenía. Ni siquiera la conocía realmente, así que dispuesto a ello se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta.
Antes de que pudiera hacer nada, esta se abrió de sopetón y dentro de la habitación entró una mujer que cantaba con la misma voz que su “secuestradora”, y que desafinaba un montón. Vestía con un sayo amarillo de mangas muy anchas, una falda amarilla abombada conforme se acercaba a los tobillos, medias a rayas de colores, zapatos azules y una capita que se cerraba con un broche con forma de rombo. La capa le tapaba los ojos, y en el lugar en el que deberían estar había dos ojos surrealistas pintados con colores chillones. Todo el traje estaba lleno de manchas de esos colores, muchas en forma de corazón y siguiendo un patrón. Bailando, la muchacha levantó a Malan en brazos, causando en él un sentimiento de pánico bastante profundo.
—¿¡Qu-qué haces!? ¡Suéltame!
—¡¡BUENOS DÍAS, PEQUEÑO COMANDANTE!!
La loca lo tiró sobre el camastro y salió bailando de la habitación. Dolorido, Malan la siguió, llegando a través de los pasillos hasta un salón cálido y reconfortante. Distinguió sobre una mesita apartada la miniatura de la casa en la que estuvo atrapado, y después de que un escalofrío le recorriera la espalda se sentó en el sofá. Cogió el cuenco de pastas y empezó a comer sin parar.
—Al final no te presentaste—dijo mientras comía.
Ella bailaba y cantaba desafinando todo el rato. No había manera de sacarle nada en claro, así que tras varios intentos, Malan lo dejó estar y siguió comiendo mirando al vacío. Al final, ella se cansó.
—Awww, Malancito no quiere jugaaar...
—Pché.
—Ay, vale, mira que eres pesado—dijo mientras se tiraba en un sillón de cuero—. Me puedes llamar Pandora. Ya te conté mi historia. Ahora represento el Caos. ¡Vamos a jugar!
—No. Dime cuál es tu plan.
—¡Pero si era una sorpresa...!
—No me gustan las sorpresas.
—¡Eres un niño! ¡A los niños les gustan las sorpresas!
—Mira, la última sorpresa que me llevé hizo que me replanteara mi existencia y comenzara a odiar a mis amigos. Si crees que deberían gustarme es que realmente tienes un problema.
—Aww, ¿pero no te gusta el sentimiento de venganza? ¡Es preciooooooso!
—Estás enferma.
—El mundo me hizo así.
Estuvieron callados durante un rato. Pandora movía las piernas, que colgaban por uno de los brazales del sillón. Al final se hartó.
—¡¡Vale, te lo contaré, deja de insistir tanto!! Dios, los niños sois inagotables.
—...
—¿Sabes el lago en el que vivía tu amiguita la que salpica cosas?
—¿Te refieres al Lago de la Luna?
—¡Sí, ese! ¿A que no sabes lo que tiene dentro?
—Pues... Pues no.
—Pues yo te lo diré. Tiene... ¡¡Un monstruo gigaaaaante y ultrapoderoso, vestigio de los Dioses Ancestrales, capaz de destruir el mundo con tan solo posar uno de sus tentáculos fuera del agua!! ¿Y, sabes qué es lo mejor? ¡Que debajo de él se esconde la puerta al Terror Absoluto! ¿¡Eres consciente de la cantidad de caos que vamos a generar!? ¡Se me pone la carne de gallina con sólo pensarlo!
—¿...Y de qué servirá?
—¿Cómo que de qué servirá? ¡Nos vamos a vengar de todo el daño que nos han hecho! Van a pagarlas todas juntas... ¡Ya verás qué divertido! ¡Venga, vamos, que te enseño el sitio!
Y lo cogió del brazo y se lo llevó por los pasillos de nuevo.


Era ya muy tarde. Male se había despertado alrededor de las doce de la noche y llevaba dos horas dando vueltas por su cuarto sin poder dormir más. Vittorio se había marchado y había dejado una nota:

“Buenos días, preciosa. A las once de la noche o así tuve que salir a hacer unos cuantos recados, así que no te extrañes si no estoy. No salgas de tu habitación, por favor, volveré en cuanto pueda. Y te traeré bollos de chocolate y crema, que sé que te gustan. Un abrazo.”

Ya la había leído seis veces. Todavía seguía sin entender el cariño que Vittorio le tenía. A ver, era más que evidente a lo que iba. Pero por el amor de Dios, ella tampoco era la bella durmiente ni nada así.

Se sentó en la cama y sacó la ocarina. Tocó una suave melodía, bajita, para no molestar a nadie. Pero justo cuando acabó escuchó cómo llamaban a su puerta. Avergonzada por haber molestado, se levantó y abrió la puerta.
—L-lo siento, intenté tocar bajito...
—¿Eh?—dijo Bocha—. Yo no he escuchado nada.
—¿Y qué haces aquí?
—Que no me podía dormir. ¿Puedo pasar?
—Eh... Claro, adelante.
Bocha entró en la habitación. Le llegó el aroma del perfume de Male y sonrió. Olía mucho mejor que su cuarto. Sin embargo, conforme avanzó en la estancia comenzó a notar olor como a quemado y arrugó la nariz.
—Vittorio ha estado aquí, ¿no?
—¿Cómo lo sabes?
—Intuición masculina.
Se sentaron en la cama. Male se recostó hacia atrás y puso los brazos como almohadón tras la cabeza. Bocha se inclinó hacia adelante y apoyó los brazos sobre las rodillas.
—¿Y cómo es que tienes insomnio?—preguntó ella.
—En parte me preocupaba tu estado y por otra estaba nervioso.
—Gracias por preocuparte. Estoy bien...
—Ya te veo, jeh.
—Ji. Aún me encuentro ligeramente mareada, pero supongo que es por dormir demasiado. ¿Por qué estabas nervioso?
—...La verdad es que preferiría no contarlo.
—Oh, venga ya, ya lo has dicho. Ahora tienes que confirmar por qué, si no no es justo.
—¡Pero yo no quiero...!
—Vaaaa...
—No...
—¡Sí!
—¡No!
Estuvieron así durante largo rato. Bocha se decidió a contarlo cuando Male se le puso a un palmo de la cara, le miró a los ojos y, con una mueca y voz grave fingida, le dijo que por favor se lo contara.
—Venga, vale, va...
—¡Toma yaaa!
—Sí, vale. El caso... Sabes Bego, ¿no?
—Hombre, no me la sé, la conozco, si te refieres a eso...
—...En fin. Creo que me gusta, o algo...
—...¿O algo?
—Sí, o algo...
—...
—...
Se miraron mutuamente. Bocha se puso muy rojo y se tapó la cara con las manos. Male no pudo evitar romper a reír.
—¡Ja, ja, ja! ¡Mira qué mono, se tapa la cara y todo!
—¡C-cállate! ¡No es gracioso! ¡No lo es!—y se hundió más entre las manos.
—Aww, eres adorable.
—¡No soy adorable, soy un tipo duro!
—Sí, vale, ¡ja, ja, ja, ja, ja!
Estuvieron así un rato hasta que a ella se le pasó el ataque de risa. Bocha miraba hacia los sillones enfurruñado. Cuando por fin se acabó la guasa, Male sacó la ocarina y se dispuso a tocar algo.
—Si te gusta, deberías decírselo.
—Es mi profesora, ¿cómo pretendes que le diga eso?
—En castellano, por ejemplo.
—Sí, así es fácil decirlo. ¡No podríamos mantener una relación! ¡Afectaría al trabajo!
—¿Y qué más da el trabajo? Ya somos lo suficientemente fuertes como para derrotar a Todo, y lo sabes. ¡No tiene por qué haber más trabajo que hacer!
—...
—Te acabo de tumbar la excusa. A ver, saca la siguiente.
—Ella no me quiere a mí.
—¿Cómo lo sabes?
—Se le nota en cómo me habla y en ese tipo de cosas. No me mira, no hace prácticamente nada por acercarse a mí. Es como si yo sólo fuera una pieza de un ajedrez muy grande que ella tuviera que mover.
—A lo mejor esa es la muestra de que te quiere. Que también tiene miedo.
—Anda, venga ya.
—Que sí...
—Tché, pues vale.
Ella tocó algunas notas. Él cerró los ojos y escuchó, relajándose progresivamente. La música le llevaba a imaginar bellos escenarios, pero en todos salía Bego. Abrió los ojos y cogió a Male suavemente de la muñeca.
—Para, por favor.
Ella le miró fijamente y guardó la ocarina. Se volvieron a quedar en silencio hasta que él se levantó.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—¿Tú cómo actuarías si te gustara alguien?
—Pues...—se puso un poco colorada. No le gustaba hablar de esos temas—, supongo que estaría triste. Mi autoestima no es lo mejor del mundo, así que probablemente pensaría directamente que hay otra persona mucho mejor en la que la persona en cuestión se podría fijar... La melancolía se apoderaría de mi persona.
—Eso no me ayuda mucho...
—¡Ja! Ni a mí.
—Heh.
—Hm... Quiero probar una cosa—dijo ella levantándose—. Extiende las manos.
—No me saques la sangre, ¿quieres?
—No iba a hacer eso, melón. Extiéndelas.
Bocha extendió las manos. Male cerró los ojos y se concentró, haciendo brillar su silueta en un tono azul blanquecino. Justo en ese momento, agarró las manos de Bocha con fuerza. Él sintió que las de Male ardían de forma exagerada para el cuerpo de un ser humano y se quiso soltar, pero ella no le dejaba.
—Tranquilízate. Es normal. No te van a abrasar ni nada por el estilo.
—¡Estás ardiendo! ¡Tienes que parar, es peligroso!
—¡Tranquilízate, te digo!
Él hizo de tripas corazón y trató de relajarse, dejando la mente lo más en blanco que pudo. Su silueta comenzó a brillar del mismo color que la de Male, y la temperatura de su cuerpo también comenzó a subir. Empezó a sudar.
—T-tengo mucho calor...
—Shhh... Ahora necesito que pienses en Bego.
—¿En Bego? ¿Pero qué...?
—Ahora te lo explico. ¡Hazlo!
Y él pensó en Bego. Pensó en su pelo corto rojizo, que brillaba con mil destellos fogosos bajo la luz del campo de entrenamiento. Pensó en su tez clara, que reflejaba la más absoluta pureza de espíritu, y recordó sus levemente rasgados ojos, que ocultaban los iris del marrón de las cortezas de los árboles. Se puso muy colorado y le entró la risa tonta. Male sonrió para sí y, tras un rato en esas circunstancias, le soltó con suavidad y dejaron de emitir el brillo azul.
—Estaba haciendo un experimento. Partiendo de la base del ataque que le realicé a Garret hoy y atendiendo a las explicaciones de lo que pasó, he intentado reproducir la mecánica del ataque, es decir, entrando en el cuerpo de la persona, y manipulando su sangre, que está compuesta por agua. A partir de ahí, he podido comprobar los latidos por minuto que correspondían a los pensamientos normales y los que correspondían a los pensamientos relacionados con la persona amada, sólo para saber si era capaz de conseguirlo, y en el caso de que así fuera, utilizarlo como guía para realizar el mismo hechizo con Bego.
—Espera... ¿Eso significa que...?
—Sí. Eso significa que voy a comprobar lo que Bego siente por ti. Aún no sé con qué excusa, pero ya me inventaré algo.
—Ay. ¡Ay Dios mío! ¡¡Male, Dios mío, eres la mejor!!—le dio un fuerte abrazo. Male se sorprendió pero le correspondió—. ¡Nunca nadie haría nada por mí así! ¿Por qué?
—Pues porque te quiero ver feliz, tonto. Si no fuera así, ni me molestaría, ¿no?
—Yo... Mira, te la debo. Te debo muchísimas por esto. Gracias, muchísimas gracias, mil gracias...
—Deja de agradecer tanto y vete a dormir, anda, que tienes que descansar.
—¿Y tú, podrás dormir?
—No lo sé, pero lo intentaré. Venga, buenas noches.
Acompañó a Bocha a la puerta y le sonrió mientras se marchaba. Entonces, escuchó una voz a su espalda.
—No deberías jugar con esas cosas.
—Me has dejado sola.
—Tengo más cosas que hacer, no te enfades...
—No estoy enfadada.
—Mientes.
—Puede.
—Te traigo los bollos...
—No me interesan tus bollos.
Vittorio se acercó a ella y la abrazó por la espalda. Ella no reaccionó. Se soltó y se encerró en el baño, dejando a un Vittorio un tanto dolido en la habitación.


Reïk y Maite llevaban ya un rato corriendo sin rumbo. Reïk había sentido algunas perturbaciones mentales dependiendo de los lugares que iban recorriendo, pero ninguna lo suficientemente fuerte como para indicarle que estaban realmente acercándose. Tras un par de horas, Maite se detuvo e hizo bajar a Reïk con cuidado. Resopló.
—Esto es absurdo. Si la biblioteca esa está en un plano paralelo a este, ¿cómo se supone que vamos a entrar?
—Quizá tiene que dictárnoslo el corazón o alguna basura de esas de las películas.
—Ya llevamos dos horas esperando a que nuestro corazón nos dicte cosas y no le ha dado la gana de decir nada. ¿Qué hacemos? O volvemos, o volvemos, decide.
—No joder, no quiero volver ahí dentro.
—Yo tampoco, pero nos encontrarán de todos modos...
—Ya...
Se disponían a volver. Maite ya había comenzado a transformarse y Reïk se estaba mentalizando de nuevo para afrontar la velocidad a la que iban. Sin embargo, antes de que pudieran hacer nada les dio una especie de mareo que bloqueó sus poderes. Reïk se desplomó y Maite se quedó de rodillas, con un puño apoyado en el suelo.
—¿Reïk? ¿Estás bien? ¡Reïk!


Malan hacía rato que se había perdido por los pasillos, pero no le importaba. Paseaba dando vueltas en el laberinto de su “nuevo hogar”, pensando en sus cosas. Ya había visto el lugar al que Pandora se refería, y no le había gustado. Sentía odio hacia sus amigos, pero deambular por la casa de su nueva compañera le había hecho pensar mejor las cosas. Ahora se planteaba cuestiones como el por qué de asesinar a su familia, si no habían hecho nada para perjudicar a la de Garret en un primer lugar. ¿Por qué iban a hacerlo? ¿Y por qué Nüne y el Mensajero Veloz ayudarían al padre de Garret si hubiese hecho tal cosa? De ellos dos Pandora no había dicho nada.
En sus cavilamientos acabó llegando a una habitación distinta a las demás. Estaba totalmente pintada de blanco y tan sólo tenía un sofá en ella. Entró y se sentó, mirando a su alrededor.
El espacio invitaba a la calma. Cerró los ojos y respiró hondo, sintiendo cómo el Universo fluía a su alrededor. Cuando abrió de nuevo los ojos, encontró algo muy diferente de lo que esperaba.

Todo estaba lleno de plantas de todos los colores, radiantes de luz. Cientos de mariposas multicolor revoloteaban a su alrededor, y algunos seres extraños con cruces en los ojos le miraban sorprendidos. Él se levantó del sofá blanco y siguió un sendero de flores que vio a la derecha. Llegó a una plataforma en la que había un gran agujero que dejaba un gran redondel irregular de tierra al descubierto. Había gotas de un extraño líquido rosáceo que se internaban en la arboleda, pero Malan decidió no seguirlas. Volvió por donde había venido y se volvió a sentar en el sofá, cerrando los ojos y calmándose de nuevo. Al abrirlos estaba de nuevo en la sala blanca.
—Vaya—escuchó a Pandora detrás de él—, no pensé que llegarías a encontrar esta sala.
—Deberías hacerme un mapa o algo...
—Sí. ¡Definitivamente, debería!
Pandora lo levantó y se lo llevó dando saltos. Malan suspiró y se dejó, ya que no tenía otra posibilidad.
—¿Y qué vamos a hacer ahora?
—¡He detectado a dos de tus amigos por aquí cerca, y nos vamos a reír un poco!
—¿Por aquí cerca? ¿Dónde estamos exactamente?
—¡Es-con-di-dos!
Pandora lo llevó al salón, lo dejó allí y desapareció. Una pantalla surgió de encima de la chimenea en la que se veía el mundo desde el punto de vista de ella. Mostraba interferencias al principio, pero al cabo del rato se estabilizó y mostró a Maite y a Reïk. Reïk estaba más pálido de lo normal, y Maite le hablaba con cara de preocupación.
—Esto va a ser muuuy divertido...—Malan escuchó a Pandora susurrar. No pudo evitar poner cara de pánico y empezar a moverse desesperado por la habitación. Luego recapacitó y sonrió maquiavélicamente. En realidad, esto era justo lo que él quería... O eso pensaba.

Pandora hizo una serie de signos extraños con las manos, los cuales provocaron una onda que, según explicó, bloqueó el chi de ambos jóvenes. Reïk, con lo débil que se encontraba, se desmayó, y Maite sólo quedó debilitada. Malan movía la pierna nervioso mientras se preguntaba qué es lo que les haría Pandora. ¿Se vengaría de todos sus amigos de esa manera, de modo que Garret también sufriera pérdidas? No lo sabía. Lo que sí sabía era que Pandora acababa de salir del arbusto, y Maite la miraba con cara de terror mientras sujetaba a Reïk y le instaba a levantarse.


Maite oyó un ruido tras el desmayo de Reïk. Ya había acudido a reanimarlo, aunque a duras penas, y no se veía capaz de hacerle reaccionar. Miró hacia la dirección del ruido y vio a una mujer con la capucha echada, con una falda de colores extremadamente chillones y mucho, mucho amarillo. Bailaba atropelladamente alrededor de ellos haciendo símbolos extraños con las manos, y se reía sin parar. Maite la miraba, aterrorizada, preguntándose quién era y qué pretendía hacer. Justo cuando ya pensaba que simplemente era una loca, la mujer creó una esfera de energía de color azul y se lanzó contra ella.

Maite la esquivó rodando como pudo. Le preocupó Reïk, pero al ver que la mujer no se esforzaba en hacerle daño a él se pudo concentrar mejor. Sin embargo, le resultó imposible deducir qué iba a hacer después, ya que volvió a moverse de manera frenética a su alrededor. Comenzó a sudar y se forzó todo lo que pudo en transformarse en bestia, pero no fue capaz. Simplemente logró recuperarse un poco de su cansancio, lo cual le permitió ponerse de pie y esquivar mejor las bolas de energía que la mujer le lanzaba aleatoriamente. Al final, una de ellas le acabó acertando en el pecho. Sintió que le quemaba, y esa sensación se extendió por todo su cuerpo. Lo último que vio antes de desmayarse fueron la sonrisa siniestra de la chica y sus pecas, que le resultaban familiare. Justo después se hundió en un profundo mar oscuro.


Malan vio la cara de dolor de Maite cuando ésta recibió la esfera energética en el pecho. Vio cómo se derrumbaba, cómo perdía la consciencia y cómo Pandora se burlaba y se reía cual loca para encerrar a su alrededor. No supo si sentirse bien o si sentirse mal. Por eso se levantó del sillón, salió de la habitación y volvió a perderse por los pasillos del extraño búnker en el que su nueva compañera le mantenía encerrado mientras ella torturaba a sus antiguos amigos. Se oían sollozos por los pasillos, y entre ellos a veces risas. El pequeño niño volvió a sumergirse en un mar de dudas, rencor y odio, y mientras tanto Pandora le hablaba a la cámara como si el joven señorito la estuviera observando.
—¿¡Has visto!? ¡¡Creía que podría escapar de mí, pero al final no!! ¡¡Ja, ja, ja, ja, ja!! Me encanta cuando se hacen ilusiones, es tan DI-VER-TI-DO... ¿¡Sabes qué más les podríamos hacer!? ¡¡Podríamos traerlos aquí y con tu ultra-super-poder convertirlos en nuestros mayordomos!! ¡¡Sería GENIAL!! ¿No crees?

Sin embargo, dejó la pregunta al aire. Los cuerpos de Maite y Reïk comenzaron a brillar tenuemente, el de ella en verde claro y el de él en azul, y se acabaron desvaneciendo en el aire. Pandora miró los huecos vacíos en los que habían estado los dos inconscientes y gritó de rabia. Los del otro lado se los habían llevado, y ahora sería incapaz de encontrarlos.
—¡¡MALAN!! ¡¡MALDITA SEA!! LO HAS VISTO, ¿¡NO!? ¡¡HAN DESAPARECIDO!! ¡Mis presas...!
Pero, obviamente, Malan ya no la escuchaba. Sólo oía ruidos sin sentido en su cabeza, y sentía que su mente iba a estallar.


—Oye, Jack.
—Qué.
—¿El pelo puede cambiar de color con cada estación?
—Según varios estudios, hay especies a lo largo de las diferentes cronologías y universos paralelos que sí tienen la particularidad de cambiar el pigmento de su cabello a lo largo de las estaciones recogidas en el periodo temporal que corresponda a cada cual. Sin embargo, hay algunas pocas que también son capaces de modificarlo a placer. Normalmente son aquellas en las que el aspecto es un factor muy importante en el acto reproductivo, así como debe ser muy ambiguo, ya que de no serlo el hecho de tener la habilidad de cambiar el color de su pelo resultaría absur...
—Vale, vale, suficiente.
—¿Por qué preguntabas?
—Porque no sé si te has fijado, pero lo que acabas de recoger del otro lado son una chica negra y un tío con el puto pelo azul.
—Un respeto a los negros.
—Mira, no me toques los huevos, que para eso ya estoy yo.


Maite se despertó de un salto, y lo que vio a su alrededor la dejó un tanto desconcertada. Se encontraba en una habitación lujosísima de techos muy altos, completamente sola, y vestida con un largo camisón verde oscuro. Trató de bajar de la cama, pero se mareó y se cayó, haciendo bastante ruido. Se oyeron pasos por los pasillos, dando a entender por el eco que el lugar era tan enorme como parecía.

Una muchacha entró en la habitación. Tenía la piel de color lila, y relucía bajo las luces de las lámparas de araña. Su pelo era de un material parecido al chicle, con pinta pringosa, y goteaba sobre sus hombros, donde crecían pequeños champiñones. Toda ella era de color rosa, y sus mejillas estaban decoradas con espirales de color blanco. Su vestimenta era una simple túnica fucsia de mangas anchas y cuello alto con un cinturón atado en las caderas. También le crecía una flor muy grande en la cabeza, que recordaba a una rosa. No se le veían los pies.
—¡Dios mío! ¿Te encuentras bien?
—Eeeh... Uh.
Maite no supo cómo reaccionar. La voz de la chica era dulce y melodiosa. Le recordaba a la música que solía tocar Male con la ocarina.
—De acuerdo. Ven que te ayude...—la chica sonrió y la ayudó a volver a la cama. Se sentó a su lado y se echó el “pelo” hacia detrás de la oreja—. Me llamo Nista Alícea, pero puedes llamarme Ali. Tú eres La Celeste, ¿no es cierto?
—La... ¿La Celeste?
—Oh, es cierto... Todavía no. ¿Te apetece algo de comer?
—S-supongo...
—De acuerdo, enseguida te lo traigo. ¿Te duele el pecho?
—N-no...
—Vale... Espérame aquí, vengo ya.
Y se marchó, caminando suavemente. Maite comenzó a notar calor en las mejillas. Se miró en uno de los múltiples espejos de la sala y comprobó que, efectivamente, se había puesto roja.


—¿Cómo va el de pelo azul?
—Sigue roque.
—Continúa vigilándole entonces.
—Bueno.
—Y por última vez, quítate las gafas de sol. Estamos en un interior.
—La última vez también dijiste que sería la última vez, ¿por qué sigues insistiendo?
—...¿Has visto a Ali?
—Se está ocupando de La Celeste.
—Bueno.
—¿Y dónde vas tú tan cargado?
—Pues a estudiar, obviamente...
—Lo dudo, hay un montón de bichos donde el archivo de las cronologías de los 13.
—¡¡MIERDA!!
—¡Joder, Jack, relájate!
—Mierda mierda mierda mierda...
Cuando Reïk abrió los ojos, vio a dos jóvenes junto a él en la fastuosa habitación donde se encontraba. Uno de ellos llevaba gafas de sol y gabardina negra, y abanicaba con cara de resignación a otro, que llevaba gafas normales, un gorro de calamar y una túnica naranja. Reïk se frotó los ojos, pensando que estaba soñando, pero no. Se incorporó lentamente y se frotó la cabeza con ambas manos, preso de un horrible dolor de cabeza. Lo último que recordaba era haber dejado de ver el futuro y desmayarse. El joven de las gafas de sol dejó de abanicar al otro para atenderle a él.
—¡Hey! ¿Cómo te encuentras?
—Pues... Dolorido. ¿Y tú?
—...Pues cansado. ¿Quieres tomar algo?
—Un vaso de agua, si no es molestia...
—Claro que no, hombre. Un segundo. Jack—se dio un codazo al otro—, deja de desvariar ya, que el peliazul se ha despertado.
—¿Eh? ¡Ah!—el tal Jack se levantó de la silla de un salto y se acercó a Reïk—. ¡Hola! Debes estar preguntándote qué es lo que te ha pasado, ¿no?
—Sí, algo así...
—Bueno, nosotros os trajimos aquí. Yo soy Jack, el encargado de este sitio, y este es Lucas, un mindundi que pasaba por aquí.
—Qué risa. Ni caso, yo soy su ayudante, el grandioso y poderosísimo Lucas First.
—...También llamado el hombre linterna.
—Fuera, el que hace las gracias aquí soy yo.
—Eh...—Reïk se volvió a tumbar—, no entiendo lo que decís...
—Ah, claro... Lo comprendo. No te preocupes, ahora de momento no hace falta. Cuando os encontréis mejor os lo explicaremos todo con más detenimiento.
—¿”Os”? ¿Maite está aquí?
—Sí, nuestra amiga Ali la está cuidando.
—De hecho—Ali entró por la puerta—, se acaba de despertar. Está perfectamente, quizás un poco aturdida. Encantada, Reïk, yo soy Nista Alícea. También me llaman Ali.
—Yo... Eh...
—Te dejaremos dormir un poco más. Mientras tanto, mataremos bichos. ¿Eh, Lucas?
—Bueno.
—Venga, te dejamos ya. Descansa.
Los tres salieron de la estancia y apagaron las lámparas. Reïk quedó completamente a oscuras. Sin poderlo evitar, volvió a quedarse dormido.


—La has vuelto a liar—Vittorio se dio la vuelta y vio a Evan apoyado en el pilar de madera de la cama—. No te puedo dejar cinco minutos solo.
—¿Qué he hecho mal? ¡Tenía que marcharme!
—Quizá si me hubieras llamado en lugar de dejarle una triste nota no te habría pasado esto.
—Sí... Sí, tienes razón.
—¿Lo ves? Por cierto. Mi baraja la quiero de vuelta, hijo de perra.
—Sí, sí, toma...—Vittorio se sacó una baraja de cartas nueva del bolsillo y se la lanzó a Evan—. ¿Sabes algo de Inna?
—Ha mandado a la transformista y al vidente a la Gran Biblioteca. Supongo que volverán ascendidos.
—Ella al menos.
—Sí. Ella al menos.
Guardaron silencio durante un rato. Male seguía sin salir del cuarto de baño.
—¿Has conseguido detectar el fallo?
—Por desgracia, sí.
—¿Y cuál es?
—Pandora.
—...Mierda.
—Sí, eso digo yo. Mierda.


Un par de horas más tarde, Reïk se despertó. Seguía rodeado por oscuridad, pero entraba un brillo tenue por la ventana. Se acercó a mirar y quedó impresionado por lo que vio.

El sol, de color azul, surgía por el este, y sus rayos atravesaban todas las plantas que había alrededor del edificio. El bosque era una fiesta de colores pálidos, refrescados por el rocío de la mañana. Las luciérnagas todavía volaban alrededor de las flores, y se escuchaban los ríos correr libres por las montañas. Todo tipo de seres brillantes comenzaban a andar y a volar por el cielo y la tierra. Reïk quedó absorto, tanto que no se dio cuenta de que Ali entraba en la habitación.
—¿Estás mejor?
—¿Eh? Sí, gracias.
—Entonces sígueme.

Siguió a Ali por los altos y magníficos pasillos. Cientos de cuadros, estatuas y vasijas estaban expuestos a los visitantes, relucientes como el primer día. Sin embargo, se olía y se notaba la antigüedad en el ambiente. Finalmente, llegaron a una sala muy amplia, llena de estanterías con libros. Allí, Maite, Jack y Lucas los esperaban. Jack se adelantó, se ajustó las gafas y abrió los brazos.

—Bienvenido, Reïk, ¡a la Gran Biblioteca!
Reïk se frotó los ojos y enfocó mejor. Realmente estaban predestinados a estar allí.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Spin Off: El nacimiento de M

Humo y fuego, fuego y humo. Malena sólo era capaz de ver esas dos cosas a su alrededor. Si hubiera hecho caso a Ludwig habría podido escapar a ese infierno de calor y llamas. Si tan solo hubiera prestado atención a lo que él le apuntaba en su libreta, quizá habría podido seguir viva. Quizá no habría tenido que descubrir su verdadera naturaleza, y quizá no habría ocurrido todo lo que acto seguido sucedió después. Ahora mismo no se encontraría en un carruaje negro junto a una mujer encapuchada, con destellos en el pelo rojo como el fuego que la había quemado hasta la muerte, que sobresalían por debajo de la tela. Le daba escalofríos. Tanto recordar lo que sucedió como la incertidumbre de no saber lo que ocurriría después...

***

Synnove entró en un antro oscuro y cerrado, que olía a alcohol y a tabaco. Se sentó en una de las mesas del fondo, sin retirarse la capucha. Sacó una varita metálica del bolsillo y jugueteó con ella entre los dedos, sin darle mucha importancia a lo que ocurría a su alrededor. Hasta que la oyó cantar.
Levantó la mirada y la dirigió hacia el escenario. Allí, una joven ataviada con un traje completamente negro y el pelo cubierto por una mantilla oscura cantaba las piezas que un señor de mediana edad tocaba al piano. Las notas que entonaba armonizaban a la perfección con la melodía que el hombre reproducía, provocando el silencio en toda la sala. No había nadie capaz de importunar aquella maravilla traída desde el mismo seno de Dios. Todo el mundo, boquiabierto, observaba a la muchacha, que parecía beber del aire y respirar la belleza que emitía desde su pecho.
Synnove guardó la aguja. Era la muchacha que estaba buscando. Se levantó disimuladamente y se coló entre bastidores con facilidad, de modo que nadie la descubriera. Ya se había acostumbrado a evadir la mirada de los vieneses, así que no resultó difícil. Una vez ahí, observó a la muchacha más de cerca, admirando su belleza y la claridad de su voz. Sin duda era la indicada. Mientras estaba abstraída pensando en la chica, no se dio cuenta de que el pianista había captado su presencia, y la miraba disimuladamente desde la silla. Cuando acabó la pieza, toda la sala aplaudió, y él escribió algo en su libreta:
"Malena, tenemos que marcharnos de aquí. Corremos peligro."
Se lo enseñó, pero ella no prestó atención. Siguió pendiente de su público, haciendo reverencias. Él insistió.
—¡Ludwig, déjame! ¡Quiero disfrutar de mi momento de gloria!
Él, nervioso, miró a su alrededor y notó que la mujer de antes no estaba. Entró en pánico y agarró a Malena por el brazo, muy fuerte. Ella se resistió y se soltó.
—¡Te he dicho que me dejes!—gesticuló de manera exagerada y volvió a dirigirse al público.
El pianista no lo intentó más. Salió corriendo de allí justo a tiempo para evitar ser carbonizado por un mar inmenso de llamas que lamían el edificio.
Synnove había sido la causante del fuego. Se aseguró de que Malena no tuviera escapatoria, y después incendió el establecimiento. Desde fuera, todos observaban y escuchaban los poderosísimos gritos de la joven, que eran cada vez más débiles debido a la muerte que iba sufriendo, lentamente. Una vez el incendio fue sofocado, los rescatadores entraron en busca de su cadáver, pero no lo encontraron. Había desaparecido entre los escombros.
También Synnove había recogido el cuerpo de Malena. Varias calles más allá, al amparo de la oscuridad y el silencio, observaba cómo la muchacha iba regenerándose rápidamente, escapando del abrazo de la muerte. La llevó al carruaje que acababa de llegar a la boca del callejón y la subió con ella. Unos diez minutos más tarde, Malena despertó de un salto, con la ropa totalmente destrozada y cubierta con una manta. Miró a Synnove a los ojos y gritó por ayuda, pero un pinchazo en su brazo la tranquilizó.
—Relájate, ¿quieres? Ahora estás a salvo.
—¿Quién eres? ¿Por qué estoy aquí? ¿Cómo he sobrevivido al fuego? ¿Tú me rescataste? ¿Qué ha sido de Ludwig? ¿¡Qué narices ha pasado!?
—Mi nombre es Synnove, pero mis subordinados me llaman Pelirroja. Jamás oses llamarme Synnove, o lo lamentarás. Puedo hacerte sufrir de mil formas diferentes, incluso llegando a la muerte, y tras ella todavía podría castigarte más. Estás aquí porque yo te he reclutado para mis filas, ya que tu voz es precisamente lo que busco para que mi plan resulte efectivo. Tu potencia se sale de la escala, tanto que es sobrenatural. Es un poder especial. Justo como el de ser "inmortal", como yo y todos mis subordinados. Tu amigo escapó antes de tiempo, supongo que sabía mis intenciones, no sé muy bien cómo.
—Entonces... ¿El fuego lo causaste tú? ¿Y qué es eso de "poderes sobrenaturales" y la inmortalidad? ¡Responde!
—Que te calmes. El motivo por el que estás aquí es porque yo te maté, y tú reviviste. Sencillo.
—¿¡Cómo que reviví!? ¿¡Qué significa esto!?
—Que eres prácticamente indestructible, por así decirlo. No importan las veces que mueras; revivirás al poco tiempo. Además, has sido dotada de unas maravillosas cuerdas vocales, capaces de hacer temblar el suelo que pisamos con poco esfuerzo.
—¿Y tú cómo lo sabes?
—Te he estado espiando...

***

Malena llevaba una vida tranquila en Viena. Cantaba con su amigo, Ludwig, que era pianista, y paseaba por las calles por las que se había criado con una familia noble que la había adoptado tras encontrarla sola detrás de un puesto vacío del mercado. A los 6 años fue catalogada con la etiqueta de prodigio en lo que se refería a música, y enseguida fue puesta a estudiar piano. A los 12 era una auténtica maestra, tanto cantando como tocando, pero prefería lo primero, así que se escapaba por las noches de la mansión para cantar en bares de noche. Más de una vez fue pretendida sexualmente por los hombres de las tabernas, pero ella se defendía gritando. O los dejaba sordos, o alguien acudía en su ayuda, de modo que siempre había estado muy bien protegida respecto a ese asunto. El día en el que ardió y murió por primera vez tenía 18 años. Comenzó a considerarse un monstruo, de modo que no quería quedarse más en su lugar de origen. Huyó con Synnove, alias Pelirroja, quien poco a poco fue ganándose la confianza de la joven cantante.
La noche en que todo ocurrió, huyeron de la ciudad de Viena para adentrarse en un mundo que Malena, tras mil y un cambios de identidad, calificaría como "hostil", "cambiante", y sobretodo, "triste". Aparte de sus compañeros de equipo, estaba completamente sola. Comenzó a centrarse en sus estudios musicales, habiendo dominado en poco tiempo absolutamente todos los instrumentos conocidos. Se encerró en sí misma y su mente comenzó a desordenarse poco a poco, dando como resultado a una mala bestia paranoica que no confiaba en nada ni en nadie.

Al igual que sus compañeros, estaba condenada. Condenada a morir todos los días, condenada a ver pasar el tiempo. Condenada a no envejecer, condenada a adaptarse constantemente y a huir siempre. Estaba condenada a morir viviendo. Y esa era la peor muerte que jamás podría desear a nadie.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Relato: Pelirroja Parte 10

Clara no se lo pensó dos veces al oír a "Gea". Se tiró encima y empezó a golpearla, aunque Gea no se movió ni un centímetro. Aun así, Morfo se la sacó de encima.
- Por mucho que quieras partirle la cara, no te va a servir de mucho. La he visto caerse desde Cubos enormes, pegarse unas hostias horribles y seguir como si nada. Es una mala bestia.
Cuando una voz de hombre salió de los labios de "M", Clara empalideció y empezó a agitarse, intentando zafarse de su agarre.
- No. NO. SUÉLTAME. ¡ERES UN JODIDO CABRÓN! ¡LOS DOS SOIS UNOS HIJOS DE PUTA! -chilló, señalando a Gea y a Morfo. - ¡CONFIÉ EN VOSOTROS! ¡FUERA DE MI VISTA!
Morfo soltó un suspiro, sin ceder en su agarre, pero empezó a cambiar. La cabellera caoba de M se acortó drásticamente y pasó a un color rubio pajizo, la piel se bronceó y los ojos azules se volvieron negros como la noche.
- ¡Suéltame! ¡Josh, no me seas gilipollas y quítame las manos de encima! -chillaba Clara.
- En serio, Clara, deja ya el numerito. Sí, te mentimos. Pero fue para protegerte. Mira, esto es lo que vamos a hacer: vas a ayudar a mi hermana a llevar al idiota inconsciente a un sitio más cómodo y luego va a contártelo todo. ¿Vale?
Clara forcejeó un rato, pero acabó asintiendo. Ayudó a Gea a levantar a V y salieron a toda prisa.
- A lo que iba...Tengo muchas ideas y poco tiempo -siguió Josh, ignorando la cara perpleja de Pelirroja. - Así que, por favor, cooperad mientras estemos Gea y yo por aquí. No me gustaría tener que encerraros, en serio. Y por si quedaba alguna duda, sí, el monstruito bipolar es mi hermana mayor y hará cualquier cosa para protegerme, quedáis avisados.
- ¿Hermana mayor? Eso es imposible. Puede que hayas elegido un aspecto similar al suyo, pero no hay ningún caso documentado. -bufó Pelirroja.
- Siempre se puede ser el primero en algo -sonrió burlón Morfo, agachándose hasta llegar a la oreja de Pelirroja. - Además, las fuentes que tenéis Titiritera y tú no saben ni la mitad que las mías, ya me he encargado yo de ello.
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Cuando los ojos negros de Josh le devolvieron la mirada, M soltó una exclamación y le soltó.
- ¿Me has estado espiando? ¿Dónde está Josh? ¿Le has hecho algo malo?
-  La duda ofende, "Malena", claro que os he estado espiando. Pero tranquila, a "Josh" no le ha pasado nada malo. Principalmente porque nunca ha existido. Lo que estás viendo es mi perfecto aspecto real.
- Ya veremos si eres tan gallito cuando te lleve con un lacito delante de Pelirroja. Pero antes te daré la paliza de tu vida.
- Creo que no, querida. Lo siento mucho, pero no quiero que te entrometas.
Antes de poder contestar, M sintió unas manos frías como el hielo en el cuello, seguidas por un extraño calambre que se extendió por todo su cuerpo. Al intentar moverse descubrió que no podía mover un músculo.
- Illy, por favor, vigila un rato, por si acaso se le pasa el efecto. De paso, podrías poner a M al día-, ordenó Morfo a la persona que estaba tras M.
- Vale, Morfy, pero no tardes mucho.
Esa voz... M quiso gritar cuando su interlocutora se adelantó, poniéndose en su ángulo de visión.
- Es la primera vez que te veo tan callada -rio Gea.
- Os dejo, chicas-. dijo Morfo, volviendo a adoptar el aspecto de M.- M, no te muevas mucho.
En cuanto Morfo salió por la puerta, Gea tocó varias veces su pulsera y M asistió a su transformación.
- Espero que no te importe, pero ya no es necesario el camuflaje -rio la nueva Gea. - Es uno de mis primeros cacharros, lo hice para que Morfy no tuviera que usar tanta energía. ¡También es un comunicador! A ver... ¿por dónde empezamos?
Iba a matar a esos dos palurdos en cuanto pudiera moverse, decidido.
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-  M, por mucho que te pese, ahora estamos en el mismo bando. Así que desatranca la puta puerta, que tenemos que hablar.
- Y yo te digo que puedes tirar toda la vida ahí, jodiendo, que no vas a entrar ni de coña, Morfo.
- Tendrás que salir algún día. Necesitamos tu voz.
-  Puedo hacer lo que me dé la gana, no dependo de nadie.
-  Bueno, dependes de Gea... teóricamente.
-  ... ¿Cómo que "teóricamente"?
-  En la teoría, Gea es la que hace pequeños cambios en tus partituras para que tu voz no sobrecargue los Cubos. En la práctica, soy yo porque no tiene ni puta idea de música.
-  QUÉ -chilló M, abriendo de golpe.
-  Cuando te pasas tanto tiempo oculto como yo, acabas teniendo hobbies. Y no es por presumir, pero la música se me da genial.
-  Eso lo tendré que decidir yo, imbécil. Venga, pasa, pero si haces algo que no me guste, te enteras.
Morfo, como única respuesta, le guiñó un ojo. M se sorprendió cuando Morfo, moviéndose como si fuera el rey del lugar, fue directo hacia su violín preferido y empezó a toquetear las frágiles piezas.
-  Una cosa, Morfo. -gruñó, conteniendo sus ganas de matar. -Si Gea y tú estabais fingiendo... ¿Dejará de hacerse la loca de una puta vez?
Morfo soltó una risita triste, y empezó a tocar una melodía suave. M tuvo que reconocer que no lo hacía demasiado mal, pero ay de él si no soltaba el violín.
- ¿Gea, fingir? Ojalá estuviera fingiendo que está mal de la cabeza. Eso me hubiera ahorrado unas cuantas charlas con hordas de campesinos noruegos del siglo XV sobre qué es la electricidad y por qué mi hermana genera el equivalente a una ciudad pequeña sin pestañear.
M no aguantó más, y, agarrando el violín, tiró al suelo a Morfo.
- Primera lección, capullo. MIS INSTRUMENTOS SOLAMENTE LOS TOCO YO. ¿O es que Gea no te lo dijo?
Se agachó al lado del confuso Morfo, que la miraba ¿absorto? Supo que algo iba mal cuando de golpe, en el suelo, empezaron a superponerse su propio cuerpo y el de Morfo.
- ¿QUÉ COÑO HACES?¡NO ESTOY DE HUMOR PARA BROMITAS!
-  N.…no es una br.…broma. - barbotó Morfo, retorciéndose. - cállate, no me dejas concentrarme.
M se tiró encima, haciendo que rodaran por el suelo. Eso solamente pareció empeorar las cosas. Consiguió colocarse encima. Un grito y list...
- ¡Morfy! Veo que estás haciendo buenas migas con la gritona. -Rio Gea desde la puerta.
Esto provocó que el cuerpo de Morfo dejara de cambiar y M se encontró encima de un turbado Morfo. Se levantó de un salto y le ayudó a levantarse. Estaba pálido y M tuvo que sujetarle para que no cayera al suelo.
- Creo que alguien ha malgastado energía a lo tonto -se burló.
-  C. Calla, estúpida. Te dije que te callaras, que no podía concentrarme.
Morfo se soltó del agarre de M, pero al segundo paso ésta tuvo que evitar su caída.
-  Morfy, tienes que descansar -lloriqueó Gea, -No has dormido nada en la última semana,
-  No necesito dormir, necesito que mi plan salga bie ¡Ay!
M no había tardado ni diez segundos en arrastrarle y empujarle a su pequeño camastro. Morfo protestó, pero un rápido susurro le dejó inconsciente.
- ¿Hace mucho esto? No quiero trabajar con alguien tan aleatorio. - preguntó M.
- La verdad es que no le había pasado nunca. Antes se quejaba de que acababa muy cansado, pero no hasta ese punto. Han debido ser los nervios.
-  Me parece muy bien. Ahora ¡PÍRATE! Tengo que trabajar.
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Penny miraba a través de unos prismáticos la ventana de M. No había podido oír la conversación de ésta con Morfo, pero había visto perfectamente cómo el maldito imbécil se había hecho el enfermo para darle pena a M.
- Yao, tenemos que avisar a Titiritera. Morfo e Illy están ahí dentro.
La única respuesta que recibió fue un coro de risitas. Se giró, encontrándose con Pelirroja, Sincara y Camaleón. Yao estaba en el suelo, aparentemente inconsciente.
-  ... ¿Cómo me habéis encontrado?
-  Morfo nos dijo que andabais cerca. Además, te hemos visto de lejos, imbécil. Estabas tan centrado en tu obsesión con M que no te has enterado. -dijo Pelirroja,
-  NO ESTOY OBSESIONADO CON M.
-  Lo que tú digas, mi querido pirómano. Aún me debes una disculpa por incendiar mi hogar. Quemaste más de la mitad de los cuadros, incluido un Greco.
Pe bufó: iba siendo hora de pirarse. Pero antes de poder hacer una simple llamita, un relámpago naranja y plata se le echó encima.
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domingo, 5 de octubre de 2014

Capítulo XVIII - Sex, drugs and rock and roll (Parte II)

Sonó el despertador en las habitaciones de todos. Los sirvientes pasaron repartiendo los desayunos y todos se reunieron en la sala de combate. Malan no apareció. Reïk volvió a ponerse nervioso y volvió a abrazarse a Maite, murmurando cosas ininteligibles.
—No ha aparecido, eh...—Bocha se metió las manos en los bolsillos del abrigo negro.
—No.
Se sentaron en las gradas sin decir mucho. No se miraban los unos a los otros, y la angustia los azotaba a todos. Eve y Vec salieron al mostrador y abrieron la sesión.
—Buenos días, alumnos—comenzó Eve—. Oh, parece que falta alguien. ¿Acaso Malan estaba indispuesto?
—Sí—reaccionó Garret—, desde anoche.
—Oh. Bueno. Entonces tendremos que empezar sin él. Veamos... Hoy la dinámica será también de tres combates. No queremos forzaros mucho.
—Tenemos una actividad preparada para mañana—intervino Vec—, en la que saldremos a campo abierto. Os informaremos esta noche de todo lo que debéis llevar.
—Demos comienzo a los combates. Los primeros en salir a la arena serán... Ranusa y Bocha.
Ambos se desafiaron con la mirada, deseosos de combatir el uno contra el otro. Ranusa puso cara de suficiencia e hizo como que se cortaba el cuello con el dedo. Bocha le guiñó un ojo y se rió de él.

Entraron en la arena. Se cerraron las puertas y sonó el gong. Tan pronto como la campana dio comienzo al combate, Bocha invocó cientos de espadas que hizo que rodaran alrededor suyo. Ranusa se alejó un poco, sorprendido y molesto. Acababa de tirar a la basura su ataque de ofensiva total. Sin embargo, se lanzó al ataque por el flanco derecho, confiando al máximo en su velocidad y capacidad de reacción.
Bocha vio sus intenciones. Calculó medio segundo y lanzó las espadas rápidamente hacia todos lados, disparándolas como balas veloces. Ranusa pudo esquivarlas todas, pero eso le desvió de su contrincante e hizo que perdiera la concentración ligeramente.
El velocista acometió de nuevo, esta vez de frente. Bocha reunió de nuevo las espadas formando un gran escudo de metal contra el que el joven corredor se estrelló y lo despistó. Perdió la orientación durante unos segundos, pero cuando se dispuso a levantarse para reanudar la ofensiva, se encontraba rodeado de cientos de espadas que le impedían moverse.
—Te tengo, Hussain Bolt.
Sonó de nuevo el gong. Bocha hizo bailar las espadas a su alrededor en un bello círculo de brillos de todos los colores, debido a las diferentes tonalidades de las hojas de las espadas. Esa danza levantó un poco de aire e hizo que su abrigo negro revoloteara. Como final, y asegurándose de que Ranusa había salido ya, clavó todas las espadas en el suelo y las hizo desaparecer con un chasquido de dedos.
—¡Y el vencedor es Bocha!—anunció Vec.
Los aplausos resonaron por toda la sala. Male aplaudía con brillo en la mirada y Garret sonreía, un tanto nervioso. Él no había salido elegido todavía, así que era probable que saliese pronto.
Cuando Bocha se volvió a sentar y la tromba de aplausos cesó, Tarrkiem le susurró.
—Oye, ¿no crees que te has pasado? Has hundido un poco a Ranusa.
—Uh, no era mi intención. ¡Ranu!
Ranusa se dio la vuelta y le miró con desprecio.
—¿Qué quieres?
—Eh... Perdona, creo que me he pasado con la exhibición del final. Lo siento.
—No, si eso ha estado guay.
—¿...Qué?
—Me ha dado rabia que me ganaras. Maldita puta.
—Eh...
—¡Que es broma!—y le dio una palmada en la espalda. Se sentó a su lado y esperó a que Eve anunciase la siguiente pareja de batalla.
—Qué rápido cambia de idea este tío—le susurró Bocha a Tarrkiem—. No sé si ha sido porque me tiene miedo o porque le ha sabido mal seguir enfadado tras haberme disculpado...
—A lo mejor las dos.

Eve volvió a subir a la tarima y sacó otros dos papeles de la urnita. Sonrió levemente, cosa que extrañó a muchos de los presentes. Sin embargo, en cuanto habló todo el mundo supo de qué se reía.
—Los siguientes en combatir serán Thorgio y el Cretino. Pueden entrar cuando quieran.
Un silencio sobrecogedor inundó la sala. Todos se miraban, angustiados. Thorgio, al contrario, parecía de lo más tranquilo.
—Joder, qué tensión...—susurró Maite.
—No, yo creo que en realidad es el Cretino que se ha motivado—rió Galia entre dientes.
Ambos entraron en la arena. En cuanto sonó el gong, el Cretino levantó la mano, apretó el puño y Thorgio fue aplastado contra el suelo. Vec estuvo a punto de tocar el gong, pero Reïk le detuvo.
—Espera. Va a pasar algo.
Vec miró atentamente y vio los ojos de Thorgio brillar. El combatiente sonrió, soltó una carcajada y creó alrededor de veinte copias de sí mismo que se levantaron y fueron hacia el Cretino.
—¡Sólo puedes aumentar la densidad del aire en una determinada zona no muy grande, no te creas que no me he informado!
—¡Já! ¡Iluso!
El Cretino extendió los brazos hacia los lados, puso las palmas hacia arriba y comenzó a levitar sobre las copias. Éstas explotaron, pero no llegaron a alcanzar al de repente joven volador.
—Esto no lo sabías, ¿eh?
—Grrr...
Thorgio volvió a crear un par de copias y se impulsó en ellas para llegar hasta el Cretino. Sin embargo, este anuló el efecto antigravitatorio que estaba creando alrededor de él y lo creó alrededor del atacante explosivo. El desconcertado Thorgio comenzó a gritar, aterrorizado.
—Yo también he hecho mis deberes, ¿sabes? ¡Y sé de sobra que tienes un vértigo de la hostia!
—¡QUE ALGUIEN ME BAJE DE AQUÍ!
Todos miraban asombrados al misterioso joven vestido de negro. Una sonrisa sádica le cubría el rostro mientras hacía sufrir a su enemigo. Un torturador nato.
Un rato después, Vec, harto de esperar a que sucediese algo, procedió a tocar el gong. Reïk le volvió a cortar.
—Espera.
—¿Otra vez?
—Yo soy el que ve el futuro aquí.
—Psé.
Thorgio había dejado de hiperventilar. Todos en la sala miraban expectantes y se preguntaban por qué Reïk le había pedido a Vec que el combate continuara. No tuvieron que esperar mucho.
De repente, Thorgio volvió a soltar una carcajada y varias de sus copias cayeron al suelo, pillando al Cretino por sorpresa. Éste las esquivó como pudo y se desconcentró, así que Thorgio quedó libre y, cuando tocó el suelo, le puso su espada en la garganta al Cretino. Éste último gruñó ante su victorioso adversario.
—Qué susto, ¿eh?
—Serás cabrón...
—Soy un ninja de los bosques. Tengo que ser un cabrón o no sobrevivo, ¿lo pillas? Y ahora venga, fus fus, que todavía quedan dos por pelear.
El gong sonó y ambos abandonaron la arena. Vec anunció a Thorgio como vencedor e instó a Eve a sacar otros dos papelitos. Ésta metió la mano en la urna y anunció el resultado.
—La siguiente batalla será entre Garret y Madalane. ¡Que comience el combate!
Ambos se miraron, sorprendidos. Garret sabía que le acabaría tocando, pero Male no esperaba salir. De todos modos, ella le sonrió cordialmente y le susurró.
—Procuremos pasarlo bien, ¿vale?
—Vale.
Entraron a la vez en la arena y se cerraron las puertas. Un duelo entre el prodigio de la espada y el prodigio de la disciplina. Se miraron. Garret desenfundó la espada y Male la varilla. La tensión se mascaba, esta vez de verdad. Nadie sabía quién podía ganar.
—¡En guardia!—gritó Garret.
—¡Sin contemplaciones!
Sonó el gong. Garret recitó un encantamiento y salió disparado contra Male. Ésta le esquivó con una pirueta y Garret reconoció el movimiento: lo había aprendido de Vittorio, pero ella lo ejecutaba con más elegancia. Siguió dando vueltas y le quitó el tapón a la cantimplora que llevaba a la espalda. Bailó entre las gotas cual diosa acuática y mientras tanto esquivaba las acometidas de Garret, el cual se desesperaba cada vez más. En una de las acometidas, él decidió cambiar de estrategia y lanzó una estocada en sentido contrario al habitual. Pero Male se lo vio venir y, con una precisa sacudida de mano, creó hielo en el aire y detuvo al espadachín. Acto seguido, puso hielo en sus pies y creó una pequeña espada de estoque de hielo. Se movía muy deprisa y esquivaba los ataques de Garret con facilidad. Sin duda eso lo había aprendido de Vittorio, aunque no sabía en qué momento. Al final, harto, invocó varios hechizos de runas poderosos que dejaron a Male atrapada durante unos segundos, dándole la oportunidad a él de atacar. Sin embargo, cuando ya pensaba que tenía la partida ganada, los hechizos se desvanecieron y ella se agachó, esquivando la estocada. Con el agua que flotaba a su alrededor creó estacas de hielo que lanzó hacia Garret con precisión, pero éste fue capaz de detenerlas a tiempo.

Ambos resoplaban de cansancio. Llevaban un rato peleando cuando Reïk sonrió.
—¿Qué es lo que te hace gracia?—le preguntó Tarrkiem.
—Ella.
—¿Ella?
—Ya habría ganado si hubiera querido. Ya verás.
—Psché.
Garret invocó un poderoso encantamiento. No pretendía inmovilizar a Male, sino terminar ya con el combate. El aire se hizo pesado dentro de la cámara y a ella comenzó a costarle trabajo respirar.
—Veamos quién de los dos tiene más capacidad pulmonar.
—Nnngk...
Male se derrumbó sobre sus rodillas. El agua cayó al suelo y lo empapó. Garret pensó que ya tenía la partida ganada.
Entonces, ocurrió la predicción de Reïk.

Male aunó fuerzas y se levantó como pudo. Temblando, dirigió su varita y su mano izquierda hacia delante e hizo unas cuantas maniobras. Comenzó a sudar: se le acababa el tiempo. Fue entonces cuando Garret notó que las extremidades se le agarrotaban. Ya no se podía mover. El terror le invadió de golpe. Male mantuvo la mano de la varita apuntando a Garret y utilizó la otra para darse impulso desde los pies con el agua del suelo. Una vez lo tuvo, rápidamente volvió a crear su espada de hielo y tocó el pecho de Garret de forma muy leve. Sudando, agotada y despeinada, murmuró algo que el aterrorizado espadachín pudo oír apenas.
—Tou...ché.
Y sonó el gong.


Garret y Male tiraron sus armas al suelo y dejaron de utilizar su poder. Garret notó cómo la sangre volvía a fluirle por las venas y Male respiró pesadamente varias veces, ahogada. Ambos se miraron y se dieron la mano.
—Y la ganadora de este combate es... ¡Madalane!
Todos aplaudieron con fuerza, no sólo por Male, sino también por Garret. Ambos habían luchado como leones, y el resultado de la batalla no pudo predecirlo ni siquiera Reïk por unos instantes. Todos corrieron a abrazarles y a felicitarles por su gran trabajo, y recibieron felicitaciones de los profesores por haberse tomado el combate tan en serio. Los dos se miraron, contentos. Garret pensó en darle las gracias a Male por su impresionante exhibición, ya que además de haber demostrado su potencial, había dejado que él lo mostrara también, en parte. Sin embargo, antes de que pudiera decirle nada, Kay le agarró del hombro, le dio la vuelta y le gritó enfadado.
—¿¡Pero de qué vas!? ¡Yo te he enseñado mucho más de lo que has hecho ahí! ¡Además, el movimiento final podría haberlo hecho Joel perfectamente...!
—De hecho, su poder consiste en eso básicamente.
—¡¡Pues ya está!! Para ver un combate entre el Primero y la Duodécima, podría haber puesto sus nombres en todas las papeletas y habría sido el mismo resultado.
—Lo del oxígeno lo he hecho como último recurso. Además, ¿a ti Varo te dijo en algún momento que Male era capaz de hacer eso? ¡Porque apuesto mi mano derecha a que tú tampoco lo sabías, justo como yo!
—...
—¡Lo sabía!
—Bueno, lo supiéramos o no, ahora no viene al caso. ¡Sabes como CUARENTA MALDITOS HECHIZOS y has usado tres como mucho! Me avergüenzas.
—¡¡A mí me da mucha más vergüenza el hecho de que estés sermoneándome delante de todo el mundo!! ¡No soy un niño y manejo mis hechizos como a mí me da la gana! ¿Te has enterado o necesitas ponerte un audífono para oírme mejor?
Todos miraron el espectáculo que se les ofrecía. Male se encogía, sintiéndose, en parte, culpable por la discusión.
—Male—Maite le puso la mano en el hombro—, tú no tienes la culpa de esto. ¿Vale? Si Garret sólo usó tres hechizos en lugar de cuarenta es cosa suya...
—Pero...
—Maite tiene razón—Bocha apareció con las manos en el bolsillo y la miró de reojo—. Que tú mantuvieras en secreto una baza para ganar no hace más que darte puntos como guerrera. Has ganado justamente, y es lo que hay.
—¡Pero...!
—Que no, Male. Quizá no entiendan que te guardaras ciertas habilidades en secreto, pero, como ya hemos dicho...—Tarrkiem se detuvo. Iba de camino hacia la puerta. Se sujetó el gorro y miró por debajo de él, de reojo—, es lo que hay.
Y entonces fue a abrir el pomo de la puerta, pero Male le detuvo de un grito.
—¡Pero si ni siquiera yo sabía que era capaz de hacer eso!
Garret y Kay dejaron de gritarse y miraron con los ojos muy abiertos a Male, justo como el resto de la sala. Maite retiró la mano lentamente y miró directamente a los ojos a la joven, la cual tenía lágrimas en los ojos.
—Tengo mucho miedo... ¡Lo paralicé sin querer! ¿Cómo iba a saber yo que podía hacer eso? Mis manos se movieron solas... Durante unos instantes no sabía qué estaba pasando, y de repente, Garret me miraba de frente con cara de terror y sin poder moverse... Y como no sabía lo que estaba pasando, lo atribuí a la falta de oxígeno de la sala y manipulé el agua del suelo para impulsarme hacia adelante... ¡Pero a partir de ahí no recuerdo nada más! ¡Sonó el gong y me desperté, y todo el mundo me vitoreaba! ¡Y yo tenía una espada de hielo en la mano y Garret casi lloraba de miedo! Y yo, no sé por qué, pero también sentí ganas de llorar...
Se derrumbó en el suelo y comenzó a sollozar. Nadie entendía lo que estaba pasando. Varo se acercó con Evan para levantarla y llevarla a su habitación, y Bocha, Maite y Tarrkiem les acompañaron. Garret todavía estaba impactado. Recordaba haber sentido miedo, pero no porque sus extremidades no se moviesen, sino por otra cosa. ¿Tal fue su cara de terror que incluso Male, estando así de confusa, no pudo evitar fijarse en ella? ¿Qué fue lo que provocó realmente ese pánico, la falta de oxígeno, o algo más...? ¿Y Male? ¿Cómo fue capaz de actuar así estando bajo tan extremas condiciones? Tan inmerso estaba en sus cavilaciones que no se dio cuenta de que Kay volvía a gritarle, y se dio la vuelta y le dejó con la palabra en la boca.


Evan vigilaba a una Male que, dormida en su cama, daba vueltas y vueltas sin parar. Varo le había pedido que se quedase mientras él buscaba al enfermero, y Maite, Bocha y Tarrkiem habían ido a sus habitaciones para comer. Sacó del bolsillo un mazo de cartas y comenzó a barajarlo de forma aleatoria, hasta que sintió una presencia más en el cuarto.
—Elige una carta—dijo, sin dejar de mirar sus propias manos.
—Muy gracioso—respondió Vittorio—. ¿Qué le pasa? ¿Se encuentra bien?
—No lo sabemos todavía—suspiró el joven—, es probable que el enfermero atribuya lo del ejercicio de hoy a la falta de oxígeno en el campo de batalla, pero yo sospecho cosas diferentes. Cosas que ni tú ni Mariam me habéis contado. Pero lo he visto aquí.
Y sacó un rey de picas. Vittorio tragó saliva y se sentó en la cama, acariciando el rostro de la muchacha, que sudaba entre malos sueños.
—Perdóname. Quería mantenerlo lo más secreto posible... Pero supongo que mandar a casi media tropa al bosque de los cristales no fue muy buena idea.
—Ahora que lo dices, la baraja también me ha dicho una cosa del bosque—volvió a barajar—, y es que me parece que hay alguien que ignora tus órdenes.
—¿¡Qué!?—Vittorio se volvió de golpe, serio como nunca lo había estado. Sus manos comenzaron a soltar humo—. ¿¡Quién!?
—No me pone el nombre, pero me sale la reina de picas. Así que ha de ser una mujer.
—¡Mierda! Como sea quien creo que es...
—Cálmate, esto hay que hablarlo.
—¿¡Que me calme!? ¡Esto es probablemente lo peor que nos podría ocurrir! ¡No quiero que le pase nad...!
Se detuvo de golpe, se puso rojo y comenzó a echar más humo por las manos. Comenzaron a brillarle levemente y Evan se levantó deprisa y lo llevó al cuarto de baño, a mojarle.
—Pero bueno—dijo, una vez calmó a su amigo—, ¿y esto?
—Agh...
—Eso digo yo, “agh”. ¿Hace falta que saque una carta para saber qué se te ha pasado por la cabeza? Porque puedo adivinarla antes de hacerlo y seguro que acierto. Mira...—y comenzó a barajar.
—Para ya, hostia—dio un chasquido de dedos y le quemó la baraja—. Que me estás mareando. Lo que quiero decir es que no podemos dejar que le pase nada porque entonces el plan de derrotar a Todo se va a la basura.
—Sí, eso va a ser lo que te importa...
—Cierra la puta boca o te la cierro yo.
—Joder, vale, vale.
Escucharon murmullos en la habitación; Male se había despertado. Vittorio suspiró y salió del cuarto de baño, ignorando el hecho de que Male no sabía que Evan y él se conocían. Evan sí lo tuvo en cuenta y se quedó dentro para evitar ser visto, aunque tras pensarlo un poco, se dio cuenta de que estaba encerrado.
—Y el mamón este me ha quemado la baraja—murmuró entre dientes—, será gilipollas.

Male se levantó de golpe, con los ojos empañados por una película de lágrimas y empapada en sudor. Notó que alguien se sentaba en la cama. Se frotó los ojos y vio a Vittorio, que le acariciaba la mano, conciliador.
—¿Estás bien?
—He tenido una pesadilla horrible—se revolvió el pelo con la otra mano—. He soñado que tú descuartizabas a mis padres y aunque te decía que pararas no lo hacías, y te reías de mí y me gritabas que ya no tenía nada. Nada...
—Pero sólo ha sido eso, un sueño... Sabes que yo nunca te haría algo así.
—Sí, pero...
—Tranquila, sólo estás cansada. Venga, vuelve a dormir.
—Yo...
—Estaré aquí cuidándote, así que no te preocupes por nada más, ¿vale? Venga...
—Vale...
Y se volvió a acostar, esta vez más tranquila. Vittorio le acariciaba la sien con el dedo y la miraba triste. Si había alguien desobedeciendo órdenes sobre el bosque y Male había tenido aquel desvanecimiento en la batalla sólo podía estar ocurriendo una cosa... Y no le gustaba nada.


Malan se despertó, congelado. Se frotó los ojos, pero no alcanzaba a ver más allá de su propia nariz. Trató de levantarse y mover un poco las extremidades, pero la rigidez de sus miembros era demasiado para él. Sólo consiguió ponerse de rodillas e incorporarse ligeramente. Escrutando en la oscuridad, el miedo le invadió de nuevo, justo como cuando se había despertado allí la primera vez. El estómago le rugía de hambre y le dolía todo. Sollozó un poco, para luego ir aumentando el volumen de los lloros hasta el punto de gritar a pleno pulmón.

Estuvo llorando mucho tiempo. Sin embargo, al cabo de las horas, comenzó a notar un aumento de la temperatura. Ahora se encontraba a gusto y sus articulaciones volvían a funcionar correctamente. Se incorporó completamente y caminó a tientas, palpando para no chocarse con nada.
Incluso intentando no golpearse, tropezó con algo y cayó de bruces encima de una especie de mueble blandito que identificó como un sofá. Se sentó con las rodillas agarradas con los brazos y cerró los ojos muy fuerte, tratando de controlarse. ¿Dónde estaba y quién le había llevado hasta allí? Mientras se comía la cabeza con estas preguntas, escuchó una voz femenina que hablaba como desde fuera de la habitación.
—¿Cómo está mi muñequito? ¡Je, je...!
Y la sala se iluminó. Estaba en el salón de una casa con la decoración típica que una familia de clase media utilizaría para su hogar. El suelo, sin embargo, era de hormigón, y tras echar un vistazo general identificó como una alfombra el objeto que le había hecho tropezar. Encima de la mesita de café había una bandeja con bollos fríos y un tazón con chocolate, el cual ya estaba prácticamente solidificado del tiempo que llevaba ahí. Malan se lanzó sin pensarlo hacia los alimentos, sin notar lo rancios que estaban los bollos o lo difícil de tomar que fuera el chocolate. Una vez acabó con toda la comida, volvió a sentir ganas de llorar.
—¿Por qué no investigas el resto de la casa, pequeñín? Ya verás, seguro que te gusta—rió la voz femenina. Él, temboloroso, se levantó como le permitieron el cansancio y el miedo y avanzó hacia la doble puerta de cristal.
La abrió temeroso. El pasillo estaba igual de bien iluminado que el salón, y era muy corto. Tan solo una escalera que llevaba al piso de arriba, el recibidor a mano derecha y dos puertas enfrente. Una estaba abierta, y mostraba una cocina acogedora, a medio recoger y mortalmente silenciosa. Parecía que alguien hubiese estado allí hacía poco, manipulando alimentos. El cuarto de baño, de igual manera, se encontraba vacío, y Malan aprovechó para hacer sus necesidades un poco. Acto seguido subió por las escaleras, aferrándose con cuidado a la barandilla de hierro pintado de negro.

La primera planta era también un pasillo estrecho, aunque un tanto familiar. Había varias habitaciones a los lados, y la única puerta que estaba abierta era la del baño de ese piso. No se entretuvo mucho en mirar ese lugar. Abrió la primera puerta que encontró a la izquierda y vio un cuarto que perfectamente podría haber sido el suyo si no hubiera sido rico.
Dos estanterías llenas de libros de ciencias se encontraban pegadas a la pared, y una cama individual con sábanas de cohetes se situaba en la parte derecha de la habitación. Un escritorio lleno de ejercicios de lengua a medio hacer se encontraba bajo la ventana, que tenía las cortinas con dibujos de estrellas echadas. La silla estaba tirada en el suelo, como si su anterior ocupante se hubiera levantado con urgencia y a toda prisa, y no le hubiera dado tiempo a recogerla. El armario de la ropa estaba abierto y las perchas descolocadas. La papelera estaba vacía a excepción de unos cuantos dibujitos tontos y feos. Malan intentó descorrer las cortinas, pero estaban enganchadas. Salió de la habitación despacio y se metió en la siguiente, a la izquierda. Esta era la habitación de una niña, y al contrario que en las demás, no parecía haber sido habitada recientemente. Capas de polvo cubrían todos los objetos perfectamente ordenados en la habitación. Malan abrió los armarios y los cajones sólo para descubrir que no había absolutamente nada en ellos. Un tanto decepcionado, salió de ese cuarto y se metió en el de enfrente.

Se asustó. Vio cómo todo estaba totalmente desordenado y patas arriba, e incluso le costó encontrar marcas de humedad en las juntas de las paredes. La habitación olía a cerrado y había cristales, fotografías y mucha ropa tirados por el suelo. Las fotografías estaban empapadas y estropeadas, así que sólo se veían manchas de tinta corrida. Malan comenzó a ponerse nervioso.
—¡Has encontrado el premio gordo!—volvió a resonar la voz femenina—, ¿quieres que te cuente la historia?
Un ojo enorme de color castaño se asomó por la ventana. Malan gritó y salió corriendo de la habitación para encerrarse en el baño.
—No podrás esconderte ahí para siempre y lo sabes, chiquitín. Además, también puedo hacer esto.
La casa comenzó a temblar y Malan volvió a gritar aterrado. Se agarró a lo que pudo, pero cuando abrió los ojos estaba en la palma de la mano de una chica, la cual no distinguía del todo bien porque la sala en la que se encontraban estaba en penumbra, al contrario que la ya derruida casa.
—¿¡Qué está pasando!?—gritó con todas sus fuerzas.
—¡Ja, ja, ja! Cálmate, niño. No voy a hacerte nada.
—¿¡Quién eres!?
—¡Ja, ja! Ay... ¿Qué tal si te cuento una historia?
—¡Quiero que me contestes!
—Todo comenzó hace unos años... Alrededor de ciento cincuenta. Yo vivía en una cronología diferente a la tuya y a esta, en una casa igualita a la que has visto.
—¡¡QUE QUIÉN EREEEES!!
—Mis padres eran muy dulces conmigo... Yo era su angelito perfecto. Pero un día, desarrollé una “facultad” que les hizo temer por su vida. ¡Yo no iba a hacerles nada! ¡Eran mi familia! Y, sin embargo, me internaron en una institución psiquiátrica, ya que mi “facultad” me afectaba de forma psíquica. Cuando llegué a controlarla ya no me supuso ningún problema... Pero creo que a los demás sí.
—Que... quién... eres...
—¿Cómo pudieron? Yo que les quería tanto... Al final tuve que salir de allí personalmente. Una vez hube controlado mi poder, destruí la clínica en la que me encontraba y vagué en busca de mi casa. No la encontré.
—...
—Te estarás preguntando qué hice entonces, ¿no? Bien, te lo contaré. Me convertí en una delincuente. Como una especie de supervillana inalcanzable y totalmente letal. Si la gente me veía salía corriendo sin pensárselo dos veces, dejando todo lo que tuvieran de valor para no tener que verse en la situación de que un monstruo como yo los destruyera.
Hacía rato que Malan se había rendido y simplemente escuchaba, mientras lloraba en silencio, el relato de su secuestradora. Nunca había escuchado semejante historia. Sus padres, pese a su extraño poder, siempre le habían querido. Había sido aquella cosa contra la que se supone que Todo luchaba la que había deshecho toda su familia, pero después... Después resultó que no. Que fue el mismo Todo. Por eso se puso en su contra, porque supo ver la verdad.
Sin embargo, ¿quién era esta mujer?
—Llegado un momento, me encontré con un hombre. Se llamaba Todo. Curioso, ¿verdad? Creo recordar que es tu jefe, sí, ese contra el que conspiráis tú y tus amiguitos. El caso es que me contó que la causa de que mi poder era que una tal Nada había decidido descargar mi ira sobre mi familia. Iracunda, la busqué por todas partes, pero tampoco la encontré. Ni siquiera el tal Todo sabía dónde estaba. Por aquel entonces yo ya tenía 17 años. Hacía 7 que mis padres me habían encerrado en el centro psiquiátrico, y lógicamente, mi ira hacia ellos había ido aplacándose, más cuando descubrí que la tal Nada existía.
—Todo...
—¡Aún no he llegado al final! Resulta que un día me quedé dormida en un callejón. Era invierno, hacía frío y yo estaba congelada, tapada con unos cartones. Esa parte sí que era terrible de verdad. En esos momentos añoraba mi casa, mi camita calentita, mi vaso de leche de antes de irme a dormir y el beso de buenas noches de mi mamá. Cuando me quedé definitivamente dormida, soñé algo. Una cosa muy extraña. Estaba en una especie de plano paralelo, en el que todo era de colores y había seres y criaturas extrañísimos, todos con pinta de moribundos, pero felices en realidad. Recorrí aquel espacio paralelo hasta que llegué a un enorme pedestal del que surgían cuatro torres acabadas en unas esferas translúcidas. En el centro había un trono. Me senté. Y entonces escuché una voz de ultratumba que me hablaba. “No le creas”, decía. “Yo no tuve nada que ver”. Era la propia Nada. La había encontrado sin querer, y me decía que lo que Todo me había dicho era una mentira. Ella nunca hacía otra cosa que no fuera observar el mundo desde su plano paralelo. ¿Cómo podía ser responsable de mi desgracia? Me contó que Todo era malvado, que quería destruir sin parar, incluyéndome a mí. Volví a montar en cólera. Mi poder era tan solo una deformación genética por culpa de quién sabe qué. Y mis padres habían permitido tanto sufrimiento y nunca me habían vuelto a buscar, nunca habían querido venir a verme. Por culpa de ser diferente. Porque ya no era su angelito perfecto.
—Y-yo...
—Volví a buscarlos, esta vez investigando. Fui capaz de relajarme y sosegarme y, tras haber encontrado algo, me encaminé hacia allí con el firme propósito de que se dieran cuenta de que gracias a ellos mi vida se había ido a la basura, no por culpa de mi poder. Pero cuando les vi en su cuarto, hablando tranquilamente, riendo y siendo felices, toda esa tranquilidad que había estado reuniendo para volver a encontrarme con ellos y no montar un “numerito” se fue a la basura. Destruí la ventana y entré sin miramiento alguno, dejando todo hecho un desastre. Los jarrones con las flores se cayeron al suelo, empapando todas las fotografías que había desparramado por el suelo. Tiré las flores por la ventana y me lancé a por ellos, llorando y gritando. Me estampaba contra las paredes y las puertas mientras les seguía, con el claro propósito de hacerles daño. Cogieron a su adorable hijo de la manita y se fueron corriendo de allí. Yo, sin embargo, dejé de seguirlos. Me quedé en la casa. Me quedé la casa. Cuando volvieron con la policía y demás fuerzas de seguridad, la casa había desaparecido. Así de grande era mi poder. Y, bueno, hasta hoy. La he conservado tal y como la dejaron ellos.
—¿E-entonces eres tú quien me ha encogido?
—En efecto, chiquitín. Y tengo un motivo.
—...
—Vengo a abrirte los ojos, pequeñajo. No fue Todo el que destruyó a tu familia, pero tampoco fue Nada.
—¿Y entonces...?
—¡Ja, ja! ¡Por supuesto, el padre de tu amiguito Garret! Conocía personalmente al tuyo. Él fue la ruina de tu familia. Provocó que te dejaran solo, abandonado y perdido, sin la más mínima consideración, de un día para otro.
—No... ¡¡No!!
—¡No importa cuánto trates de negarlo! ¿Por qué iba Todo a hacer desaparecer a toda tu familia salvo a ti? ¡Es absurdo! ¡De hecho, tú tendrías que haber sido el primero en morir, siguiendo esa lógica! ¿¡No lo entiendes!? ¡¡Si hubiera sido Todo, está claro que te habría visto como una amenaza!!
—¡¡TE ORDENO QUE TE CALLES!!
—¡No funcionará conmigo, enano! ¡Tienes que asumirlo!
Y entonces el niño se puso a llorar. No podía creerlo. ¿Absolutamente todo en lo que había creído había sido una farsa? ¿Sus amigos? ¿Incluso Reïk? Vale que él era el más joven, ¿pero no se sentían mal al engañarlo así? ¡Él no era ningún tonto! ¡Era muy maduro para su edad!
Poco a poco la teoría de la mujer fue cobrando forma en su cabeza. Comenzó a creerla sin querer, hasta el punto de comenzar a sentir rabia hacia sus amigos.
—Verás. Tengo un plan... Pero necesito tu ayuda, por supuesto.
—...
—No me dirás que sigues confiando en esos traidores, ¿no?
Malan negó con la cabeza y la miró con rabia.
—No.
—¡Bien! ¿Entonces me ayudarás?
—...Sí.
—¡Estupendo! Entonces vayamos a un sitio más acogedor que este...
La chica hizo crecer a Malan y lo sacó de la habitación. Él seguía sin poder ver nada, y sin embargo, escuchó a la mujer manipular cosas con las manos.
—¿Qué haces?
—No te preocupes. Es que no puedes ver el camino hacia mi guarida.
—Literalmente, yo...
Pero antes de que pudiera acabar la frase sintió un pinchazo en el hombro y se quedó dormido.


Capítulo XVIII - Sex, drugs and rock and roll (Parte I)

—Por el amor de la maldita arena—dijo Tarrkiem, quejándose—, este traje pica un huevo.
—Deja de quejarte—le dijo Bocha—. Al menos los calzoncillos no te aprietan las pelotas.
—¡Shhh!—instó Male—. Que es una cena de gala, maldita sea. Cuidad el lenguaje.
—Lo siento, señorita Madalane, a partir de ahora seré más cuidadoso con mi vocabulario—le dijo él, haciéndole una ligera reverencia y luego partiéndose de risa.
—Lo dudo mucho; esa reverencia ha sido terrible.
Garret los observaba, divertido. Nunca había tenido amigos con los que pasar un buen rato, e incluso cuando estaban viviendo en la mansión de su propio enemigo, era capaz de reír hasta soltar lágrimas con ellos. Male y Bocha eran, la mayor parte de las veces, los artífices de esto: ella, responsable, madura y tranquila, dominaba el sarcasmo como la cuchilla más afilada, al igual que el silencioso, carismático y discreto bromista Bocha. Eran casi un dúo cómico sin apenas hacerlo de forma intencionada, y eran capaces de arrancarle una sonrisa hasta al mismísimo Tarrkiem. Malan se lo pasaba fenomenal con ellos, ya que a ambos les encantaban los niños y Malan, además de ser divertido y bromista, tal y como Bocha buscaba en un buen amigo, era discreto y educado, justo como Male. Sin embargo jamás se separaba de Reïk, y esto era también un objeto de burla para el pobre vidente de vez en cuando. De todos modos, no le molestaba, y simplemente las devolvía con ingenio y elegancia, resultando ser extrovertido y agudo una vez que cogía confianza con el grupo. Maite y Galia, sin embargo, no acababan de congeniar del todo: incluso teniendo personalidades afines, sus naturalezas eran totalmente distintas: Maite despreciaba cualquier tipo de ciencia que pudiera ser perjudicial para la naturaleza, y a Galia la naturaleza... No es que no le importara, sino que más bien prefería no pensar en los daños que causaban sus experimentos. Idolatraba la tecnología, de hecho. Por estos motivos no se podían sacar la naturaleza o el avance científico como tema de conversación con cualquiera de las dos delante: montaban un debate que acababa en gritos histéricos, y a veces, hasta en insultos. Ranusa aprovechaba para hacer chistes sobre ello, los cuales solían incluir el amor lésbico y la cercanía de las zonas en el cerebro encargadas de procesar las emociones del amor y el odio. Normalmente todos se sorprendían ante el conocimiento de Ranusa, puesto que no solía demostrar que tenía datos como esos, pero enseguida Garret reía y desenmascaraba al velocista; había sacado la información a base de oíle hablar a él.

Eran aproximadamente las diez de la noche cuando se sentaron en sus respectivos asientos y comenzaron a cenar. Todo no estuvo presente en la cena, y Male y Bocha se sintieron observados, aunque no lo dijeron. Garret y Maite, sin embargo, los notaron paranoicos, pero no sería hasta un rato más tarde cuando descubrirían el por qué de este comportamiento.

Una vez la cena concluyó, se dirigieron a sus habitaciones. Galia había estado trabajando en hackear el sistema de seguridad de la mansión, pudiendo cambiar las grabaciones que les mostraban a ellos yendo de habitación en habitación por imágenes del pasillo en silencio. También había programado una barrera antivigilancia en la red interna de la mansión para que los mensajes de la PDA no pudieran ser registrados ni espiados por Todo.

Comenzó la operación: Garret iría avisando a cada uno de los miembros del grupo rebelde a través de la PDA, y ellos irían entrando uno a uno dentro de la habitación de Garret. Justo entonces, Galia cambiaría las imágenes de las grabaciones por pasillos vacíos y los jóvenes podrían moverse con comodidad sin ser vistos. Sin embargo, como el joven espadachín no se fiaba demasiado de la tecnología, llamó a Bocha y Male para que fueran a través de mensajes no explícitos.

--insufferableReader [IR] comenzó a molestar a everlastingMelody [EM] a las 23:12--
IR: Male.
IR: Hay un libro que he encontrado en mi biblioteca que a lo mejor te interesa de algún modo.
IR: Es posible que a Bocha también le interese, así que yo mismo le avisaré. Espéralo en su puerta.
EM: Esto...
EM: Me parece bien
EM: ¿Es posible que haya alguien más a quien le pueda interesar?
IR: De momento venid vosotros a juzgarlo y luego ya veremos.
IR: ¿Te importaría traer la ocarina?
EM: Hm... Supongo que no
EM: Pero no sé para qué la quieres
EM: Si esperas que te la deje estás muy equivocado.
IR: Nunca dije eso.
IR: Ya lo verás.
IR: Os espero.
--insufferableReader [IR] dejó de molestar a everlastingMelody [EM] a las 23:14--


--insufferableReader [IR] comenzó a molestar a swordSummoner [SS] a las 23:13--
IR: Bocha.
IR: Hay un libro que me gustaría mostrarte.
IR: Male está a punto de pasar por tu puerta a recogerte, así que no tardes.
SS: anda que avisas con tiempo
IR: Acabo de encontrarlo y nos urge prisa.
SS: vale tio
SS: no tardare
SS: por cierto sabes donde pude dejar mi reloj?
IR: ¿El de cuerda aquel?
SS: tengo cara de tener otro si te estoy preguntando donde esta?
IR: No lo sé, a lo mejor tiene peso sentimental.
IR: Y te recuerdo que ahora mismo no puedo ver tu cara.
SS: vale callate
SS: que ya lo he encontrado
SS: y male ya esta aquí asi que
SS: hasta ahora mismo
IR: Hasta ahora.
--insufferableReader [IR] dejó de molestar a swordSummoner [SS] a las 23:15--

Y entonces los dos jóvenes se dirigieron en silencio y vestidos con ropa cómoda hacia el cuarto de Garret. Sin embargo, no podían entrar: la puerta estaba atrancada.
—Male—susurró Bocha—, no se abre.
—Prueba a llamar—le sugirió ella—, yo no dejo la puerta de mi habitación abierta, a lo mejor él tampoco.
Bocha tocó a la puerta, pero nadie respondió. Pegó el oído para ver si escuchaba algo y oyó voces que murmuraban, una de ellos la de su amigo. Male imitó a Bocha y ambos llegaron a la misma conclusión: no conocían la misteriosa voz de la persona que se encontraba con Garret dentro. Se quedaron esperando a que algo ocurriese, pero nada. Bocha se hartó.
—¡Voy a echar la puerta abajo!
—¿Eh? ¡No, no! ¿¡Qué haces!?
—¿Y si es un enemigo? ¡Hay que pillarle!
—¡Si fuera un enemigo Garret habría pedido ayuda!
—¿Y si lo tienen secuestrado y amenazado?
—¿Amenazarlo? ¿¡Cómo!? ¿¡Qué más puede perder, Bocha!?
Bocha se le quedó mirando sorprendido, con la pierna en alto y dispuesto a derribar la barrera. Los ojos se le ensombrecieron de pronto y se encogió. Male estaba a punto de llorar.
—Quizá... Ya, sí, tienes razón. Todos estamos aquí por un motivo...
—S-sí...
Guardaron silencio, los dos apartados. A él le temblaba el labio inferior y ella en cambio se lo mordía, con las gafas en una mano, para evitar que se mancharan de lágrimas. Male había sido demasiado radical con su argumento, sí, pero también tenía razón. Nadie allí tenía nada que perder. Y, aquel que lo tenía, tendría que luchar para salvarlo, y no someterse.
Garret finalmente abrió la puerta. Parecía severamente molesto con ellos dos, aunque ninguno pudo acertar el motivo hasta que, sentados en los silloncitos, Garret les habló del tema.
—¿A vosotros os ha visitado alguien recientemente?
Ambos se miraron confundidos. Male fue la primera en responder.
—Maite y Galia vinieron ayer a tomar té, pero por otra cosa...
—Yo sólo he tenido en mi cuarto a Tarrkiem, que ha pasado a buscarme para la cena.
—No me refiero a eso.
Garret mantuvo su mirada severa. Ellos se hundieron en los sillones, con las tacitas en las manos, y miraron a Garret con cara de cordero degollado.
—¿A quién podrías referirte entonces? Sólo nosotros y los sirvientes pueden entrar aquí...
—En fin—dijo Garret—, supongo que no tiene importancia. Si al final todo el mundo se acabará enterando de igualmente.
—¿De qué?
—Ya lo veréis, si es que no me estáis mintiendo. Ahora, Male, saca la ocarina.


Maite se miraba al espejo del vestidor. Era como un sueño: todos esos vestidos le sentaban de maravilla. Tenía cientos de combinaciones de ropa que podía usar a su antojo. Sin embargo, a veces le gustaría regresar a su vieja ropa y a sus viejas costumbres: vivir en la selva, subir a la plataforma a robar comida y fastidiar a los electroplastas... Se rió entre dientes al recordar sus caras de asombro la última vez que los vio: normalmente era capaz de escabullirse sin tener que recurrir a su poder. Jugueteó un poco con sus piercings y salió del vestidor con una camiseta grande de manga corta, unos pantalones cortos y unas zapatillas de andar por casa. Se tumbó en la cama y, mientras miraba el techo del dosel, oyó algo que le llamó la atención.
Eran una especie de quejidos que se oían levemente a través de la pared. Maite se levantó de un brinco y pegó la oreja. Acto seguido le entró un ataque de risa y estuvo revolcándose encima de la cama durante un largo rato. No recordaba quién era su vecino, pero se lo debía de estar pasando muy bien.
Cuando dejó de oír los quejidos, recuperó el aliento y decidió tomar una ducha. ¡Qué gracioso...! ¿Quién sería el misterioso hombre causante de aquel alboroto...?
Se quitó la ropa, entró en el cuarto de baño y se lo pensó mejor: se daría un baño. Llenó la bañera con sus sales preferidas y, una vez estuvo llena de agua, se sumergió. Se quedó dormida durante largo rato hasta que una de las alarmas de su PDA la despertó. Salió corriendo de la bañera, se secó rápido con la toalla y fue al vestidor. Cogió de nuevo la ropa cómoda, se la puso y, al salir, gritó.
Frente a ella había una niña de aproximadamente doce años apoyada en un bastón, casi a punto de caer redonda al suelo. Maite corrió a sujetarla, y la niña reaccionó al tacto.
—¿Eh...? Mñaaaaa...—bostezó.
Llevaba un vestidito corto de color violáceo, con un cinturón rosa pastel y una rebeca violeta. El pelo era largo y rubio castaño, con un sombrerito de bruja un poco torcido encima. Llevaba unas sandalias de dedo con suela de madera, y el bastón era un poco surrealista: una vara del mismo color que el vestido decorada con una esfera brillante rosa y un par de alitas suaves y redondas, con una aureola que flotaba sobre la esfera. Maite se arrodilló ligeramente para estar un poco a su altura.
—Esto... ¡Hola! ¿Cómo te llamas?
—Mne... C-creo que...
La niña se frotó los ojos sin soltar el bastón y se dio en la cabeza con él. Comenzó a llorar y Maite, nerviosa y sin saber qué hacer, la cogió en brazos y la sentó sobre la cama.
—¿Estás bien...?
—C-cí... Creo que cí.
—¿Cómo te llamas?
—Puez...—se rascó la cabeza, soñolienta. Bostezó de nuevo, mostrando toda la dentadura; le faltaba una de las dos palas—, no zé zi tenía que decírtelo o n-no... ¡Ni z-ziquiera eztoy zegura de que zeaz la chica que buzco!
—Bueno, eso tiene fácil solución. Soy Maite.
—¡A-ah!—se le iluminó la cara de golpe—¡Maite! ¡Entoncez cí que erez la chica a la que buzco!
—¡Bien!—sonrió—, ¿entonces puedes decirme tu nombre?
—¡Claro que cí! Zoi Inna, ¡la Maravilloza y Ezpectacular Guardiana del Mundo de loz Ezpírituz!
Inna saltó de la cama y puso pose de superheroína. Maite volvió a reír, divertida. ¡Vaya con la niña...!
—¡Qué título más largo!
—¡Y hay que decirlo todo z-ziempre! ¡Cí, ceñor!
—Y... ¿Cómo has entrado? Tengo la puerta y la ventana cerrada...
—¡Puez uzando miz poderez, cómo zi no!
—¿Puedes teletransportarte?
—¡Cí! ¡Mira, mira!—levantó el bastón, la esfera y la aureola brillaron y, con un batir de alas, Inna desapareció y apareció en el otro lado de la habitación.
—¡Guau!
—¡Cí, ez imprezionante!
—Lo es, lo es. Otra pregunta, ¿por qué has entrado aquí?
—¡Ay, cierto! ¡La mición!
—¿...Misión?
—¡Cí! ¡Tenía que decirte algo...!
—¿Qué?
Inna se frotó las sienes con los dedos, con los ojos muy cerrados. Parecía estar haciendo un esfuerzo auténtico.
—Nnnnn... ¡Ah, cí! ¡Me acuerdo!—y levantó el dedo.
—¿A ver?
—¡Zomoz Loz Vigilantez! Eztamoz ayudándooz con vueztra mizión de derrotar al zeñor barbudo.
—¿Cómo lo hacéis, exactamente?—Maite, sorprendida, abrió mucho los ojos.
—¡Puez vigilando! ¡Ci lo dice el nombre, tonta...! ¡Ji, ji, ji!
—Eh... Ya, ¿pero qué es lo que vigiláis?
—¡Vueztraz antiguaz cazaz, bibliotecaz...! También inveztigamoz. Bueno, yo no, de ezo ze encarga mi hermanito. ¡Mi hermanito ez genial! Ce ríe todo el rato y ciempre eztá gaztando bromaz a loz demáz miembroz.
—¿Cuántos sois?
—¡Uf, muchoz! ¡Tantoz que ni me acuerdo de cómo ce llaman! Zólo me acuerdo del de mi hermanito, del del líder y del de la comandante.
—¿Y cómo se llaman?
—Buf, ¡ezo no te lo puedo decir! ¡Tendráz que ezperar a que ceáiz todoz en el grupo!
—Oh...
—Bueno, ¡bueno! ¡Yo cazi que me voy!—Inna dio unos cuantos saltitos y luego saludó a Maite con la mano—. ¡Hazta lueguito!
Y desapareció con unos destellos. Maite se quedó confusa. ¿Los Vigilantes? Tendría que hablar de esto con los demás...


Garret acababa de tumbarse en la cama. Llevaba la PDA en la mano y acababa de contactar con sus dos amigos, Bocha y Male, para que acudieran a su cuarto. La reunión iba a dar comienzo. La alzó ante sus ojos y, mientras tecleaba algunas cosas en la función de notas, se le resbaló y se le cayó en la cara. Protestó un poco, la recogió y se incorporó, y entonces dio un salto y retrocedió en la cama del susto.

Ante él se encontraba una joven de piel morena, con un vestido amarillo pálido hasta la rodilla y zapatos de bailarina. Llevaba la capucha echada y casi no se le veía la cara, pero unos mechones negros salían de los bordes y por el cuello se podían ver. Con las manos recogidas detrás de la espalda, miraba a Garret con una sonrisa tenue.
—Buenas noches, Decimotercero.
—¿Q-q-quién eres tú?
—Hmmm... ¿Debería decírtelo?—comenzó a pasear alrededor de la habitación—, ¿o dejar que lo adivines tú? ¿Qué opinas?
—¡No sé ni siquiera cómo has entrado! ¿Cómo esperas que adivine tu identidad?
—Bien, bien. De hecho, esa era la respuesta que esperaba—se quitó la capucha, se arregló el pelo y unos ojos negros y grandes le observaron desde una cara pecosa—. Mi nombre es Mariam P. Croq.
—¿...Croq?
—Croq. No estoy orgullosa de su procedencia, así que dejemos el tema.
—...Vale.
—¿Y ya está? ¿No tienes curiosidad por saber más? Hm.
—...Primero de todo quisiera saber cómo crees que reaccionarías tú al levantarte de la cama y ver enfrente de ti a una persona desconocida que no ha habido manera de que pudiera entrar.
Tocaron a la puerta en ese mismo momento. Garret sabía quienes eran, pero no podía dejar que vieran a la joven. ¿Quién sabe si era enemiga o amiga? Era un riesgo innecesario.
—Pues, por supuesto, me sorprendería. Pero eso no me quitaría la capacidad de preguntar—miró hacia la puerta—, ¿esperas a alguien?
—De hecho, sí.
—Me marcho, pues.
—Ah, espera.
—¿Ya te ha vuelto la curiosidad? ¡Bien! ¿Qué ocurre?
—¿Cómo te has colado aquí dentro?
—...Bien, empiezas fuerte. Me he colado por una rendija.
—¿...Qué?
—Como lo oyes. Por la ventana. Ese es mis poder: puedo cambiar de tamaño y de forma.
—...Oh.
—Sí.
—¿Y qué haces aquí?
—Vine a presentarme. Y a decirte que varios miembros de tu equipo han recibido visitas de miembros del mío. Una de ellas ya sabe quiénes somos, pregúntale.
—Espera, espera, ¿has venido a decirme que eres Mariam P. Croq y que eres de chicle? ¿Y ya?
—¡Ji, ji! ¡Sí!
—¡Esto es absurdo!
—Tienes que aprender, Garret—le tocó el hombro izquierdo mientras se dirigía hacia la ventana—, que, mientras estés aquí, harás y verás cientos de cosas absurdas. El propósito mismo de esta misión es absurdo, y sin embargo, aquí estoy. Ayudándoos.
—¿Y de qué manera estás haciendo eso?
—Te lo dirá tu amiguita. Y ahora me marcho. Tengo mucho trabajo que hacer.
Garret no tuvo el valor de detenerla. Vio cómo se empequeñecía sobre el marco de la ventana, y después de eso no la volvió a ver más. Miró alrededor. Ahora su cuarto le parecía extraño. ¿Qué habría pasado si hubiera estado desnudo? ¡Habría sido terriblemente vergonzoso! Se quedó mirando fijamente el suelo hasta que se acordó de sus amigos.
—¡Chicos!—exclamó.
Y fue a abrirles la puerta. Sin embargo, recapacitó durante un segundo. Mariam le había dicho que sus amigos habían visitado a sus compañeros de equipo. ¿A Male y a Bocha también? ¿Y no le habían dicho nada? De repente se sintió molesto. Les abrió la puerta con cara de malas pulgas, y los dejó pasar.


Male comenzó a tocar una evocadora melodía en la ocarina. Inundó la habitación durante un rato, y los dos oyentes, con los ojos cerrados, se perdieron en un sinfín de notas y compases.
Un ruido les despertó de su letargo e hizo que Male dejara de tocar. Alguien había golpeado uno de los pilares de la cama de Garret.
Y ese alguien era Vittorio.
—¡...!—Male dio un respingo.
Bocha invocó una espada y Garret se movió rápido hasta la suya. Vittorio, con rostro jocoso, les miraba a los ojos y hacía grandes esfuerzos por no reírse.
—Hola, Male. ¡Y hola, queridos amigos! Por favor, relájense. No vengo a pelear.
—¡¡Ya es la segunda vez que se me cuelan hoy en la habitación y no pienso tolerarlo de nuevo!! ¡¡Es una falta de respeto gravísima hacia la intimidad de las personas!!
—¿La segunda? Vigila los cerrojos tío.
—¡Tú cierra la boca!
Vittorio soltó una carcajada y señaló, con la mano derecha y cara de sorna, a Bocha.
—¡Cierto! Tanto es así que mi compañero Maigar pilló a su querido colega invocador recién salido de la ducha.
—¡...!—Bocha dio otro respingo e hizo desaparecer las espadas.
—Bocha, pero qué...
—No serás...
—¿El jefe? Ooh, sí...
—¿Qué está pasando aquí?—preguntó Garret.
—¡Vittorio!—Male, sin prestarle atención a su amigo, se levantó y fue corriendo al lado del joven del esmóquin—. ¿Cómo es que estás aquí?
—Quería verte—y le guiñó un ojo.
—...Oh.
Male se puso colorada y Bocha se volvió a sentar en el sillón, poniéndose la mano en la frente y resoplando.
—Esto es surrealista.
—¡¡SE ACABÓ!!
Garret apuntó a Vittorio con la espada y puso rostro serio. Éste volvió a mirarlo con sorna, y Male, que estaba entre ellos dos, se alejó lentamente.
—Ya van dos personas hoy que se cuelan en mi habitación sin permiso, y como ya he dicho antes, no pienso tolerarlo. ¡Defiéndete si puedes!
Y le lanzó una veloz estocada. Vittorio, sin sacar las manos de los bolsillos, la esquivó con una vuelta sobre sí mismo y cuando volvió a su posición original le dio una patada en el estómago a Garret, lanzándolo hacia atrás. Este perdió la respiración por un segundo, pero arremetió de nuevo. Esta vez, Vittorio se lanzó a por su bastón, esquivó los veloces ataques de su habilidoso rival y desenfundó una cuchilla que llevaba oculta en la vara. No la usó para atacar en ningún momento; sólo se defendió. Pero consiguió llevar la batalla hasta un punto en el que Garret tuvo que retroceder ante el filo de su bastón-cuchilla.
—¿Nadie le ha dicho nunca que es de mala educación intentar ensartar a un invitado?—volvió a decir, con su típica ironía. Volvió a guardar la cuchilla en su funda de madera y se sentó en el asiento contiguo al de Male.
—Tú... no eres un invitado... ¿Quién... quién eres...?—dijo Garret jadeando.
—Soy el tipo que es capaz de derrotar en menos de tres golpes al tío que encarceló a su invocador estando este vestido tan solo con una toalla.
—¿Te importaría no recordarme eso? Es bastante incómodo y humillante.
—Ah. Ya. Claro. Seguiré haciéndolo.
—Sois todos iguales.
—Ya.
—A ver—interrumpió Male—. Que alguien explique lo que está pasando.
—¡Maldita sea, Vittorio! ¿No podías estarte quieto ni siquiera cuando te han pedido expresamente que lo hagas?—una voz femenina ya antes escuchada apareció de nuevo, para sorpresa del espadachín.
—¡Mariam!
La chica de vestido amarillo de nuevo, pensó Garret. Estaba ya por tirar la mesa al suelo de la rabia que sentía.
—¿Y ahora qué? ¿AHORA QUÉ?
—Silencio, espadachín. Puesto que no has avisado a tu amiga la de rizos tendré que explicarlo yo en persona.
En ese momento alguien tocó a la puerta. Male se volvió a sentar en su asiento y Garret fue a abrir.
—¡Por fin alguien que respeta mi intimidad...!
Maite entró de golpe, dándole con la puerta a Garret en la nariz.
—¡Chicos! ¡Tengo que hablar con vosotros d...!
Se detuvo y se puso nerviosa de repente. Miró de un lado a otro y vio a Male, a Bocha, a Vittorio, a un dolorido Garret y a Mariam con los brazos en jarras.
—No me jodas...
—¿Qué?—preguntó Male.
—Mirad, jóvenes—Mariam señaló a Maite—, ésta es la chica que sabe quiénes somos.
—¿¡Los Vigilantes sois vosotros!?
—Como ya le habrá dicho nuestra pequeña miembro, somos bastantes más. Pero yo, Vittorio, soy el líder, y ella, Mariam P. Croqueta, mi comandante.
—¡¡VITTORIO!!
—¡Ja, ja, ja! ¡Si ni siquiera lo he dicho completo! ¡No me pegues, no me pegues!
Y comenzaron una especie de “disputa entre hermanos”. Todos se quedaron mirando asombrados.
Tras un rato de pelea, Mariam y Vittorio dejaron de picarse mutuamente y explicaron quiénes eran Los Vigilantes.
—Somos un grupo de personas bastante amplio y bastante poderoso que se dedica a vigilar a Todo e informar a Nada de lo que suceda. Nos dedicamos a filtrar sus planes y a preparar a nuestros soldados para retener a Todo en caso de que sea necesario. También investigamos en bibliotecas y actualmente estamos buscando formas de detenerle sin tener que matarlo.
—¿Por qué sin tener que matarlo? ¿No sería lo más sencillo?
—No. Su heredero no está preparado para recibir su poder, y en el caso de que lo estuviera, dudo mucho que Todo aceptase relegar en él el poder del Tiempo.
—¿Quién es el heredero?
Mariam y Vittorio se miraron en uno al otro. Vittorio movió la cabeza hacia los lados de forma casi imperceptible, pero Mariam lo identificó y continuó hablando.
—No podemos revelarlo. Sólo Todo, él y nosotros lo sabemos. Si vosotros lo supieseis correríais un gran peligro.
—¿Por qué?
—Porque Todo no quiere un heredero, y trata de fingir que no existe. Para ello, se deshace de todas las personas que puedan saber que tiene uno. Quiere mantenerlo lo más secreto posible.
—¿Y por qué no ha intentado librarse de vosotros?
—Oh, sí que lo ha intentado. Pero no ha podido. Ni tampoco librarse del heredero.
—¿Y no podría... desheredarlo o algo así? Se evitaría dolores de cabeza.
—A veces las mente se ofusca tanto tratando de solucionar los problemas más complejos que se olvida de que existen unos más fáciles de remediar...
—Sigo opinando que esto es surrealista—intervino Bocha—. Vamos a ver: sois ultra poderosos, de hecho más que nosotros, ¿y queréis cargarnos el muerto?
—¿Crees que lo haríamos si no tuviéramos una buena razón para ello?—rió Mariam—. ¡El destino, querido!
—¡Eso no existe!
—¿Si no existe, en casa de quién crees que estás?
—...Es verdad—se hundió en la butaca, pero de repente saltó de nuevo—. ¡Espera! ¿Y eso cómo es que lo sabéis vosotros?
—Tenemos un miembro que puede contactar con el mundo espiritual. ¡Y adivinad quién está allí!
Entonces toda la sala guardó silencio. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Male volvió a quitarse las gafas, y Vittorio le acarició la mano. Bocha evitaba mirar hacia los presentes y Garret dirigía la mirada hacia la cómoda donde guardaba el diario. Maite simplemente tragaba saliva muy rápido y pestañeaba mucho, para evitar llorar.
—...Creo que es hora de llamar a los demás.

Un rato más tarde, Galia, Reïk, Tarrkiem y Ranusa estaban presentes en la sala, asombrados por la cantidad de gente que había allí. Casi no cabían.
—¿Dónde está Malan?
—No lo sé—intervino Reïk—. He ido a tocar a su puerta y no ha respondido. Tampoco responde a la PDA.
—Puedo ver si está dentro—dijo Galia—. ¿Os recuerdo la cantidad de cosas que sabe hacer Ily?
Hizo levitar el cubo con alegría. Desde hacía unos días que le había puesto nombre, y ya no permitía que nadie más se dirigiese al objeto como “cubo”. Lo transformó en una cámara y, sin preguntar a nadie, abrió la ventana, la dejó salir y la envió a mirar al cuarto de Malan.
La cámara mostraba una habitación completamente vacía y a oscuras. No salía ningún tipo de luz por debajo de ninguna puerta y, por lo que pudo enfocar, el termostato estaba apagado. Malan no se encontraba en su estancia.
Todos volvieron a guardar silencio mientras la cámara de Galia volvía. La desaparición de Malan era algo bastante inusual y preocupante, y Reïk enseguida se puso nervioso.
Comenzaron a hablar todos a la vez sobre lo que podría haber pasado y empezó a montarse bullicio. Male y Mariam tuvieron que poner orden.
—¡Bueno, ya está!—gritó Male—. A lo mejor ha ido a la habitación de otra persona.
—¿A la de quién?—exclamó Reïk—. No se lleva bien con otra gente que no seamos nosotros, ¡y nosotros estamos aquí!
—¿Vosotros sabéis algo?—Maite miró a Vittorio y a Mariam.
Ellos se miraron entre sí con cara de preocupación.
—Lo siento, señorita—dijo él—, pero nosotros sólo teníamos la intención de visitarles a ustedes. Ninguno de nuestros miembros tiene como misión secuestrar al pequeño.
—¿Y entonces dónde puede estar?
—Yo...
—...
—...No lo sé—hundió la cabeza entre las manos.
—De momento—intervino Garret—, esperemos a mañana. Si sigue desaparecido daremos la voz de alarma.
—Yo estoy de acuerdo—dijo Bocha.
Todos lo confirmaron salvo Reïk, que estaba a un paso de subirse por las paredes.
—¿¡Cómo podéis decir que esperaréis a MAÑANA!? ¡¡HAY QUE EMPEZAR A BUSCARLO YA!!
Maite le dio un tortazo y acto seguido un abrazo. Le dijo palabras suaves al oído mientras él se aferraba a ella, inundado de dolor y preocupación. Nadie pensaba que Reïk tenía una relación tan estrecha con Malan.
—Creo que necesitamos irnos a descansar—decretó Male—, y pensar dónde ha podido ir. Mañana le buscaremos. Reïk, si necesitas cualquier cosa, ya sabes dónde estamos.
—Snif...

Y todos salieron del cuarto. Vittorio acompañó a Male hasta su habitación y Mariam desapareció sobre el marco de la ventana. Se dieron las buenas noches todos y se fueron a sus respectivos cuartos.


Malan temblaba de frío en el húmedo sótano. Se frotaba los brazos y se encogía cada vez más sobre el helado suelo de hormigón. Llevaba horas allí encerrado y tenía hambre, sed y sueño. Decidió dormir durante un rato...