miércoles, 28 de mayo de 2014

Relato: Pelirroja Parte 4

Cómo cabía esperar de ella, la habitación a la que le condujo V era incluso más fastuosa de lo que R había imaginado. Y ahí estaba, rodeada de cuadros valiosísimos, que R no pudo admirar por estar demasiado concentrado. No era para menos, la pelirroja y la chica de las flechas cantaban una melodía sin ton ni son, pero igualmente atrayente. Sus voces, que se unían en una cadencia perfecta, invitaban a acercarse aún más… Cómo el dichoso cubo de Gea.
-  Encantada de verte de nuevo, R. Es un placer ver a uno de los aliados de la Titiritera en mis filas –bostezó ella, levantándose de un salto.
-  V no me ha dejado otra opción –se encogió de hombros. - Además, tengo curiosidad… ¿Cómo te vas a enfrentar a la Titiritera? Por lo que sé, tiene más recursos que tú.
La pelirroja bufó y apuntó algo en una cuartilla con una pluma estilográfica y R pudo ver que tenía los dedos y la nariz manchados de tinta. No parecía una amenaza, pero con algo puntiagudo en las manos no era muy inteligente cabrearla.
-  Mira, bonito, por muchos pringados que esa loca tenga de su lado no me voy a rendir. Estoy harta de que una panda de chalados me ponga trabas e instigue a mortales a perseguir a mis chavales solamente por ser diferentes. –gruñó.
-  Lleváis milenios matando gente inocente –respondió R.
-  Si por inocentes te refieres a aquellos que no dudaban en intentar matarnos, influenciados por la Titiritera o su segundo al mando... –dijo M.
-  Exacto, M. Bueno, pasemos de tema. R, tengo una misión para ti. Necesito que le lleves un mensaje a la loca esa. Y no me mires así, sé que conoces su paradero. Tenemos un informador desde hace algún tiempo. Al principio no quería soltar prenda, pero últimamente está de lo más hablador gracias a Gea.
-  Está bien. Supongo que no puedo negociar la liberación de ese “informador” contigo.
-  Supones bien. No me suele sentar bien que me tomen el pelo, y todavía no he terminado mi venganza. A ver, grábate bien el mensaje: “Espero que tengas un plan B, porque esta vez tu querido espía no te va a sacar las castañas del fuego”.
-  Vaya, corto pero agresivo –rio nerviosamente R.
La pelirroja abrió la boca para contestar, pero en ese momento se abrió la puerta de golpe. Una racha de aire caliente y humo les golpeó.
- ¡Han entrado intrusos! –tosió Sincara, saliendo entre el humo con una Camaleón inerte entre sus brazos. - Han reventado la puerta y Camaleón se ha enfrentado a ellos. El que ha dejado inconsciente a Camaleón era el asesino personal de la Titiritera, pero al otro no le había visto nunca. Es el que ha iniciado el incendio.
-  Este edificio es enorme, dudo que nos encuentren… a menos que estén buscando al prisionero –murmuró la pelirroja.
M se levantó de un salto.
-  Cómo se atreve, ese hijo de puta asesino… Voy a darle su merecido. ¡V! ¡Gea! Vamos, no seáis nenazas.
Antes de que la pelirroja pudiera protestar, una llamarada salió de la puerta abierta, envolviendo a M. Ésta cayó al suelo, sin ningún daño aparente.
-  Mira, Yao, esta es la guarida de los perdedores. Es una pena que mi pequeño incendio estropee esos cuadros tan bonitos, pero qué se le va a hacer.
Por la puerta entró un joven delgado, de pelo dorado y ojos verdes. La ropa que vestía estaba ennegrecida y destrozada por diversos lugares, pero no parecía importarle. Detrás de él entró otro hombre, de tez oscura, que llevaba un fardo del tamaño de una persona al hombro.
-  Bueno, a lo que iba –dijo el joven dirigiéndose a la pelirroja. -Mi jefa se alegrará mucho cuando vea que hemos rescatado al prisionero, así que puedes quedarte con el corredor. Total, para lo que servía. Pero, para que lo sepas, la próxima vez que lo intentes no nos contendremos… y lo perderás todo.
Dicho esto, dio media vuelta, pero un grito ahogado le frenó. M le miraba boquiabierta.
- ¡ERES UN JODIDO TRAIDOR! ¡CONFIÉ EN TI! ¡¿Y AHORA RESULTA QUE ERES UNA DE LAS SABANDIJAS DE LA TITIRITERA?! –empezó a chillar, originando un temblor en aumento.
-  Hola…Male. Veo que mi sudadera te queda bien. Procura no morir estando cerca de mí porque te la quitaré, está hecha de un material ignífugo que me vendría muy bien. No me gusta la ropa mortal, no aguanta mi ritmo de vida –contestó él, riendo suavemente.
Hizo una señal a su compañero y ambos salieron corriendo. M se quedó mirando la puerta durante unos segundos, hasta que pareció reaccionar y miró a R.
- ¿Ves? Te han dejado solo, han preferido al querido espía de esa zorra. Y lo gracioso es que es por ese cabrón de “Pe” por lo que estoy aquí. Yo he huido siempre, R. Y ese imbécil me engañó, hizo que confiara en él… -le susurró antes de empezar a llorar.
-  No son los buenos, R. Son una panda de desequilibrados que buscan el poder –dijo V.
-  Me temía que podían intentar algo así –dijo la pelirroja. - El plan que he ido elaborando sigue en pie… Y puedes ayudarnos, R. ¿Qué dices?

R miró a los presentes. Renegados, sucios, medio asfixiados por el humo… pero todos parecían tener fe en el descabellado plan de una psicópata. ¿Y qué si era un suicidio? No sería la primera vez que se metía en problemas. Sonrió y le tendió la mano a la pelirroja.

miércoles, 30 de abril de 2014

SpinOff Orígenes: Metro

El metro en hora punta. Una acumulación de gente con prisa que no parecía acabar nunca. Pobres mortales, pensó M, apurando hasta el último instante de sus cortas y aburridas vidas. Esta vez era diferente: tenía prisa por finalizar esa maldita misión. Y la razón principal era esa presencia que la seguía un par de metros atrás. M casi podía sentir esos dichosos ojos grises perforándole el cogote y no le gustaba nada.
De todos los compañeros que podía haber tenido, le había tocado el rarito que ni siquiera sabía usar su don. Por mucho que la pelirroja se empeñara… ¿qué diablos pintaba un tío “especialista en emociones” en un interrogatorio si hasta la fecha no había conseguido manipular a nadie? Tendría más éxito sola. Suspiró y aceleró el paso. Faltaba poco para llegar al lugar en el que supuestamente encontrarían al objetivo y debía…
Súbitamente, alguien chocó con ella, haciendo que se cayera. No duró mucho, dado que fue levantada bruscamente. Antes de que pudiera comprender que estaba pasando, corría por unos sospechosamente vacíos pasadizos del metro arrastrada por V.
- ¿Pero ¿qué estás haciendo, animal? –reaccionó, soltándose.
- ¡Perseguir al objetivo! Estabas tan metida en tu mundo que te ha visto antes que tú a él. Le ha dado tiempo a tirarte al suelo y no te has dado ni cuenta. ¡Vamos, que se escapa!
M decidió callarse y siguió a V hasta una puerta de mantenimiento entreabierta.  Después de cruzar un pasillo sucio y mal iluminado, lo que vieron hizo que M se quedara patidifusa.  Se encontraban en un pequeño andén, en cuyas vías descansaba un vagón antiguo. Frunció el ceño. Ese lugar no aparecía en los mapas, pero no parecía abandonado.
-    No es por molestar, M, pero hay alguien en ese vagón.  Me está poniendo los pelos de punta, noto que está ahí pero no logro ver nada. –susurró V.
-     Vaya mentalista de pacotilla -bufó ella. -  Tranquilo, chaval, tú quédate atrás y aprende de una profesional.
Ignorando deliberadamente a V y a sus insultos entre dientes, empezó a forcejear con la puertecita del vagón. Después de varios minutos y unas cuantas patadas, M y V irrumpieron en el pequeño espacio, cuyo interior estaba salpicado de quemaduras. Pero no se fijaron mucho en ello, dado que la chica sentada en el suelo acaparó toda su atención.
-      Ahora resulta que nuestro objetivo es un secuestrador. Creo que a la loca pelirroja se le olvidó mencionarlo-se quejó V.- Oye, chavala… ¿Te encuentras bien?
No recibió respuesta. Carraspeó varias veces, pero la chica parecía totalmente concentrada en un pequeño cubo brillante que sostenía en una mano. Si no fuera por la expresión vacía de su cara pálida y sus ojos oscuros clavados en ese cubo, casi parecería una adolescente totalmente normal. Ese cubo…
M vio cómo V pasaba del desconcierto a la comprensión y empezaba a señalar el cubo sin parar mientras murmuraba sin sentido.  Antes de que pudiera hacer nada, una de las ventanas más cercanas a la chica se hizo añicos y un hombre entró por ella, cayendo sobre la chica.
-     Vaya, se nota que queréis encontrar el tesoro. Es una lástima, la mujer que me reveló el secreto del tesoro también me advirtió que me lo intentaríais quitar–rio el “objetivo” agarrando a la chica con firmeza.
-     Suelta a la chica, querido. No quiero tu tesoro, solamente necesito una información que me han dicho que tienes –dijo M con cautela.
En cuanto el hombre empezó a reírse como un desquiciado, M miró de reojo a V. Justo cuando necesitaba una pequeña ayudita, el muy idiota se quedaba plantado en el sitio, mirando fijamente el cubo.
-      No sé qué coño piensas hacerme, tío… ¡Pero no lo conseguirás! –gritó el hombre, arrancándole el cubo a la chica con su mano libre.
En ese momento, V pareció reaccionar. Esbozó una mueca de disgusto y la chica empezó a revolverse, cada vez más enérgicamente. Ahí pasaba algo raro, pensó M… ¿Por qué la piel de la chica estaba empezando a brillar? V debía estar haciendo alguna de las suyas.
Por otra parte, el hombre no daba muestras de estar pasándolo bien. Parecía presa de infinidad de espasmos, y por mucho que lo intentaba no podía soltar a la chica. En menos de un minuto, no tuvo que preocuparse más, dado que su cadáver calcinado cayó al suelo. En ese momento V se dirigió a la chica.
- ¿Quién eres? No te había visto nunca. Y eso es difícil.
La chica le miró fijamente, le dedicó una sonrisa burlona y cargó contra ellos. Tanto a M como a V no les apetecía acabar como el secuestrador chalado, así que se retiraron rápidamente, dejando que se escapara por la puertecita.
-     Bueno, al menos se ha dejado su juguetito -resopló M arrancando el cubo de los restos carbonizados. - Seguro que Sincara podrá decirnos algo.
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V buscaba desesperadamente en todos los armarios y cajones de su cuarto. Tenía que encontrar la dichosa máscara. No quedaba mucho para que la pelirroja le llamara para hablar sobre la misión fallida y echarle por ello y no iba a irse de allí sin llevársela. Era imposible, la había visto nada más llegar de la misión y menos de una hora después había desaparecido. Frustrado, pegó una patada a la pared y se quedó mirando el lugar donde solía dejar su máscara.
- ¿Sabes? Me gusta tu máscara. No suelo ver máscaras tan bonitas. Además, alguien me dijo una vez que si me mantenía cerca de una estaría a salvo –dijo alguien a su espalda.
V se quedó paralizado. Esa voz no le resultaba familiar. Era una voz de mujer, ligeramente grave y pausada. Un instante de concentración le dio la pista que necesitaba, así que se giró y sonrió.
-     Vaya, vaya, la chica misteriosa del metro. Espero que respondas esta vez mis preguntas… ¿Quién eres? Y… ¿Cómo has llegado hasta aquí? 
-      Me llamo Gea. Y la segunda respuesta es obvia –rio ella dejando la máscara de V en una estantería. - os he seguido. No fue difícil, no dejabas de discutir con la tía gritona. Y bueno… al intentar entrar… me ha pillado una chica semitransparente, me ha puesto nerviosa… Y he entrado.  ¡Pero en un ratito la chica estará bien! Más o menos.
  V la miró dudoso. Parecía muy poquita cosa, pero con un temperamento algo difícil de controlar, del que dependía una capacidad algo extraña consistente en producir energía eléctrica en grandes cantidades. Sonrió al oír a M gritando por el pasillo. Podría probar una teoría y vengarse.
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M estaba bastante cabreada. La pelirroja no parecía muy enfadada por el resultado de la misión, lo cual era tétrico, pero lo preocupante era tener que cargar con el rarito otra vez por orden suya.
Entró en el cuarto de V tras dar unos cuantos gritos, dispuesta a hacérselo pagar.  La intención se quedó en segundo plano cuando vio a la chica misteriosa del metro.
-      Mira, Gea, esta chavala tan gritona y malhablada es M –soltó V con desdén.
M y Gea se miraron fijamente durante unos segundos. A M no le gustaba nada esa chica, no pensaba fiarse de ella. Pensando en ello, le tendió la mano, probándola. Gea no dudó en agarrar su mano con firmeza y una fuerza que M no esperaba.
Gea no parecía dispuesta soltar su presa, y pronto M empezó a sentir cómo le subían calambres por el brazo. Cuando vio cómo Gea ponía poco a poco una sonrisa demente, miró aterrada a V, que observaba con una sonrisita la escena.
- ¡Haz que pare, imbécil! ¡Sé que es cosa tuya! –le chilló.
- ¿Ahora quién es el inútil? Me vienes genial para probar el alcance de mis “sugerencias”. Además, no te quejes, en un rato estarás como nueva.
- ¡¿Pero no le oyes, tonta?! ¡Te está utilizando! –probó a chillarle a Gea.
-      Ni lo intentes. No le caes bien, y gracias a un pequeño empujón…  Está tan enfadada que solamente piensa en vengarse,
M se revolvió, sin éxito. Aterrada, contempló cómo Gea empezaba a brillar y gritó cuando la electricidad recorrió su cuerpo, causándole un dolor horrible. Cayó súbitamente en la oscuridad, que, al contrario que veces anteriores, no le proporcionó ningún alivio.
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-    Y dices que lleva unas tres horas ahí tirada… -murmuró ella, mirando el cuerpo de M con curiosidad.
-     Exacto. No creo que le quede mucho para recuperar el conocimiento, su cuerpo se ha recuperado bastante rápido –contestó V.
-     Se va a poner furiosa cuando se entere de que Gea casi la convierte en carbón gracias a ti. Y, por otra parte, felicidades. Dado que conseguiste traer al objetivo hasta aquí, puedes quedarte.
- ¿QUÉ? ¿Gea era el verdadero objetivo? ¿Tú sabías de su existencia?
-    Eh… más o menos… sabía que la Titiritera estaba custodiando a alguien. No tenía ni idea de por qué lo hacía, pero viendo lo que puede hacer esa chica, me parece poca la vigilancia que tenía.
-     Me dejé capturar. Era más fácil que ir buscando a un grupo de personas que supuestamente no existen -dijo Gea por detrás- Como no intentaba huir se despreocupaban de mí.
Oh, joder, pensó V, nunca se iba a acostumbrar.  Gea pasaba tan desapercibida que era imposible saber cuánto tiempo llevaba apoyada en la pared. Cuando la miró, vio cómo se afanaba en apretar piececitas en un cubo similar al que M se había llevado.
- ¿Qué haces? –le preguntó V.
-       Es un modulador. A la tonta esa no se le da bien controlar su voz, seguramente me hubiera ganado de no ser así –murmuró ella. - Por cierto, os agradecería que me devolvierais mi inhibidor. Necesito más piezas, no he conseguido tanta chatarra del taller como querría. El tal “Sincara” no parecía muy contento de tenerme por allí.
-       Entonces… ¿construiste tú ese inhibidor? –le preguntó ella con voz melosa.
-     Sí, con chatarra que iba encontrando. Se me dan bien los aparatos electrónicos –dijo Gea, depositando el cubo en las manos de M.- No es gran cosa, pero le servirá.
V y la pelirroja no se esperaban para nada lo que sucedió: M se levantó de un salto, gritando un montón de insultos hacia Gea y V a un volumen tan alto que tuvieron que taparse los oídos y las paredes vibraron como si hubiera un terremoto. Gea, ni corta ni perezosa, y tapándose las orejas, le dio una patada a M en la rodilla, haciendo que se callara.
-        No lo pongas al máximo, burra, harás que se nos caiga el edificio encima.
- ¿De qué me hablas, loca? –gimoteó M frotándose la rodilla. - Primero me electrocutas y luego me pe…OH.
M se fijó en el cubo que seguía teniendo en la mano, miró a Gea y sonrió. Agarró a V del cuello de la camisa y rio suavemente,
-    Querido, para agradecerte que me usaras de conejillo de indias, voy a ofrecerte un pequeño concierto en la sala de las lámparas de araña. ¿Cuántas crees que te caerán encima? –dijo arrastrando a V al pasillo.
Una vez solas, la pelirroja miró a Gea con una sonrisa de oreja a oreja.
-     Gea, querida… ¿Serías capaz de hacer otro “cubo” más potente? –preguntó con un brillo calculador en los ojos.
-    Por supuesto, pero necesito mucho material. Cuanto más grande, mayor potencia -dijo Gea encogiéndose de hombros.
-    Haré que Sincara y Camaleón te consigan todo el que quieras. Bienvenida a la familia, Gea… Gracias a ti, la Titiritera comprenderá que no estamos jugando…

sábado, 29 de diciembre de 2012

SpinOff Orígenes: Flechas



Al décimo intento consiguió abrir la puerta. Cayeron sobre el frío suelo del piso, entre risas y algún golpe. La pelea no duró mucho, dado que él se levantó de un salto.
- No te estreses, Pe, mi familia no está aquí –dijo M con los ojos en blanco.
- ¿Otra vez? No parece que te hagan mucho caso, Male.
- Ya te tengo a ti, no necesito a nadie más –le susurró coqueta- Venga, te saco algo para cenar y te piras, que mañana hay clase.
- Sí, señora.
Ya en la cocina, M suspiró. Era la primera vez en siglos que conseguía intimar con un mortal. Había conseguido mantener la farsa de la familia ausente durante meses, pero tarde o temprano él se enteraría. No quería ni pensar qué le diría cuando se enterase de que su Male era simplemente una tapadera… pero aún tenía tiempo y pensaba aprovecharlo al máximo.
- Me gusta tu sudadera, Pe –saltó mientras cenaban- ¿es nueva?
- Sí, pero sí la quieres tendrás que cantar algo. Sigo sin saber para qué vas a esas ridículas clases de canto sí lo haces genial.
M bufó. Cantar en público era la mejor forma de mandar su tapadera a la mierda. Ese maldito don le había causado demasiados problemas. Pero aquella sudadera, estampada con flechas rojas y negras que resplandecían levemente con la luz, se le antojó. Total, solo tenía que modular un poquito más de lo habitual la voz, lo suficiente para no dejarle secuelas.
- Mañana, pesado. Hoy ya me has mangoneado suficiente –concedió ceñuda.
Pe rio y le dio un beso en la mejilla. Salió corriendo del piso antes de que M pudiera insultarle y se encerró en el ascensor.
- Mira que es crío –refunfuñó M mientras ordenaba el caos del salón.
Un repentino pitido en el telefonillo la alertó. Una persona normal lo achacaría a un trasnochador graciosillo, pero M llevaba demasiado tiempo huyendo como para restarle importancia a esas cosas. Con un cuchillo de cocina en la mano, bajó lentamente las escaleras. Si venía alguien a por ella le iba a dejar un pequeño recuerdo.
El recibidor, iluminado por las farolas del exterior, estaba desierto. Pero… algo colgaba de la manilla de la puerta, lanzando de vez en cuando leves destellos rojizos: la sudadera.
- Oh, no. OH, NO. ¡HIJOS DE PUTA! -chilló con todas sus fuerzas, provocando que todos los cristales se convirtieran en polvo.

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Tardó cinco minutos en llegar a la guarida de los secuestradores. Llevaba el cuchillo oculto bajo la sudadera de Pe. Tenía que liberarle, aunque le costara la vida.
- Debe de ser muy importante este mortal, has salido de tu agujero, sirenita.
M tragó saliva. Uno de los secuaces del traidor estaba tranquilamente apoyado en la pared, con una pistola sobre la sien de Pe. Pe parecía aterrorizado y miraba a M con pánico.
- Me he tomado la libertad de contarle a tu chico toda la verdad, sirenita.
- No me llames sirenita, capullo. ¿A qué viene todo este numerito? Ya os dije todo lo que sabía hace unos años –no iba a dejarse amilanar por ese chulito.
- No convenciste al jefe, así que decidió darte otra oportunidad. ¿Ves esta pistola? Vamos a jugar un ratito a la ruleta rusa. Cada vez que me digas algo que no me guste apretaré el gatillo. Tienes tres oportunidades y el chico solamente tiene esta vida.
M asintió a regañadientes. La cosa no pintaba nada bien, pero debía intentarlo.
- A ver, primera pregunta. ¿Dónde está la pelirroja?
- No lo sé. Llevo siglos sin verla.
- Respuesta equivocada.
Cuando M oyó el chasquido, se temió lo peor. Pero no pasó nada, ese capullo estaba jugando con ella.
- A ver si esta vez cooperas un poquito, monada. Segunda pregunta: ¿dónde están los aliados de la pelirroja?
- Tampoco lo sé. Vinieron hace unos años, pero les dije que no me interesaba formar parte de sus planes.
El hombre pareció pensárselo durante un rato largo. Soltó la pistola… y con un rápido movimiento le partió el cuello al indefenso Pe. M chilló y se lanzó contra él, pero alguien la detuvo y la arrastró fuera de la guarida.
- Espero que no vuelvas a hacer semejante tontería, M –empezó a regañarla una mujer semitransparente diez manzanas después.
- Hola, Camaleón. Hubiera sido un grandísimo detalle que me hubieras ayudado, y así Pe no estaría en el otro barrio –atacó M.
- Lo siento, no pude reaccionar a tiempo. Es la primera vez que matan a mortales sin más.
- Presiento que tienes alguna oferta para mí. Te agradecería que lo dijeras directamente, por favor.
- Bueno… la jefa está reuniendo gente otra vez. Dice que eres una parte imprescindible de su plan.
- Sí me ponéis a ese hijo de puta asesino en bandeja para hacerle sufrir… me apunto. Se van a enterar de que la “sirenita” tiene unos dientes muy afilados.
Dicho esto, se colocó la sudadera de flechas y siguió a Camaleón por la calle en penumbra.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Relato: Pelirroja Parte 3

La cosa pintaba mal, MUY mal. Llevaba meses notando algo extraño en el ambiente y tenía la absoluta certeza de que había llamado la atención de alguien peligroso.
R corría por un parque a toda velocidad, aprovechando esa milagrosa habilidad que le había sacado de muchos apuros durante siglos.
Al llegar a su escondrijo, se llevó una desagradable sorpresa: ya estaba ocupado por dos chicas y un chico con pinta de adolescentes que le miraban con guasa.
-  V, es la tercera vez que pierdes la apuesta, así que te toca llevarle hasta la jefa –dijo la chica que llevaba una sudadera estampada con flechas.
-  No recordaba su velocidad –el tal V se encogió de hombros- Vamos, Chispa, termina ya.
Antes de poder reaccionar, R se encontró en el suelo, con la otra chica encima. No parecía muy contenta y el fulgor que desprendía su cuerpo no tenía buena pinta. Sus sospechas resultaron ser acertadas, porque en cuanto el fulgor aumentó, algo le atacó produciéndole un dolor insoportable.

Despertó en una habitación desconocida. Por la luz que entraba por la puerta, debía de ser muy pronto. Aun así, una música extraña y cautivadora procedente de fuera le instó a levantarse. No fue buena idea, morir siempre le dejaba con el cuerpo algo tocado.
Salió renqueando a un patio interior con un enorme cubo de metal. Al aproximarse, pudo comprobar que la música salía de ahí y que no estaba solo. Una chica arrodillada frente al lado opuesto pasaba las manos por la superficie. A plena luz del día no parecía la misma que le había derribado.
-  Bonito trasto –aventuró R.
La chica se asomó y pudo verla totalmente. No muy alta, pálida, de ojos oscuros y el pelo castaño claro recogido en una trenza.
-  Es mi chiquitín –declaró ella con una sonrisa de oreja a oreja- lo hice con mis propias manos. Por cierto, me llamo Gea.
Miró el cubo, escéptico. Era totalmente liso y no tenía pinta de haber sido manipulado. Alargó la mano con curiosidad.
- ¡NO LO TOQUES! ¡ES MÍO! –chilló Gea súbitamente, lanzándose contra él.
Esa vez, R no se lo pensó dos veces, y empezó a correr por el patio, perseguido por Gea, que había pasado de la alegría al enfado en medio segundo.
- ¡Chispa! ¡PARA! –ordenó V acercándose a la carrera- ¿No puedo dejarte sola ni un segundo?
Gea frenó de golpe y empezó a tatarear una melodía. Parecía ajena a la persecución que acababa de protagonizar.
-  V… ¿tengo que formar equipo con Flechas otra vez? –gimoteó mirando con cara de cachorrillo a V- No me cae nada bien…
-  No hace falta que lo jures. La jefa no está contenta con vuestra última pelea, así que me toca ir con vosotras. Pero ahora tienes que ir a por tu máscara, que Sincara ya la ha mejorado –suspiró V revolviéndole el pelo.
Observaron cómo corría Gea hasta que desapareció tras una puerta. R aprovechó para mirar a V. parecía un adolescente normal, de ojos grises rasgados, pómulos algo prominentes y labios y mandíbula finos. Unas pocas canas en su pelo negro rompían la ilusión de juventud. R tragó saliva: se encontraba frente a un inmortal que no le transmitía buenas vibraciones.
-  Mira, R, no voy a mentirte.  Estás dentro quieras o no y me harás caso quieras o no. Te agradecería que pusieras de tu parte, tengo suficiente con ser la niñera de la chiflada bipolar. Sí estás de acuerdo, asiente y pongámonos en marcha, que ya tienes tareas.
R asintió muy despacio, lo que pareció aplacar a V. Mientras le seguía, suspiró. ¿Es que nunca se iba a librar de esa maldita pelirroja?

domingo, 28 de octubre de 2012

Relato: Pelirroja Parte 2


Tiritó al salir del barucho. Era una fría noche de febrero, y se había refugiado ahí huyendo de la muchedumbre que celebraba los carnavales. Suspiró de alivio al ver la calle desierta. Cuantos menos testigos de que había estado en esa ciudad, mejor. Estaba decidido a cambiar las tornas y sorprender a la pequeña psicópata en su cuartel general. Sólo había un pequeño problema… y era que no tenía ni idea de dónde podía estar el cuartel. La ciudad había cambiado demasiado desde el último encontronazo con ella.
Deambuló sin rumbo por las calles sucias y malolientes. Empezaba a cuestionarse si era un buen plan, dado el historial de muertes que llevaba encima. De repente, un lejano sonido llamó su atención. Al acercarse un poco más, reconoció una música extraña, a la par que hipnotizante.
Se quedó patidifuso al descubrir una plaza enorme, llena de jóvenes con máscaras que bailaban al son de la música que salía de un artefacto extraño. Una persona lo controlaba. Iba cubierta de pies a cabeza con prendas rojas y negras que al moverse mostraban flechas. Y por supuesto, llevaba una máscara pintada con flechas negras y rojas que le cubría la cara, lo que dificultaba saber su edad y género.
Observó con los ojos como platos la reunión. Tenía un toque extraño que le traía recuerdos no muy agradables, pero no fue capaz de moverse hasta que el misterioso DJ apagó el aparato y todos los jóvenes se desplomaron en el suelo.
En cuanto vio que la figura desaparecía en una callejuela adyacente, le siguió con cuidado. Durante unos minutos, se fue escondiendo para que su objetivo no se diera cuenta de su presencia. Pareció dar resultado, ya que no se giró ni una vez.
Una hora más tarde, llegaron a las afueras de la ciudad. El DJ se acercó a una pequeña casa en ruinas y abrió la puerta.
-  La señorita ama desea hablar con el señor traidor –rio sarcásticamente con voz de mujer, dándose la vuelta y haciendo una reverencia. - Venga, ¡no se quede parado, la señorita no tiene mucha paciencia!
Tragó saliva, dándose cuenta que la misteriosa DJ le había conducido a una trampa de ella. Bueno, ya no había marcha atrás, decidió cruzando la puerta. El camuflaje de la casa se esfumó y pudo ver que se encontraba en un gran recibidor, decorado con miles de plantas exóticas.
-  Cómo M le ha dicho, la señora no tiene mucha paciencia, así que le ruego que deje de mirar todo como si hubiera nacido ayer y sígame –le soltó lo que le había parecido una estatua dorada con los rasgos perfilados en negro, sacándose una melena negra por fuera de la capucha dorada. - Soy C, pero dudo que volvamos a vernos.
Le condujo a una fastuosa habitación, llena de objetos dorados, obras de arte antiquísimas y divanes.
-  Querido, avisa a la señora de que su invitado ya ha llegado –dijo C a un joven alto que descansaba en uno de los divanes.
Parecía un chico totalmente normal, vestido con un conjunto de chaqueta larga, pantalones y botas oscuras, pero cuando se giró hacia ellos, pudieron ver que llevaba una especie de máscara blanca totalmente lisa, sin agujeros de ningún tipo.
-  Hola… sabía que tarde o temprano te atraerían hasta aquí mis chicos –sonrió ella. - Dejadnos solos, por favor.
C y el chico de la máscara se fueron rápidamente, dejándole sólo frente a esa pelirroja psicópata. No había cambiado una pizca en todos esos años y su pelo refulgía como una hoguera, como siempre. Lo único que había añadido a su aspecto era esa coqueta máscara veneciana, que le resultaba familiar.
-  Veo que te acuerdas de la máscara que me regalaste la primera vez que nos vimos en Venecia, hace ya muchos siglos –pestañeó inocente. -  Qué lástima que decidieras quemar mi casa para tenerme controlada.
-  No sé de qué me hablas. Casi no recuerdo esa época.
-  Qué casualidad… -gruñó.
-  Mira, he venido para proponerte una tregua. No sé por qué sigues empeñada en matar a todo el que se me acerca, pero eso debe acabar. Estás matando a gente inocente.
Esa fue una mala idea, principalmente porque se encontró volando por los aires para acabar estampado en la pared con la pelirroja apoyando una aguja contra su cuello.
-  Y me dice el menos indicado que he matado a gente inocente. ¡Mataste a todo mi vecindario en París sólo porque me miró el lechero! ¡Quemaste San Francisco porque mi casero se dignó a darme un obsequio! Y no te hagas el amnésico, porque voy a devolvértelas todas hasta quedarme satisfecha.
-  Y… ¿y qué pasa con los jóvenes de esta noche? –jadeó aterrorizado.
-  Eso es parte de un plan que te copié a ti, en Grecia. Pero en vez de usar soldados… estoy reclutando inmortales, como mis tres chicos –rio suavemente ella- Voy a dominar el mundo entero y tú vas a ayudarme, quieras o no.
- ¡No voy a formar parte de tus delirios, psicópata! –chilló en un ataque de valentía.
- ¡C! ¡M! ¡Llevad al traidor a la sala del delirio! Espero que unos cuantos lustros encerrado te aclaren las ideas, querido.
Lo último que oyó antes de ser arrastrado fue una estruendosa risa psicópata que se le clavó en lo más profundo de su ser.

domingo, 11 de marzo de 2012

Relato: Pelirroja

Bueno, aquí un microrrelato que puede que sirva de base a algún relato largo... ¡Espero que os guste!
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Sus ojos de color miel relucieron con un brillo verdoso a la luz mortecina de una farola solitaria. Tenía miedo, mucho miedo. Debía salir de ahí antes de que ella apareciera.
Pero eso era más fácil de decir que de hacer. Ella tenía ojos en toda la ciudad, vigilando cada movimiento que hacían todos sus esclavos. Seguramente alguno de sus espías ya le habían visto y ella se dirigía hacia ese lugar para castigarle. ¿A dónde podía ir? Estaba atrapado. Pero no, no podía, no quería, decidió echando a correr por una calle oscura.
Corrió como un condenado durante varios minutos, pasando por calles mal iluminadas y llenas de basura... Y silenciosas. Frenó al recordar la predilección de ella por ejecutar a sus presas en silencio y sin testigos.
Una risita resonó a unos metros y como por arte de magia, una cabellera pelirroja refulgió en la oscuridad.
- Vaya, has tardado menos que otros en darte cuenta, mi querido esclavo -sonrió la dueña de la cabellera dando una palmada.
Una farola se encendió y pudo verla, con una gabardina negra y el pelo recogido en una cola de caballo. Sonreía con maldad, y sus ojos marrones tenían un brillo mortífero.
- Ha... ¿Hace mucho que me sigues? -jadeó él.
- El suficiente. Ya lo sabes, me gusta jugar con los esclavos traidores antes de castigarlos.
- ¡No soy tu esclavo! Me hiciste chantaje. No te debo ya nada.
La pelirroja dejó de sonreír y se acercó, provocando que él se encogiera de miedo. Aunque le sacaba veinte centímetros, había visto las carnicerías que podía hacer esa pequeña psicópata con una simple aguja.
- Tonto no eres. Sabes perfectamente lo que te haré. ¿Por qué no vuelves a mi lado y hacemos como si no hubiera pasado nada?
- ¿Y qué va a cambiar? Sé que vas a obligarme a matar a todo el que me importe en cuanto vuelva a tu lado. Y eso no pienso permitirlo.
Ella sonrió con algo parecido a la ternura en los ojos y apoyó una mano enguantada en su pecho.
- Mi pobre iluso... ¿Quién te ayudó cuando tuviste problemas? ¿Quién se desvivió por ti? ¡¿QUIÉN TE SALVO EL CULO CUANDO TU QUERIDA TE ENTREGÓ A UNA BANDA POR UN PUÑADO DE BILLETES?! Y yo sólo te pedí que estuvieras a mi lado siempre...
- Lo siento, pero no voy a obedecerte nunca más. Búscate a otro que quiera ser tu chucho, pero a mi déjame en paz. Ya me he cansado de tu juego.
Ella empezó a llorar, mientras que él se arrepentía de ese ataque de valentía que seguramente acabaría con la muerte de alguien como castigo. Así que empezó a correr para evitarlo, pero un dolor agudo en el cuello le frenó. A su espalda, ella bufó.
- No te equivoques, querido mío. Si yo no te tengo no te va a tener nadie.
Siguió riendo ante el cadáver del desafortunado joven hasta que éste ardió sin razón aparente. Después escupió en el suelo y suspiró.
- Espero que la próxima vez que nos veamos elijas mejor y no te vayas con una zorra mortal, querido. Esto de matarte una y otra vez ya empieza a ser aburrido.
Dicho esto, dio una palmada y desapareció, dejando la solitaria calle sin luz.