domingo, 15 de marzo de 2015

[Relato independiente] - La naturaleza de las cosas

Te despiertas en la entrada de un bosquecillo. No, no es un bosquecillo, es una aldea, llena de árboles que flanquean los caminos como los grandes pilares que sostienen una etérea bóveda de hojas de pino y viento fresco. La espesura de estos es tal que no te deja ver con claridad las casas, todas muy pequeñas, escondidas entre el resto de maleza como si se ocultaran de algo que viene a comérselas. Como hormigas, frenéticas porque han notado una ráfaga de viento inusualmente cálida. Las casas también transmiten la idea de sentirse frenéticas. ¿Tal vez sea porque acabas de llegar? Quién sabe.

No recuerdas cómo has llegado hasta ahí. Tan solo sabes que estás, y cuando miras hacia detrás sólo ves campos y campos con casas semiderruidas. No hay nadie allí. Estás completamente solo.

 No, no lo estás. Tienes las casas. Y los pinos.

Sin saber muy bien qué hacer, comienzas a caminar por el sendero. Huele bien, a humedad de lluvia. Tan sólo se oye el silbar del aire entre las ramas y entre las casas tímidas. Miras por encima de las verjas de piedra bajas para ver si alguien se asoma a una ventana o cierra una cortina, pero nada. Todas las casas están cerradas a cal y canto. Empiezas a sentir un ligero temor, que se acrecienta cuando oyes lo que empiezas a oír en el preciso instante en el que divisas la curva que sube hacia arriba, en una cuesta.

Largas y melancólicas notas en tono grave de algo que podría ser una flauta resuenan en los huecos de las vallas, en las piedras del camino y en los cristales de las ventanas de las casas. Son suaves y ligeras, casi como caricias. Pero son caricias tristes, lamentos. Te recorre un escalofrío. Pestañeas. Y, de repente, una intensa niebla te ha rodeado, y los pinos han desaparecido. Estás en un campo de flores, bañado de una luz crepuscular que no parece acabar nunca. El cielo es de color naranja, y las estrellas brillan de color verde. Miras a tu alrededor y la niebla te impide mirar más allá de unos dos metros de distancia. Desesperado, te sientas en el suelo. Oyes susurros. Miras hacia arriba. Ves muchas lunas.

De repente, los susurros cesan, y se empieza a oír la flauta de nuevo, esta vez más cerca. Y más siniestra que antes, por algún motivo. Asustado, te levantas y echas a correr, pero te detienes en seco. No sabes de dónde proviene el sonido. No sabes dónde estás. No puedes huir.

Miras hacia todos lados. A tu derecha comienzas a ver algo que parece una sombra y que se acerca hacia ti a través de la nube. Se mueve con la ligereza de una hoja al viento y con la elegancia un cisne que levanta el vuelo. Cuando por fin sale de las sombras de la niebla, ves a una joven vestida con un manto negro hasta los pies, con adornos geométricos y figuras extrañas en color naranja. La prenda de ropa está abierta, por lo que puedes ver un vestido ceñido y largo que se funde con el aire al llegar al suelo, creando pequeñas volutas de humo, y los pies descalzos de la dama. Su piel es grisácea, y su pelo, negro como el carbón. Sus ojos son de todos los colores del mundo, muy grandes, y enarcados por ojeras. Lleva una espada atada a la cintura de colores claros y suaves, desentonando con el resto de su estética, pero eso no le resta belleza. Te quedas embobado.
—¿Qué?—pregunta ella. Su voz suena extraña. Son los gorgoteos de una pequeña fuente cuyo agua repiquetea en la fría piedra. Son los trinos de las golondrinas en primavera. Es el aceite de oliva, suave y precioso.

No te atreves a contestar. Pestañeas.

Lo siguiente que ves es una duendecilla, donde estaba la dama de antes. Viste casi exactamente igual, pero lleva una máscara apartada de la cara. Sonríe levemente durante un instante.
—¿A que esto no te lo esperabas?
Vuelve a ponerse seria.
—Por desgracia, nadie lo hace.

De nuevo, no te atreves a contestar. Pestañeas otra vez.

El aspecto de la dama ha cambiado de nuevo. Ahora es una joven de pelo castaño y piel clara como la luna. Sus labios son carnosos y enmarcan una boca pequeña, diminuta, y las comisuras, hacia abajo, le dan un aspecto triste. Los ojos siguen siendo igual de grandes, y las ojeras igual, pero esta vez el manto ha cambiado para dar paso a una gabardina larga, cerrada, que se levanta por abajo para dejar bailar con la brisa a una falda. Ambas piezas de ropa son de tonos rosados, y los pies están ahora cubiertos por unas medias a rayas de color violeta y turquesa. Ahora la espada al cinto casa perfectamente con las tonalidades de la estética de su portadora, y la inquietud de que no estuviera donde debiere desaparece de tu mente. Ese es el lugar que le corresponde. Lo sabes. Lo sabéis.
—¿Sabes qué es este sitio?
Intentas responder, pero no hay voz que dé vida a tus palabras. Como resultado, sólo mueves la boca, resultando un tanto estúpido. Ella se ríe.
—Claro que no. Nadie lo sabe.

La niebla se disipa y entonces ves la entrada a la arboleda de antes y las casas semiderruidas. Ella comienza a caminar hacia el bosquecillo, y tú la sigues automáticamente. Te fijas en que en la mano lleva una flauta travesera de plata. Así que era ella después de todo.

Cuando por fin llegáis a la arboleda, ella comienza a caminar tocando su canción. Las tristes notas vuelven a resonar en los cristales de las frenéticas casas, en las piedras de los caminos y en los troncos de los árboles. El aire parece moverse al compás de la canción que la muchacha está tocando, y tu corazón se parte en dos al ver una lágrima recorriendo su mejilla.

Sube por la cuesta de la curva de antes y la sigues. Ella va cada vez más deprisa, y tú, exhausto, la sigues como puedes. Sin detenerte. No se te pasa por la cabeza ni un solo instante.

Al final llegáis a un claro donde hay un pequeño jardín. Hay un chalet de los que podrías encontrar en una urbanización a las afueras de una ciudad. Está también semiderruido, pero hay una entrada a un sótano que está medio tapada por la maleza. La joven se ha detenido delante y te observa, impertérrita.
—Hace tiempo que nadie llega hasta aquí. Al menos tan rápido.
Entre respiraciones entrecortadas, intentas responder a eso, pero tampoco puedes. Te sientas en el suelo y miras hacia el cielo, de color naranja crepuscular, casi ignorando a la bella mujer que te observa desde el otro lado del jardín.
—Pero este no es el punto importante.
La miras, descolocado. ¿Tanto esfuerzo y llegar hasta aquí no es tan importante como al parecer? Te frustras. Pero al mirarla a la cara se te pasa.

Cuando por fin recuperas el aliento, te levantas y te acercas a ella. Estás a un metro de distancia de su persona cuando ella levanta la palma de la mano y te pide que te detengas en silencio. Obedeces.
—Antes de que sigas, tengo que decirte de que las cosas que vas a ver aquí no son las cosas a las que estás acostumbrado.
Pones cara de sarcasmo. Ya has visto varias cosas increíbles a lo largo de tu corta visita a aquel mágico lugar.
—No pongas esa cara. Eso que has visto no es a lo que me refiero—su voz ahora suena dura. Te estremeces—. Me refiero a cosas que pasan en tu mundo. Cosas en las que nadie se fija, que pasan desapercibidas a lo largo del tiempo.
La miras directamente a los ojos. Ella te sostiene la mirada durante un rato, pero finalmente se rinde.
—Supongo que estás decidido a venir. Bien pues, acompáñame.

Entráis lado a lado en el sótano. Al principio no se ve nada, pero ella saca un diminuto candil de su bolsillo e ilumina el lugar con una luz de color rojo anaranjado.

Es un pasillo lleno de ramas rotas y hojas de pino. El suelo está roto en algunas zonas, y el techo se derrumba ligeramente en otras. Ella esquiva estos obstáculos con gracilidad, mientras que tú lo haces con cierta torpeza. El pasillo continúa hacia abajo, en unas escaleras interminables.en forma de caracol, metálicas. Te agarras como puedes a la pared, pero no puedes bajar al ritmo de tu acompañante y al final te quedas envuelto en la oscuridad. Ella vuelve y te mira con carita de pena, y reduce el ritmo.

Cuando por fin llegáis abajo del todo, ella enciende unas luces con un regulador que hay en la pared y todo se llena del color de su pequeño candil. Ves una enorme estructura metálica esférica que da vueltas sobre varias monturas. La complejidad del mecanismo te asombra y te acercas para observarla más de cerca, pero la joven te detiene.
—No—dice, muy seria—. No te acerques. Está enfadado.
La miras sin comprender. Entonces ella te sonríe.
—Esta es una de las cosas en las que nadie se fija—dice con ternura—. En la rabia de las cosas. Tan sólo les importa la furia de las personas por las consecuencias que les pueda acarrear. Pero la furia de las cosas es más importante. Esta ira mueve el mundo. Mueve las cosas. Hace que todo sea como es.
Sigues sin comprender. Ella asiente y se te lleva de la sala, y mientras tanto, intenta explicarte a lo que se refiere.

—La ira, como el resto de sentimientos y sensaciones, es muy poderosa. Estas sensaciones que dan forma a nuestra percepción del mundo luego son las que indirectamente nos mueven a crear nuestro pequeño universo y a darle forma. Y no sólo los humanos las tienen, sino que las cosas también. La luna, las piedras, el aire y el suelo que respiras. Todo siente, todo está conectado y todo está relacionado. Así nos movemos, y así se mueven ellos. De este modo, queda un equilibrio establecido. Un equilibrio que es necesario comprender para guiar, cuidar y vigilar.

Continuáis por el pasillo, el cual se va bifurcando y haciéndose completamente diferente conforme vais avanzando. A veces ves tuberías en las paredes, las cuales tu acompañante también te impide tocar; otras son ventiladores, y otras están adornadas con cuadros que representan personas. Finalmente llegáis a una sala de estar ricamente decorada, donde la joven se sienta muy recta en uno de los sillones y se permite el lujo de servirse una taza del té que hay en una tetera sobre una bandeja.
—Sírvete si quieres.
Te sirves una taza y te sientas en otro sofá. Miras alrededor y te fijas en una sartén que hay sobre una cómoda. Te vuelves a levantar con la taza en la mano y acaricias el utensilio de cocina con los dedos. La dama no te lo impide. Te giras y la miras, inquisitivo.
—Sí, parece fuera de lugar—se levanta y deja la taza en su sitio—, pero no lo está.

Ella también se acerca a la sartén y la mira con ternura.

—Esta sartén además tiene un secreto—tuerce la cabeza y un mechón de pelo le acaricia la mejilla—. A veces pasa. Tienen secretos, y no te los pueden contar. Lo que sí que me ha dicho es que es un secreto de amor. Siente amor.
Miras de nuevo la sartén y la sigues acariciando. Te sientes bien contigo mismo.

De repente la joven tira de tu brazo y te saca corriendo de la estancia. Oyes un leve coro, pero no estás seguro. Ella está eufórica y corre esquivando obstáculos del suelo y el techo, girando esquinas y prácticamente volando sobre el pavimento destrozado. Su alegría y su elegancia te llenan el corazón y antes de que puedas darte cuenta estás corriendo con ella, riendo como un loco y siguiendo la música que ahora, sin duda, escuchas venir de alguna de las recónditas salas.

Al final del recorrido hay un auditorio lleno de luces que flotan. Es un espectáculo sobrecogedor. Todas las luces cantan a coro una canción que te pone los pelos de punta, y llena tus venas y tu mente de felicidad y alegría, pero también un poco de tristeza. Te encoges un poco y la miras a ella, que baila entre todas esas luces y vibra junto a ellas. Sus movimientos son torpes, como de quien no ha bailado jamás, pero a la vez hermosos y elegantes. Nada de lo que hay allí escapa a su dominio; todo la complementa y forma parte de ella. De repente la entiendes un poco mejor, y notas que, aunque también parece fuera de lugar, no lo está. Desprende amor y pasión, tristeza y melancolía, ira y furia, amor y sufrimiento. Es débil y fuerte a la vez. Es una tormenta y un día soleado al mismo tiempo. Estás en sus dominios y a su merced, y ella controla el flujo de las cosas allí. Ella vigila y se encarga de que todo tenga su lugar, su sitio, y vive allí como una cosa más que guarda secretos y siente emociones. El mundo se mueve en torno a ella y ella se mueve en torno al mundo, en doble espiral. Es casi perfecto.

Cuando se siente cansada, se acerca a ti, rebosante de alegría, y se te lleva a otro sitio. Es un lago subterráneo donde la luz crepuscular desciende en ligeros rayos que pinchan la superficie del agua desde unas grietas de la pared. Se moja los pies y se sienta en la orilla, acariciando los rayos de luna con los dedos.
—Ya te has dado cuenta, ¿verdad? Eres rápido.
Se reclina sobre su espalda.
—No hay mucha gente que haya llegado hasta aquí. Y ninguno de ellos sabe orientarse todavía. Tú quizás aprendas con el tiempo y la observación, pero realmente no lo creo. Aquí todo cambia. Todo se mueve, tiene su propio ritmo, y el ritmo hay que respetarlo. Así es como las cosas son, y así es como deberán ser.
Ahora te mira.
—Ahora debes decidir si quieres formar parte de todo esto. Si quieres tener tu propio lugar aquí. Debes decirme si quieres que tus secretos, misterios, rompecabezas y sentimientos se queden con nosotros.
Se mira los pies.
—Por supuesto, no te fuerzo a que digas que sí. La verdad es que ninguno ha dicho que no, porque todos son conscientes de que todos tenemos secretos y sentimientos, y quieren formar parte de algo que es más grande y que también es ellos. Yo también, por supuesto, aunque de eso ya te habías dado cuenta. ¿No?
Asientes con la cabeza y miras los haces de luz. Extiendes la mano hacia uno de ellos. Lo tocas y un calor extraño te inunda el pecho. Es una sensación reconfortante. Ella te mira con sus ojos de mil colores desde abajo. Finalmente te sientas.
—¿Has tomado tu decisión ya?
Asientes con la cabeza.
—¿Y qué vas a hacer?
Sientes que un escalofrío recorre tu espalda y, tras muchos intentos, ves que puedes hablar cuando articulas la sencilla frase que contesta a su pregunta.
—Me quedaré.
Ella sonríe levemente y te acaricia la mejilla. Después te la besa. Luego te coge de la mano y te guía por más salas. Esta vez ves a más personas, que te saludan con la mano. Ves a dos chicas bajitas que están sentadas en un banco de piedra, mirando el crepúsculo eterno a través de una ventana acristalada. Luego ves a otra leyendo muchos libros a la vez en una pequeña biblioteca, y después ves a varios jóvenes discutiendo en silencio sobre cuál de las estrellas verdes que hay arriba en el cielo es la más bonita. Finalmente te presenta la salida, y vuelve a besarte la mejilla.
—Ahora que has decidido quedarte, eres libre de explorar el resto. Y qué mejor lugar para ello que empezar por el principio.
—Aún no he comprendido del todo la naturaleza de las cosas.
—Yo tampoco, pero formo parte de ellas. Así que eso quiere decir que tampoco me conozco a mí misma—sonríe—, ¡pero eso es imposible, porque todo esto soy yo!
—Entonces...
—El verdadero conocimiento está dentro de nosotros. Sólo hay que buscarlo y a partir de ahí empezar a comprenderlo. Aquí estoy yo, y este es mi sitio. Puedes quedarte aquí y explorarlo mejor para comprender la naturaleza de mis cosas, por si eso te sirve para comprender la naturaleza de las tuyas. Pero, al final, todas las cosas son lo mismo, y todos tenemos que cuidar de que el flujo del mundo continúe estable y no se dé la vuelta.
—Parece muy complejo.
—No lo es. Sólo es cuestión de esperar, y de hacer las cosas cuando se deben hacer. Todo a su debido tiempo. No te apresures, ni hagas cosas innecesarias. No merece la pena. Recuerda que tú manejas el mundo, pero el mundo también te maneja a ti.
—Sigo sin...
—Shhh... El crepúsculo se acabará haciendo oscuro de aquí a un rato—posa su dedo sobre tus labios, suavemente—. Ahora es momento de comprender, no de escuchar. ¡Corre!

Ella desaparece entre los túneles y pasillos, y cuando intentas seguirla te pierdes. En lugar de intentar volver por donde has venido, metes las manos en los bolsillos y continúas caminando por el laberinto. Aún te quedan muchas cosas que comprender, y hoy es un buen día para ello.

***

Lo primero que haces nada más despertarte es mirar la hora. No es tan tarde. Luego notas un peso en tu hombro derecho y cuando miras la ves a ella, durmiendo plácidamente con la boca entreabierta y la respiración acompasada y un tanto ruidosa. No puedes evitar pensar que es bella. Por dentro y por fuera.

Y ahora además la entiendes un poco mejor, y comprendes que, como tú, ella también está un poco dañada. Por dentro. Y eso hace que te sientas mejor contigo mismo, porque a la vez tú también te comprendes.

domingo, 22 de febrero de 2015

Capítulo XXII - Una nana para Madalane

—Garret—dijo Male con un hilo de voz—. ¿Dónde está?
—Estoy aquí—se acercó él—. ¿Estás bien?
—...
Garret torció la boca en un gesto de disgusto. Bocha dirigió la mirada hacia el suelo y apoyó la cabeza sobre las manos.
—No habéis tenido que matar a nadie nunca, ¿verdad?
Ninguno de los dos contestó a la pregunta. Garret se ajustó la corbata y Bocha miró al frente.

Estuvieron mucho rato así. Garret estaba apoyado en la columna de madera que sujetaba el dosel, y Bocha permanecía sentado a los pies de la cama. Llegado un momento, ella se levantó y, encogida y pálida, fue al cuarto de baño.
—¿Male?—dijo Garret cuando la vio pasar, en silencio.
Ella le dirigió una mirada hueca. Garret ni siquiera llegó a saber si realmente le estaba mirando. Supuso que no. Bocha giró la cabeza en dirección a ellos dos, con los ojos rojizos y húmedos.
La joven continuó caminando. Cerró la puerta del servicio tras ella y Garret miró hacia arriba y resopló. Bocha volvió a hundir la cabeza entre las manos.


—¿Cómo estás, Malan?—Pandora se tiró en el sofá.
—...
—Aaaaw, veeenga ya. ¿No crees que ya es suficiente de tanto teatro? ¡Me aburres!
—Sí, tienes razón. A quién pretendo engañar.
Malan se levantó del sillón en el que estaba acomodado. Iba despeinado, y se había quitado el chaleco. La pajarita estaba deshecha en un simple lazo alrededor del cuello de la camisa. Parecía bastante más mayor de lo que era. Sus ojos mostraban una mirada diferente.
—¡Ese es mi Malancito! ¿Quieres pasarlo bien un rato?
—No, lo siento. Tengo otros planes—dijo mientras sonreía maquiavélicamente.
—¿Le ocultas planes de diversión a la gran Pandora? ¡Herejía!
—Ya te lo cuento luego...
Y salió de la habitación, riéndose levemente. Pandora torció la boca en un gesto de disgusto.
—¡Hay que ver! Con el plan tan guay que había salido así de golpe. En fin... ¡Hora de ver la tele!
Pandora encendió la gran pantalla que tenía en el salón y enfocó al cuarto de Male.


—Vittorio—dijo Jack. Le hablaba a una especie de walkie-talkie—, ¿dónde estás?
—En el lago—se oyó de vuelta—, ¿cuántos quedan en la mansión?
—Tres. Entre ellos la chica. Mariam opina que deberías ir tú a por ellos.
—Sí. Iré yo—hubo una pausa—. ¿Puedes venir tú a vigilar?
—Tengo que cuidar de la biblioteca. ¿Y si van Maite y Reïk?
—¿...Crees que es seguro?
—Reïk puede ver el futuro y Maite ha vivido en la maldita jungla. Se las apañarán bien.—Jack respondió un tanto irritado. No le hacía ninguna gracia que nadie cuestionara sus opiniones.
—Si tú lo dices... Pero que se lleven a Ali.
—Recibido.
Y se cortó la comunicación. Jack miró a los dos chicos con las capas y después a su compañera. Suspiró.
—Maite y Reïk, vais a haceros cargo de vuestra primera misión como miembros de la Organización. Tenéis que ir a sustituir a Vittorio al Lago de la Luna y vigilar las cercanías para que no se acerque nadie. ¿Entendido?
—¡Sí!—respondieron los dos a la vez.
—Muy bien. Ali irá con vosotros y os enseñará todo lo que hay que saber acerca de los colgantes que os vamos a dar. Gracias a ellos podréis viajar entre dimensiones. ¿De acuerdo?
—¡Sí!—repitieron.
—Bien. Marcháos, Ali.
Cuando miró a Ali, ella estaba detrás de sus dos nuevos miembros bailando heavy. Movía hacia adelante y hacia atrás su rosáceo y viscoso pelo y salpicaba adelante y atrás. Sus mejillas estaban sonrojadas. Jack se la quedó mirando, sorprendido.
—...Ali. ¡Ali!
—¡Toma ya, tom...! ¿Eh?—se detuvo de golpe y miró a su jefe—. Este... ¡Sí! ¡Vámonos!
Les dio un colgante a cada uno. Tenía forma de llama, y tenía una gema en medio, de colores distintos según le daba la luz. La montura era de plata.
—Ahora tenéis que tocar la gema con delicadeza y nombrar el destino al que queréis ir. Cuando ya le hayáis pillado práctica podréis ir a cualquier lugar sin tener que decirlo necesariamente, pero de momento hacedlo así, y nos aseguraremos de que no os vais a un volcán ni a ningún sitio así sin querer. ¡Venga!
Ella hizo lo que les había enseñado y desapareció. Maite y Reïk se miraron entre sí, sonrieron pícaramente y gritaron, entusiasmados.
—¡Al Lago de la Luna!
Tocaron la gema y desaparecieron a la vez. Jack siguió mirando el espacio vacío una vez se hubieron marchado, y suspiró lentamente. Puso los ojos en blanco y se rió un poco.
—En fin.
Después, siguió ordenando libros. En ese momento recibió un mensaje en su PDA. El pitido era el acostumbrado para indicar un mensaje de socorro.
—No puede ser...


—Bien, Bego—dijo Todo. Tenía las manos cruzadas sobre el escritorio, y su sonrisa maquiavélica estaba dirigida hacia la joven pelirroja—, creo que no hace falta explicarte el plan, ¿verdad?
—No, jefe—dijo ella, haciendo un saludo militar. Llevaba unos guantes metálicos en las manos con una gema de color rojo en el dorso del izquierdo y una gema de color azul en el dorso del derecho. Brillaban tenuemente.
—Bien. Recuerda: quiero que sufran. Quiero que se arrepientan de haber salido de esta casa, y que se arrepientan de haber tenido la osadía de enfrentarse a mí—se levantó, y bramó—. ¡¡Nadie desafía a Todo de esta manera y sale impune!!
—¡Sí, señor!
Y volvió a recorrer los pasillos a la velocidad acostumbrada.


—Bocha—dijo Garret.
—...Qué.—le temblaba la voz.
—¿Qué crees que está haciendo ahí dentro?
Justo en ese momento se oyó a Male vomitar. Garret clavó la vista en el suelo y Bocha apoyó la barbilla sobre los puños.
—Ahí tienes la respuesta—dijo con voz tensa.

Cuando acabó, Male salió del cuarto de baño. Había vomitado y se había lavado los dientes. Se apoyó en el marco de la puerta y les miró, pálida, como un fantasma. Había culpa en la expresión de su rostro. Se puso a llorar de nuevo. Los dos se acercaron y trataron de consolarla. Garret la abrazó, y Bocha simplemente le acarició la espalda. Ella lloró más fuerte.
Justo en ese momento apareció Vittorio.
—¿Qué pasa?—se alarmó cuando los vio.
—¿No te lo han contado?—Bocha le miró de forma implacable. Vittorio se extrañó.
—¡¡No!! ¿Qué iban a contarme? ¿Qué ha pasado?
—Male ha...—comenzó Garret, pero no fue capaz de seguir.
—He matado a una persona—murmuró Male. Vittorio la miró, blanco como la pared, y se acercó para consolarla como Garret lo hacía. Tanto el chico de gafas como el espadachín se tensaron un poco. El joven del sombrero lo notó.
—...Vale. Hagamos una cosa—dijo Vittorio—. Ya que Male se ha cargado a una persona en la mansión de Todo, lo más prudente es que nos marchemos de aquí cuanto antes. Podría tomar represalias por mancharle las alfombras o algo así...
—¡No lo ha hecho porque sí!—saltó Garret—. ¡Nerea mató a Joel primero! ¡¡Male sólo se vengó!!
—La venganza no es algo que se pueda tomar a la ligera—volvió a murmurar ella, casi en un susurro—. Yo no quería...
—...Sea como fuere, tenemos que irnos de aquí de todos modos. De hecho, sólo quedáis vosotros aquí. Los demás se han ido.
—Ya decía yo que todo estaba muy silencioso... ¿Y por qué?—preguntó Bocha.
—Es peligroso quedarse aquí más tiempo. Pandora está al acecho y a Todo no le importa deshacerse de aquel que no le haga falta. No queremos más víctimas de las que ha habido ya, y por desgracia no hemos podido salvar al resto de profesores...
Bocha palideció.
—¿Cómo que no han...?
—Morfo y Kay son miembros de la Organización, así como otros muchos. Morfo consiguió salir a tiempo al salvar a Galia, pero al parecer Kay y los demás no. Si Male mató a Nerea a modo de venganza, eso podría significar que Todo desconfiara del resto de profesores y los encerrara, para mantenerlos lejos del alcance de cualquier otra persona que no fuese él. Kay mandó un mensaje de socorro justo antes de que yo viniese aquí, así que...
—¿Quién es Morfo...?—susurró de nuevo Male.
—El sirviente de Galia.
—Ah...
Todos guardaron silencio. Vittorio les miró atentamente. La traumatizada Male en brazos de Garret, Bocha con la mirada clavada en el suelo... No quiso perder más tiempo, y les pidió que se cogieran de las manos. Comenzaron a brillar, dispuestos a teletransportarse lejos de allí.
Pero.


Bego estaba parada delante de la puerta de la habitación de Male, en silencio. Oía voces en su interior. Miraba al suelo directamente, con los pensamientos perdidos. Sabía lo que Male se había propuesto hacer con ella. Comprobar sus sentimientos.
Le hubiera gustado ver cómo le iba a explicar el fracaso a su amigo.

Oyó cómo Vittorio les pedía que juntaran las manos. Había llegado el momento. Miró a la puerta y dio un puñetazo al aire, el cual se movió de forma estrepitosa y explotó ante el guante metálico que cubría su mano.


La puerta pegó un golpetazo y se abrió ruidosamente ante sus ojos. La teletransportación se abortó por el susto, y una fuerte corriente de aire inundó la habitación. Garret consiguió sujetarse al marco de la cama, justo como Vittorio, y aguantó a Male de modo que el viento no se la llevara. En la puerta había una persona encapuchada que tenía una mano enguantada alzada contra ellos.

El aire comenzó a retroceder en dirección hacia la puerta, y Bocha, quien no se había podido sujetar y había sido derribado, fue arrastrado irremediablemente hacia afuera. Male extendió todo lo que pudo su brazo, con la cara totalmente deformada por culpa de la impresión y el miedo. Gritó.
—¡BOCHAAAAAAA!
Él gritó a su vez, con el pánico reflejado en sus ojos.
—¡SOCORR...!
Sus manos se rozaron, pero antes de que él pudiera terminar de gritar, fue engullido por el pasillo y la puerta se cerró. El viento cesó. Male cayó al suelo. Garret se inclinó hacia adelante. Vittorio se soltó de la cama. Este último miró a sus dos amigos, uno de rodillas, tratando de recuperar el aliento, y la otra totalmente deshecha en lágrimas en el suelo.

Los agarró de los brazos y los teletransportó lejos de allí.


Malan se observó en el espejo del cuarto de baño que había en el búnker de Pandora. Se arregló la pajarita y se peinó como pudo con un poco de agua. Sin convencerse del todo, se quitó la pajarita, se arregló el cuello y se cortó el pelo con unas tijeras que había por allí. Ahora estaba ligeramente desgreñado, y no parecía ni de lejos el niño bien que hacía unos meses había entrado por la puerta de la mansión de Todo, dando botes de alegría.
Se arremangó y salió del cuarto de baño en dirección a su propia habitación. Sin embargo, vio a Pandora partiéndose de risa en el salón, y entró a ver lo que pasaba.
Vio una sombra llevándose a Bocha y luego a Male caer al suelo, llorando a lágrima viva encogida en posición casi fetal, y a Garret tratando de recuperar el aliento. Vittorio los miraba con cara de consternación.
—Vaya—frunció el entrecejo—, esta no me la esperaba. Me han jodido.


—¡Jack, rápido! ¿Dónde está Ali?
—La he mandado a ayudar con Maite y Reïk.
—Mierda, pues necesitamos un par de manos extra.
—Estoy yo—Galia salió desde detrás de un montón de libros, cubierta de polvo—, ¿qué pa...?
Vio a Male hipando y dando grititos lastimeros mientras lloraba, y a Garret hiperventilando, y se puso blanca como la pared. Acto seguido hizo del cubo un gancho que ayudó a Male a levantarse del suelo y la acompañó a una de las habitaciones que le indicaron. Allí la tumbó y procuró que tuviera agua, algo de comida, mantas, y todo lo necesario para que durmiera a gusto. Sin embargo, Male no paraba de llorar, así que sencillamente la acostó y la arropó. Se quedó dormida tras unos minutos de farfulleos incompresibles.

Mientras tanto, Jack trataba de hacer a Garret recuperar el aliento. Sujetarse él y sujetar a Male habían sido un esfuerzo demasiado grande para lo que su cuerpo podía aguantar, así que escribió unas runas con un lápiz de diamante en una pulserita de plata y se la puso al joven, que a partir de entonces se fue recuperando gradualmente.
—¿Qué le has escrito a la pulserita?
—Runas en eéldrico.
—¿Y qué hacen?
—Generalmente alterar el estado de los objetos.—Jack levantó una ceja—. Te interesa el tema, por lo que veo.
—En realidad, sí.
—Según lo que yo sé, ya eres versado en varios tipos de runas. Me extraña que no conoces las eéldricas.
—Mi maestro opina que soy un maldito novato ignorante.
—Bueno, pues este es el mejor sitio para solucionarlo y callarle la boca. Cuando te recuperes, puedes leer todo lo que quieras. Tenemos un amplio catálogo de libros que podrían interesante.
—¿Cuántos?
Apoyó una pierna en una silla e hizo un gesto en redondo con el brazo, señalando a todas las estanterías.
—Todos. Esto es la Gran Biblioteca, ¡¡reunimos todo el conocimiento del mundo habido y por haber!!—le añadió más teatralidad de la necesaria y se quedó un momento callado mirando al infinito. Garret entrecerró los ojos y se le quedó mirando durante largo rato.
—Ya puedes parar.—le dijo al cabo.
—¿Parar de qué? Hay una araña ahí arriba—señaló una esquina del techo—, y estaba pensando en una forma de matarla.
—Deja que Maite se ocupe de ella cuando vuelva.
—Tienes razón.


Habían pasado ya varias horas desde que Male y Garret habían llegado. Morfo acababa de entrar en el cuarto de la joven, y la había encontrado mirando por la ventana. Todos hacían eso nada más llegar, y Morfo tuvo que ocultar una ligera risita. Sin embargo, no pudo, y Male se giró.
—¿Quién eres?
—Tengo muchos nombres. Sin embargo, ¿qué designa un nombre? No un determinado grupo de rasgos, desde luego, ya que de ser así cada persona tendría un nombre distinto, y no se repetirían, como llega a pasar muchas veces. Así que llegamos a la conclusión de que debe de ser uno solo, ¿pero acaso tan destacado es ese rasgo sobre los demás que merece que se refieran a esa persona por su descripción, si no son sino aspectos mundanos que podrían (o no) reflejar la personalidad de esa persona? ¿Y si se dirigen así a ella de forma irónica? Curioso tema de conversación, sin duda.
—Lo es, sí. Pero no me has contestado.
—Cierto. La verdad es que quizá hayas oído uno, o muchos de mis nombres. Y, bueno, en realidad, ¿por qué no decirlo? Soy todos ellos.
—Quizás haya oído hablar de ti entonces.—ella sonrió levemente, pero había un trasfondo triste en su mirada.
—Quizá incluso sea tú—Morfo se acercó hasta estar a menos de un palmo de distancia—, pero todavía no lo hayas visto.
—En eso sí que no estoy de acuerdo. Tú no eres yo, y eso está muy claro. Yo soy yo, y tú eres tú, no importa qué aspecto tengamos por fuera. Si yo tuviera tu aspecto y tú el mío, tú seguirías siendo tú y yo seguiría siendo yo.
—Pero eso depende de la perspectiva de la persona que lo dice. Para mí, yo soy yo y tú eres tú. Pero para ti, tú eres yo y yo soy tú. ¿Qué harías entonces?
—Afirmar que mi nombre es Madalane—se dio media vuelta y lo miró con una media sonrisa—, y que el tuyo debe de ser...
Morfo lanzó una carcajada al aire y la miró con cariño.
—Puedes llamarme Morfo—hizo un ademán con la mano que indicaba indiferencia—, ya que eso se acerca bastante a lo que soy.
—De acuerdo. Morfo.—repitió el nombre un poco más bajito y lo paladeó—. Suena bien, sí. ¿A qué viene este despliegue filosófico, de todos modos?
Morfo endureció el semblante durante un segundo, pero luego puso cara de indiferencia y se sentó en una de las butacas.
—Me han pedido que te distraiga, y aquí estoy.—le señaló el rostro—. Parece que estés a punto de llorar.
—Porque lo estoy.—giró la cara y no volvió a mostrársela a Morfo. Él frunció el entrecejo y se acercó a ella por la espalda. Le sujetó los hombros y la hizo mirarle.
Cuando ella se dio la vuelta, con el rostro envuelto en lágrimas, se vio como en un espejo, sólo que sin lágrimas y con semblante duro.
—No estabas llorando cuando llegué—dijo su copia—, así que pensé que ya habías asumido lo que habías hecho. No será la última vez que lo hagas. Y este tampoco ha sido el peor motivo.
—Nadie merece morir—dijo ella, hipando.
—Eso no es cierto. Hay muchas personas en este mundo que no han aprovechado bien su vida, y por lo tanto, no la merecen. Todo es un ejemplo de esas personas.
—Pero Nerea...
—Nerea mató a tu amigo a sangre fría y se aprovechó de que él no se lo esperaba, poniendo como excusa a Pandora. Está claro que Pandora tuvo algo que ver, pero ella no es capaz de controlar la mente. Sólo puede manipularte, y eso depende enteramente de tu voluntad. En el momento en el que la pierdes, lo has perdido todo. Entonces puede manejarte como un muñeco de trapo. Y tú todavía puedes revolverte, pero jamás volverás a ser como antes.
—Eso tampoco es verdad. Puedes volver a desarrollar la voluntad... Perderla no significa merecer la muerte.
—No. Pero facilita el trabajo a otras personas para hacer que la merezcas.
—Pero entonces esas otras personas también merecerían la muerte. De hecho, la merecerían más que la propia persona que ha perdido la voluntad.
—En eso tienes razón, y sin querer también me la has dado a mí. Pero Nerea directamente entregó su voluntad. Dejó que Pandora hiciera lo que quisiera, y confió plenamente en ella. Actuó plenamente consciente de lo que hacía, y asesinó a tu amigo por motu propio. ¿Todavía crees que no merece morir, si además de que asesinó a una persona encima entregó su propia voluntad para verse capaz de hacerlo?
—Yo...
—Además—Morfo volvió a su aspecto original. Era bastante más alto que ella, así que tenía que inclinar el cuello para mirarla, y ella levantar la cabeza. La vio tan vulnerable que se estremeció por dentro—, también te culpas de la captura de Bocha por el sicario de Todo. Y no tendrías por qué.
—Si hubiera reaccionado más rápido y le hubiera agarrado...—su voz se fue debilitando a medida que pronunciaba esas palabras, y empezó a llorar de nuevo.
—No podías saber que aparecería...
Morfo ya no fue capaz de decir nada más, y ella tampoco contestó a lo que él le dijo, así que él le pidió que se metiera en la cama.
—Morfo—dijo ella en un susurro.
—¿Sí?—preguntó él mientras la arropaba.
—¿Tú has matado a gente?
—Sí.
—¿Por qué motivos?
—Por todos aquellos que te puedas imaginar—suspiró largamente y se sentó en el butacón—. No he tenido una vida fácil, ni corta.
—¿Cuántos años tienes?
—Muchos más que tú.
—¿Cuánto es mucho?
—Mucho.
Hubo un silencio.
—No los aparentas.
—Lo sé—se tapó los ojos con las palmas de las manos y se recostó en la butaca—, lo sé.
—Oye, ¿me puedes pasar esa cajita de madera?
—¿Cuál?—Morfo miró alrededor suyo.
—La tienes detrás, encima de la cómoda esa.
Ella le señaló el lugar, y Morfo se levantó para cogerla y se la dio. Ella la abrió y sacó su ocarina de cristal.
—¿La sabes tocar?—preguntó él.
—Sí.
—Yo también. ¿Me la dejas?
—...No la rompas. Es muy frágil.
Morfo soltó una profunda carcajada y miró risueño a Male.
—Jamás se me ocurriría. Como músico que soy, sé perfectamente lo valioso que es un instrumento para su dueño—se vanaglorió un poco, limpió la boquilla y sopló con delicadeza.
—¿Cuántos instrumentos sabes tocar?
—Perdí la cuenta hace mucho.
—Vaya.
Una vez se hubo acostumbrado a la fluidez de las notas, comenzó a tocar. Un ritmo suave y delicioso llenó la habitación, y Male cerró los ojos y sonrió levemente. Morfo tocaba de maravilla. Aunque ella ya se sabía la canción que tocaba.
—Ya me la sé—susurró.
—¿Ah, sí? Vaya—se sorprendió sinceramente—, pretendía tocarla y que te relajaras, para que durmieras a gusto.
—Como una nana, ¿no?
—Algo así.
—Pues no creo que esa funcione. Prueba con otra.
Él probó con una y con varias, pero ninguna servía. Ella, divertida, las rechazaba todas, por insulsas o por absurdas, a veces incluso por haberlas oído demasiado en otros sitios. Al final él se cansó.
—Hagamos una cosa—empezó—. Voy a componerte una para ti y sólo para ti. Así me aseguraré de que no la hayas oído nunca, ¿de acuerdo?
—Tampoco tiene ser absurda ni insulsa.
—Tendrá letra. La tocaré a piano.
—¿No sería muy engorroso traer un piano hasta aquí arriba?—rió ella.
—Bueno, tendrás que bajar tú hasta allí y luego yo ya te subiré en brazos.
—Qué bonito, como un príncipe azul.
—Sí... Algo así.
Morfo se sonrojó un poco, pero ella no se dio cuenta. Volvió a meter la ocarina en la caja y se dispuso a marcharse.
—Bueno, pues en vista de que no he logrado absolutamente nada, me marcharé y dejaré que duermas tú tranquila.
—Hay una caja de música ahí en el cajón del tocador. No sé qué hace ahí dentro, pero creo que funciona y podría servir.
—Si tú lo dices. Pero la música de estas cajitas siempre es insulsa. Y aburrida.
—Sí—y volvió a reír un poco—, pero como no eres tú quien la toca, no me puedo quejar, así que de algo servirá.
—Qué mala eres.—dijo él, abriendo el cajón y cogiendo la cajita—. Espero que sepas que tenía mejores ocupaciones que darte un recital aburrido con la ocarina.
—Y yo tenía mejores cosas que hacer que discutir con un tío raro acerca de los nombres.
—¿Como llorar?
—Por ejemplo.
—Pues no llores más—la arropó y le dio con el dedo índice en la nariz. Ella se hundió bajo el edredón y le sonrió de nuevo, con las mejillas sonrosadas—. Que te pones fea.
—No creo que a nadie le importe.
—A mí me importa...
Y no dijeron nada más. Se miraron, y él se levantó de la cama, en la que se había sentado, y se despidió con un movimiento de mano.
—Buenas noches.
—Buenas noches.
Salió de la habitación y cerró con cuidado. Se encontró a Jack en el pasillo.
—¿Se ha dormido?
—En ello estaba.
—¿De qué habéis hablado?
—De nombres. De vidas y muertes. De voluntad.—hizo una pausa—. Y le he prometido que le compondría una nana.
Jack levantó una ceja.
—¿Una nana...?

—Sí.—miró hacia arriba, al infinito, y luego al suelo—. Sí. Una nana. Una nana para Madalane.

sábado, 24 de enero de 2015

Capítulo XXI - Más huidas.

—¿Cómo que la Gran Biblioteca? ¿De qué hablas?—dijo Galia, todavía arropada con el edredón, y mirando temerosa a Morfo.
—¿No sabes acaso lo que es la Gran Biblioteca? Creí que Inna había ido a explicarlo cuando la intrusión al Lago de la Luna.
—N-no, no sé lo que es. Sólo sé las cosas de la Organización que contaron Vittorio y Mariam...
—Vaya, eso es un problema. Inna no está aquí para explicártelo ahora...
—¿Y por qué no lo haces tú?
—Tengo otras cosas que hacer. Sin embargo, hay unas personas aquí que están deseando verte desde que llegaste.
—¿Eh?
—Cuando te sientas dispuesta, puedes ir en su búsqueda—dijo él, aproximándose a la puerta—, el camino es lo más fácil del mundo. Sus habitaciones están pared con pared con la tuya, y si no están ahí puedes mirar en el salón grande, que está bajando las escaleras de la derecha, a la izquierda.
—V-vale... Hasta luego.
—¡Hasta luego!—y le sonrió mientras cerraba la puerta y se marchaba.

Galia se levantó en cuanto Morfo se fue. Se puso unas mullidas zapatillas de andar por casa de color beige que habían dispuesto para ella. Después, cogió como pudo uno de los sillones y lo arrastró frente a la ventana, donde se sentó para observar el maravilloso mundo donde se encontraba.


—Maite—llamó Morfo—, ¿se puede?
—Adelante—levantó la mirada de la montaña de libros que había en el escritorio de su habitación—, ¿quién eres?
—Me llamo Morfo. Soy un miembro... digamos que “honorario” de la Organización. Fui quien trajo a Galia anoche.
—¡Ah, sí! Muchas gracias por ayudarnos. Ali me ha hablado mucho de ti.
—¿Ah, sí? ¿Y qué te ha contado?
—¡Que puedes transformarte en cualquier persona!—se acercó hasta estar a dos palmos de su cara, con los ojos brillantes—. ¡Nada también puede hacer eso! ¿Te importaría explicarme cómo conseguiste tus poderes? ¿Eh?

Morfo calló en aquel instante y la miró con seriedad. Ella aceptó la sutil negativa y volvió a su inmensa cantidad de material de estudio, a punto de llorar de vergüenza.
—Lo siento—dijo él—, pero es un tema del que preferiría no mencionar nada.
—No, no importa, lo entiendo. No debí haber preguntado de todos modos, ha sido una descortesía por mi parte. Lo siento.
—Bueno...
—Sí...
—Me marcho.
—Hasta luego.
—Adiós.
Y él dejó la habitación.

Maite ya había vuelto a la lectura y tomaba notas con una estilográfica. En ello estaba cuando leyó un párrafo en el libro en el que había encontrado la respuesta a cómo subir de nivel en su poder.

Así como la metamorfosis permite el cambio de cuerpo a otro ser u objeto totalmente diferente al propio, existe otra relación entre dos seres, la cual es llamada enlace. Esta relación fusiona las almas del humano y de la criatura, pudiendo controlar ambos cuerpos a la vez o, si uno de los miembros es muy pasivo, que el otro absorba el control del cuerpo del pasivo. De cualquier modo, esta relación otorga poderes extraordinarios al ser humano y conciencia e inteligencia a la criatura. En casos muy excepcionales, el humano puede fusionarse con uno de los Dioses Primigenios, encerrados en distintos puntos del espacio-tiempo y encargados de mantener estable el caos en el mismo gracias a su reclusión. En cualquier caso, esta unión garantiza que si cualquiera de los dos seres está vivo, el otro todavía viva en él, y pueda tomar conciencia del cuerpo del otro si aún conserva conciencia de cómo murió y de lo que sintió en ese momento.”

Maite se reclinó en el sillón, pensativa. Había visto este fenómeno en algún sitio, pero no conseguía recordar dónde. Además, había sido hacía poco. Mordió la parte de atrás de la estilográfica sin saber muy bien a qué conclusión llegar, mirando a las pequeñas criaturas que volaban fuera, brillantes a la luz de los tres soles que iluminaban el bosque. ¿Bosque? Se acordó del Lago de la Luna y del monstruo que vivía en él. Y, entonces, se acordó de ella.
—Male y su poder...
Recordó a Pandora y a sus intenciones y salió disparada hacia la sala número dos, en la que Jack estaba, mientras gritaba presa de un ataque de nervios.
—¡¡Male tiene un enlace!!


—Penesan—llamó Thorgio—, he llamado a la puerta de Galia y no está. He mandado al Cretino al salón para ver si la encuentra, pero no sé. ¿Por qué estás tan empeñada en hablar con ella?
—Creo que nos ha estado espiando—dijo ella, roja como un tomate—. No quiero que nadie sepa lo nuestro y esa maldita chatarrera loca es una cotilla... Seguro que ya se lo ha esclafado a alguien.
—No te preocupes, mujer. Yo creo que a estas alturas lo nuestro ya lo sabe todo el mundo...
—Joel no lo sabe.
—Joel está muerto—dijo el Cretino, entrando por la puerta.
—¿Es que se te ha acabado el litio?—ironizó Penesan.
—No he sido yo, subnormal. Ha sido Nerea, su profesora. Además, Male estaba presente y se ha cargado a la zorra esa. La ha hecho explotar, ¡pum! Como un globo. Me gusta su estilo, sinceramente.
—¿Y tú cómo lo sabes?
—He oído a Bocha y a Garret hablar sobre ello mientras entraban en la habitación de Male. También decían algo de escapar a algún sitio, pero no me he podido enterar bien.
—¿Escapar? ¿Pero escapar a dónde?—Thorgio se ajustó la capa.
—A cualquier sitio donde Todo no los pueda encontrar, supongo. A lo mejor ha sido él...
—No lo creo—Penesan bajó de la cama y se miró en el espejo—, ¿después de hacer el esfuerzo de reclutarnos a todos? ¿Y, además, delante de una de nosotros? Que por cierto, es bastante poderosa. No, a Todo no le conviene perdernos.
—¿Y entonces quién habrá sido?
—Pues ni idea, pero yo no me quiero quedar a que me revienten la cabeza tampoco, ¿sabéis?—el Cretino parecía tranquilo. Sin embargo, miraba al suelo y la voz le temblaba de forma casi imperceptible—, ¿qué hacemos?
—¿¡ALGUIEN HA DICHO HUIR!?
Los tres se giraron hacia la puerta del vestidor, de donde apareció Maigar vestido con su túnica morada y su barba desaliñada. Con cara de suficiencia, entró dando pasos al estilo desfile militar y se apoyó en su bastón, mirándolos a los tres con cara de cachondeo.
—¿Tú quién cojones eres?—dijo ella.
—No sé, pero por el grito te juro que me había parecido Gimlo...—respiró aliviado Thorgio.
—¡Me llamo Maigar! He venido a salvaros.
—Qué coño.
—Vale, resumen de la historia. Hay alguien por ahí que se lo está pasando de puta madre liándola parda con vosotros, y antes de que la líe todavía más tenéis que salir por patas. ¿Sabéis Malan? Secuestrado. ¿Joel? Muerto. ¿Nerea? No estoy muy seguro, nunca me fié. Pero la cosa es que tenéis que salir de aquí, y como no cabéis donde os quería llevar en un principio, tendré que llevaros a otro sitio. ¡Haced las maletas!
—En serio, qué.
Los tres lo miraban con la cara de quien mira a un loco hablar de unicornios. Estuvieron un rato así hasta que Maigar dio un saltito y sonrió ampliamente.
—Vale, como parece que os da pereza mover esos culitos tan monos que tenéis tomad, os he hecho yo las maletas—levantó el bastón e hizo aparecer tres grandes bolsas de tela con cremallera—, ¡arreando!
—¿Pero a dónde nos llevas?
—A un sitio que os gustará a dos de vosotros y que al Cretino seguro que no le gusta pero se va a tener que joder y aguantar, como siempre.
—¡Eh!
—¡Agarráos, que nos vamos!
—¡Pero espera...!
No les dio tiempo a reaccionar y fueron teletransportados lejos de allí. Cuando volvieron a abrir los ojos, estaban frente a un precioso paisaje campestre, lleno de colinas y valles donde diferentes tipos de animales que jamás habían visto pastaban con tranquilidad. Penesan casi lloró de la emoción, y Thorgio se partió de risa de la alegría. El Cretino simplemente se puso a buscar las pastillas de litio en la bolsa de tela como un desesperado mientras Maigar hacía el moonwalk sobre la hierba.
—Estáis en una dimensión diferente a la de Todo, así que no os puede tocar. Huida fácil, ¿eh?
—¿En una dimensión diferente?
—Sí, Todo sólo puede viajar en el tiempo, no en el espacio. Es complejo, ya os enteraréis por ahí.
—Bueno, de cualquier modo... ¿Cómo podemos agradecértelo?
—Ya me pagan lo suficiente en la Organización. Por cierto, ¿veis ese poblado de ahí? Son elementales de aire. Os aconsejo que os acerquéis, de verdad. Os acogerán como si fuérais de su propia familia. A lo mejor al Cretino no, porque es un cretino, pero a vosotros dos sí.
—Déjame en paz ya, coño—se quejó el otro, haciéndose sombra con la mano sobre los ojos.
Y el mago se marchó, mientras saludaba con la mano del bastón y se reía, feliz. Durante un rato se quedaron los tres ahí parados con pinta de idiotas, mientras intentaban digerir la magnitud de lo que acababa de pasar.
—Hemos escapado de Todo...
—...Sí.
—¿Y ahora qué?
—Ahora vamos a que nos den de comer—dijo el sombrío chico—, es mejor que esto me lo tome con comida.
—Drogado.
—Ya.
—...
—Tíos...
—Qué.
—¡¡Que hemos escapado del jodido dios del Tiempo!!
Los tres celebraron con un bailecito estúpido la inesperada victoria que habían logrado y se pusieron a andar, felices y bromeando, hacia el poblado de elementales.


Al cabo del rato, Galia se cansó de mirar por la ventana. Hacía un rato le había parecido escuchar a alguien gritar y correr por el pasillo, pero lo había ignorado completamente. Ahora se había puesto un batín que había encontrado y, discretamente, había cerrado la puerta de su cuarto para ir hacia la sala que Morfo le había dicho, dando pasitos pequeños y silenciosos como si de una niña pequeña se tratara.
Al cabo del rato, y tras admirar muchos cuadros, jarrones y vidrieras, llegó a la escalera mencionada. Bajó con paso tembloroso hasta la parte de abajo y se dirigió hacia la sala de la izquierda.
Al entrar, tan en silencio, y oír los gritos que allí se estaban profiriendo, cerró de nuevo de golpe, asustada. Sin embargo, volvió a abrir la rendija un poco, y al asomarse vio a Maite gritarle a un tipo que llevaba un gorro de calamar y una túnica naranja. No pudo evitar sonreír de oreja a oreja, y abrió la puerta de par en par para darle un grandioso abrazo.
—¡¡Maite!! ¡¡Jamás pensé que me alegraría tanto de verte!!
Maite se sorprendió tanto que se calló y recibió el abrazo con los ojos abiertos como ventanas. Reïk levantó las cejas y Lucas se rió. Morfo le dio la última calada al cigarrillo y lo apagó en el cenicero.
—¿...Galia?
—¡Sí! ¡He escapado de Todo!
—Más bien yo la he sacado de allí, que no es lo mismo.
—Blah, blah, cierra el pico, Morfo.
—Dios, eso es... ¡Eso es genial! ¿Cuánta gente queda allí dentro?—se alegró Maite.
—Déjame mirarlo—sonrió Ali, cordial—. En un segundito vengo.
—Muchas gracias, Ali—le sonrió Maite de vuelta.
Ali se sonrojó y se marchó con la cabeza gacha hacia la otra parte de la sala, detrás de varias estanterías. Galia supuso que llevaban a alguna otra habitación y se unió al grupo como la recién llegada. Se presentaron todos.
—¿Por qué estabais gritando?—preguntó, llegado un momento.
—¿Eh?—Jack se rascó la cabeza ligeramente—. Ah, sí. Maite insistía en que Male tiene un enlace con un bicho que vive en el Lago de la Luna... ¡Pero eso es imposible! Si Male estuvo viviendo allí fue porque el bicho se escondía de ella o porque ella no lo encontró...
—¡No! ¡Ella controla el agua y los líquidos, luego tuvo que encontrar el lago! ¡Seguro!—insistía Maite.
—¿Y qué pruebas tienes de que tenga un enlace con ese bicho?
—Porque cuando estaba a punto de darse por vencida en el combate contra Garret, le detuvo el movimiento manipulando su sangre... ¡Y cuando acabó el combate aseguró llorando que ella no era consciente de lo que hizo durante el tiempo que duró el ataque! ¿Cómo te lo explicas?
—...Es probable que simplemente su cerebro activase un mecanismo de emergencia.
—¿Ah, sí? Dime, ¿qué es exactamente lo que busca Pandora en el Lago de la Luna?
Todos enmudecieron ante esta afirmación. No había que ser muy inteligente para sumar dos y dos y llegar a la conclusión de Maite.
—Morfo—dijo Jack con tono serio—, que doblen la seguridad en el Lago de la Luna.
—Oído cocina.
Se marchó por donde Ali. Ella, mientras, volvía con una hoja en la mano. Leyó parte de los datos que allí tenía apuntados.
—Actualmente, en la mansión de Todo permanecen Ranusa, Tarrkiem, Bocha, Garret y Male.
—¿Qué ha sido del Cretino, Penesan y Thorgio?—preguntó Galia—. Cuando yo me marché ellos todavía estaban allí, creo...
—Los datos sólo me hablan de ellos cinco. Jack, ¿has mandado a alguien a por ellos?
—Sí... Mandé a Maigar. Le dije que se los llevara donde los elementales de aire y que se diera prisa.
—Bueno.
—¿Y entonces? ¿Quién va a por ellos?
—Si me permitís...
Una voz conocida se oyó desde la puerta. Allí se encontraba Mariam, de pie con los brazos en cruz y con la capucha echada. Avanzó con delicadeza y un ligero movimiento de danza e hizo una genuflexión ante sus compañeros.
—Queridos amigos—comenzó—, creo que es mi deber como comandante de la Organización llevar a cabo la huida de Ranusa y Tarrkiem.
—¿Por qué sólo ellos dos?—preguntó Reïk.
—Porque, por desgracia, estoy agotada—se puso el pelo tras la oreja—, y no puedo cargar a más de dos. Vittorio tendrá que encargarse de los que queden.
—Yo lo veo bien—dijo Lucas—. Si los sacamos a todos de golpe es más probable que nos pillen fuerte. Quiero decir, habría que transportarlos de dos en dos, o de uno en uno, y yo creo que Todo se daría cuenta de esto antes de que nos diera tiempo a trasladarlos.
—Lucas tiene razón—profirió Ali—, no podemos arriesgarnos tanto.
—Bien entonces—decidió Jack—, que así sea.
—Un momento—intervino Galia—, ¿el mandamás de esto no era Vittorio?
—Y lo es—Mariam miraba incómoda hacia todos lados—, pero Jack es el que toma las decisiones cuando él está ocupado.
—¿Y dónde está ahora mismo?
—En el Lago de la Luna.
—¿No debería ser Mariam la que decidiera? A ver, es la comandante...
—La comandante está por debajo de la posición de Jack—dijo Morfo—, al menos hasta que vuelva Vittorio. Mientras tanto, Jack es el que manda.
—Ah... O sea, que es como un sustituto.
—Sí, algo así.
—Ah...
Y así, Mariam abandonó la sala con un grácil movimiento de ballet, que acabó resultando un tanto caótico junto con el sonido de la puerta al cerrarse.


Tarrkiem estaba sentado junto a Ranusa en el salón, viendo cómo los sirvientes intentaban limpiar los restos de sangre y vísceras de Nerea de las paredes, el suelo y el techo.
—Oye—le dijo Ranusa—, ¿tan bestia fue Nerea?
—Como para que Male la reviente como un globo...
—Me sigue pareciendo increíble.—Ranusa, indignado, había metido las manos en los bolsillos.
—Imagínate a ella.—Tarrkiem se recostó.
—¿Te refieres a Nerea?
—No, imbécil, me refiero a Male.
—Ah, sí. También.
Siguieron observando a los afanados criados intentando despegar los trocitos de la difunta con espátulas y rasquetas. Al cabo del rato, Tarrkiem se levantó.
—¿Dónde vas?
—Me ha entrado hambre.
—Eugh.
Ranusa le siguió, esquivando toda la suciedad y a los sirvientes. Tarrkiem no mostraba ninguna emoción en su rostro. El otro caminaba rápido tras él, subiendo las escaleras hacia el cuarto del nómada.
—Nunca me había parado a pensarlo, pero el vivir bajo techo debió de suponer un gran cambio para ti.
—Fue peor conoceros a vosotros. Sobre todo, a ti.—Tarrkiem le dirigió una sonrisa a Ranusa, y el otro se enfurruñó.
—Ha-ha. Qué risa.
—Pfft. Sí.
Entraron en el cuarto de Tarrkiem. Su dueño se tiró en la cama, boca arriba y con los brazos bajo la cabeza. Ranusa simplemente le miró desde arriba.
—¿Qué habrías hecho en su lugar?—Ranusa volvió a meter las manos en los bolsillos.
—No lo sé.
—¿No? Yo también me la habría cargado.
—Supongo que la gran mayoría del grupo lo habría hecho.—dijo Tarrkiem, restregándose la cara.
—Sí.
—Pero... Quizá se excedió.
—¿Eh?
—Quiero decir, no le costaba nada reprimirse y llamar a Todo para que asesinara a Nerea él mismo. Male es una persona tranquila y serena, todavía no entiendo cómo ha podido pasarle esto.
—Sí, si tienes razón. Pero, quizá, y sólo quizá, no la conoces tan bien como crees.
—Eso es obvio—se sentó—. Pero, si hubiera llamado a Todo, se habría evitado el trauma de haber asesinado a una persona de forma tan brutal. Se manchó ella misma con la sangre de su víctima, ha debido de ser una experiencia terrible. Y yo creo que una persona como ella se lo habría pensado dos veces.
—Una persona como ella tampoco habría controlado la sangre de Garret, perdiendo así el combate. Y sin embargo, lo hizo. La gente es impredecible, Tarrkiem, lo mires por donde lo mires.
—Lo que es impredecible es el mundo de los animales. Y ni Male, ni ninguno de nosotros, lo somos.
Con eso se levantó y miró por la ventana. Vio un leve destello en la frontera de la mansión de Todo y entornó la vista. Debió de estremecerse, porque Ranusa se acercó y preguntó, curioso.
—¿Qué pasa?
—He visto un destello ahí fuera.
Un instante después, otro destello brilló detrás de ellos. Se giraron, en guardia, y vieron que se trataba tan solo de Mariam P. Croq, la comandante de la Organización. Estaba de pie con su vestido amarillo y su amplia capucha echada, observando con ligera condescendencia camuflada en amabilidad a los dos miembros del ejército de Todo.
—¿Mariam? ¿Qué haces aquí?
—Bueno, supongo que ya lo sabéis, pero la gran mayoría de vuestros amigos se han largado—comenzó ella—. He venido a facilitaros la tarea y que vosotros hagáis lo mismo.
—¿Y a dónde nos vamos?—preguntó Ranusa.
—A la Gran Biblioteca, por supuesto.
Guardaron silencio. No sabían a qué sitio se refería Mariam, pero supusieron que si la Organización los llevaba allí era porque estarían sanos y salvos. Tarrkiem agarró un petate y se apoyó en la columna de madera que sostenía el dosel de su cama.
—Por mí, vámonos ya.
—Vaya, así que ya tenías la maleta hecha. ¿Acaso sabías que íbamos a venir?
—No. Simplemente creo que es de sentido común tener una bolsa preparada con todo lo indispensable—se encogió de hombros—, en caso de que haya algún problema y haya que escapar.
—Pues yo no tengo de eso.—rió Ranusa.
—Tú no tienes sentido común.—saltó Tarrkiem.
—Ranusa, no importa. Si tienes algo de valor emocional o que necesites llevarte podemos ir a tu habitación a por él, pero tendrá que ser deprisa.
—No, no tengo nada. O sea, podría llevarme el pijama o la ropa, pero no es una necesidad. Puedo pillarle algo prestado a Vittorio, creo que tenemos la misma talla.
—Él es más bajito que tú.—volvió a saltar el nómada.
—Bueno, había mucha gente cuando lo vi, es normal que me confunda.
—¿Entonces no te quieres llevar nada?—Mariam descruzó los brazos y extendió las palmas de las manos.
—No.
—Pues vámonos. Cogeos de las manos.
Obedecieron y, con un destello, desaparecieron del cuarto. Una vez ya se hubieron ido, unos pasos sonaron en el pasillo. Alguien corría.


Una sombra recorría el camino que llevaba desde el comedor hasta el despacho de Todo. Rápida como una exhalación, giraba en las esquinas y paraba cuando se encontraba un criado, para impulsarse y dar un salto justo detrás de él. Todos reprimían exclamaciones en gestos de sorpresa y pánico. Una de ellas gritó, pero la sombra no se inmutó. Sólo se giró, cayendo la capucha que llevaba y dejando al descubierto una blanquísima piel y el pelo corto, rojo como el fuego.

Cuando por fin llegó ante la puerta del Dios del Tiempo, ni siquiera se molestó en tocar. Entró directamente y dio un taconazo en el suelo, con pose militar.
—Jefe.
—Bego.
Todo se giró en su silla de cuero y miró a la joven profesora con suficiencia. No se arrepentía de haber conseguido a tal soldado para sus filas. Juntó las manos sobre su mesa y sonrió. Había llegado el fin de las huidas felices.


lunes, 29 de diciembre de 2014

Capítulo XX - Algo se muere en el alma cuando un amigo se va...

Reïk miró a su alrededor. Desde que habían llegado, no habían dejado de meterles presión. Sus poderes ya no funcionaban igual de bien, y sólo veía retazos de realidad que se iban uniendo a veces entre sí, formando imágenes confusas que daban pie a la auténtica incertidumbre. Y eso le aterraba. Lucas intentaba quitarle hierro al asunto, pero era imposible.
Llevaban alrededor de un mes investigando acerca de sus poderes, Pandora, Todo y Nada. Era muy difícil, ya que la Gran Biblioteca reunía tantos campos del saber que nunca sabías dónde encontrarías qué cosa. Maite estaba obsesionada con controlar su poder y saber más acerca de las debilidades de sus enemigos, de modo que no había nadie capaz de despegarla de los libros. Jack viajaba de aquí para allá con pilas y pilas de tomos en los brazos, y Lucas se sentaba con los pies encima de la mesa a dormitar. Ali estaba desaparecida la mayor parte del tiempo, y cuando aparecía solía estar pegada a Maite todo el rato.
—¿Sabes que Nada puede adoptar diferentes aspectos con el fin de camuflarse? El originario es una mujer-árbol.
—¿Eh?—Reïk volvió de sus pensamientos—. No, no lo sabía...
—Es interesantísimo. ¡Podría ser cualquiera! Incluso podría estar infiltrada en la mansión de Todo y no tendríamos ni idea.
—Ah...
—¿Me estás escuchando acaso? ¡Es importante!
—Toda la información que hay aquí metida es importante, pero no podemos aprendérnosla toda...
—¿Qué narices te pasa?
—Mi poder no funciona bien desde que estamos aquí.
—¿Lo has intentado remediar? No sé, a lo mejor si buscaras la causa...
—Esa duda la puedo solucionar yo—intervino Lucas—, no es tan complicado adivinarlo. Se trata del cambio interdimensional. Estás acostumbrado a ver el futuro a través de cronologías, pero no a través de dimensiones. Una vez aprendas a hacerlo, habrás subido de nivel como vidente, y serás prácticamente invencible en ese aspecto.
—O sea, que el motivo de que sólo vea imágenes confusas es que estoy en una dimensión que no es la mía.
—Exacto.
—Pero en ese caso cuando Todo me reclutó también debería de haberme pasado.
—Eso no es correcto—Ali apareció. Iba vestida de forma distinta a la habitual, con un camisón de seda blanco amarillento hasta las rodillas y zapatillas de andar por casa del mismo color. Su piel seguía siendo toda rosa y con aspecto viscoso—, ya que de ser así Todo tendría el poder del Espacio.
—¿Cómo?
—Esa es la diferencia entre Todo y... Nada. Todo es capaz de viajar a través de todas las cronologías posibles de una sola dimensión, y moverse en el tiempo. Nada, sin embargo, es capaz de moverse por todas las dimensiones existentes, pero no a través de las cronologías. Sólo se queda en la principal, de modo que aunque ambos dos tienen una cantidad de poder inconmensurable, tienen sus propias limitaciones. Es por eso que Todo no es capaz de encontrar a Nada.
—Sin embargo, nos explicasteis que esta dimensión fue creada artificialmente por Nada con el único fin de esconderse de Todo. ¿Por qué no, simplemente, se queda en cualquier otra dimensión diferente a la de Todo?
—Porque Todo es listo, y ha encontrado gente capaz de moverse a través de las dimensiones también, como vuestros amigos de la Organización.
—¿Pueden moverse a través de las dimensiones?
—Así es.
—Pero eso quiere decir que hay miembros de la Organización que no están del bando de Nada, ¿no?
—Por desgracia, así es. El problema es que todavía no sabemos ni quiénes son ni por qué lo hacen.
—¿A cuántos miembros de la Organización conocemos?
—No a todos, eso seguro. Sabemos que Pandora es uno de ellos, pese a que todavía no hemos podido identificar cuál. Seguimos estudiando el asunto...
—¡¡Lo he encontrado!!—gritó Maite de pronto.
Todos se giraron hacia ella. Ali tenía un brillo emocionado en la mirada, mientras que Jack simplemente dejó los tomos sobre la mesa y se acercó. Lucas sólo levantó la mirada hacia ella, moviendo las cejas en ademán de sorpresa. Reïk observó el libro ajado que su amiga levantaba. Era de color verde pardo y tenía inscripciones en un idioma que él no podía entender. Maite lloraba de felicidad.
—¿El qué?—dijo Reïk.
—¡¡La forma de subir de nivel!! ¡¡Por fin podré transformarme en todo aquello en lo que no podía antes!!
Reïk sonrió y la abrazó. Ahora que sabían cómo subir de nivel, lo suyo era intentarlo... ¿No?


Malan estaba echado en su camastro, con los ojos cerrados. Seguía sintiendo cierto remordimiento por haber consentido que Pandora hiciera eso con sus amigos, pero por otro lado estaba orgulloso de haber dejado que ocurriera. Debían pagar el precio que costaba la traición, pero... No estaba seguro...
Pandora entró en ese mismo momento, gritando y bailando como siempre.
—¡No entiendo por qué sigues pensando en ello! Es lo que se merecían y punto.
—Déjame, ahora no estoy de humor para hablar.
—Como quieras. Yo sigo teniendo cosas que hacer. Y te aseguro que son muuuuy divertidas...
—Lo que tú digas.
Ella infló los mofletes cual niña pequeña, pero se fue igualmente. Conectó la cámara de todos modos y comenzó a hablar.
—¡Hola, Malancito! Como sé que al final te levantarás a verlo, voy a grabar mi siguiente trabajito. Ya verás; es muuuucho más divertido que el anterior. ¡Pero de lejos!

Pandora recorrió los estrechos pasillos de su guarida y salió por una pequeña puertecita que llevaba a una cueva. Salió de esta en mitad de la noche, al amparo de la oscuridad, y entre los arbustos y las sombras se desplazó a una velocidad sorprendente hacia la mansión de Todo. Cuando por fin llegó a las verjas que separaban la mansión del exterior, las saltó y se hizo invisible.

Pasó todas las vigilancias sin ser descubierta mientras se reía entre dientes. La seguridad en la mansión de Todo era pésima. Tras un rato de búsqueda, dio por fin con el pasillo que buscaba: las habitaciones de los profesores. Miró las etiquetas una a una hasta que encontró la habitación que buscaba. Acto seguido se hizo lo suficientemente pequeña como para caber por debajo de la puerta y entró.
La chica que había en su interior estaba hablando por la PDA con alguien. Sin embargo, en cuanto Pandora se hizo grande y golpeó tres veces la puerta, ella la soltó y miró hacia delante. Sorprendida, vio cómo una mujer vestida con un traje amarillo que sonreía como una loca extendía una mano brillante ante ella. Sólo le dio tiempo a pensar una cosa antes de caer inconsciente.
—¿Pero tú no eres...?


Male estaba sentada en el salón aquella noche, leyendo un libro que Garret le había recomendado. Vittorio la había vuelto a dejar tirada con la promesa de volver más tarde, pero esa vez no se quedó en su cuarto a esperarle. Como era temprano decidió bajar a ponerse cómoda en los mullidos sofás de color rojo terciopelo. Vio entrar a Joel.
—¡Hey, hola, Male!—dijo él, levantando el brazo.
—Hola.
—¿Qué lees?
—El Mesías. Trata de un mendigo, un paria en una sociedad estamental, que llegado un momento comienza a recibir visiones de una de sus vidas anteriores. A partir de ahí comienza a impartir enseñanzas a otros mendigos y se va extendiendo la palabra, y claro, al final los estamentos más altos se lanzan a por él para evitar revueltas sociales.
—Parece un poco denso.
—Es un libro basado en la religión, es verdad, pero se lee bastante fácil.
—Si tú lo dices...
En ese mismo momento, entró Nerea en la habitación, acompañada de una persona cuyos rasgos eran indescifrables debido a la cantidad de sombras que la rodeaban. Male estiró el cuello con una mirada entre extrañada y molesta, pero Joel se levantó enseguida.
—¡Nereaaaa!—dijo emocionado. Se lanzó a darle un abrazo.
Male, que observaba la escena, vio cómo Nerea juntaba las manos durante un segundo con la otra persona y cogía algo. Acto seguido esa persona desapareció. Nerea abrió los brazos para recibir a Joel, con los puños cerrados.
—¡Joeeeel! ¿Qué haces aquíii?—exclamó.
Se abrazaron por fin. Joel la apretó entre sus brazos y Nerea cerró los ojos, sonriendo. Sin embargo, un segundo después, los volvió a abrir con un brillo extraño en ellos y, hábilmente, desplegó una navaja pequeña en su mano.
—¡Joel...!—gritó Male. Pero no le dio tiempo a decir más.
Nerea se había separado de él y le había clavado la navaja en el cuello. Todavía respiraba cuando cayó al suelo y vio cómo su maestra y amor platónico sonreía de placer al ver cómo se iba muriendo rápidamente. Vio cómo ella retiraba el cuchillo de la herida y lo clavaba más veces en distintos puntos del cuello. La sangre salpicaba por todos lados. Male, atónita y paralizada de terror, boqueaba ante la sangrienta escena. Cuando por fin se levantó, su amigo ya estaba muerto.
—¡¡Joel!!—gritó. Nerea se volvió lentamente hacia ella, sonriente. Se echó a reír como una loca y trató de huir corriendo, pero Male fue capaz de controlar la sangre de Joel a tiempo para congelarle los pies y evitar que se fuera.
—¿Quién eres tú y qué has hecho con Nerea?—preguntó con la voz temblorosa.
—¡Sigo siendo Nerea! Pero he caído en la cuenta... ¡De que mi deber es obedecer a Pandora! Ella es la que nos cuida y nos vigila... ¡Y Joel la despreciaba cuando le hablaba de ella! Creía que me la inventaba o que hablaba de un personaje de cuento... ¡Pero ella es real! Y si no me crees, ¡también te mataré a ti!
Y trató de tirarle el cuchillo, pero la otra joven consiguió esquivarlo.
—¡Estás enferma, niña!
—¿¡Seguro que soy yo la que lo está!? ¡Quizá sois vosotros quienes lo estáis! Tú lees sobre religiones y cuentos basados en dioses que no existen, cuando sabéis de sobra que quien tiene el poder es aquel que lo manifiesta. ¡Pandora me ha dado el poder de defenderme y de aplicar justicia! ¡Es la justicia del nuevo orden la que manda! ¡¡Pandora sobre todos nosotros, ella es la verdadera diosa!! ¡¡Y tú la has visto!!
—¿Quieres decir que esa cosa envuelta en sombras que te ha dado la navaja era Pandora?
—¡¡Sí!! Y ese puñal también está buscando tu cuello... ¡Tú también serás atravesada por el filo de la justicia! ¡¡Escucha mis palabras, ya que se cumplirán como la ley universal que son!! Y no sólo eso, sino que Pandora me salvará de morir ahora. Si es que tienes el suficiente aplomo para matarme ahora, cosa que dudo...
—¿Tu amiguita la de las sombras, salvarte?—sus palabras se llenaban de rabia a cada segundo que pasaba—. Si tu amiguita fuese tan poderosa como tú dices, ya sabría que desde el momento en el que te he impedido escapar ya estabas muerta. Reza lo que sepas a tu “diosa”, porque te tengo ganas desde hace mucho, mucho tiempo...
—¡Me salvará! ¡¡Seguro que me salvará!! ¿¡Verdad, Pandora!? ¿...Pandora?
Su rostro se fue quedando blanco conforme iban pasando los segundos y su deidad no respondía. Comenzó a sudar y a decir palabras incomprensibles, hasta que llegó un momento en el que se puso a llorar y a suplicar clemencia.
—¡Por favor, no me dejes morir...! ¡Me estaba controlando! ¡¡Lo prometo!! Por favor, no me mates, no me mates. Por favor...
—Ya es tarde para pedir clemencia. Sonríe para la foto, preciosa.
—¡NOOOOOOO!
Male ni siquiera se molestó en sacar la varita. Deshizo el hielo de las piernas de Nerea y la levantó como si fuera una marioneta. Ya no le costaba ningún esfuerzo realizar ese ataque. Sin embargo, sudaba y respiraba fuerte y rápido debido a la rabia que sentía en ese momento. Creó estacas de hielo con la sangre del cadáver de su amigo y se las clavó a su contrincante en las extremidades mientras la otra gritaba de puro dolor. Cerró los ojos un instante, hizo varios movimientos con los brazos y, justo después, el cuerpo de Nerea explotó entre esquirlas de hielo y nubecillas de vapor. Dejó caer el mutilado cuerpo inerte de la joven en el suelo y acto seguido cayó de rodillas y se echó a llorar, pringada como estaba, de la sangre de su víctima. Así fue como la encontraron Garret y Bocha cuando bajaron al salón y, entre los dos, consiguieron que se tranquilizara y les contara lo que había sucedido.


Cuando llegaron Bocha y Garret, Pandora abandonó su posición de espectadora en la ventana y se marchó tal como había venido, riéndose como una loca entre las sombras. Cuando llegó a su base, pudo encontrar a un Malan traumatizado en el salón.
—P-p-p-p-pero... Jo-Joel... Ah...
—Qué divertido, ¿eh? ¡JA, JA, JA, JA!
Malan se levantó tambaleándose y se fue a su cuarto de nuevo. Pandora volvió a encogerse de hombros y continuó bailando por los pasillos del escondite.


Galia fue la primera en enterarse de lo que había sucedido. Oyó cómo Garret y Bocha corrían por el pasillo y se asomó para ver por qué lo hacían. Vio cómo Garret llevaba a Male en brazos mientras Bocha echaba maldiciones con la cabeza gacha y el cuerpo en tensión. Automáticamente salió fuera y les acompañó, viendo cómo Male lloraba y lloraba con la cara blanca como la pared y algunos cortes en la cara y las manos.

Tras un rato intentando tranquilizarla, Male les contó a los tres lo que había sucedido. Cómo Nerea había asesinado a Joel sin miramientos y cómo ella había reventado su cuerpo como si se tratase de un petardo. Horrorizados, vieron cómo temblaba sin parar, abrazada a Garret. Apareció Vittorio.
—Pero bueno, ¿qué pasa aquí?
Y, tras contarle también lo sucedido, se abalanzó sobre su protegida para consolarla. Ella se dejó hacer, envuelta en un mar de lágrimas, y Galia entonces abandonó la habitación, totalmente descolocada y sin saber qué hacer.

Cuando llegó a su habitación, se tiró en la cama y cerró los ojos. Respiró profundamente y procuró dormirse, pero de pronto notó que el cubo se movía. Miró hacia su derecha, donde estaba colocado, y vio que temblaba ligeramente. Sintió miedo.
Acto seguido, notó una corriente de aire frío que la hizo estremecerse y taparse con la manta. Después, alguien tocó a la puerta.
—¿Q-Quién es?—dijo ella en voz alta sin bajarse de su refugio.
—La cena—dijo su sirviente desde fuera—, y más vale que me abras la puerta rápido que hace un frío de la hostia y esto se va a quedar helado en nada.
—Uf... Voy.
Se levantó de la cama, aliviada. En dos saltitos ya estaba en la puerta y se la abría al sirviente: un chico alto de pelo rubio pajizo con mechones por la cara, ojos negros y ojeras pronunciadas.
—Por cierto, el señor Todo me ha dicho que cuando acabes de cenar que te acompañe ante su presencia, así que me voy a quedar aquí si no te importa. Y conecta la calefacción, por el amor de la invención de la caldera—dijo mientras subía la temperatura de la habitación.
—B-bueno...
Se sentaron los dos en los sofás, uno frente a otro. Ella comía incómoda, intentando mirar para otro lado, y él la miraba divertido, directamente a los ojos.
—¿Puedo fumar?—le preguntó llegado un momento.
—...Si quieres.
Y él enciendió un cigarrillo y se reclinó aún más en el sillón. Utilizó una tacita como cenicero y trató de echar el humo en aros, pero al no conseguirlo se frustró y lo dejó estar. Al cabo del rato volvió a hablar.
—¿Por qué te llama Todo Lady Steampunk?
—Por mi cubo, me imagino. Y por mi poder.
—Ah.
—¿Y tú...? ¿Cómo te llamas?
—Morfo.
—¿Morfo?
—¿Lady Steampunk?—la miró de nuevo directamente a los ojos, sonriendo. Galia observó extremadamente sorprendida cómo su sirviente cambiaba de forma para pasar a ser una copia exacta de ella misma. Se le cayó la comida de la boca y vio cómo su copia se reía.
—¡Venga ya, no es para tanto! ¡Tienes un amigo que hace copias de sí mismo que explotan! ¿Y esto te sorprende?
—...¿Quién eres tú?
—Recapitulemos—Morfo se apagó el cigarrillo en la zapatilla y volvió a su aspecto habitual, pero esta vez llevaba una sudadera de flechas blancas y negras y unos pantalones verdes militares—. Me llamo Morfo y pertenezco a la Organización. Pero soy un simple miembro temporal... Tengo otras cosas importantes de las cuales ocuparme al mismo tiempo, así que sólo estoy de paso.
—¿Y si tienes cosas importantes que hacer por qué te paras a ayudar?
—Pues porque me conviene. ¿Crees que me hace gracia que el dios del Tiempo pretenda matar a la diosa del Espacio, dando como resultado el caos universal? Bastante tenemos ya con Pandora como para querer más líos aún. Aparte de mis propios marrones. La gente de mi círculo de amistades no es que sea precisamente lo mejorcito del corral.
—¿Quiénes son?
—No los conoces, así que qué más dará. El caso es que como miembro de la Organización que soy te lo pido: no escuches nada de lo que te diga Todo. Sabe que Maite y Reïk se han marchado, que Malan ha sido secuestrado y que Joel ha muerto, así como sabe que os queréis rebelar. Lo habéis intentado muy bien, pero es un dios. Un dios que controla el Tiempo. Por fuerza tiene que saber lo que va a pasar.
—¿Entonces ya sabe quién va a perder o quién va a ganar?
—Respecto a los parámetros de esta cronología, sí. Sin embargo, como él nació en esta, quiere decir que, siendo la alfa, es imposible cambiarla. Puede mudarse a otras, pero jamás podrá variar un ápice de lo que ocurra en esta. Así como Nada no puede cambiar absolutamente nada de la dimensión en la que nació; tan solo puede recorrerla.
—¿Ese no es un impedimento muy gordo?
—Tienen más. Al ser dos dioses, han de poder contrarrestarse el uno al otro, y eso significa debilidades y fronteras en su poder. Pero no me preguntes mucho más, porque no es que sea yo muy entendido acerca de estos dos tontos.
—...
—¿Y bien?
—¿Se puede engañar a Todo?
—No, pero puedes intentarlo. Si consigues mantenerte en la cronología alfa, es probable que te salgas con la tuya, ya que él no puede hacer nada por cambiar lo que ya va a ocurrir. O a lo mejor mueres. Quién sabe, no tiene por qué salir bien.
—Qué ánimos...
—Es lo mío, qué le voy a hacer. En fin, si acabas ya con eso...—se levantó pesadamente y volvió a ponerse la ropa de sirviente—, nos vamos.
—Sí, voy...
Se terminó todo lo rápido que pudo lo que le quedaba y, mientras Morfo recogía y lo ponía todo en el carrito, ella se calzaba.
—Nunca he estado en el despacho de Todo.
—No quieras.
—...
Salieron al pasillo y Morfo dejó el carrito ante la puerta. Se metió las manos en los bolsillos y fue silbando durante todo el camino hasta llegar a una zona en la que le tuvo que tapar los ojos a Galia.
—El jefe no quiere que sepáis dónde está su despacho—y le susurró al oído—, pero si pretendes engañarle el primer paso sería saber dónde guarda sus tesoros. ¿Sabes convertir el cubo en una cámara sin que se note?
—Entiendo—asintió ella. Convirtió el cubo en una discreta cámara y fue vendada durante todo el camino hasta llegar a la puerta, momento en el cual Morfo la desvendó y la dejó pasar.


El despacho de Todo era sorprendentemente sencillo para lo que se esperaba de un dios, aunque suntuoso y lujoso para alguien normal. Las paredes estaban cubiertas de tapices de los colores más exóticos, y los muebles eran todos de la madera de ébano más excepcional. Había varios jarrones dorados sobre las repisas y dos estanterías cubiertas de pesados libros cargados de polvo. Morfo cerró la puerta al salir y se quedó en el pasillo, apoyado contra la pared y tratando de agudizar el oído.

Galia se sentó en uno de los sofás que había delante del escritorio de Todo. Él la miraba, impertérrito, desde su alto sillón, y con su aliento a muerte y sus ojillos brillando entre las arrugas y el pelo blanco de las cejas, le dijo a Galia:
—Tengo un trato que ofrecerte.
Ella comenzó a sudar y a sentirse incómoda allí. Miró hacia todos lados antes de responder tímidamente y sin establecer contacto visual.
—¿...Sí?
—Primero quiero que dejes el cubo fuera. ¡Morfo!
Y Morfo entró.
—¿Sí?
—Coge el cubo de Galia y sácalo al pasillo. ¡Vamos!
—Sí, señor.
Y Morfo obedeció.
Galia notó cómo se le subían los colores. Comenzaba a ponerse nerviosa, y esa sensación aumentaba de intensidad a cada minuto que pasaba. Todo entonces se levantó y comenzó a hablar.
—Terrible tragedia la que nos ha acontecido esta noche, ¿verdad?
—...
—Joel era un buen chico. Y Nerea también, sí, sí... Dime, Galia. ¿Tú confías en tus amigos?
—...Claro...
—¿Tal y como Joel confiaba en Nerea?
Galia enmudeció. Ahora los nervios se convertían rápidamente en rabia.
—¿Y Maite y Reïk? ¿Sabes acaso dónde están? ¿Y qué le ha pasado al pobre Malan? Tsk, tsk, tsk... Verás. Tengo una oferta para ti.
—Cuál.
—¡No me muerdas, Lady Steampunk! No es nada del otro mundo. Es mi protección... A cambio de tu lealtad, por supuesto.
—¿Qué insinúas?
—¡Nada! Sólo digo que... Te tengo en mucha estima. Y sería una lástima que quien quiera que volviese loca a Nerea también te volviese loca a ti... O a algún otro.
—...
—Tú sólo piénsalo, ¿vale? Puedes contestar que no. Eres libre de hacerlo... Pero deberás atenerte a las consecuencias que esto suponga.
—...
—Puedes marcharte... ¡Morfo!
Y Morfo entró.
—Llévatela a su cuarto.
—Sí, señor.

Cuando por fin estuvieron a salvo en el cuarto de Galia, ella cogió una bolsa y empezó a meter cosas en ella.
—¿Qué haces?—le preguntó él.
—Me largo.
—¿Que qué? ¿Y dónde piensas esconderte?
—¿No formas parte de la Organización? Pues escóndeme tú.
—¿¡Cómo pretendes que haga eso!?
—No lo sé. Tú sólo hazlo.
—Escucha—le agarró por los hombros—, no eres consciente de lo que estás haciendo. ¡Piénsalo! Te conviene la protección que Todo te ofrece. ¡NOS conviene! Será más fácil pillar a Pandora. ¡Estará resuelto!
—¡Pero yo no quiero pillar a Pandora! Yo sólo quiero salir de aquí como sea.
—¡Si pillamos a Pandora es probable que acabemos con Todo también!
—¿Cómo dices que va eso?
—Pandora es la encarnación del caos. Si conseguimos ponerla de nuestra parte, habremos prácticamente ganado la partida...
—Si es la encarnación del caos jamás se pondrá de vuestra parte y os traicionará. Yo me largo.
—...
—¿Qué? ¿No habías pensado en ello? ¡Pues hala, ahí lo llevas!
Terminó de hacer la maleta y abrió la ventana. Transformó su cubito en una hélice y se descolgó del marco, pero Morfo la agarró de la muñeca antes de que pudiera irse.
—Espera.
—¿Qué?
—Que yo también voy.
Y los dos se fueron. Él se había transformado en un niño pequeño para no aumentar mucho más la carga del cubo, y ella le sujetaba en brazos con todas sus fuerzas.
—A la de tres—dijo ella—. Una... Dos...
—¡Y tres!—gritó Morfo, riéndose.
Y, con un destello de color amarillo, desaparecieron.


Se despertó en una cama muy blandita, en una habitación decorada muy lujosamente y de techos muy altos. Entraba un brillo rosáceo por la ventana. Se incorporó, y vio a su salvador sentado en un sofá, totalmente dormido, con la capucha de su sudadera blanca y negra puesta y babeando con la boca abierta.
—¿...Morfo?
—¿Eh?—se incorporó de un salto.
—¿Dónde estamos?
—Me alegra que estés despierta—se limpió las babas de la cara—. ¿No me pediste que te escondiera?
—Sí, pero...
—Pues eso he hecho. Bienvenida a la Gran Biblioteca.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Relato: Pelirroja Parte 11


- ¡Dejadme salir, panda de marginados! Titiritera sabe dónde estoy, y no tardará en llegar –gritó a la puerta.
Llevaba horas ahí encerrado. Esa puta celda no tenía ventanas y empezaba a ponerse de los nervios. Si tan solo pudiera soltar una chispita… Pero fuera quien fuera el que había creado sus ataduras había tenido la fantástica idea de hacerlas de un material que absorbía todo su calor. Y ahí estaba, atado como un cerdo sobre el suelo y tirándose unos faroles que no asustaban a nadie.
Y Yao estaba desaparecido. Puta suerte, puto Morfo y puta Pelirroja. Ojalá se les cayera el edificio encima.
- No refunfuñes tanto, “Penélope”. Estropeas tu carita de niño bueno. –susurró alguien en su oreja.
Penny soltó un chillido al percibir a alguien sobre él. ¿Qué demonios? La puerta no se había abierto, pero de golpe tenía encima a una joven rubia que le miraba risueña.
- ¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿Cómo has entrado?
- Muy mal, Penélope. ¿Ya no me reconoces? Te descubrí. Le dije a mi hermanito que podíamos confiar en ti. Y tú le mataste. Tuve que sacar su cuerpo de la casa en llamas.
- No me llamo Penélope. Y tendrás que ser más clara, no recuerdo todas las casas que he quemado.
- Te ayudé. Invertí muchas noches en crear algo que pudiera aguantar tus ataques de pirómano. Y vas tú y se lo regalas a M. Pero tranquilo, que no vas a incendiar nada en mucho tiempo. Y con el asunto de Titiritera me han dado vía libre para hacerte pagar por todo.
- …¿Illy?
- Cooorrecto. Pero ahora soy Gea…
Pe tragó saliva cuando Gea empezó a brillar. En el mismo momento en el que Pelirroja se le tiró encima tendría que haberse imaginado que sería el principio de algo peor.
- ¡Gea! ¡Prometiste que solamente ibas a hablar con él! –gritó V, dando un portazo.
- Vete, V. Voy a hacer justicia –sentenció Gea.
- Y una mierda. Le necesitamos consciente, Gea. No me obligues a pararte.
- Muérete, V.
Gea dio la espalda a V y siguió acumulando energía. Ni siquiera paró cuando V la agarró por los hombros, obligándola a levantarse. V soltó una palabrota, aunque no cedió.
- Recuerda, Penny. Es gracias a mí que eres como eres. Volveré… -consiguió susurrarle Gea a Penny antes de que V se la llevara a rastras.
……………………………………………………………

Parpadeó. La luz de la luna iluminaba débilmente la habitación. ¿Había dormido todo el día? Maldita sea, el tiempo se acababa. Se incorporó ligeramente. M estaba sentada de espaldas a él, concentrada en una de sus partituras. Tenía que encontrar a Gea…
- Más te vale no salir corriendo, Morfo –soltó M de golpe, girándose.- Tenemos mucho trabajo que hacer, ya hemos perdido tres días.
- …¿Tres días? ¿Me has hecho perder tres días durmiendo? ¡Titiritera está al caer!
- Tranquilo, machote, Titiritera no ha aparecido todavía. Gracias a tus indicaciones tenemos bien ataditos a Penny y a Yao. Ya no hay espías.
- ¿Y mi hermana? V no debe de estar demasiado contento.
- Pelirroja está encantada de tener ayuda. Y V sabe que en cuanto dé un paso fuera de la protección de Pelirroja está jodido, Titiritera le quiere muerto. Entre tener que aguantar a Gea y que Titiritera le haga mucha pupa prefiere a tu hermana. Y como gesto de buena fe Pelirroja le pidió que dejara de enredar en la cabeza de Gea.
- Espero que estés bromeando. Es MUY mala idea dejar a Gea a su aire.
- Díselo a Penny. Lo primero que hizo Gea cuando estuvo… vamos a llamarlo “medianamente cuerda”, fue pedirle a Sincara que le dejara ver a Penny. El resultado fue que casi lo electrocuta y que V tuvo que sacarla a rastras. No sabía que le tuviera tantísima manía.
- Si no fuera por ella ese imbécil seguiría enterrado en un puto glaciar noruego. No sé cómo llegó ahí ni cómo Gea le encontró pero tuve que sacarle yo. Pero desde que nos traicionó…. Gea aprovecha para hacérselo pagar. Hasta llegó a ponerle un localizador de los suyos en su sudadera…
- … ¿Llevo un puto localizador encima?
- Sí, y gracias a eso Gea pudo llegar hasta aquí.
- Vaya, vaya, así que sabíais que Penny era un traidor de mierda y no os molestasteis en avisar.
- No te confundas. Hasta el momento en el que saliste pidiendo venganza con la sudadera de Penny encima, yo pensaba que eras una leyenda. Aunque ahora veo que eres una leyenda muy mona.
- Cierra el puto pico y ponte a trabajar, imbécil.
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