sábado, 24 de enero de 2015

Capítulo XXI - Más huidas.

—¿Cómo que la Gran Biblioteca? ¿De qué hablas?—dijo Galia, todavía arropada con el edredón, y mirando temerosa a Morfo.
—¿No sabes acaso lo que es la Gran Biblioteca? Creí que Inna había ido a explicarlo cuando la intrusión al Lago de la Luna.
—N-no, no sé lo que es. Sólo sé las cosas de la Organización que contaron Vittorio y Mariam...
—Vaya, eso es un problema. Inna no está aquí para explicártelo ahora...
—¿Y por qué no lo haces tú?
—Tengo otras cosas que hacer. Sin embargo, hay unas personas aquí que están deseando verte desde que llegaste.
—¿Eh?
—Cuando te sientas dispuesta, puedes ir en su búsqueda—dijo él, aproximándose a la puerta—, el camino es lo más fácil del mundo. Sus habitaciones están pared con pared con la tuya, y si no están ahí puedes mirar en el salón grande, que está bajando las escaleras de la derecha, a la izquierda.
—V-vale... Hasta luego.
—¡Hasta luego!—y le sonrió mientras cerraba la puerta y se marchaba.

Galia se levantó en cuanto Morfo se fue. Se puso unas mullidas zapatillas de andar por casa de color beige que habían dispuesto para ella. Después, cogió como pudo uno de los sillones y lo arrastró frente a la ventana, donde se sentó para observar el maravilloso mundo donde se encontraba.


—Maite—llamó Morfo—, ¿se puede?
—Adelante—levantó la mirada de la montaña de libros que había en el escritorio de su habitación—, ¿quién eres?
—Me llamo Morfo. Soy un miembro... digamos que “honorario” de la Organización. Fui quien trajo a Galia anoche.
—¡Ah, sí! Muchas gracias por ayudarnos. Ali me ha hablado mucho de ti.
—¿Ah, sí? ¿Y qué te ha contado?
—¡Que puedes transformarte en cualquier persona!—se acercó hasta estar a dos palmos de su cara, con los ojos brillantes—. ¡Nada también puede hacer eso! ¿Te importaría explicarme cómo conseguiste tus poderes? ¿Eh?

Morfo calló en aquel instante y la miró con seriedad. Ella aceptó la sutil negativa y volvió a su inmensa cantidad de material de estudio, a punto de llorar de vergüenza.
—Lo siento—dijo él—, pero es un tema del que preferiría no mencionar nada.
—No, no importa, lo entiendo. No debí haber preguntado de todos modos, ha sido una descortesía por mi parte. Lo siento.
—Bueno...
—Sí...
—Me marcho.
—Hasta luego.
—Adiós.
Y él dejó la habitación.

Maite ya había vuelto a la lectura y tomaba notas con una estilográfica. En ello estaba cuando leyó un párrafo en el libro en el que había encontrado la respuesta a cómo subir de nivel en su poder.

Así como la metamorfosis permite el cambio de cuerpo a otro ser u objeto totalmente diferente al propio, existe otra relación entre dos seres, la cual es llamada enlace. Esta relación fusiona las almas del humano y de la criatura, pudiendo controlar ambos cuerpos a la vez o, si uno de los miembros es muy pasivo, que el otro absorba el control del cuerpo del pasivo. De cualquier modo, esta relación otorga poderes extraordinarios al ser humano y conciencia e inteligencia a la criatura. En casos muy excepcionales, el humano puede fusionarse con uno de los Dioses Primigenios, encerrados en distintos puntos del espacio-tiempo y encargados de mantener estable el caos en el mismo gracias a su reclusión. En cualquier caso, esta unión garantiza que si cualquiera de los dos seres está vivo, el otro todavía viva en él, y pueda tomar conciencia del cuerpo del otro si aún conserva conciencia de cómo murió y de lo que sintió en ese momento.”

Maite se reclinó en el sillón, pensativa. Había visto este fenómeno en algún sitio, pero no conseguía recordar dónde. Además, había sido hacía poco. Mordió la parte de atrás de la estilográfica sin saber muy bien a qué conclusión llegar, mirando a las pequeñas criaturas que volaban fuera, brillantes a la luz de los tres soles que iluminaban el bosque. ¿Bosque? Se acordó del Lago de la Luna y del monstruo que vivía en él. Y, entonces, se acordó de ella.
—Male y su poder...
Recordó a Pandora y a sus intenciones y salió disparada hacia la sala número dos, en la que Jack estaba, mientras gritaba presa de un ataque de nervios.
—¡¡Male tiene un enlace!!


—Penesan—llamó Thorgio—, he llamado a la puerta de Galia y no está. He mandado al Cretino al salón para ver si la encuentra, pero no sé. ¿Por qué estás tan empeñada en hablar con ella?
—Creo que nos ha estado espiando—dijo ella, roja como un tomate—. No quiero que nadie sepa lo nuestro y esa maldita chatarrera loca es una cotilla... Seguro que ya se lo ha esclafado a alguien.
—No te preocupes, mujer. Yo creo que a estas alturas lo nuestro ya lo sabe todo el mundo...
—Joel no lo sabe.
—Joel está muerto—dijo el Cretino, entrando por la puerta.
—¿Es que se te ha acabado el litio?—ironizó Penesan.
—No he sido yo, subnormal. Ha sido Nerea, su profesora. Además, Male estaba presente y se ha cargado a la zorra esa. La ha hecho explotar, ¡pum! Como un globo. Me gusta su estilo, sinceramente.
—¿Y tú cómo lo sabes?
—He oído a Bocha y a Garret hablar sobre ello mientras entraban en la habitación de Male. También decían algo de escapar a algún sitio, pero no me he podido enterar bien.
—¿Escapar? ¿Pero escapar a dónde?—Thorgio se ajustó la capa.
—A cualquier sitio donde Todo no los pueda encontrar, supongo. A lo mejor ha sido él...
—No lo creo—Penesan bajó de la cama y se miró en el espejo—, ¿después de hacer el esfuerzo de reclutarnos a todos? ¿Y, además, delante de una de nosotros? Que por cierto, es bastante poderosa. No, a Todo no le conviene perdernos.
—¿Y entonces quién habrá sido?
—Pues ni idea, pero yo no me quiero quedar a que me revienten la cabeza tampoco, ¿sabéis?—el Cretino parecía tranquilo. Sin embargo, miraba al suelo y la voz le temblaba de forma casi imperceptible—, ¿qué hacemos?
—¿¡ALGUIEN HA DICHO HUIR!?
Los tres se giraron hacia la puerta del vestidor, de donde apareció Maigar vestido con su túnica morada y su barba desaliñada. Con cara de suficiencia, entró dando pasos al estilo desfile militar y se apoyó en su bastón, mirándolos a los tres con cara de cachondeo.
—¿Tú quién cojones eres?—dijo ella.
—No sé, pero por el grito te juro que me había parecido Gimlo...—respiró aliviado Thorgio.
—¡Me llamo Maigar! He venido a salvaros.
—Qué coño.
—Vale, resumen de la historia. Hay alguien por ahí que se lo está pasando de puta madre liándola parda con vosotros, y antes de que la líe todavía más tenéis que salir por patas. ¿Sabéis Malan? Secuestrado. ¿Joel? Muerto. ¿Nerea? No estoy muy seguro, nunca me fié. Pero la cosa es que tenéis que salir de aquí, y como no cabéis donde os quería llevar en un principio, tendré que llevaros a otro sitio. ¡Haced las maletas!
—En serio, qué.
Los tres lo miraban con la cara de quien mira a un loco hablar de unicornios. Estuvieron un rato así hasta que Maigar dio un saltito y sonrió ampliamente.
—Vale, como parece que os da pereza mover esos culitos tan monos que tenéis tomad, os he hecho yo las maletas—levantó el bastón e hizo aparecer tres grandes bolsas de tela con cremallera—, ¡arreando!
—¿Pero a dónde nos llevas?
—A un sitio que os gustará a dos de vosotros y que al Cretino seguro que no le gusta pero se va a tener que joder y aguantar, como siempre.
—¡Eh!
—¡Agarráos, que nos vamos!
—¡Pero espera...!
No les dio tiempo a reaccionar y fueron teletransportados lejos de allí. Cuando volvieron a abrir los ojos, estaban frente a un precioso paisaje campestre, lleno de colinas y valles donde diferentes tipos de animales que jamás habían visto pastaban con tranquilidad. Penesan casi lloró de la emoción, y Thorgio se partió de risa de la alegría. El Cretino simplemente se puso a buscar las pastillas de litio en la bolsa de tela como un desesperado mientras Maigar hacía el moonwalk sobre la hierba.
—Estáis en una dimensión diferente a la de Todo, así que no os puede tocar. Huida fácil, ¿eh?
—¿En una dimensión diferente?
—Sí, Todo sólo puede viajar en el tiempo, no en el espacio. Es complejo, ya os enteraréis por ahí.
—Bueno, de cualquier modo... ¿Cómo podemos agradecértelo?
—Ya me pagan lo suficiente en la Organización. Por cierto, ¿veis ese poblado de ahí? Son elementales de aire. Os aconsejo que os acerquéis, de verdad. Os acogerán como si fuérais de su propia familia. A lo mejor al Cretino no, porque es un cretino, pero a vosotros dos sí.
—Déjame en paz ya, coño—se quejó el otro, haciéndose sombra con la mano sobre los ojos.
Y el mago se marchó, mientras saludaba con la mano del bastón y se reía, feliz. Durante un rato se quedaron los tres ahí parados con pinta de idiotas, mientras intentaban digerir la magnitud de lo que acababa de pasar.
—Hemos escapado de Todo...
—...Sí.
—¿Y ahora qué?
—Ahora vamos a que nos den de comer—dijo el sombrío chico—, es mejor que esto me lo tome con comida.
—Drogado.
—Ya.
—...
—Tíos...
—Qué.
—¡¡Que hemos escapado del jodido dios del Tiempo!!
Los tres celebraron con un bailecito estúpido la inesperada victoria que habían logrado y se pusieron a andar, felices y bromeando, hacia el poblado de elementales.


Al cabo del rato, Galia se cansó de mirar por la ventana. Hacía un rato le había parecido escuchar a alguien gritar y correr por el pasillo, pero lo había ignorado completamente. Ahora se había puesto un batín que había encontrado y, discretamente, había cerrado la puerta de su cuarto para ir hacia la sala que Morfo le había dicho, dando pasitos pequeños y silenciosos como si de una niña pequeña se tratara.
Al cabo del rato, y tras admirar muchos cuadros, jarrones y vidrieras, llegó a la escalera mencionada. Bajó con paso tembloroso hasta la parte de abajo y se dirigió hacia la sala de la izquierda.
Al entrar, tan en silencio, y oír los gritos que allí se estaban profiriendo, cerró de nuevo de golpe, asustada. Sin embargo, volvió a abrir la rendija un poco, y al asomarse vio a Maite gritarle a un tipo que llevaba un gorro de calamar y una túnica naranja. No pudo evitar sonreír de oreja a oreja, y abrió la puerta de par en par para darle un grandioso abrazo.
—¡¡Maite!! ¡¡Jamás pensé que me alegraría tanto de verte!!
Maite se sorprendió tanto que se calló y recibió el abrazo con los ojos abiertos como ventanas. Reïk levantó las cejas y Lucas se rió. Morfo le dio la última calada al cigarrillo y lo apagó en el cenicero.
—¿...Galia?
—¡Sí! ¡He escapado de Todo!
—Más bien yo la he sacado de allí, que no es lo mismo.
—Blah, blah, cierra el pico, Morfo.
—Dios, eso es... ¡Eso es genial! ¿Cuánta gente queda allí dentro?—se alegró Maite.
—Déjame mirarlo—sonrió Ali, cordial—. En un segundito vengo.
—Muchas gracias, Ali—le sonrió Maite de vuelta.
Ali se sonrojó y se marchó con la cabeza gacha hacia la otra parte de la sala, detrás de varias estanterías. Galia supuso que llevaban a alguna otra habitación y se unió al grupo como la recién llegada. Se presentaron todos.
—¿Por qué estabais gritando?—preguntó, llegado un momento.
—¿Eh?—Jack se rascó la cabeza ligeramente—. Ah, sí. Maite insistía en que Male tiene un enlace con un bicho que vive en el Lago de la Luna... ¡Pero eso es imposible! Si Male estuvo viviendo allí fue porque el bicho se escondía de ella o porque ella no lo encontró...
—¡No! ¡Ella controla el agua y los líquidos, luego tuvo que encontrar el lago! ¡Seguro!—insistía Maite.
—¿Y qué pruebas tienes de que tenga un enlace con ese bicho?
—Porque cuando estaba a punto de darse por vencida en el combate contra Garret, le detuvo el movimiento manipulando su sangre... ¡Y cuando acabó el combate aseguró llorando que ella no era consciente de lo que hizo durante el tiempo que duró el ataque! ¿Cómo te lo explicas?
—...Es probable que simplemente su cerebro activase un mecanismo de emergencia.
—¿Ah, sí? Dime, ¿qué es exactamente lo que busca Pandora en el Lago de la Luna?
Todos enmudecieron ante esta afirmación. No había que ser muy inteligente para sumar dos y dos y llegar a la conclusión de Maite.
—Morfo—dijo Jack con tono serio—, que doblen la seguridad en el Lago de la Luna.
—Oído cocina.
Se marchó por donde Ali. Ella, mientras, volvía con una hoja en la mano. Leyó parte de los datos que allí tenía apuntados.
—Actualmente, en la mansión de Todo permanecen Ranusa, Tarrkiem, Bocha, Garret y Male.
—¿Qué ha sido del Cretino, Penesan y Thorgio?—preguntó Galia—. Cuando yo me marché ellos todavía estaban allí, creo...
—Los datos sólo me hablan de ellos cinco. Jack, ¿has mandado a alguien a por ellos?
—Sí... Mandé a Maigar. Le dije que se los llevara donde los elementales de aire y que se diera prisa.
—Bueno.
—¿Y entonces? ¿Quién va a por ellos?
—Si me permitís...
Una voz conocida se oyó desde la puerta. Allí se encontraba Mariam, de pie con los brazos en cruz y con la capucha echada. Avanzó con delicadeza y un ligero movimiento de danza e hizo una genuflexión ante sus compañeros.
—Queridos amigos—comenzó—, creo que es mi deber como comandante de la Organización llevar a cabo la huida de Ranusa y Tarrkiem.
—¿Por qué sólo ellos dos?—preguntó Reïk.
—Porque, por desgracia, estoy agotada—se puso el pelo tras la oreja—, y no puedo cargar a más de dos. Vittorio tendrá que encargarse de los que queden.
—Yo lo veo bien—dijo Lucas—. Si los sacamos a todos de golpe es más probable que nos pillen fuerte. Quiero decir, habría que transportarlos de dos en dos, o de uno en uno, y yo creo que Todo se daría cuenta de esto antes de que nos diera tiempo a trasladarlos.
—Lucas tiene razón—profirió Ali—, no podemos arriesgarnos tanto.
—Bien entonces—decidió Jack—, que así sea.
—Un momento—intervino Galia—, ¿el mandamás de esto no era Vittorio?
—Y lo es—Mariam miraba incómoda hacia todos lados—, pero Jack es el que toma las decisiones cuando él está ocupado.
—¿Y dónde está ahora mismo?
—En el Lago de la Luna.
—¿No debería ser Mariam la que decidiera? A ver, es la comandante...
—La comandante está por debajo de la posición de Jack—dijo Morfo—, al menos hasta que vuelva Vittorio. Mientras tanto, Jack es el que manda.
—Ah... O sea, que es como un sustituto.
—Sí, algo así.
—Ah...
Y así, Mariam abandonó la sala con un grácil movimiento de ballet, que acabó resultando un tanto caótico junto con el sonido de la puerta al cerrarse.


Tarrkiem estaba sentado junto a Ranusa en el salón, viendo cómo los sirvientes intentaban limpiar los restos de sangre y vísceras de Nerea de las paredes, el suelo y el techo.
—Oye—le dijo Ranusa—, ¿tan bestia fue Nerea?
—Como para que Male la reviente como un globo...
—Me sigue pareciendo increíble.—Ranusa, indignado, había metido las manos en los bolsillos.
—Imagínate a ella.—Tarrkiem se recostó.
—¿Te refieres a Nerea?
—No, imbécil, me refiero a Male.
—Ah, sí. También.
Siguieron observando a los afanados criados intentando despegar los trocitos de la difunta con espátulas y rasquetas. Al cabo del rato, Tarrkiem se levantó.
—¿Dónde vas?
—Me ha entrado hambre.
—Eugh.
Ranusa le siguió, esquivando toda la suciedad y a los sirvientes. Tarrkiem no mostraba ninguna emoción en su rostro. El otro caminaba rápido tras él, subiendo las escaleras hacia el cuarto del nómada.
—Nunca me había parado a pensarlo, pero el vivir bajo techo debió de suponer un gran cambio para ti.
—Fue peor conoceros a vosotros. Sobre todo, a ti.—Tarrkiem le dirigió una sonrisa a Ranusa, y el otro se enfurruñó.
—Ha-ha. Qué risa.
—Pfft. Sí.
Entraron en el cuarto de Tarrkiem. Su dueño se tiró en la cama, boca arriba y con los brazos bajo la cabeza. Ranusa simplemente le miró desde arriba.
—¿Qué habrías hecho en su lugar?—Ranusa volvió a meter las manos en los bolsillos.
—No lo sé.
—¿No? Yo también me la habría cargado.
—Supongo que la gran mayoría del grupo lo habría hecho.—dijo Tarrkiem, restregándose la cara.
—Sí.
—Pero... Quizá se excedió.
—¿Eh?
—Quiero decir, no le costaba nada reprimirse y llamar a Todo para que asesinara a Nerea él mismo. Male es una persona tranquila y serena, todavía no entiendo cómo ha podido pasarle esto.
—Sí, si tienes razón. Pero, quizá, y sólo quizá, no la conoces tan bien como crees.
—Eso es obvio—se sentó—. Pero, si hubiera llamado a Todo, se habría evitado el trauma de haber asesinado a una persona de forma tan brutal. Se manchó ella misma con la sangre de su víctima, ha debido de ser una experiencia terrible. Y yo creo que una persona como ella se lo habría pensado dos veces.
—Una persona como ella tampoco habría controlado la sangre de Garret, perdiendo así el combate. Y sin embargo, lo hizo. La gente es impredecible, Tarrkiem, lo mires por donde lo mires.
—Lo que es impredecible es el mundo de los animales. Y ni Male, ni ninguno de nosotros, lo somos.
Con eso se levantó y miró por la ventana. Vio un leve destello en la frontera de la mansión de Todo y entornó la vista. Debió de estremecerse, porque Ranusa se acercó y preguntó, curioso.
—¿Qué pasa?
—He visto un destello ahí fuera.
Un instante después, otro destello brilló detrás de ellos. Se giraron, en guardia, y vieron que se trataba tan solo de Mariam P. Croq, la comandante de la Organización. Estaba de pie con su vestido amarillo y su amplia capucha echada, observando con ligera condescendencia camuflada en amabilidad a los dos miembros del ejército de Todo.
—¿Mariam? ¿Qué haces aquí?
—Bueno, supongo que ya lo sabéis, pero la gran mayoría de vuestros amigos se han largado—comenzó ella—. He venido a facilitaros la tarea y que vosotros hagáis lo mismo.
—¿Y a dónde nos vamos?—preguntó Ranusa.
—A la Gran Biblioteca, por supuesto.
Guardaron silencio. No sabían a qué sitio se refería Mariam, pero supusieron que si la Organización los llevaba allí era porque estarían sanos y salvos. Tarrkiem agarró un petate y se apoyó en la columna de madera que sostenía el dosel de su cama.
—Por mí, vámonos ya.
—Vaya, así que ya tenías la maleta hecha. ¿Acaso sabías que íbamos a venir?
—No. Simplemente creo que es de sentido común tener una bolsa preparada con todo lo indispensable—se encogió de hombros—, en caso de que haya algún problema y haya que escapar.
—Pues yo no tengo de eso.—rió Ranusa.
—Tú no tienes sentido común.—saltó Tarrkiem.
—Ranusa, no importa. Si tienes algo de valor emocional o que necesites llevarte podemos ir a tu habitación a por él, pero tendrá que ser deprisa.
—No, no tengo nada. O sea, podría llevarme el pijama o la ropa, pero no es una necesidad. Puedo pillarle algo prestado a Vittorio, creo que tenemos la misma talla.
—Él es más bajito que tú.—volvió a saltar el nómada.
—Bueno, había mucha gente cuando lo vi, es normal que me confunda.
—¿Entonces no te quieres llevar nada?—Mariam descruzó los brazos y extendió las palmas de las manos.
—No.
—Pues vámonos. Cogeos de las manos.
Obedecieron y, con un destello, desaparecieron del cuarto. Una vez ya se hubieron ido, unos pasos sonaron en el pasillo. Alguien corría.


Una sombra recorría el camino que llevaba desde el comedor hasta el despacho de Todo. Rápida como una exhalación, giraba en las esquinas y paraba cuando se encontraba un criado, para impulsarse y dar un salto justo detrás de él. Todos reprimían exclamaciones en gestos de sorpresa y pánico. Una de ellas gritó, pero la sombra no se inmutó. Sólo se giró, cayendo la capucha que llevaba y dejando al descubierto una blanquísima piel y el pelo corto, rojo como el fuego.

Cuando por fin llegó ante la puerta del Dios del Tiempo, ni siquiera se molestó en tocar. Entró directamente y dio un taconazo en el suelo, con pose militar.
—Jefe.
—Bego.
Todo se giró en su silla de cuero y miró a la joven profesora con suficiencia. No se arrepentía de haber conseguido a tal soldado para sus filas. Juntó las manos sobre su mesa y sonrió. Había llegado el fin de las huidas felices.


lunes, 29 de diciembre de 2014

Capítulo XX - Algo se muere en el alma cuando un amigo se va...

Reïk miró a su alrededor. Desde que habían llegado, no habían dejado de meterles presión. Sus poderes ya no funcionaban igual de bien, y sólo veía retazos de realidad que se iban uniendo a veces entre sí, formando imágenes confusas que daban pie a la auténtica incertidumbre. Y eso le aterraba. Lucas intentaba quitarle hierro al asunto, pero era imposible.
Llevaban alrededor de un mes investigando acerca de sus poderes, Pandora, Todo y Nada. Era muy difícil, ya que la Gran Biblioteca reunía tantos campos del saber que nunca sabías dónde encontrarías qué cosa. Maite estaba obsesionada con controlar su poder y saber más acerca de las debilidades de sus enemigos, de modo que no había nadie capaz de despegarla de los libros. Jack viajaba de aquí para allá con pilas y pilas de tomos en los brazos, y Lucas se sentaba con los pies encima de la mesa a dormitar. Ali estaba desaparecida la mayor parte del tiempo, y cuando aparecía solía estar pegada a Maite todo el rato.
—¿Sabes que Nada puede adoptar diferentes aspectos con el fin de camuflarse? El originario es una mujer-árbol.
—¿Eh?—Reïk volvió de sus pensamientos—. No, no lo sabía...
—Es interesantísimo. ¡Podría ser cualquiera! Incluso podría estar infiltrada en la mansión de Todo y no tendríamos ni idea.
—Ah...
—¿Me estás escuchando acaso? ¡Es importante!
—Toda la información que hay aquí metida es importante, pero no podemos aprendérnosla toda...
—¿Qué narices te pasa?
—Mi poder no funciona bien desde que estamos aquí.
—¿Lo has intentado remediar? No sé, a lo mejor si buscaras la causa...
—Esa duda la puedo solucionar yo—intervino Lucas—, no es tan complicado adivinarlo. Se trata del cambio interdimensional. Estás acostumbrado a ver el futuro a través de cronologías, pero no a través de dimensiones. Una vez aprendas a hacerlo, habrás subido de nivel como vidente, y serás prácticamente invencible en ese aspecto.
—O sea, que el motivo de que sólo vea imágenes confusas es que estoy en una dimensión que no es la mía.
—Exacto.
—Pero en ese caso cuando Todo me reclutó también debería de haberme pasado.
—Eso no es correcto—Ali apareció. Iba vestida de forma distinta a la habitual, con un camisón de seda blanco amarillento hasta las rodillas y zapatillas de andar por casa del mismo color. Su piel seguía siendo toda rosa y con aspecto viscoso—, ya que de ser así Todo tendría el poder del Espacio.
—¿Cómo?
—Esa es la diferencia entre Todo y... Nada. Todo es capaz de viajar a través de todas las cronologías posibles de una sola dimensión, y moverse en el tiempo. Nada, sin embargo, es capaz de moverse por todas las dimensiones existentes, pero no a través de las cronologías. Sólo se queda en la principal, de modo que aunque ambos dos tienen una cantidad de poder inconmensurable, tienen sus propias limitaciones. Es por eso que Todo no es capaz de encontrar a Nada.
—Sin embargo, nos explicasteis que esta dimensión fue creada artificialmente por Nada con el único fin de esconderse de Todo. ¿Por qué no, simplemente, se queda en cualquier otra dimensión diferente a la de Todo?
—Porque Todo es listo, y ha encontrado gente capaz de moverse a través de las dimensiones también, como vuestros amigos de la Organización.
—¿Pueden moverse a través de las dimensiones?
—Así es.
—Pero eso quiere decir que hay miembros de la Organización que no están del bando de Nada, ¿no?
—Por desgracia, así es. El problema es que todavía no sabemos ni quiénes son ni por qué lo hacen.
—¿A cuántos miembros de la Organización conocemos?
—No a todos, eso seguro. Sabemos que Pandora es uno de ellos, pese a que todavía no hemos podido identificar cuál. Seguimos estudiando el asunto...
—¡¡Lo he encontrado!!—gritó Maite de pronto.
Todos se giraron hacia ella. Ali tenía un brillo emocionado en la mirada, mientras que Jack simplemente dejó los tomos sobre la mesa y se acercó. Lucas sólo levantó la mirada hacia ella, moviendo las cejas en ademán de sorpresa. Reïk observó el libro ajado que su amiga levantaba. Era de color verde pardo y tenía inscripciones en un idioma que él no podía entender. Maite lloraba de felicidad.
—¿El qué?—dijo Reïk.
—¡¡La forma de subir de nivel!! ¡¡Por fin podré transformarme en todo aquello en lo que no podía antes!!
Reïk sonrió y la abrazó. Ahora que sabían cómo subir de nivel, lo suyo era intentarlo... ¿No?


Malan estaba echado en su camastro, con los ojos cerrados. Seguía sintiendo cierto remordimiento por haber consentido que Pandora hiciera eso con sus amigos, pero por otro lado estaba orgulloso de haber dejado que ocurriera. Debían pagar el precio que costaba la traición, pero... No estaba seguro...
Pandora entró en ese mismo momento, gritando y bailando como siempre.
—¡No entiendo por qué sigues pensando en ello! Es lo que se merecían y punto.
—Déjame, ahora no estoy de humor para hablar.
—Como quieras. Yo sigo teniendo cosas que hacer. Y te aseguro que son muuuuy divertidas...
—Lo que tú digas.
Ella infló los mofletes cual niña pequeña, pero se fue igualmente. Conectó la cámara de todos modos y comenzó a hablar.
—¡Hola, Malancito! Como sé que al final te levantarás a verlo, voy a grabar mi siguiente trabajito. Ya verás; es muuuucho más divertido que el anterior. ¡Pero de lejos!

Pandora recorrió los estrechos pasillos de su guarida y salió por una pequeña puertecita que llevaba a una cueva. Salió de esta en mitad de la noche, al amparo de la oscuridad, y entre los arbustos y las sombras se desplazó a una velocidad sorprendente hacia la mansión de Todo. Cuando por fin llegó a las verjas que separaban la mansión del exterior, las saltó y se hizo invisible.

Pasó todas las vigilancias sin ser descubierta mientras se reía entre dientes. La seguridad en la mansión de Todo era pésima. Tras un rato de búsqueda, dio por fin con el pasillo que buscaba: las habitaciones de los profesores. Miró las etiquetas una a una hasta que encontró la habitación que buscaba. Acto seguido se hizo lo suficientemente pequeña como para caber por debajo de la puerta y entró.
La chica que había en su interior estaba hablando por la PDA con alguien. Sin embargo, en cuanto Pandora se hizo grande y golpeó tres veces la puerta, ella la soltó y miró hacia delante. Sorprendida, vio cómo una mujer vestida con un traje amarillo que sonreía como una loca extendía una mano brillante ante ella. Sólo le dio tiempo a pensar una cosa antes de caer inconsciente.
—¿Pero tú no eres...?


Male estaba sentada en el salón aquella noche, leyendo un libro que Garret le había recomendado. Vittorio la había vuelto a dejar tirada con la promesa de volver más tarde, pero esa vez no se quedó en su cuarto a esperarle. Como era temprano decidió bajar a ponerse cómoda en los mullidos sofás de color rojo terciopelo. Vio entrar a Joel.
—¡Hey, hola, Male!—dijo él, levantando el brazo.
—Hola.
—¿Qué lees?
—El Mesías. Trata de un mendigo, un paria en una sociedad estamental, que llegado un momento comienza a recibir visiones de una de sus vidas anteriores. A partir de ahí comienza a impartir enseñanzas a otros mendigos y se va extendiendo la palabra, y claro, al final los estamentos más altos se lanzan a por él para evitar revueltas sociales.
—Parece un poco denso.
—Es un libro basado en la religión, es verdad, pero se lee bastante fácil.
—Si tú lo dices...
En ese mismo momento, entró Nerea en la habitación, acompañada de una persona cuyos rasgos eran indescifrables debido a la cantidad de sombras que la rodeaban. Male estiró el cuello con una mirada entre extrañada y molesta, pero Joel se levantó enseguida.
—¡Nereaaaa!—dijo emocionado. Se lanzó a darle un abrazo.
Male, que observaba la escena, vio cómo Nerea juntaba las manos durante un segundo con la otra persona y cogía algo. Acto seguido esa persona desapareció. Nerea abrió los brazos para recibir a Joel, con los puños cerrados.
—¡Joeeeel! ¿Qué haces aquíii?—exclamó.
Se abrazaron por fin. Joel la apretó entre sus brazos y Nerea cerró los ojos, sonriendo. Sin embargo, un segundo después, los volvió a abrir con un brillo extraño en ellos y, hábilmente, desplegó una navaja pequeña en su mano.
—¡Joel...!—gritó Male. Pero no le dio tiempo a decir más.
Nerea se había separado de él y le había clavado la navaja en el cuello. Todavía respiraba cuando cayó al suelo y vio cómo su maestra y amor platónico sonreía de placer al ver cómo se iba muriendo rápidamente. Vio cómo ella retiraba el cuchillo de la herida y lo clavaba más veces en distintos puntos del cuello. La sangre salpicaba por todos lados. Male, atónita y paralizada de terror, boqueaba ante la sangrienta escena. Cuando por fin se levantó, su amigo ya estaba muerto.
—¡¡Joel!!—gritó. Nerea se volvió lentamente hacia ella, sonriente. Se echó a reír como una loca y trató de huir corriendo, pero Male fue capaz de controlar la sangre de Joel a tiempo para congelarle los pies y evitar que se fuera.
—¿Quién eres tú y qué has hecho con Nerea?—preguntó con la voz temblorosa.
—¡Sigo siendo Nerea! Pero he caído en la cuenta... ¡De que mi deber es obedecer a Pandora! Ella es la que nos cuida y nos vigila... ¡Y Joel la despreciaba cuando le hablaba de ella! Creía que me la inventaba o que hablaba de un personaje de cuento... ¡Pero ella es real! Y si no me crees, ¡también te mataré a ti!
Y trató de tirarle el cuchillo, pero la otra joven consiguió esquivarlo.
—¡Estás enferma, niña!
—¿¡Seguro que soy yo la que lo está!? ¡Quizá sois vosotros quienes lo estáis! Tú lees sobre religiones y cuentos basados en dioses que no existen, cuando sabéis de sobra que quien tiene el poder es aquel que lo manifiesta. ¡Pandora me ha dado el poder de defenderme y de aplicar justicia! ¡Es la justicia del nuevo orden la que manda! ¡¡Pandora sobre todos nosotros, ella es la verdadera diosa!! ¡¡Y tú la has visto!!
—¿Quieres decir que esa cosa envuelta en sombras que te ha dado la navaja era Pandora?
—¡¡Sí!! Y ese puñal también está buscando tu cuello... ¡Tú también serás atravesada por el filo de la justicia! ¡¡Escucha mis palabras, ya que se cumplirán como la ley universal que son!! Y no sólo eso, sino que Pandora me salvará de morir ahora. Si es que tienes el suficiente aplomo para matarme ahora, cosa que dudo...
—¿Tu amiguita la de las sombras, salvarte?—sus palabras se llenaban de rabia a cada segundo que pasaba—. Si tu amiguita fuese tan poderosa como tú dices, ya sabría que desde el momento en el que te he impedido escapar ya estabas muerta. Reza lo que sepas a tu “diosa”, porque te tengo ganas desde hace mucho, mucho tiempo...
—¡Me salvará! ¡¡Seguro que me salvará!! ¿¡Verdad, Pandora!? ¿...Pandora?
Su rostro se fue quedando blanco conforme iban pasando los segundos y su deidad no respondía. Comenzó a sudar y a decir palabras incomprensibles, hasta que llegó un momento en el que se puso a llorar y a suplicar clemencia.
—¡Por favor, no me dejes morir...! ¡Me estaba controlando! ¡¡Lo prometo!! Por favor, no me mates, no me mates. Por favor...
—Ya es tarde para pedir clemencia. Sonríe para la foto, preciosa.
—¡NOOOOOOO!
Male ni siquiera se molestó en sacar la varita. Deshizo el hielo de las piernas de Nerea y la levantó como si fuera una marioneta. Ya no le costaba ningún esfuerzo realizar ese ataque. Sin embargo, sudaba y respiraba fuerte y rápido debido a la rabia que sentía en ese momento. Creó estacas de hielo con la sangre del cadáver de su amigo y se las clavó a su contrincante en las extremidades mientras la otra gritaba de puro dolor. Cerró los ojos un instante, hizo varios movimientos con los brazos y, justo después, el cuerpo de Nerea explotó entre esquirlas de hielo y nubecillas de vapor. Dejó caer el mutilado cuerpo inerte de la joven en el suelo y acto seguido cayó de rodillas y se echó a llorar, pringada como estaba, de la sangre de su víctima. Así fue como la encontraron Garret y Bocha cuando bajaron al salón y, entre los dos, consiguieron que se tranquilizara y les contara lo que había sucedido.


Cuando llegaron Bocha y Garret, Pandora abandonó su posición de espectadora en la ventana y se marchó tal como había venido, riéndose como una loca entre las sombras. Cuando llegó a su base, pudo encontrar a un Malan traumatizado en el salón.
—P-p-p-p-pero... Jo-Joel... Ah...
—Qué divertido, ¿eh? ¡JA, JA, JA, JA!
Malan se levantó tambaleándose y se fue a su cuarto de nuevo. Pandora volvió a encogerse de hombros y continuó bailando por los pasillos del escondite.


Galia fue la primera en enterarse de lo que había sucedido. Oyó cómo Garret y Bocha corrían por el pasillo y se asomó para ver por qué lo hacían. Vio cómo Garret llevaba a Male en brazos mientras Bocha echaba maldiciones con la cabeza gacha y el cuerpo en tensión. Automáticamente salió fuera y les acompañó, viendo cómo Male lloraba y lloraba con la cara blanca como la pared y algunos cortes en la cara y las manos.

Tras un rato intentando tranquilizarla, Male les contó a los tres lo que había sucedido. Cómo Nerea había asesinado a Joel sin miramientos y cómo ella había reventado su cuerpo como si se tratase de un petardo. Horrorizados, vieron cómo temblaba sin parar, abrazada a Garret. Apareció Vittorio.
—Pero bueno, ¿qué pasa aquí?
Y, tras contarle también lo sucedido, se abalanzó sobre su protegida para consolarla. Ella se dejó hacer, envuelta en un mar de lágrimas, y Galia entonces abandonó la habitación, totalmente descolocada y sin saber qué hacer.

Cuando llegó a su habitación, se tiró en la cama y cerró los ojos. Respiró profundamente y procuró dormirse, pero de pronto notó que el cubo se movía. Miró hacia su derecha, donde estaba colocado, y vio que temblaba ligeramente. Sintió miedo.
Acto seguido, notó una corriente de aire frío que la hizo estremecerse y taparse con la manta. Después, alguien tocó a la puerta.
—¿Q-Quién es?—dijo ella en voz alta sin bajarse de su refugio.
—La cena—dijo su sirviente desde fuera—, y más vale que me abras la puerta rápido que hace un frío de la hostia y esto se va a quedar helado en nada.
—Uf... Voy.
Se levantó de la cama, aliviada. En dos saltitos ya estaba en la puerta y se la abría al sirviente: un chico alto de pelo rubio pajizo con mechones por la cara, ojos negros y ojeras pronunciadas.
—Por cierto, el señor Todo me ha dicho que cuando acabes de cenar que te acompañe ante su presencia, así que me voy a quedar aquí si no te importa. Y conecta la calefacción, por el amor de la invención de la caldera—dijo mientras subía la temperatura de la habitación.
—B-bueno...
Se sentaron los dos en los sofás, uno frente a otro. Ella comía incómoda, intentando mirar para otro lado, y él la miraba divertido, directamente a los ojos.
—¿Puedo fumar?—le preguntó llegado un momento.
—...Si quieres.
Y él enciendió un cigarrillo y se reclinó aún más en el sillón. Utilizó una tacita como cenicero y trató de echar el humo en aros, pero al no conseguirlo se frustró y lo dejó estar. Al cabo del rato volvió a hablar.
—¿Por qué te llama Todo Lady Steampunk?
—Por mi cubo, me imagino. Y por mi poder.
—Ah.
—¿Y tú...? ¿Cómo te llamas?
—Morfo.
—¿Morfo?
—¿Lady Steampunk?—la miró de nuevo directamente a los ojos, sonriendo. Galia observó extremadamente sorprendida cómo su sirviente cambiaba de forma para pasar a ser una copia exacta de ella misma. Se le cayó la comida de la boca y vio cómo su copia se reía.
—¡Venga ya, no es para tanto! ¡Tienes un amigo que hace copias de sí mismo que explotan! ¿Y esto te sorprende?
—...¿Quién eres tú?
—Recapitulemos—Morfo se apagó el cigarrillo en la zapatilla y volvió a su aspecto habitual, pero esta vez llevaba una sudadera de flechas blancas y negras y unos pantalones verdes militares—. Me llamo Morfo y pertenezco a la Organización. Pero soy un simple miembro temporal... Tengo otras cosas importantes de las cuales ocuparme al mismo tiempo, así que sólo estoy de paso.
—¿Y si tienes cosas importantes que hacer por qué te paras a ayudar?
—Pues porque me conviene. ¿Crees que me hace gracia que el dios del Tiempo pretenda matar a la diosa del Espacio, dando como resultado el caos universal? Bastante tenemos ya con Pandora como para querer más líos aún. Aparte de mis propios marrones. La gente de mi círculo de amistades no es que sea precisamente lo mejorcito del corral.
—¿Quiénes son?
—No los conoces, así que qué más dará. El caso es que como miembro de la Organización que soy te lo pido: no escuches nada de lo que te diga Todo. Sabe que Maite y Reïk se han marchado, que Malan ha sido secuestrado y que Joel ha muerto, así como sabe que os queréis rebelar. Lo habéis intentado muy bien, pero es un dios. Un dios que controla el Tiempo. Por fuerza tiene que saber lo que va a pasar.
—¿Entonces ya sabe quién va a perder o quién va a ganar?
—Respecto a los parámetros de esta cronología, sí. Sin embargo, como él nació en esta, quiere decir que, siendo la alfa, es imposible cambiarla. Puede mudarse a otras, pero jamás podrá variar un ápice de lo que ocurra en esta. Así como Nada no puede cambiar absolutamente nada de la dimensión en la que nació; tan solo puede recorrerla.
—¿Ese no es un impedimento muy gordo?
—Tienen más. Al ser dos dioses, han de poder contrarrestarse el uno al otro, y eso significa debilidades y fronteras en su poder. Pero no me preguntes mucho más, porque no es que sea yo muy entendido acerca de estos dos tontos.
—...
—¿Y bien?
—¿Se puede engañar a Todo?
—No, pero puedes intentarlo. Si consigues mantenerte en la cronología alfa, es probable que te salgas con la tuya, ya que él no puede hacer nada por cambiar lo que ya va a ocurrir. O a lo mejor mueres. Quién sabe, no tiene por qué salir bien.
—Qué ánimos...
—Es lo mío, qué le voy a hacer. En fin, si acabas ya con eso...—se levantó pesadamente y volvió a ponerse la ropa de sirviente—, nos vamos.
—Sí, voy...
Se terminó todo lo rápido que pudo lo que le quedaba y, mientras Morfo recogía y lo ponía todo en el carrito, ella se calzaba.
—Nunca he estado en el despacho de Todo.
—No quieras.
—...
Salieron al pasillo y Morfo dejó el carrito ante la puerta. Se metió las manos en los bolsillos y fue silbando durante todo el camino hasta llegar a una zona en la que le tuvo que tapar los ojos a Galia.
—El jefe no quiere que sepáis dónde está su despacho—y le susurró al oído—, pero si pretendes engañarle el primer paso sería saber dónde guarda sus tesoros. ¿Sabes convertir el cubo en una cámara sin que se note?
—Entiendo—asintió ella. Convirtió el cubo en una discreta cámara y fue vendada durante todo el camino hasta llegar a la puerta, momento en el cual Morfo la desvendó y la dejó pasar.


El despacho de Todo era sorprendentemente sencillo para lo que se esperaba de un dios, aunque suntuoso y lujoso para alguien normal. Las paredes estaban cubiertas de tapices de los colores más exóticos, y los muebles eran todos de la madera de ébano más excepcional. Había varios jarrones dorados sobre las repisas y dos estanterías cubiertas de pesados libros cargados de polvo. Morfo cerró la puerta al salir y se quedó en el pasillo, apoyado contra la pared y tratando de agudizar el oído.

Galia se sentó en uno de los sofás que había delante del escritorio de Todo. Él la miraba, impertérrito, desde su alto sillón, y con su aliento a muerte y sus ojillos brillando entre las arrugas y el pelo blanco de las cejas, le dijo a Galia:
—Tengo un trato que ofrecerte.
Ella comenzó a sudar y a sentirse incómoda allí. Miró hacia todos lados antes de responder tímidamente y sin establecer contacto visual.
—¿...Sí?
—Primero quiero que dejes el cubo fuera. ¡Morfo!
Y Morfo entró.
—¿Sí?
—Coge el cubo de Galia y sácalo al pasillo. ¡Vamos!
—Sí, señor.
Y Morfo obedeció.
Galia notó cómo se le subían los colores. Comenzaba a ponerse nerviosa, y esa sensación aumentaba de intensidad a cada minuto que pasaba. Todo entonces se levantó y comenzó a hablar.
—Terrible tragedia la que nos ha acontecido esta noche, ¿verdad?
—...
—Joel era un buen chico. Y Nerea también, sí, sí... Dime, Galia. ¿Tú confías en tus amigos?
—...Claro...
—¿Tal y como Joel confiaba en Nerea?
Galia enmudeció. Ahora los nervios se convertían rápidamente en rabia.
—¿Y Maite y Reïk? ¿Sabes acaso dónde están? ¿Y qué le ha pasado al pobre Malan? Tsk, tsk, tsk... Verás. Tengo una oferta para ti.
—Cuál.
—¡No me muerdas, Lady Steampunk! No es nada del otro mundo. Es mi protección... A cambio de tu lealtad, por supuesto.
—¿Qué insinúas?
—¡Nada! Sólo digo que... Te tengo en mucha estima. Y sería una lástima que quien quiera que volviese loca a Nerea también te volviese loca a ti... O a algún otro.
—...
—Tú sólo piénsalo, ¿vale? Puedes contestar que no. Eres libre de hacerlo... Pero deberás atenerte a las consecuencias que esto suponga.
—...
—Puedes marcharte... ¡Morfo!
Y Morfo entró.
—Llévatela a su cuarto.
—Sí, señor.

Cuando por fin estuvieron a salvo en el cuarto de Galia, ella cogió una bolsa y empezó a meter cosas en ella.
—¿Qué haces?—le preguntó él.
—Me largo.
—¿Que qué? ¿Y dónde piensas esconderte?
—¿No formas parte de la Organización? Pues escóndeme tú.
—¿¡Cómo pretendes que haga eso!?
—No lo sé. Tú sólo hazlo.
—Escucha—le agarró por los hombros—, no eres consciente de lo que estás haciendo. ¡Piénsalo! Te conviene la protección que Todo te ofrece. ¡NOS conviene! Será más fácil pillar a Pandora. ¡Estará resuelto!
—¡Pero yo no quiero pillar a Pandora! Yo sólo quiero salir de aquí como sea.
—¡Si pillamos a Pandora es probable que acabemos con Todo también!
—¿Cómo dices que va eso?
—Pandora es la encarnación del caos. Si conseguimos ponerla de nuestra parte, habremos prácticamente ganado la partida...
—Si es la encarnación del caos jamás se pondrá de vuestra parte y os traicionará. Yo me largo.
—...
—¿Qué? ¿No habías pensado en ello? ¡Pues hala, ahí lo llevas!
Terminó de hacer la maleta y abrió la ventana. Transformó su cubito en una hélice y se descolgó del marco, pero Morfo la agarró de la muñeca antes de que pudiera irse.
—Espera.
—¿Qué?
—Que yo también voy.
Y los dos se fueron. Él se había transformado en un niño pequeño para no aumentar mucho más la carga del cubo, y ella le sujetaba en brazos con todas sus fuerzas.
—A la de tres—dijo ella—. Una... Dos...
—¡Y tres!—gritó Morfo, riéndose.
Y, con un destello de color amarillo, desaparecieron.


Se despertó en una cama muy blandita, en una habitación decorada muy lujosamente y de techos muy altos. Entraba un brillo rosáceo por la ventana. Se incorporó, y vio a su salvador sentado en un sofá, totalmente dormido, con la capucha de su sudadera blanca y negra puesta y babeando con la boca abierta.
—¿...Morfo?
—¿Eh?—se incorporó de un salto.
—¿Dónde estamos?
—Me alegra que estés despierta—se limpió las babas de la cara—. ¿No me pediste que te escondiera?
—Sí, pero...
—Pues eso he hecho. Bienvenida a la Gran Biblioteca.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Relato: Pelirroja Parte 11


- ¡Dejadme salir, panda de marginados! Titiritera sabe dónde estoy, y no tardará en llegar –gritó a la puerta.
Llevaba horas ahí encerrado. Esa puta celda no tenía ventanas y empezaba a ponerse de los nervios. Si tan solo pudiera soltar una chispita… Pero fuera quien fuera el que había creado sus ataduras había tenido la fantástica idea de hacerlas de un material que absorbía todo su calor. Y ahí estaba, atado como un cerdo sobre el suelo y tirándose unos faroles que no asustaban a nadie.
Y Yao estaba desaparecido. Puta suerte, puto Morfo y puta Pelirroja. Ojalá se les cayera el edificio encima.
- No refunfuñes tanto, “Penélope”. Estropeas tu carita de niño bueno. –susurró alguien en su oreja.
Penny soltó un chillido al percibir a alguien sobre él. ¿Qué demonios? La puerta no se había abierto, pero de golpe tenía encima a una joven rubia que le miraba risueña.
- ¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿Cómo has entrado?
- Muy mal, Penélope. ¿Ya no me reconoces? Te descubrí. Le dije a mi hermanito que podíamos confiar en ti. Y tú le mataste. Tuve que sacar su cuerpo de la casa en llamas.
- No me llamo Penélope. Y tendrás que ser más clara, no recuerdo todas las casas que he quemado.
- Te ayudé. Invertí muchas noches en crear algo que pudiera aguantar tus ataques de pirómano. Y vas tú y se lo regalas a M. Pero tranquilo, que no vas a incendiar nada en mucho tiempo. Y con el asunto de Titiritera me han dado vía libre para hacerte pagar por todo.
- …¿Illy?
- Cooorrecto. Pero ahora soy Gea…
Pe tragó saliva cuando Gea empezó a brillar. En el mismo momento en el que Pelirroja se le tiró encima tendría que haberse imaginado que sería el principio de algo peor.
- ¡Gea! ¡Prometiste que solamente ibas a hablar con él! –gritó V, dando un portazo.
- Vete, V. Voy a hacer justicia –sentenció Gea.
- Y una mierda. Le necesitamos consciente, Gea. No me obligues a pararte.
- Muérete, V.
Gea dio la espalda a V y siguió acumulando energía. Ni siquiera paró cuando V la agarró por los hombros, obligándola a levantarse. V soltó una palabrota, aunque no cedió.
- Recuerda, Penny. Es gracias a mí que eres como eres. Volveré… -consiguió susurrarle Gea a Penny antes de que V se la llevara a rastras.
……………………………………………………………

Parpadeó. La luz de la luna iluminaba débilmente la habitación. ¿Había dormido todo el día? Maldita sea, el tiempo se acababa. Se incorporó ligeramente. M estaba sentada de espaldas a él, concentrada en una de sus partituras. Tenía que encontrar a Gea…
- Más te vale no salir corriendo, Morfo –soltó M de golpe, girándose.- Tenemos mucho trabajo que hacer, ya hemos perdido tres días.
- …¿Tres días? ¿Me has hecho perder tres días durmiendo? ¡Titiritera está al caer!
- Tranquilo, machote, Titiritera no ha aparecido todavía. Gracias a tus indicaciones tenemos bien ataditos a Penny y a Yao. Ya no hay espías.
- ¿Y mi hermana? V no debe de estar demasiado contento.
- Pelirroja está encantada de tener ayuda. Y V sabe que en cuanto dé un paso fuera de la protección de Pelirroja está jodido, Titiritera le quiere muerto. Entre tener que aguantar a Gea y que Titiritera le haga mucha pupa prefiere a tu hermana. Y como gesto de buena fe Pelirroja le pidió que dejara de enredar en la cabeza de Gea.
- Espero que estés bromeando. Es MUY mala idea dejar a Gea a su aire.
- Díselo a Penny. Lo primero que hizo Gea cuando estuvo… vamos a llamarlo “medianamente cuerda”, fue pedirle a Sincara que le dejara ver a Penny. El resultado fue que casi lo electrocuta y que V tuvo que sacarla a rastras. No sabía que le tuviera tantísima manía.
- Si no fuera por ella ese imbécil seguiría enterrado en un puto glaciar noruego. No sé cómo llegó ahí ni cómo Gea le encontró pero tuve que sacarle yo. Pero desde que nos traicionó…. Gea aprovecha para hacérselo pagar. Hasta llegó a ponerle un localizador de los suyos en su sudadera…
- … ¿Llevo un puto localizador encima?
- Sí, y gracias a eso Gea pudo llegar hasta aquí.
- Vaya, vaya, así que sabíais que Penny era un traidor de mierda y no os molestasteis en avisar.
- No te confundas. Hasta el momento en el que saliste pidiendo venganza con la sudadera de Penny encima, yo pensaba que eras una leyenda. Aunque ahora veo que eres una leyenda muy mona.
- Cierra el puto pico y ponte a trabajar, imbécil.
……………………………………….

domingo, 7 de diciembre de 2014

Capítulo XIX - El descubrimiento de nuevos mundos

La noche había caído hacía rato. Maite meditaba en silencio sentada sobre el suelo de su habitación, atenta a los sonidos de la noche. Sin embargo, sus pensamientos se vieron interrumpidos por un estruendo que se escuchó en su cuarto de baño. Cautelosamente, se acercó a la puerta y la abrió de sopetón. Lo único interesante que vio fue la estantería de los champús, que estaba en el suelo. Todos los botes estaban desperdigados por la bañera o por fuera, y algunos incluso abiertos. Maite los puso todos en el borde de la cerámica y apartó la estantería, refunfuñando. Se levantó, echó un último vistazo y se dio la vuelta, sólo para darse un susto de muerte y ver a Inna blanca como la pared y hecha un manojo de nervios en los sillones del cuarto.
—¡Ah! ¡Inna! ¡No me des esos sustos por el amor de...!
—¡Yo también me he azuztado! ¡Podríaz apretarle loz tornilloz a la maldita eztantería, que cazi me mato!
—Ay, perdona, nunca pensé que alguien necesitaría agarrarse a ella teniendo esto justo al lado—dijo, señalando un agarradero plateado que había junto a la bañera—. Por otro lado, eso lo explica...
—¡Cí, vale, pero no hay tiempo!—se levantó de un salto.
—¿Que no hay tiempo de qué?
—¡Tienez que ayudarnoz! ¡Ha habido un fallo en el ziztema de zeguri...!
Alguien tocó a la puerta. Inna interrumpió lo que estaba diciendo con un pequeño gritito y desapareció destelleando, para que justo un instante después se oyese un ruido en el vestidor y un gemidito de dolor. Maite abrió la puerta y descubrió a un blanco, ojerizo y sudoroso Reïk que se tambaleaba frente a ella. Este se derrumbó entre sus brazos y perdió el conocimiento sin mediar palabra.


Un par de horas más tarde, Reïk se despertó en la cama de Maite, con una toalla húmeda en la frente y una Inna con los ojos brillando de poder mágico justo a su lado, recitando hechizos en un idioma desconocido mientras el bastón volaba alrededor de ella entre destellos. Maite daba vueltas alrededor de la habitación, preocupada y angustiada. Jugaba con el piercing de su oreja izquierda y pestañeaba mucho y muy rápido.
—Buenos días—musitó Reïk. Maite se abalanzó a su lado, aliviada aunque muy nerviosa.
—Dios mío, Reïk, gracias a Dios que estás bien. ¿Qué te ha pasado?
—Pues... No estoy seguro del todo. Al principio pensé que era un sueño porque creía que me había quedado dormido... Pero de repente empecé a notar que me dolía todo el cuerpo y comenzaba a sudar, y aunque trataba de librarme de las imágenes que aparecían ante mis ojos, era imposible. Estuve un largo rato así... Viendo escenas confusas acerca del pasado, presente y quizá del futuro...
—¿Qué zalía en ezaz imágenez?—Inna no parecía ella. Su seriedad inundaba la estancia.
—Muchas cosas... Me duele la cabeza...
—Vamos, Reïk, esfuérzate un poquito...
—A ver... Había un edificio grande, pero como translúcido... Y estaba muy escondido... También había un bosque lleno de cristales luminosos, y un lago... El lago me daba mucho miedo, no sé muy bien por qué. Había una mujer bañándose en él, y de repente corría una ráfaga de viento y desaparecía. Las luces de los cristales se apagaban y se oían unos lamentos terroríficos. Y lo que es peor...
—¿Qué?—dijeron las dos a la vez.
—Escuché la voz de Malan.
—¿¡Cómo!?
—Zí... Ez juzto como yo me lo imaginaba.
—¿Eh?
—Maite, ¿te acuerdaz de que yo te iba a decir algo antez de que Reïk entraze?
—Sí...
—Bien. Puez rezulta que tenía que ver con Malan y zu dezaparición. Pero zi Reïk encima ha tenido una premonición...
—¿¡Qué!? ¿¡Sabes dónde está Malan!?—Reïk se movió muy bruscamente y se mareó.
—No. Zólo me hago una ligera idea de qué ha podido pazar con él. Y eza idea tiene mucho que ver con el lago que haz vizto y, en cierto modo, con el edificio.
—Esa es otra cuestión: ¿qué edificio es ese?
—Ez la Gran Biblioteca, lugar donde ze encuentra todo el zaber habido y por haber. Zólo pueden encontrarlo aquelloz predeztinadoz de alguna manera. Zupongo que eza premonición ez la prueba que necezitábamoz para zaber zi podríaiz acceder...
—Espera, espera. Esa biblioteca tiene toda la sabiduría del mundo concentrada en un montón de libros. Y sólo puede acceder aquella gente predestinada a hacerlo. ¿Cómo se sabe?
—En el cazo de Reïk, ez obvio por zu premonición. Zin embargo, loz hay mucho máz zutilez, como el tuyo.
—¿El mío?
—Nunca pudizte lograr todaz laz transformacionez en animalez, ¿verdad?
—...Cierto.
—Ezo ez porque eztabaz predeztinada a aprenderlaz de manoz de la zabiduría de la Biblioteca, ya que de otro modo zólo lograríaz acceder a eztadoz mucho máz bajoz y realmente muy inútilez. Tu incapacidad para controlar eza faceta de tu poder ez la prueba irrefutable. ¿Cómo llegar? Lo único que zé ez que tenéiz que partir de inmediato, hacia el ezte.
—¿Que qué? ¿Pero tú has visto el estado en el que se encuentra Reïk ahora mismo? ¡Si no se puede ni mover!
—Por ezo tú le llevaráz. El inztinto animal mezclado con loz avizoz que recibirá él conforme oz vayáiz acercando oz darán laz piztaz que necezitáiz. 
—¿No se dará cuenta Todo de que faltamos?
—Zí, pero no podrá hacer nada. Zi no ha podido encontrar a Nada, tampoco encontrará la Biblioteca.
—¿Y por qué no?
—Puez ya te lo he explicado antez, pero digamoz que la Biblioteca ze encuentra en el mizmo plano dimenzional que Nada. No oz preocupéiz por ezo, tendréiz tiempo de zobra de aprenderlo allí. Zin embargo, nezezitaréiz ropa adecuada para el viaje. No pueden reconoceroz.
Inna agitó el bastón, mencionó un hechizo y la ropa de ambos amigos comenzó a cambiar. Maite pasó a llevar una camisa larga con mangas hasta las muñecas y un lazo en el pecho, unos pantalones bombachos y unas botas hasta la rodilla, y una capa con capucha que le llegaba hasta el muslo. Reïk llevaba un blusón atado por la cintura, unos pantalones largos, unas zapatillas de tela bastante cómodas y una capa que llegaba hasta el suelo y que acababa formando cuadrados. La capucha caía sobre sus ojos, lo que ocultaba su identidad. Ambos conjuntos estaban elaborados con tela oscura, presumiblemente para ocultarse en la noche. Los dos jóvenes se miraron y asintieron.
—Pero—Maite miró de nuevo a Inna—, antes dijiste que hubo un fallo de seguridad. ¿Dónde?
—Ez verdad. Me refería a la organización.
—¿Qué ha pasado?—intervino Reïk.
—Ez largo de contar. Pero digamoz que la Gran Biblioteca eztá muy relacionada con el azunto, y que el fallo de zeguridad ze ha producido en nueztra organización. Ze ha colado alguien que no debía de haberze colado...—Inna sufrió un escalofrío y acto seguido los miró directamente—. ¡Ahora debéiz marcharoz! ¡Allí oz lo explicarán todo con máz claridad!
—...—la joven transformista cerró los ojos y miró a Reïk—. Vámonos.
—¡Pero Maite, necesitamos una explicación mejor!
—Nos la darán allí.
—...

Maite se transformó en un enorme lobo de pelaje negro. Reïk, con la ayuda de Inna, se subió a su espalda y se agarró fuertemente. La niña les abrió la ventana y ellos saltaron a la oscuridad. Desaparecieron inmediatamente. Al cabo de unos instantes se escuchó un aullido desde lejos, e Inna lo interpretó como que habían salido de las tierras de Todo con éxito. Apagó las luces, cerró la ventana y se teletransportó lejos de allí.


Malan se despertó en un camastro, dentro de una habitación fría y tétrica. Le dolía la cabeza, pero recordaba a la perfección la ira con la que las imágenes de sus amigos estaban empapadas ahora. Sin embargo, no se acordaba de haber hablado con la mujer acerca del plan que tenía. Ni siquiera la conocía realmente, así que dispuesto a ello se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta.
Antes de que pudiera hacer nada, esta se abrió de sopetón y dentro de la habitación entró una mujer que cantaba con la misma voz que su “secuestradora”, y que desafinaba un montón. Vestía con un sayo amarillo de mangas muy anchas, una falda amarilla abombada conforme se acercaba a los tobillos, medias a rayas de colores, zapatos azules y una capita que se cerraba con un broche con forma de rombo. La capa le tapaba los ojos, y en el lugar en el que deberían estar había dos ojos surrealistas pintados con colores chillones. Todo el traje estaba lleno de manchas de esos colores, muchas en forma de corazón y siguiendo un patrón. Bailando, la muchacha levantó a Malan en brazos, causando en él un sentimiento de pánico bastante profundo.
—¿¡Qu-qué haces!? ¡Suéltame!
—¡¡BUENOS DÍAS, PEQUEÑO COMANDANTE!!
La loca lo tiró sobre el camastro y salió bailando de la habitación. Dolorido, Malan la siguió, llegando a través de los pasillos hasta un salón cálido y reconfortante. Distinguió sobre una mesita apartada la miniatura de la casa en la que estuvo atrapado, y después de que un escalofrío le recorriera la espalda se sentó en el sofá. Cogió el cuenco de pastas y empezó a comer sin parar.
—Al final no te presentaste—dijo mientras comía.
Ella bailaba y cantaba desafinando todo el rato. No había manera de sacarle nada en claro, así que tras varios intentos, Malan lo dejó estar y siguió comiendo mirando al vacío. Al final, ella se cansó.
—Awww, Malancito no quiere jugaaar...
—Pché.
—Ay, vale, mira que eres pesado—dijo mientras se tiraba en un sillón de cuero—. Me puedes llamar Pandora. Ya te conté mi historia. Ahora represento el Caos. ¡Vamos a jugar!
—No. Dime cuál es tu plan.
—¡Pero si era una sorpresa...!
—No me gustan las sorpresas.
—¡Eres un niño! ¡A los niños les gustan las sorpresas!
—Mira, la última sorpresa que me llevé hizo que me replanteara mi existencia y comenzara a odiar a mis amigos. Si crees que deberían gustarme es que realmente tienes un problema.
—Aww, ¿pero no te gusta el sentimiento de venganza? ¡Es preciooooooso!
—Estás enferma.
—El mundo me hizo así.
Estuvieron callados durante un rato. Pandora movía las piernas, que colgaban por uno de los brazales del sillón. Al final se hartó.
—¡¡Vale, te lo contaré, deja de insistir tanto!! Dios, los niños sois inagotables.
—...
—¿Sabes el lago en el que vivía tu amiguita la que salpica cosas?
—¿Te refieres al Lago de la Luna?
—¡Sí, ese! ¿A que no sabes lo que tiene dentro?
—Pues... Pues no.
—Pues yo te lo diré. Tiene... ¡¡Un monstruo gigaaaaante y ultrapoderoso, vestigio de los Dioses Ancestrales, capaz de destruir el mundo con tan solo posar uno de sus tentáculos fuera del agua!! ¿Y, sabes qué es lo mejor? ¡Que debajo de él se esconde la puerta al Terror Absoluto! ¿¡Eres consciente de la cantidad de caos que vamos a generar!? ¡Se me pone la carne de gallina con sólo pensarlo!
—¿...Y de qué servirá?
—¿Cómo que de qué servirá? ¡Nos vamos a vengar de todo el daño que nos han hecho! Van a pagarlas todas juntas... ¡Ya verás qué divertido! ¡Venga, vamos, que te enseño el sitio!
Y lo cogió del brazo y se lo llevó por los pasillos de nuevo.


Era ya muy tarde. Male se había despertado alrededor de las doce de la noche y llevaba dos horas dando vueltas por su cuarto sin poder dormir más. Vittorio se había marchado y había dejado una nota:

“Buenos días, preciosa. A las once de la noche o así tuve que salir a hacer unos cuantos recados, así que no te extrañes si no estoy. No salgas de tu habitación, por favor, volveré en cuanto pueda. Y te traeré bollos de chocolate y crema, que sé que te gustan. Un abrazo.”

Ya la había leído seis veces. Todavía seguía sin entender el cariño que Vittorio le tenía. A ver, era más que evidente a lo que iba. Pero por el amor de Dios, ella tampoco era la bella durmiente ni nada así.

Se sentó en la cama y sacó la ocarina. Tocó una suave melodía, bajita, para no molestar a nadie. Pero justo cuando acabó escuchó cómo llamaban a su puerta. Avergonzada por haber molestado, se levantó y abrió la puerta.
—L-lo siento, intenté tocar bajito...
—¿Eh?—dijo Bocha—. Yo no he escuchado nada.
—¿Y qué haces aquí?
—Que no me podía dormir. ¿Puedo pasar?
—Eh... Claro, adelante.
Bocha entró en la habitación. Le llegó el aroma del perfume de Male y sonrió. Olía mucho mejor que su cuarto. Sin embargo, conforme avanzó en la estancia comenzó a notar olor como a quemado y arrugó la nariz.
—Vittorio ha estado aquí, ¿no?
—¿Cómo lo sabes?
—Intuición masculina.
Se sentaron en la cama. Male se recostó hacia atrás y puso los brazos como almohadón tras la cabeza. Bocha se inclinó hacia adelante y apoyó los brazos sobre las rodillas.
—¿Y cómo es que tienes insomnio?—preguntó ella.
—En parte me preocupaba tu estado y por otra estaba nervioso.
—Gracias por preocuparte. Estoy bien...
—Ya te veo, jeh.
—Ji. Aún me encuentro ligeramente mareada, pero supongo que es por dormir demasiado. ¿Por qué estabas nervioso?
—...La verdad es que preferiría no contarlo.
—Oh, venga ya, ya lo has dicho. Ahora tienes que confirmar por qué, si no no es justo.
—¡Pero yo no quiero...!
—Vaaaa...
—No...
—¡Sí!
—¡No!
Estuvieron así durante largo rato. Bocha se decidió a contarlo cuando Male se le puso a un palmo de la cara, le miró a los ojos y, con una mueca y voz grave fingida, le dijo que por favor se lo contara.
—Venga, vale, va...
—¡Toma yaaa!
—Sí, vale. El caso... Sabes Bego, ¿no?
—Hombre, no me la sé, la conozco, si te refieres a eso...
—...En fin. Creo que me gusta, o algo...
—...¿O algo?
—Sí, o algo...
—...
—...
Se miraron mutuamente. Bocha se puso muy rojo y se tapó la cara con las manos. Male no pudo evitar romper a reír.
—¡Ja, ja, ja! ¡Mira qué mono, se tapa la cara y todo!
—¡C-cállate! ¡No es gracioso! ¡No lo es!—y se hundió más entre las manos.
—Aww, eres adorable.
—¡No soy adorable, soy un tipo duro!
—Sí, vale, ¡ja, ja, ja, ja, ja!
Estuvieron así un rato hasta que a ella se le pasó el ataque de risa. Bocha miraba hacia los sillones enfurruñado. Cuando por fin se acabó la guasa, Male sacó la ocarina y se dispuso a tocar algo.
—Si te gusta, deberías decírselo.
—Es mi profesora, ¿cómo pretendes que le diga eso?
—En castellano, por ejemplo.
—Sí, así es fácil decirlo. ¡No podríamos mantener una relación! ¡Afectaría al trabajo!
—¿Y qué más da el trabajo? Ya somos lo suficientemente fuertes como para derrotar a Todo, y lo sabes. ¡No tiene por qué haber más trabajo que hacer!
—...
—Te acabo de tumbar la excusa. A ver, saca la siguiente.
—Ella no me quiere a mí.
—¿Cómo lo sabes?
—Se le nota en cómo me habla y en ese tipo de cosas. No me mira, no hace prácticamente nada por acercarse a mí. Es como si yo sólo fuera una pieza de un ajedrez muy grande que ella tuviera que mover.
—A lo mejor esa es la muestra de que te quiere. Que también tiene miedo.
—Anda, venga ya.
—Que sí...
—Tché, pues vale.
Ella tocó algunas notas. Él cerró los ojos y escuchó, relajándose progresivamente. La música le llevaba a imaginar bellos escenarios, pero en todos salía Bego. Abrió los ojos y cogió a Male suavemente de la muñeca.
—Para, por favor.
Ella le miró fijamente y guardó la ocarina. Se volvieron a quedar en silencio hasta que él se levantó.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—¿Tú cómo actuarías si te gustara alguien?
—Pues...—se puso un poco colorada. No le gustaba hablar de esos temas—, supongo que estaría triste. Mi autoestima no es lo mejor del mundo, así que probablemente pensaría directamente que hay otra persona mucho mejor en la que la persona en cuestión se podría fijar... La melancolía se apoderaría de mi persona.
—Eso no me ayuda mucho...
—¡Ja! Ni a mí.
—Heh.
—Hm... Quiero probar una cosa—dijo ella levantándose—. Extiende las manos.
—No me saques la sangre, ¿quieres?
—No iba a hacer eso, melón. Extiéndelas.
Bocha extendió las manos. Male cerró los ojos y se concentró, haciendo brillar su silueta en un tono azul blanquecino. Justo en ese momento, agarró las manos de Bocha con fuerza. Él sintió que las de Male ardían de forma exagerada para el cuerpo de un ser humano y se quiso soltar, pero ella no le dejaba.
—Tranquilízate. Es normal. No te van a abrasar ni nada por el estilo.
—¡Estás ardiendo! ¡Tienes que parar, es peligroso!
—¡Tranquilízate, te digo!
Él hizo de tripas corazón y trató de relajarse, dejando la mente lo más en blanco que pudo. Su silueta comenzó a brillar del mismo color que la de Male, y la temperatura de su cuerpo también comenzó a subir. Empezó a sudar.
—T-tengo mucho calor...
—Shhh... Ahora necesito que pienses en Bego.
—¿En Bego? ¿Pero qué...?
—Ahora te lo explico. ¡Hazlo!
Y él pensó en Bego. Pensó en su pelo corto rojizo, que brillaba con mil destellos fogosos bajo la luz del campo de entrenamiento. Pensó en su tez clara, que reflejaba la más absoluta pureza de espíritu, y recordó sus levemente rasgados ojos, que ocultaban los iris del marrón de las cortezas de los árboles. Se puso muy colorado y le entró la risa tonta. Male sonrió para sí y, tras un rato en esas circunstancias, le soltó con suavidad y dejaron de emitir el brillo azul.
—Estaba haciendo un experimento. Partiendo de la base del ataque que le realicé a Garret hoy y atendiendo a las explicaciones de lo que pasó, he intentado reproducir la mecánica del ataque, es decir, entrando en el cuerpo de la persona, y manipulando su sangre, que está compuesta por agua. A partir de ahí, he podido comprobar los latidos por minuto que correspondían a los pensamientos normales y los que correspondían a los pensamientos relacionados con la persona amada, sólo para saber si era capaz de conseguirlo, y en el caso de que así fuera, utilizarlo como guía para realizar el mismo hechizo con Bego.
—Espera... ¿Eso significa que...?
—Sí. Eso significa que voy a comprobar lo que Bego siente por ti. Aún no sé con qué excusa, pero ya me inventaré algo.
—Ay. ¡Ay Dios mío! ¡¡Male, Dios mío, eres la mejor!!—le dio un fuerte abrazo. Male se sorprendió pero le correspondió—. ¡Nunca nadie haría nada por mí así! ¿Por qué?
—Pues porque te quiero ver feliz, tonto. Si no fuera así, ni me molestaría, ¿no?
—Yo... Mira, te la debo. Te debo muchísimas por esto. Gracias, muchísimas gracias, mil gracias...
—Deja de agradecer tanto y vete a dormir, anda, que tienes que descansar.
—¿Y tú, podrás dormir?
—No lo sé, pero lo intentaré. Venga, buenas noches.
Acompañó a Bocha a la puerta y le sonrió mientras se marchaba. Entonces, escuchó una voz a su espalda.
—No deberías jugar con esas cosas.
—Me has dejado sola.
—Tengo más cosas que hacer, no te enfades...
—No estoy enfadada.
—Mientes.
—Puede.
—Te traigo los bollos...
—No me interesan tus bollos.
Vittorio se acercó a ella y la abrazó por la espalda. Ella no reaccionó. Se soltó y se encerró en el baño, dejando a un Vittorio un tanto dolido en la habitación.


Reïk y Maite llevaban ya un rato corriendo sin rumbo. Reïk había sentido algunas perturbaciones mentales dependiendo de los lugares que iban recorriendo, pero ninguna lo suficientemente fuerte como para indicarle que estaban realmente acercándose. Tras un par de horas, Maite se detuvo e hizo bajar a Reïk con cuidado. Resopló.
—Esto es absurdo. Si la biblioteca esa está en un plano paralelo a este, ¿cómo se supone que vamos a entrar?
—Quizá tiene que dictárnoslo el corazón o alguna basura de esas de las películas.
—Ya llevamos dos horas esperando a que nuestro corazón nos dicte cosas y no le ha dado la gana de decir nada. ¿Qué hacemos? O volvemos, o volvemos, decide.
—No joder, no quiero volver ahí dentro.
—Yo tampoco, pero nos encontrarán de todos modos...
—Ya...
Se disponían a volver. Maite ya había comenzado a transformarse y Reïk se estaba mentalizando de nuevo para afrontar la velocidad a la que iban. Sin embargo, antes de que pudieran hacer nada les dio una especie de mareo que bloqueó sus poderes. Reïk se desplomó y Maite se quedó de rodillas, con un puño apoyado en el suelo.
—¿Reïk? ¿Estás bien? ¡Reïk!


Malan hacía rato que se había perdido por los pasillos, pero no le importaba. Paseaba dando vueltas en el laberinto de su “nuevo hogar”, pensando en sus cosas. Ya había visto el lugar al que Pandora se refería, y no le había gustado. Sentía odio hacia sus amigos, pero deambular por la casa de su nueva compañera le había hecho pensar mejor las cosas. Ahora se planteaba cuestiones como el por qué de asesinar a su familia, si no habían hecho nada para perjudicar a la de Garret en un primer lugar. ¿Por qué iban a hacerlo? ¿Y por qué Nüne y el Mensajero Veloz ayudarían al padre de Garret si hubiese hecho tal cosa? De ellos dos Pandora no había dicho nada.
En sus cavilamientos acabó llegando a una habitación distinta a las demás. Estaba totalmente pintada de blanco y tan sólo tenía un sofá en ella. Entró y se sentó, mirando a su alrededor.
El espacio invitaba a la calma. Cerró los ojos y respiró hondo, sintiendo cómo el Universo fluía a su alrededor. Cuando abrió de nuevo los ojos, encontró algo muy diferente de lo que esperaba.

Todo estaba lleno de plantas de todos los colores, radiantes de luz. Cientos de mariposas multicolor revoloteaban a su alrededor, y algunos seres extraños con cruces en los ojos le miraban sorprendidos. Él se levantó del sofá blanco y siguió un sendero de flores que vio a la derecha. Llegó a una plataforma en la que había un gran agujero que dejaba un gran redondel irregular de tierra al descubierto. Había gotas de un extraño líquido rosáceo que se internaban en la arboleda, pero Malan decidió no seguirlas. Volvió por donde había venido y se volvió a sentar en el sofá, cerrando los ojos y calmándose de nuevo. Al abrirlos estaba de nuevo en la sala blanca.
—Vaya—escuchó a Pandora detrás de él—, no pensé que llegarías a encontrar esta sala.
—Deberías hacerme un mapa o algo...
—Sí. ¡Definitivamente, debería!
Pandora lo levantó y se lo llevó dando saltos. Malan suspiró y se dejó, ya que no tenía otra posibilidad.
—¿Y qué vamos a hacer ahora?
—¡He detectado a dos de tus amigos por aquí cerca, y nos vamos a reír un poco!
—¿Por aquí cerca? ¿Dónde estamos exactamente?
—¡Es-con-di-dos!
Pandora lo llevó al salón, lo dejó allí y desapareció. Una pantalla surgió de encima de la chimenea en la que se veía el mundo desde el punto de vista de ella. Mostraba interferencias al principio, pero al cabo del rato se estabilizó y mostró a Maite y a Reïk. Reïk estaba más pálido de lo normal, y Maite le hablaba con cara de preocupación.
—Esto va a ser muuuy divertido...—Malan escuchó a Pandora susurrar. No pudo evitar poner cara de pánico y empezar a moverse desesperado por la habitación. Luego recapacitó y sonrió maquiavélicamente. En realidad, esto era justo lo que él quería... O eso pensaba.

Pandora hizo una serie de signos extraños con las manos, los cuales provocaron una onda que, según explicó, bloqueó el chi de ambos jóvenes. Reïk, con lo débil que se encontraba, se desmayó, y Maite sólo quedó debilitada. Malan movía la pierna nervioso mientras se preguntaba qué es lo que les haría Pandora. ¿Se vengaría de todos sus amigos de esa manera, de modo que Garret también sufriera pérdidas? No lo sabía. Lo que sí sabía era que Pandora acababa de salir del arbusto, y Maite la miraba con cara de terror mientras sujetaba a Reïk y le instaba a levantarse.


Maite oyó un ruido tras el desmayo de Reïk. Ya había acudido a reanimarlo, aunque a duras penas, y no se veía capaz de hacerle reaccionar. Miró hacia la dirección del ruido y vio a una mujer con la capucha echada, con una falda de colores extremadamente chillones y mucho, mucho amarillo. Bailaba atropelladamente alrededor de ellos haciendo símbolos extraños con las manos, y se reía sin parar. Maite la miraba, aterrorizada, preguntándose quién era y qué pretendía hacer. Justo cuando ya pensaba que simplemente era una loca, la mujer creó una esfera de energía de color azul y se lanzó contra ella.

Maite la esquivó rodando como pudo. Le preocupó Reïk, pero al ver que la mujer no se esforzaba en hacerle daño a él se pudo concentrar mejor. Sin embargo, le resultó imposible deducir qué iba a hacer después, ya que volvió a moverse de manera frenética a su alrededor. Comenzó a sudar y se forzó todo lo que pudo en transformarse en bestia, pero no fue capaz. Simplemente logró recuperarse un poco de su cansancio, lo cual le permitió ponerse de pie y esquivar mejor las bolas de energía que la mujer le lanzaba aleatoriamente. Al final, una de ellas le acabó acertando en el pecho. Sintió que le quemaba, y esa sensación se extendió por todo su cuerpo. Lo último que vio antes de desmayarse fueron la sonrisa siniestra de la chica y sus pecas, que le resultaban familiare. Justo después se hundió en un profundo mar oscuro.


Malan vio la cara de dolor de Maite cuando ésta recibió la esfera energética en el pecho. Vio cómo se derrumbaba, cómo perdía la consciencia y cómo Pandora se burlaba y se reía cual loca para encerrar a su alrededor. No supo si sentirse bien o si sentirse mal. Por eso se levantó del sillón, salió de la habitación y volvió a perderse por los pasillos del extraño búnker en el que su nueva compañera le mantenía encerrado mientras ella torturaba a sus antiguos amigos. Se oían sollozos por los pasillos, y entre ellos a veces risas. El pequeño niño volvió a sumergirse en un mar de dudas, rencor y odio, y mientras tanto Pandora le hablaba a la cámara como si el joven señorito la estuviera observando.
—¿¡Has visto!? ¡¡Creía que podría escapar de mí, pero al final no!! ¡¡Ja, ja, ja, ja, ja!! Me encanta cuando se hacen ilusiones, es tan DI-VER-TI-DO... ¿¡Sabes qué más les podríamos hacer!? ¡¡Podríamos traerlos aquí y con tu ultra-super-poder convertirlos en nuestros mayordomos!! ¡¡Sería GENIAL!! ¿No crees?

Sin embargo, dejó la pregunta al aire. Los cuerpos de Maite y Reïk comenzaron a brillar tenuemente, el de ella en verde claro y el de él en azul, y se acabaron desvaneciendo en el aire. Pandora miró los huecos vacíos en los que habían estado los dos inconscientes y gritó de rabia. Los del otro lado se los habían llevado, y ahora sería incapaz de encontrarlos.
—¡¡MALAN!! ¡¡MALDITA SEA!! LO HAS VISTO, ¿¡NO!? ¡¡HAN DESAPARECIDO!! ¡Mis presas...!
Pero, obviamente, Malan ya no la escuchaba. Sólo oía ruidos sin sentido en su cabeza, y sentía que su mente iba a estallar.


—Oye, Jack.
—Qué.
—¿El pelo puede cambiar de color con cada estación?
—Según varios estudios, hay especies a lo largo de las diferentes cronologías y universos paralelos que sí tienen la particularidad de cambiar el pigmento de su cabello a lo largo de las estaciones recogidas en el periodo temporal que corresponda a cada cual. Sin embargo, hay algunas pocas que también son capaces de modificarlo a placer. Normalmente son aquellas en las que el aspecto es un factor muy importante en el acto reproductivo, así como debe ser muy ambiguo, ya que de no serlo el hecho de tener la habilidad de cambiar el color de su pelo resultaría absur...
—Vale, vale, suficiente.
—¿Por qué preguntabas?
—Porque no sé si te has fijado, pero lo que acabas de recoger del otro lado son una chica negra y un tío con el puto pelo azul.
—Un respeto a los negros.
—Mira, no me toques los huevos, que para eso ya estoy yo.


Maite se despertó de un salto, y lo que vio a su alrededor la dejó un tanto desconcertada. Se encontraba en una habitación lujosísima de techos muy altos, completamente sola, y vestida con un largo camisón verde oscuro. Trató de bajar de la cama, pero se mareó y se cayó, haciendo bastante ruido. Se oyeron pasos por los pasillos, dando a entender por el eco que el lugar era tan enorme como parecía.

Una muchacha entró en la habitación. Tenía la piel de color lila, y relucía bajo las luces de las lámparas de araña. Su pelo era de un material parecido al chicle, con pinta pringosa, y goteaba sobre sus hombros, donde crecían pequeños champiñones. Toda ella era de color rosa, y sus mejillas estaban decoradas con espirales de color blanco. Su vestimenta era una simple túnica fucsia de mangas anchas y cuello alto con un cinturón atado en las caderas. También le crecía una flor muy grande en la cabeza, que recordaba a una rosa. No se le veían los pies.
—¡Dios mío! ¿Te encuentras bien?
—Eeeh... Uh.
Maite no supo cómo reaccionar. La voz de la chica era dulce y melodiosa. Le recordaba a la música que solía tocar Male con la ocarina.
—De acuerdo. Ven que te ayude...—la chica sonrió y la ayudó a volver a la cama. Se sentó a su lado y se echó el “pelo” hacia detrás de la oreja—. Me llamo Nista Alícea, pero puedes llamarme Ali. Tú eres La Celeste, ¿no es cierto?
—La... ¿La Celeste?
—Oh, es cierto... Todavía no. ¿Te apetece algo de comer?
—S-supongo...
—De acuerdo, enseguida te lo traigo. ¿Te duele el pecho?
—N-no...
—Vale... Espérame aquí, vengo ya.
Y se marchó, caminando suavemente. Maite comenzó a notar calor en las mejillas. Se miró en uno de los múltiples espejos de la sala y comprobó que, efectivamente, se había puesto roja.


—¿Cómo va el de pelo azul?
—Sigue roque.
—Continúa vigilándole entonces.
—Bueno.
—Y por última vez, quítate las gafas de sol. Estamos en un interior.
—La última vez también dijiste que sería la última vez, ¿por qué sigues insistiendo?
—...¿Has visto a Ali?
—Se está ocupando de La Celeste.
—Bueno.
—¿Y dónde vas tú tan cargado?
—Pues a estudiar, obviamente...
—Lo dudo, hay un montón de bichos donde el archivo de las cronologías de los 13.
—¡¡MIERDA!!
—¡Joder, Jack, relájate!
—Mierda mierda mierda mierda...
Cuando Reïk abrió los ojos, vio a dos jóvenes junto a él en la fastuosa habitación donde se encontraba. Uno de ellos llevaba gafas de sol y gabardina negra, y abanicaba con cara de resignación a otro, que llevaba gafas normales, un gorro de calamar y una túnica naranja. Reïk se frotó los ojos, pensando que estaba soñando, pero no. Se incorporó lentamente y se frotó la cabeza con ambas manos, preso de un horrible dolor de cabeza. Lo último que recordaba era haber dejado de ver el futuro y desmayarse. El joven de las gafas de sol dejó de abanicar al otro para atenderle a él.
—¡Hey! ¿Cómo te encuentras?
—Pues... Dolorido. ¿Y tú?
—...Pues cansado. ¿Quieres tomar algo?
—Un vaso de agua, si no es molestia...
—Claro que no, hombre. Un segundo. Jack—se dio un codazo al otro—, deja de desvariar ya, que el peliazul se ha despertado.
—¿Eh? ¡Ah!—el tal Jack se levantó de la silla de un salto y se acercó a Reïk—. ¡Hola! Debes estar preguntándote qué es lo que te ha pasado, ¿no?
—Sí, algo así...
—Bueno, nosotros os trajimos aquí. Yo soy Jack, el encargado de este sitio, y este es Lucas, un mindundi que pasaba por aquí.
—Qué risa. Ni caso, yo soy su ayudante, el grandioso y poderosísimo Lucas First.
—...También llamado el hombre linterna.
—Fuera, el que hace las gracias aquí soy yo.
—Eh...—Reïk se volvió a tumbar—, no entiendo lo que decís...
—Ah, claro... Lo comprendo. No te preocupes, ahora de momento no hace falta. Cuando os encontréis mejor os lo explicaremos todo con más detenimiento.
—¿”Os”? ¿Maite está aquí?
—Sí, nuestra amiga Ali la está cuidando.
—De hecho—Ali entró por la puerta—, se acaba de despertar. Está perfectamente, quizás un poco aturdida. Encantada, Reïk, yo soy Nista Alícea. También me llaman Ali.
—Yo... Eh...
—Te dejaremos dormir un poco más. Mientras tanto, mataremos bichos. ¿Eh, Lucas?
—Bueno.
—Venga, te dejamos ya. Descansa.
Los tres salieron de la estancia y apagaron las lámparas. Reïk quedó completamente a oscuras. Sin poderlo evitar, volvió a quedarse dormido.


—La has vuelto a liar—Vittorio se dio la vuelta y vio a Evan apoyado en el pilar de madera de la cama—. No te puedo dejar cinco minutos solo.
—¿Qué he hecho mal? ¡Tenía que marcharme!
—Quizá si me hubieras llamado en lugar de dejarle una triste nota no te habría pasado esto.
—Sí... Sí, tienes razón.
—¿Lo ves? Por cierto. Mi baraja la quiero de vuelta, hijo de perra.
—Sí, sí, toma...—Vittorio se sacó una baraja de cartas nueva del bolsillo y se la lanzó a Evan—. ¿Sabes algo de Inna?
—Ha mandado a la transformista y al vidente a la Gran Biblioteca. Supongo que volverán ascendidos.
—Ella al menos.
—Sí. Ella al menos.
Guardaron silencio durante un rato. Male seguía sin salir del cuarto de baño.
—¿Has conseguido detectar el fallo?
—Por desgracia, sí.
—¿Y cuál es?
—Pandora.
—...Mierda.
—Sí, eso digo yo. Mierda.


Un par de horas más tarde, Reïk se despertó. Seguía rodeado por oscuridad, pero entraba un brillo tenue por la ventana. Se acercó a mirar y quedó impresionado por lo que vio.

El sol, de color azul, surgía por el este, y sus rayos atravesaban todas las plantas que había alrededor del edificio. El bosque era una fiesta de colores pálidos, refrescados por el rocío de la mañana. Las luciérnagas todavía volaban alrededor de las flores, y se escuchaban los ríos correr libres por las montañas. Todo tipo de seres brillantes comenzaban a andar y a volar por el cielo y la tierra. Reïk quedó absorto, tanto que no se dio cuenta de que Ali entraba en la habitación.
—¿Estás mejor?
—¿Eh? Sí, gracias.
—Entonces sígueme.

Siguió a Ali por los altos y magníficos pasillos. Cientos de cuadros, estatuas y vasijas estaban expuestos a los visitantes, relucientes como el primer día. Sin embargo, se olía y se notaba la antigüedad en el ambiente. Finalmente, llegaron a una sala muy amplia, llena de estanterías con libros. Allí, Maite, Jack y Lucas los esperaban. Jack se adelantó, se ajustó las gafas y abrió los brazos.

—Bienvenido, Reïk, ¡a la Gran Biblioteca!
Reïk se frotó los ojos y enfocó mejor. Realmente estaban predestinados a estar allí.